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Diálogo para la paz en Cataluña desde la Constitución del 78

El nacionalismo, para sus reivindicaciones secesionistas, se vale de dos herramientas (no les llamo  argumentos porque a mi juicio no pertenecen a la lógica): la significación del llamado “hecho diferencial” y la “revisión histórica” según su particular punto de vista. El hecho diferencial  lo encuentran en factores religiosos, étnicos o culturales (como puede ser el de tener una lengua propia); mientras que la revisión histórica se realiza mediante el recurso al victimismo, un lamento de batallas perdidas y de opresión por la imposición de los Estados de los que se pretende liberar.

El hecho diferencial es muy difícil de argüir en sociedades modernas y cosmopolitas, donde la mezcla de culturas, producida por siglos de integración, hace imposible distinguir cualquier signo de identidad propia exclusiva. También resulta falaz apelar al victimismo de la opresión en los Estados de Derecho, donde Constituciones democráticas regulan la vida de los ciudadanos.

El nacionalismo no nace de la razón, es un sentimiento comunitario manipulable que puede llegar convertirse en perverso. La perversión del nacionalismo lo convierte en excluyente e insolidario. Es, por tanto, complicado contraponer razonamientos a sentimientos, es muy difícil entablar diálogos con aquellos que anteponen su sentimiento nacionalista por encima, incluso, de su bienestar personal.

En Cataluña nos encontramos con ese problema de diferentes planos de debate, se enfrentan los sentimientos a la razón. Un debate que se ha extendido al resto de España, donde también los sentimientos comienzan a aflorar como reacción a aquellos de los independentistas. El problema se agrava entonces porque cada vez menos personas utilizan argumentos (que siempre son racionales), y las emociones no controladas pueden tener consecuencias imprevisibles.

A pesar de lo dicho, no hay que desistir en la búsqueda de razonamientos que conduzcan a la resolución del conflicto de una forma dialogada, en la que todas las partes se encuentren representadas. Habrá que tener en cuenta que las negociaciones serán complicadas y que la solución no satisfará completamente a todas las facciones.

La “negociación de suma cero”, es decir aquella donde uno lo gana todo y el otro lo pierde todo, nunca resuelven el conflicto de una manera definitiva. La imposición de una de las partes sobre la otra sólo consigue aplacar momentáneamente la confrontación, que volverá a resurgir al cabo de poco tiempo.

Independientemente de lo que cada uno pueda sentir, sería conveniente un ejercicio de racionalidad, que siempre implica moderación y prudencia. En este envite nacionalista independentista catalán, todos nos jugamos lo suficiente como para dejar que las “vísceras” nos lleven a una confrontación de consecuencias dramáticas para Cataluña, para España y para Europa.

Así, la racionalidad ha comenzado y gran parte de la sociedad española  (catalanes  incluidos) abogan por una solución dialogada. A esa solución insta la Europa civilizada y democrática, cuyo papel  como facilitadora (no mediadora) del diálogo puede resultar fundamental.

Y esa racionalidad se propone decisivamente desde la economía, sin la cual es imposible conseguir los niveles de bienestar alcanzados en Cataluña, en España y en Europa. Una economía que afecta a los bolsillos de todos los ciudadanos, sean o no independentistas. Ante la inseguridad jurídica y social,  es racional que las empresas salgan de Cataluña y que los ahorradores busquen lugares seguros para sus euros.

Pero la emoción también juega un papel importante. La emoción que sale del corazón, la que transmite mensajes positivos para fomentar el acercamiento. Por eso es muy importante que la Cataluña no independentista manifieste su deseo de continuar juntos en ese proyecto común, dentro de Europa, que hemos llamado España. Y es decisivo que el resto de los españoles demuestren su cariño hacia Cataluña, como siempre lo han hecho.

Por eso es primordial que no se emprendan acciones que puedan ser usadas por el victimismo nacionalista como elemento de propaganda para sus seguidores y para distribuir a la opinión pública internacional. La combinación de racionalidad y emoción positiva puede ser la base para conseguir aplacar los ánimos independentistas.

No conviene olvidar que España es un país democrático internacionalmente reconocido y que la comunidad internacional defiende sin fisuras la unidad de España. Esa  comunidad internacional no consentirá que España se convierta en un Estado fallido incapaz de defender un sistema constitucional democrático que vela por la seguridad de todos sus ciudadanos.

La prueba más evidente de que España es un país democrático es que el nacionalismo independentista ha gozado y goza de libertad para expresar sus idearios; ha dispuesto de medios de comunicación públicos y privados para promocionar y propagar su ideario independentista; organizaciones civiles han servido sin restricción alguna a los fines independentistas; y hasta en universidades y colegios se ha educado en el ideario independentista sin obstáculo alguno. Que se sepa nadie ha sido encarcelado a pesar de las vulneraciones constitucionales perfectamente identificadas.

Durante los últimos años, el independentismo se ha adueñado del discurso en Cataluña y se han atribuido la representación del pueblo catalán. Sin embargo, conviene recordar que la democracia se gana en las urnas y se desarrolla en las instituciones democráticas. Los independentistas no han respetado a la mitad de los representantes legítimos del pueblo catalán, que resultaron elegidos en unas elecciones libres y limpias, como se pudo comprobar los días 6 y 7 de septiembre en el Parlamento de Cataluña, cuando se vulneró la Constitución, el Estatuto de Autonomía y el Reglamento de ese Parlamento.

Los independentistas han secuestrado la tranquilidad de millones de catalanes y españoles, incluso Europa comienza a sentirse intranquila; han provocado la división de un pueblo pacífico y dialogante;  pueden llevar a la ruina a una de las regiones más prosperas de Europa; y pueden causar una confrontación de proporciones inimaginables dentro y fuera de su territorio.

Desde el Estado, desde el Gobierno y desde otras instituciones hay que asumir la parte de responsabilidad por no haber sabido atajar este conflicto a tiempo (hay quienes piensan, cada vez más personas, que no se ha actuado a tiempo con suficiente firmeza ante el desafío independentista) pero la culpabilidad directa de este caos en el que están sumiendo a la sociedad catalana sólo recae sobre los independentistas. La firmeza del Estado de Derecho no puede consentir la vulneración de los derechos y deberes fundamentales que contempla la Constitución. Es algo que los independentistas también tienen que saber y tener en cuenta.

No se puede jugar con el bienestar de millones de personas por las motivaciones sentimentales o por los intereses particulares  de una minoría. No es justo que toda una nación como la española esté pendiente de la decisión de un dirigente atrapado por su discurso radical y por los extremistas seguidores que lo secundan. Es una tortura psicológica a la que están sometiendo a millones de personas, que ven como se está llegando al enfrentamiento irreversible

En una democracia como la española nadie puede ser perseguido por sus ideas políticas, y menos reprimirlas. Pero hay que atenerse a las reglas de juego establecidas. Para aquellos que defienden un referéndum en Cataluña alegando el derecho a decidir, tendrán que conseguir los apoyos necesarios en las urnas para abordar las reformas constitucionales convenientes para alcanzar ese objetivo. No olvidemos que Cataluña no es un ente particular,  es parte de un proyecto común en el que todos los españoles estamos implicados.

A pesar de todo, todavía es tiempo de diálogo, un diálogo que conduzca a una paz justa, pero para alcanzarla hay que partir de alguna base. En la España democrática ese punto de partida es la Constitución del 78. La paz debería de empezar por ese reconocimiento. Un punto de partida para alcanzar la reformas necesarias que satisfagan las necesidades de la sociedad actual.

A modo de recordatorio:

RESULTADOS DEL REFERÉNDUM DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978

COMUNIDADES  NO BLANCO NULO ABSTENCIÓN
ANDALUCÍA 91’85% 5’48% 2’07% 0’58% 30’49%
ARAGÓN 88’09% 6’72% 4’65% 0’52% 26’45%
ASTURIAS 88’58% 8’39% 2’13% 0’88% 38’21%
BALEARES 89’46% 4’82% 4’87% 0’83% 29’81%
CANARIAS 91’89% 4’36% 3’17% 0’55% 37’09%
CANTABRIA 83’50% 12’46% 3’43% 0’59% 28’84%
CASTILLA Y LEÓN 85’06% 9’16% 4’97% 0’80% 28’62%
CASTILLA-LA MANCHA 84’32% 11’78% 3’11% 0’77% 26’18%
CATALUÑA 90’46% 4’61% 4’23% 0’68% 32’09%
CEUTA Y MELILLA 88’30% 8’45% 2’74% 0’50% 30’40%
COMUNIDAD VALENCIANA 88’84% 6,97% 3’44% 0’73% 25’86%
EUSKADI 69’11% 23’53% 5’74% 1’60% 55’34%
EXTREMADURA 89’29% 7’34% 2’74% 0’61% 29’49%
GALICIA 89’04% 5’80% 3’97% 1’13% 49’79%
LA RIOJA 86’59% 7’83% 4’70% 0’86% 27’53%
MADRID 86’14% 10’11% 3’02% 0’71% 27’76%
MURCIA 90’77% 6’21% 2’43% 0’57% 28’56%
NAVARRA 75’70% 16’95% 6’40% 0’94% 33’37%

De la misma manera que se elaboró está Constitución, se pueden transformar en otra acorde con la voluntad actual de los españoles. El camino fue y es diálogo, acuerdos y urnas.

Javier Jiménez Olmos

14 de octubre de 2017

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Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares

Premio Nobel de la Paz

Los recientes ensayos nucleares de Corea del Norte y las respuestas amenazantes del presidente norteamericano Donad Trump han causado gran preocupación en la opinión pública mundial por el peligro de una guerra nuclear. Trump llegó a decir durante su discurso ante la Asamblea General de la Naciones Unidas, el pasado mes de septiembre de este año (2107), que no dudaría en destruir totalmente Corea del Norte si los Estados Unidos se sintieran amenazados por ese país.  Un alarma que se ha incrementado con la propuesta del presidente estadounidense de revocar el tratado nuclear con Irán.

La llamada “guerra fría”, que duró desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la desaparición de la Unión Soviética a principios de los noventa, se fundamento en el “equilibrio del terror” a causa de la “destrucción mutua asegurada” de los contendientes si se hubiera llegado a la utilización de todas las armas nucleares de las que disponían.

Estados Unidos y La Unión Soviética, junto con sus respectivas potencias aliadas encuadradas en la OTAN y el Pacto de Varsovia,  además de China, disponían de un arsenal atómico a principios de los años ochenta de casi 70.000 ojivas nucleares, cantidad más que suficiente para haber producido la desaparición de la civilización humana tal y como ahora la conocemos de haber sido empleadas en una guerra entre ambos bandos.

Ese equilibrio del miedo, basado en la sinrazón atómica provocó que las potencias nucleares iniciaran conversaciones para comenzar a disminuir parte de sus arsenales atómicos. Así, en los setenta las potencias nucleares miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, Unión Soviética, China, Francia y Reino Unido) firmaron el tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). No obstante los avances aún quedan unas 15000 armas nucleares activas.

Según el SIPRI este es el balance actual de las fuerzas nucleares en el mundo

La evolución de las operativas, es decir, listas para ser empleadas es la siguiente

La historia del arma nuclear comienza con los bombardeos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque ya no ha habido ningún bombardeo sobre poblaciones civiles u otros objetivos, las potencias atómicas si han efectuado ensayos nucleares de diversas intensidades.

El 7 de julio de este año (2017) se aprobó en las Naciones Unidas el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares con los votos a favor de 122 naciones y el voto en contra de Holanda. Sin embargo, todos los países restantes se abstuvieron, aproximadamente la tercera parte de los países miembros de la ONU, entre ellos todas las potencias nucleares y los países de la OTAN.

A pesar de obstáculos y presiones, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (International Campaign to Abolish Nuclear Weapons, ICAN) no ha cejado en su empeño para conseguir que se eliminen todas las armas nucleares existentes. ICAN es una organización no gubernamental (ONG), fundada en 2007, con sede en Viena y compuesta por 468 asociaciones, que representan a millones de personas en el mundo decididas a acabar con las armas nucleares. Por ese esfuerzo y dedicación este año le ha sido otorgado el Premio Nobel de la Paz.

 

Javier Jiménez Olmos

8 de octubre de 2017

 

 

EDUCACIÓN PARA LA PAZ

Comienza el nuevo curso escolar, muchas ilusiones y esperanzas, preocupación por la educación de las nuevas generaciones. Y, como siempre, el debate sobre el sistema educativo. Todavía no hay consenso en España sobre el modelo a seguir, esperemos que alguna vez se logre.

No cabe duda que la complejidad de elaborar un modelo educativo que satisfaga a toda la sociedad es difícil pero, al menos, se trata de intentarlo y para ello hace falta mucho diálogo abierto y respetuoso.

En ese debate sobre los programas educativos sería muy importante tener en cuenta la educación para la paz. En estos tiempos que reaparecen movimientos intolerantes, agresivos y violentos, convendría educar para la convivencia pacífica entre los seres humanos.

Los conflictos son una constante entre los seres humanos. Siempre han existido y existirán contradicciones por la no coincidencia de los objetivos a alcanzar entre las personas, organizaciones o estados. El conflicto es algo natural. Educar para resolverlos de un modo pacífico debería de ser una asignatura fundamental.

En la educación influyen la cultura adquirida y las pautas de comportamiento. Por tanto, sería primordial revisar la cultura que distingue entre el “nosotros y ellos”, tantas veces en transformada en “dios y satanás”. Y además educar para adquirir pautas de comportamiento respetuosas y dialogantes para quienes entran en conflicto con nuestros objetivos.

Se trata de educar para la cultura de paz en lugar fomentar la cultura de confrontación, que puede llegar a la violencia, el terrorismo o la guerra. Nos hemos educado en una historia de batallas y guerras ganadas, de conquistas militares, de héroes guerreros. Las ciudades del mundo, incluidas las más civilizadas y democráticas, están llenas de monumentos dedicados a victorias militares. Y se sigue odiando y matando en nombre del dios en el que se cree.

Es la cultura de guerra, el choque de civilizaciones para perpetuar la guerra tal y como George Orwell escribió en su obra de ficción 1984 (tan actual, y de tan recomendable lectura) “la guerra no está para ganarla sino para perpetuarla”, así se asegura el poder y el beneficio que genera.

Para resolver el conflicto mediante el diálogo es necesario el conocimiento que se adquiere a través de la educación, la buena educación. La ignorancia es uno de los factores claves para perpetuar los conflictos. El antídoto contra la ignorancia es el conocimiento que proporciona la educación.

El conocimiento conduce al respeto que lleva al diálogo y al acuerdo. La educación para la diversidad, la multiculturalidad, la tolerancia y la comprensión:

  • Educar en valores y derechos humanos: ninguna ley, ninguna ideología, ninguna cultura o religión pueden vulnerar los derechos humanos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos de las Naciones Unidas
  • Educar para debatir, para crear un espíritu crítico capaz de revisar cualquier criterio por inmutable que parezca, para discutir las imposiciones ideológicas, religiosas o de cualquier otro tipo.
  • Educar para la comprensión de los conflictos: sus causas y sus consecuencias como mejor manera para comenzar a resolverlos.
  • Educar para afrontar las crisis sin rechazos xenófobos, racistas o sexista.
  • Educar en suma para la seguridad humana y para la paz.

Cultura de paz es un conjunto de:

  • Valores
  • Actitudes
  • Tradiciones
  • Comportamientos
  • Estilos de vida

Basados en:

  • Respeto a la vida, fin de la violencia mediante la educación, diálogo y cooperación
  • Respeto y promoción de los derechos humanos y libertades fundamentales
  • Compromiso de arreglo pacífico de los conflictos
  • Respeto e igualdad entre hombre y mujeres

Es necesaria voluntad política, social, de educadores, de medios y de familias

La educación es el motor de la evolución social, por tanto hay que educar para la paz

Hay que fomentar proyectos de cultura de paz tanto a nivel, local, autonómico, nacional e internacional

SI QUIERES LA PAZ EDÚCATE Y EDUCA PARA LA PAZ

Javier Jiménez Olmos

3 de septiembre de 2017

SIETE REFLEXIONES SOBRE EL TERRORISMO

Estos días de tanto desasosiego, como consecuencia de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils, quisiera compartir algunas reflexiones personales.

Los atentados terroristas, como cualquier otro tipo de violencia, alteran siempre nuestra vida y nuestras emociones. Nadie con un mínimo de sensibilidad humana permanece impasible ante la injusticia de la violencia de unos seres humanos contra otros.

Lo primero y principal es pensar en las víctimas directas, los fallecidos y los heridos, en sus familias y amigos. Pero la barbarie no acaba en ellos, los ideólogos del terrorismo lo saben muy bien, sus planes no terminan con los muertos y heridos, saben que van a producir miedo y desestabilización, y lo hacen a través de una propaganda de  la que inocentemente muchos participan.

Los ideólogos del terrorismo saben que la emotividad producirá reacciones irreflexivas que contribuirán a la espiral del odio. Todos comenzamos  ser víctimas, no de la violencia directa sino de nuestra violencia interna, de  nuestros deseos de venganza, de nuestro rechazo al diferente, al que, injustamente, identificamos con el mal.  También son víctimas las personas de la misma comunidad a la que pertenecen los asesinos, se siente culpabilizados y estigmatizados.

Las redes sociales se han convertido en transmisoras de mensajes xenófobos, racistas e islamófobos. Es posible que algunas personas que los difunden lo hagan de una manera irreflexiva,  llevados  por la emotividad del momento que desata pensamientos que no se tendrían en circunstancias normales o quizás se dejen influenciar por los manipuladores que sí saben muy bien lo que pretenden. Para ello conviene analizar la procedencia e intención de los mensajes que recibimos.

Ante tanta barbaridad que he escuchado y leído estos días me “rebelo democráticamente” y expongo estas mis ideas:

  • No utilizar a las víctimas para intereses partidistas políticos o de otro tipo, es injusto y perverso. Es vergonzoso aprovecharse de las víctimas para manifestar reivindicaciones sectarias o insultar a los que no apoyan esas reivindicaciones.
  • Confiar en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (aquí incluyo a las policías autonómicas y locales). Criticar sus actuaciones en estos momentos es dar ventaja a los terroristas.
  • La seguridad, y menos la ligada al terrorismo, no se puede discutir en público (radio, TV u otros medios). Es un asunto del que dependen vidas humanas y debe ser tratado por expertos profesionales. No es asunto para espectáculos o primicias informativas.
  • Finalizadas todas las investigaciones, por los cauces democráticos establecidos por la legalidad vigente, sí se deberán hacer públicos las conclusiones y las enseñanzas aprendidas (siempre que esta no vayan a servir para que los terroristas también puedan aprender).
  • Una vez se dispongan las conclusiones definitivas, sí será el momento de exigir responsabilidades, si fuera el caso, por las negligencias o fallos procedimentales.
  • La libertad que nos proporciona nuestra democracia es sobre todo un acto de responsabilidad, y la responsabilidad de los demócratas es no hacer el juego al terrorismo con prejuicios o valoraciones sectarias.
  • En resumen, prudencia y paciencia. Los fenómenos complejos, como el terrorista, requieren de un análisis sereno para resolverlos. No hay soluciones fáciles y menos inmediatas.

Javier Jiménez Olmos

29 de agosto 2017

 

Atentados terroristas en Barcelona y Cambrils

Estimados lectores: les adjunto la entrevista, con el autor de este blog, publicada en el el digital HOY Aragón, en la que se aborda el fenómeno terrorista como consecuencia de los atentados de Barcelona y Cambrils el pasado 17 de agosto de 2016

http://www.hoyaragon.es/2017/08/17/considero-a-muchos-yihadistas-unos-pobres-desgraciados-unas-pobres-victimas-manipuladas/

EL COLAPSO DE YUGOSLAVIA

Estos días de verano, con un poco más de tiempo y calma, he vuelto a leer dos magníficos libros sobre la desmembración de la antigua Yugoslavia. El primero se titula La  fábrica de fronteras (Francisco Veiga, Alianza Editorial, 2010)  y el segundo, más reciente, se trata de Y llegó la barbarie (José Ángel Ruiz Jiménez, Planeta, 2016).

Aunque las circunstancias son diferentes para cada caso, sí que se pueden extraer algunas enseñanzas válidas para determinados procesos en otros lugares donde existen reivindicaciones separatistas. Lo escrito a continuación se debe en gran parte a la lectura de esos libros y a mis experiencias profesionales.

Yugoslavia fue una creación artificial nacida en siglo XIX para liberarse de la opresión del imperio austro-húngaro de una parte, y del otomano de otra. Aunque durante la mencionada II Guerra Mundial los croatas se escindieron con el régimen fascista de la ustasa. Al finalizar esa contienda, el Mariscal Tito diseñó una Yugoslavia constituida por seis repúblicas (Serbia, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro, y Bosnia y Herzegovina) y dos provincias autónomas (Vojvodina y Kosovo).

Cada una de estas repúblicas tenía su propio parlamento y una gran autonomía que acabaron con el centralismo serbio. Casi la mitad de los serbios vivían fuera de su territorio natural. La población de Bosnia y Herzegovina era una mezcla de serbios croatas y musulmanes, pero tanto serbios como croatas siempre reivindicaron una parte de ese territorio.

Tito basó la convivencia en la descentralización, con un poder federal supeditado al Consejo de las Repúblicas, cuyos componentes disponían del derecho de veto. Todo permaneció en aparente calma por la cohesión que proporcionaba Tito, y también por el control de su policía secreta UDBA. El mariscal, además, gozaba del prestigio exterior por su “rebelión” contra los mandatarios soviéticos y por la implantación del llamado “socialismo de rostro humano” en contraposición con el “socialismo estalinista”.

Tito logró una Yugoslavia con apariencia compacta en la que se alcanzó una educación y sanidad gratuita, casi pleno empleo, crecimiento económico, cien por cien de alfabetización, y el transporte público estaba subvencionado. Las repúblicas dispusieron en principio de una amplia autonomía y les fueron transferidas la competencias en educación, justicia y seguridad pública (cada república disponía de sus propia policía).

A partir de los años sesenta comenzaron a aparecer líderes locales que querían limitar los poderes federales en beneficio de los intereses nacionales de sus respectivas repúblicas. Estas, lideradas por esos nuevos oligarcas, comenzaron a exigir más transferencias a al gobierno federal, al que acusaban de centralista y autoritario, haciendo gala de victimismo para favorecer sus intereses.

El gobierno federal cedía ante las presiones de las repúblicas, con lo que cada vez se hacía más débil, hasta que llegó un momento en que ya no le quedaban otras competencias que las del Ejército Popular Yugoslavo (JNA), la representación internacional y la emisión de moneda. La única reivindicación que faltaba era la independencia total.

Se dio el paradójico caso que, incluso, el sólido Partido Comunista se escindió y sus líderes comenzaron a pensar más en clave nacionalista que solidaria internacionalista. Enseguida se comenzaron a notar los desequilibrios sociales y económicos a favor de Eslovenia y Croacia que no eran muy proclives a compartir sus privilegios con otras repúblicas. El discurso excluyente se hizo patente con la grave crisis económica de 1973.

La prosperidad de la Yugoslavia de Tito encontraba uno de sus pilares en los ingresos por el turismo, sin embargo la crisis de los 80,s perjudicó el sector. Uno de los otros pilares era el apoyo económico de los Estados Unidos, que se derrumbó con la caída del muro de Berlín; los norteamericanos ya no tenían que apoyar los comunistas rebeldes de su enemiga Unión Soviética, querían que el comunismo desapareciera definitivamente de Europa. La prioridad norteamericana era expandirse hacia el Este apoyando sin reservas a los ex satélites soviéticos, como Checoslovaquia (todavía no escindida), Polonia, y Hungría, entre otros países.

Cuando Tito desaparece en la primavera de 1980, los líderes nacionalistas aprovechan para reivindicar la independencia. Las excusas: el deseo de romper con los comunistas serbios para acabar con su centralismo autoritario, y su derecho a la autodeterminación. El conflicto estaba servido. Se comenzó a fomentar la exclusión con la distinción entre “nosotros, los buenos” y “los otros, los malos”, entre la “nuestra patria” y “el enemigo”. Había que conseguir la independencia por la vía legal y pacífica, o por la fuerza. Se comenzó a revisar la historia según el interés que conviniera a cada bando enfrentado y se propagó la exaltación de la cultura propia contra la de los demás.

Muchos medios de comunicación e intelectuales se pusieron al servicio de los dictados nacionalistas. Fueron frecuentes los escritos y discursos sobre batallas ganadas o perdidas. Incluso los partidos de izquierdas de tanta tradición internacionalista, como el comunista, se plegaron al discurso nacionalista. La negociación se entendió como debilidad.

El resto de la historia también la conocemosodio, destrucción y guerra

¿Mereció la pena?

Javier Jiménez Olmos

7 agosto 2017

CORRUPTOS, CORRUPTORES Y COLABORADORES

La corrupción, junto con el paro, es una de las principales preocupaciones de los españoles. Es una lacra profunda que socava los cimientos de la convivencia democrática de cualquier sociedad. La corrupción es uno de los factores que conducen a la fragilidad de los Estados. Cuando los ciudadanos dejan de confiar en sus gobernantes e instituciones fundamentales, tanto públicas como privadas, la democracia está en peligro.

No es un alarmismo injustificado, no es crear desánimo, ni provocar desasosiego, no es fomentar actitudes anti sistema, no, no es eso. Es simplemente un ejercicio de realismo y una reflexión para evitar las nefastas consecuencias de la corrupción. La corrupción es violencia estructural, una violencia que afecta a toda la sociedad en un doble sentido: de una parte, por el gran perjuicio económico inmediato de todos para beneficio de unos pocos; de otra, por la desmoralización de las personas que actúan honradamente y ven como unos malhechores se enriquecen a su costa.

Cuando los ciudadanos dejan de confiar en sus gobernantes e instituciones fundamentales, la democracia está en peligro

Conviene recordar que la violencia estructural es una de las principales causa de la violencia directa: la violencia física. Los estados frágiles son más propensos a este tipo de violencia directa que los estados que disponen de mecanismos capaces de detectar y castigar la corrupción al nivel que se dé, y sea quien sea quien la produzca.

La corrupción tiene varios actores: corruptores, corruptos y colaboradores. Normalmente sólo se habla de los dos primeros, de los que su papel en este fenómeno es muy claro y perfectamente identificable. Sin embargo, quisiera incidir en el tercer grupo, los colaboradores, tan necesarios como los anteriores para que la corrupción pueda sobrevivir hasta perpetuarse.

Entre los colaboradores están los interesados, los que sacan algún beneficio de la corrupción, casi se podrían considerar dentro del grupo de los corruptos, aunque sus beneficios sean mínimos. Dentro de estos interesados están aquellos que sabiendo que existe la corrupción y conociendo quienes son los corruptos, los dejan obrar de manera ilícita por complacencia, para no molestar y así conseguir su beneplácito y sus favores, en forma de ayudas económicas directas o a través de ascenso a puestos mejor remunerados.

Pero, también hay colaboradores que lo son por afinidad ideológica, partidista o corporativa. Es posible hasta que sean bien intencionados. Pueden llegar a pensar que ninguno de de los “suyos” es capaz de cometer semejantes tropelías, que las acusaciones de corrupción contra sus afines o compañeros son producto de conspiraciones provocadas desde aquellos que no piensan como ellos o pertenecen a otros sectores sociales.

“Hay colaboradores que lo son por afinidad ideológica, partidista o corporativa”

A este último grupo de colaboradores va dirigida especialmente esta reflexión, porque sin apoyo social la corrupción se desmantela. No se trata de renunciar a ideales, lo que se pretende es precisamente exigir a aquellos que comparte nuestros ideales una mayor honestidad. Abandonar el aplauso incondicional por la crítica constructiva, por la denuncia de corruptores y corruptos. Sin colaboradores la corrupción no tiene futuro.

Javier Jiménez Olmos

Publicado en HOY ARAGÓN el 28 de abril de 2017

http://www.hoyaragon.es/2017/04/28/corruptos-corruptores-y-colaboradores/

Mi bandera siempre está a media asta

Las banderas a media asta simbolizan luto y pesar por la muerte de alguien. Es una señal de reconocimiento y solidaridad. Mi bandera lleva a media asta mucho tiempo.

Mi bandera permanece a media asta por todas aquellas personas víctimas de las guerras, casi siempre injustas; por los miles de seres humanos que mueren como consecuencia de las armas, que a algunos tantos beneficios le producen.

Tengo mi bandera a media asta por las víctimas del hambre, de la opresión, de la tortura, de la indignidad, producidas por un sistema socio-económico que produce tanta desigualdad.

Tengo mi bandera a media asta por todas las mujeres víctimas de la violencia machista, sostenida desde una educación que fomenta la supremacía de los varones.

Tengo mi bandera a media asta por las víctimas de la xenofobia y el racismo, alimentada desde la ignorancia y el desconocimiento de la diversidad.

Tengo mi bandera a media asta por las víctimas de los fundamentalismos, propiciados en  nombre del nacionalismo o la religión.

Tengo mi bandera a media asta por el dolor que me produce el sufrimiento humano, la tengo a diario, también en nombre de Jesús, que sufrió, por amor a los demás,  persecución, tortura y del poder dominante de su tiempo hasta causarle la muerte.

No necesito que nadie me obligue a tener mi bandera a media asta en nombre de Jesús durante unos pocos días, yo la tengo a diario, mientras dure la injusticia, mientras haya una sola víctima inocente de la negligencia, de la corrupción o de la violencia.

Mi bandera seguirá a media asta más allá de unos pocos días, sin perder la esperanza de que algún día se ice por completo.

Javier Jiménez Olmos

14 de abril de 2017

Publicado en http://www.hoyaragon.es/2017/04/14/mi-bandera-siempre-esta-a-media-asta/

Responsabilidad de informar con responsabilidad: informar sin descalificar ni insultar

Reconozco que leo con muchas reservas los artículos de artículos de opinión de determinadas “estrellas del periodismo”, que opinan sobre todos los temas. No se ofendan los escritores de los mismos, pero yo prefiero tener la mía propia: mi opinión fundada en la experiencia, la documentación y la argumentación. La experiencia es muy importante a la hora de formarse una opinión sobre algo, y mi experiencia me ha enseñado a dudar de esos “opinantes” profesionales.

No me convence que opinen sin aportar documentación alguna. No digo que no la tengan, lo que digo es que no la aportan, y por eso dudo de lo que dicen. El recurso a las fuentes secretas, o decir que “lo he escuchado a terceros”, tiene poco o ningún valor intelectual. La buena argumentación es consecuencia de una buena documentación, aunque estos “maestros de la comunicación” tienen la capacidad de disfrazar sus discursos con apariencia de verdadera argumentación.

Ante la escasez de documentación y argumentación, se recurre a la descalificación o el insulto de los que no opinan como ellos. Flaco favor para la profesión periodística y para la credibilidad de los medios de comunicación. El periodismo exige tantas veces inmediatez y concreción, que obliga a resumir información en unas pocas líneas. Es una tarea compleja y, por tanto, difícil. Sin embargo, el buen periodismo tiene la obligación de equilibrar estos factores, y conjugar la rapidez y la concreción al informar con la rigurosidad de la información.

La descalificación y el insulto son los recursos de los que carecen de argumentos documentados. Este fin de semana he vuelto a comprobar que algunos de los más prestigiosos comunicadores españoles practicaban ese recurso. No creo que Arturo Pérez Reverte, Carlos Herrera o Mercedes Milá carezcan de capacidad documental y argumental como para tener que recurrir a descalificar o insultar en sus artículos u intervenciones televisivas a aquellos que difieren de sus opiniones

Yo, modestamente, les recomiendo que omitan los insultos, y documenten, y argumenten. No comparto la forma de expresarse y el contenido de los artículos de los dos primeros que han publicado en el Semanal (del 5 al 11 de marzo) que se entrega los domingos con algunos periódicos, ni las manifestaciones -a mi juicio vejatorias- de la tercera en un programa de Tele 5 contra uno de los participantes en ese programa. Con toda amabilidad, les recomiendo que se informen mejor cuando vayan a tratar algunos de los múltiples temas de los que manifiestan sus opiniones.

No se puede saber de todo, o al menos para expresar opiniones con arrogancia de verdad. No se puede descalificar a otros que opinan de manera diversa, no se puede calificar de “tontos, cretinos, gilipollas, fantoches o gordos” (los pueden leer en los artículos de los dos autores mencionados y escuchar en la intervención televisiva de la periodista aludida) a los que opinan de forma diferente, máxime cuando no se aporta suficiente documentación que sostenga  esas descalificaciones. Los medios tiene una gran responsabilidad social: responsabilidad de informar con responsabilidad.

La convivencia pacífica y la seguridad se empiezan a construir también desde los medios de comunicación y, desde luego, la descalificación, el insulto y la falta de respeto contribuyen muy poco al diálogo y a la cultura de paz.

No nos sorprendamos luego, cuando en la vida pública aparezcan fenómenos como el del señor Trump. “Los Trump” se fabrican día a día. Y, por desgracia, los creadores de opinión también tienen una gran responsabilidad en el crecimiento de semejantes personajes.

Nota del autor.-

Perdón por mi atrevimiento a opinar sobre los “opinantes”, quizás esté opinando de lo que no conozco en profundidad. Me atrevo a publicar estas líneas para argumentar sobre la falta de rigurosidad y, sobre todo, la falta de respeto. Y lo hago, porque tantas veces compruebo que cuando opinan sobre asuntos que conozco, como acredita mi formación profesional, sus opiniones no se ajustan a los conocimientos académicos que he adquirido. Del mismo modo compruebo que su percepción de la realidad ha sido distinta a la mía cuando opinan sobre algún acontecimiento del que he sido testigo. Infiero, por tanto, que cuando hablan de otros asuntos, de los que no tengo elementos de juicio para opinar, puede suceder lo mismo, es decir ofrezcan una opinión subjetiva, con elementos que pueden inducir a confusión, bien por la ignorancia del opinante o, lo que es peor, por obedecer a intereses partidistas o sectarios.

7 de marzo de 2017

Javier Jiménez Olmos