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CORRUPTOS, CORRUPTORES Y COLABORADORES

La corrupción, junto con el paro, es una de las principales preocupaciones de los españoles. Es una lacra profunda que socava los cimientos de la convivencia democrática de cualquier sociedad. La corrupción es uno de los factores que conducen a la fragilidad de los Estados. Cuando los ciudadanos dejan de confiar en sus gobernantes e instituciones fundamentales, tanto públicas como privadas, la democracia está en peligro.

No es un alarmismo injustificado, no es crear desánimo, ni provocar desasosiego, no es fomentar actitudes anti sistema, no, no es eso. Es simplemente un ejercicio de realismo y una reflexión para evitar las nefastas consecuencias de la corrupción. La corrupción es violencia estructural, una violencia que afecta a toda la sociedad en un doble sentido: de una parte, por el gran perjuicio económico inmediato de todos para beneficio de unos pocos; de otra, por la desmoralización de las personas que actúan honradamente y ven como unos malhechores se enriquecen a su costa.

Cuando los ciudadanos dejan de confiar en sus gobernantes e instituciones fundamentales, la democracia está en peligro

Conviene recordar que la violencia estructural es una de las principales causa de la violencia directa: la violencia física. Los estados frágiles son más propensos a este tipo de violencia directa que los estados que disponen de mecanismos capaces de detectar y castigar la corrupción al nivel que se dé, y sea quien sea quien la produzca.

La corrupción tiene varios actores: corruptores, corruptos y colaboradores. Normalmente sólo se habla de los dos primeros, de los que su papel en este fenómeno es muy claro y perfectamente identificable. Sin embargo, quisiera incidir en el tercer grupo, los colaboradores, tan necesarios como los anteriores para que la corrupción pueda sobrevivir hasta perpetuarse.

Entre los colaboradores están los interesados, los que sacan algún beneficio de la corrupción, casi se podrían considerar dentro del grupo de los corruptos, aunque sus beneficios sean mínimos. Dentro de estos interesados están aquellos que sabiendo que existe la corrupción y conociendo quienes son los corruptos, los dejan obrar de manera ilícita por complacencia, para no molestar y así conseguir su beneplácito y sus favores, en forma de ayudas económicas directas o a través de ascenso a puestos mejor remunerados.

Pero, también hay colaboradores que lo son por afinidad ideológica, partidista o corporativa. Es posible hasta que sean bien intencionados. Pueden llegar a pensar que ninguno de de los “suyos” es capaz de cometer semejantes tropelías, que las acusaciones de corrupción contra sus afines o compañeros son producto de conspiraciones provocadas desde aquellos que no piensan como ellos o pertenecen a otros sectores sociales.

“Hay colaboradores que lo son por afinidad ideológica, partidista o corporativa”

A este último grupo de colaboradores va dirigida especialmente esta reflexión, porque sin apoyo social la corrupción se desmantela. No se trata de renunciar a ideales, lo que se pretende es precisamente exigir a aquellos que comparte nuestros ideales una mayor honestidad. Abandonar el aplauso incondicional por la crítica constructiva, por la denuncia de corruptores y corruptos. Sin colaboradores la corrupción no tiene futuro.

Javier Jiménez Olmos

Publicado en HOY ARAGÓN el 28 de abril de 2017

http://www.hoyaragon.es/2017/04/28/corruptos-corruptores-y-colaboradores/

Mi bandera siempre está a media asta

Las banderas a media asta simbolizan luto y pesar por la muerte de alguien. Es una señal de reconocimiento y solidaridad. Mi bandera lleva a media asta mucho tiempo.

Mi bandera permanece a media asta por todas aquellas personas víctimas de las guerras, casi siempre injustas; por los miles de seres humanos que mueren como consecuencia de las armas, que a algunos tantos beneficios le producen.

Tengo mi bandera a media asta por las víctimas del hambre, de la opresión, de la tortura, de la indignidad, producidas por un sistema socio-económico que produce tanta desigualdad.

Tengo mi bandera a media asta por todas las mujeres víctimas de la violencia machista, sostenida desde una educación que fomenta la supremacía de los varones.

Tengo mi bandera a media asta por las víctimas de la xenofobia y el racismo, alimentada desde la ignorancia y el desconocimiento de la diversidad.

Tengo mi bandera a media asta por las víctimas de los fundamentalismos, propiciados en  nombre del nacionalismo o la religión.

Tengo mi bandera a media asta por el dolor que me produce el sufrimiento humano, la tengo a diario, también en nombre de Jesús, que sufrió, por amor a los demás,  persecución, tortura y del poder dominante de su tiempo hasta causarle la muerte.

No necesito que nadie me obligue a tener mi bandera a media asta en nombre de Jesús durante unos pocos días, yo la tengo a diario, mientras dure la injusticia, mientras haya una sola víctima inocente de la negligencia, de la corrupción o de la violencia.

Mi bandera seguirá a media asta más allá de unos pocos días, sin perder la esperanza de que algún día se ice por completo.

Javier Jiménez Olmos

14 de abril de 2017

Publicado en http://www.hoyaragon.es/2017/04/14/mi-bandera-siempre-esta-a-media-asta/

Responsabilidad de informar con responsabilidad: informar sin descalificar ni insultar

Reconozco que leo con muchas reservas los artículos de artículos de opinión de determinadas “estrellas del periodismo”, que opinan sobre todos los temas. No se ofendan los escritores de los mismos, pero yo prefiero tener la mía propia: mi opinión fundada en la experiencia, la documentación y la argumentación. La experiencia es muy importante a la hora de formarse una opinión sobre algo, y mi experiencia me ha enseñado a dudar de esos “opinantes” profesionales.

No me convence que opinen sin aportar documentación alguna. No digo que no la tengan, lo que digo es que no la aportan, y por eso dudo de lo que dicen. El recurso a las fuentes secretas, o decir que “lo he escuchado a terceros”, tiene poco o ningún valor intelectual. La buena argumentación es consecuencia de una buena documentación, aunque estos “maestros de la comunicación” tienen la capacidad de disfrazar sus discursos con apariencia de verdadera argumentación.

Ante la escasez de documentación y argumentación, se recurre a la descalificación o el insulto de los que no opinan como ellos. Flaco favor para la profesión periodística y para la credibilidad de los medios de comunicación. El periodismo exige tantas veces inmediatez y concreción, que obliga a resumir información en unas pocas líneas. Es una tarea compleja y, por tanto, difícil. Sin embargo, el buen periodismo tiene la obligación de equilibrar estos factores, y conjugar la rapidez y la concreción al informar con la rigurosidad de la información.

La descalificación y el insulto son los recursos de los que carecen de argumentos documentados. Este fin de semana he vuelto a comprobar que algunos de los más prestigiosos comunicadores españoles practicaban ese recurso. No creo que Arturo Pérez Reverte, Carlos Herrera o Mercedes Milá carezcan de capacidad documental y argumental como para tener que recurrir a descalificar o insultar en sus artículos u intervenciones televisivas a aquellos que difieren de sus opiniones

Yo, modestamente, les recomiendo que omitan los insultos, y documenten, y argumenten. No comparto la forma de expresarse y el contenido de los artículos de los dos primeros que han publicado en el Semanal (del 5 al 11 de marzo) que se entrega los domingos con algunos periódicos, ni las manifestaciones -a mi juicio vejatorias- de la tercera en un programa de Tele 5 contra uno de los participantes en ese programa. Con toda amabilidad, les recomiendo que se informen mejor cuando vayan a tratar algunos de los múltiples temas de los que manifiestan sus opiniones.

No se puede saber de todo, o al menos para expresar opiniones con arrogancia de verdad. No se puede descalificar a otros que opinan de manera diversa, no se puede calificar de “tontos, cretinos, gilipollas, fantoches o gordos” (los pueden leer en los artículos de los dos autores mencionados y escuchar en la intervención televisiva de la periodista aludida) a los que opinan de forma diferente, máxime cuando no se aporta suficiente documentación que sostenga  esas descalificaciones. Los medios tiene una gran responsabilidad social: responsabilidad de informar con responsabilidad.

La convivencia pacífica y la seguridad se empiezan a construir también desde los medios de comunicación y, desde luego, la descalificación, el insulto y la falta de respeto contribuyen muy poco al diálogo y a la cultura de paz.

No nos sorprendamos luego, cuando en la vida pública aparezcan fenómenos como el del señor Trump. “Los Trump” se fabrican día a día. Y, por desgracia, los creadores de opinión también tienen una gran responsabilidad en el crecimiento de semejantes personajes.

Nota del autor.-

Perdón por mi atrevimiento a opinar sobre los “opinantes”, quizás esté opinando de lo que no conozco en profundidad. Me atrevo a publicar estas líneas para argumentar sobre la falta de rigurosidad y, sobre todo, la falta de respeto. Y lo hago, porque tantas veces compruebo que cuando opinan sobre asuntos que conozco, como acredita mi formación profesional, sus opiniones no se ajustan a los conocimientos académicos que he adquirido. Del mismo modo compruebo que su percepción de la realidad ha sido distinta a la mía cuando opinan sobre algún acontecimiento del que he sido testigo. Infiero, por tanto, que cuando hablan de otros asuntos, de los que no tengo elementos de juicio para opinar, puede suceder lo mismo, es decir ofrezcan una opinión subjetiva, con elementos que pueden inducir a confusión, bien por la ignorancia del opinante o, lo que es peor, por obedecer a intereses partidistas o sectarios.

7 de marzo de 2017

Javier Jiménez Olmos

 

DONALD TRUMP ¿CUMPLIRÁ LO PROMETIDO?

Las palabras clave para hacer una prospectiva de la presidencia de Donald Trump podrían ser: incógnita, incertidumbre, desasosiego y miedo. Efectivamente, la retórica agresiva de su campaña electoral y sus antecedentes, tanto en su vida personal como en el mundo de los negocios, no lo hacen de fiar en su función de líder de la potencia económica y militar más grande del mundo. Sin ningún cargo público previo de responsabilidad dentro de la Administración norteamericana, ha conseguido ganar unas ajustadas elecciones a su contrincante Hilary Clinton, que representaba la continuidad de la política tradicional norteamericana.

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Trump, con su lema “America first” (América lo primero), ha logrado ganar unas elecciones que no hubieran tenido nada de particular de no ser por la verborrea displicente de este multimillonario del partido republicano hacia sectores sociales. Sin embargo, el lema no es nada nuevo dentro de la política estadounidense, todos sus precursores, incluidos los demócrata, han actuado bajo ese lema. Los intereses norteamericanos siempre han primado por encima de cualquier otro, más aún, cuando las circunstancias lo han requerido han actuado usando su enorme poderío militar unilateralmente.

La gran pregunta que, no solo se hacen los norteamericanos sino la humanidad entera, es ¿cumplirá el presidente Trump sus promesas electorales o han sido solamente parte del “circo electoral norteamericano”? Una duda que preocupa porque, con que solamente cumpliera alguna de esas promesas, se podrían producir nuevos conflictos o incrementar los existentes. Nunca tanta gente ha deseado que un político incumpla sus promesas. El presidente electo se ha presentado como una persona racista, xenófoba y misógina, ¿será posible que cambie esa actitud? Ha sembrado la discordia y el odio, ¿será capaz de rectificar y mostrarse más conciliador?

Con este Presidente, es inevitable preguntarse si los Estados Unidos seguirán siendo un ejemplo de democracia en el mundo. Es conveniente recordar que dijo textualmente “no aceptaré el resultado de las elecciones si no las gano”, entre otras prendas democráticas que salieron por su boca durante la campaña. ¿Está la democracia en peligro en esa gran nación y por ende en el mundo entero? Trump, por lo que se deduce sus discursos, no parece contemplar los derechos humanos, las políticas de igualdad, la integración o el diálogo entre sus prioridades.acaricatura-donald-trump-por-darcy-2

A la expectativa de lo que haga durante su mandato, convine recordar algunos de los principales puntos de su programa y analizar las posibles consecuencias.

ECONOMÍA

Propone revisar el Acuerdo Transpacífico, impulsado por el presidente Obama. Eso supone el riesgo de dar la iniciativa a China, que puede crear su propio bloque comercial en la región Asia Pacífico y, por tanto, ser la gran favorecida de esta decisión ¿Qué sucederá con la Asociación Transatlántica para el Comercio (TTIP)? Es curiosa la coincidencia de Trump para desmantelarla con grupos políticos de otro signo opuesto al suyo, aunque esa oposición al TTIP sea por diferentes motivos. Desde los sectores más liberales del comercio transatlántico ven la postura de Trump muy peligrosa para el futuro desarrollo económico a ambas partes del Atlántico. Ha prometido renegociar el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (NAFTA) con Canadá y México. Sería un enorme quebranto para todos ellos de llevar a cabo esa decisión Incluso, ha llegado a insinuar que abandonaría la Organización Mundial del Comercio.

Los poderes económicos norteamericanos no estarán muy felices si se llegaran a realizar estas propuestas, por lo que es lógico pensar que no las va a poder llevar poner en marcha. El sistema norteamericano político norteamericano tiene contrapesos institucionales para regular, limitar y vetar las decisiones del Presidente. Aunque en el Congreso y Senado dispondrá de mayoría republicana, no todos estos representantes, que a su vez forman parte del entramado económico del país, estarán dispuestos a seguir a su líder si actúa contra sus intereses.

ENERGÍA

Ha manifestado su intención de derogar cualquier limitación para la exploración y extracción de gas y petróleo, como puede ser la técnica de fracking, tan denunciada desde los movimientos ecologistas.  El objetivo es alcanzar la autosuficiencia energética y favorecer, al mismo tiempo, las industrias del petróleo y el carbón. De ahí, su intencionado desprecio por la teoría del cambio climático.

Puede que en esta política sí que encuentre algunos apoyos, de hecho, ya se está siguiendo en esa línea en la actualidad. Las dos cosas, autosuficiencia y desdén hacia los defensores del cambio climático, tendrán gran repercusión en las relaciones internacionales. Un Estados Unidos sin autosuficiente en materia energética cambiará su forma de comportase con sus aliados de conveniencia en Oriente Medio, como puede ser el caso de Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo.

Si el Presidente de Estados Unidos no considera las teorías del cambio climático y continúa o incrementa una política energética que favorezca la emisión de gases nocivos a la atmósfera, las consecuencias para la humanidad entera serán visibles a corto plazo. Hay que tener en cuenta que, junto con China, es el país más contaminante.  La comunidad internacional podrá oponerse, peros si el mandatario norteamericano legisla unilateralmente, sin considerar los estudios científicos sobre el cambio climático, puede provocar un conflicto de dimensiones gigantescas en este planeta.

INFRAESTRUCTURAS

Ha propuesto impulsar grandes proyectos para renovar viejas infraestructuras del país y construir otras nuevas. Hay que recordar que gran parte de la fortuna de Trump proviene del negocio de la construcción. Seguramente que, si dispone de los fondos suficientes, estos proyectos serán bienvenidos, se crearán parte de los prometidos puestos de trabajo a sus electores y proporcionarán grandes beneficios a las empresas del ramo. Desde luego, los norteamericanos estarán muy atentos a la transparencia de las concesiones.

 DEFENSA

En los  asuntos relacionados con los gastos militares el presidente electo se ha mostrado contradictorio en algunos de sus discursos. A veces ha defendido los recortes, especialmente en lo que a la contribución a la OTAN se refiere, pero en otras ha manifestado su deseo de incrementar los gastos de defensa nacionales. Las empresas armamentísticas presionaran para que esos gastos se incremente, por lo que también puede encontrar apoyos sustanciales.

Más difícil será el asunto de la reducción en su aportación a la OTAN. Sí la Alianza Atlántica ve mermada su capacidad militar significará dar ventaja a rusos y chinos en la toma de posiciones en Europa y en el Mundo, lo que puede repercutir en la seguridad de sus aliados, tanto en Europa como en Asia u otras partes del mundo y, por ende, en la propia seguridad norteamericana.

SEGURIDAD HUMANA

En este aspecto sus opiniones son inquietantes. Trump no ha mostrado absoluto respeto por la sanidad: quiere acabar con el tímido progreso realizado por Obama; ha despreciado a las mujeres en alguna de sus manifestaciones, por lo que no se confía en que pueda proponer verdaderas políticas de igualdad de género; sin paliativos, ha desestimado la teoría del cambio climático; quiere recortar los derechos de los extranjeros, e incluso ordenar expulsiones masivas de algunos colectivos. En estas políticas contra la seguridad humana puede que sí encuentre suficientes apoyos entre algunas de las fuerzas más radicalizadas, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

POLÍTICA INTERNACIONAL

Predica volver al aislacionismo, lo que puede poner en peligro todo el sistema de relaciones internacionales actual. Veamos algunos ejemploscaricaturas-donald-trump-dibujos-humor

México

Prometió la construcción de un muro en toda la frontera con el país vecino. Si el flujo de inmigrantes mejicanos se cortara, los trabajos poco cualificados, que estas personas realizan ahora, dejarían de realizarse. Muchos norteamericanos se verían afectados porque, entre otros menesteres, no tendrían quienes hicieran sus labores del hogar, o cuidaran a sus niños y ancianos, mientras ellos acuden a sus trabajos. Además provocaría un grave conflicto económico con la reducción de las remesas que estos inmigrantes envían a su país; el pasado 2015, estas remesas alcanzaron la cifra de 25.000 millones de dólares, más de lo que México obtiene por la venta de su petróleo.

Si la construcción del muro parece un proyecto irrealizable por las enormes repercusiones sociales que puede conllevar, más complicada es la intención del futuro presidente de abandonar el NAFTA, e imponer aranceles de un 35% a los productos mejicanos. Hay que tener en cuenta que el país vecino es el tercer socio comercial de los Estados Unidos. Los aranceles serían catastróficos para ambas partes. Los poderes económicos no estarán dispuestos a consentir ese desastre.

Cuba

Más allá de la parafernalia propagandística para conseguir votos del exilio cubano, principalmente en el decisivo Estado de Florida, Cuba no es una prioridad para Trump. Sin embargo, se ha manifestado dispuesto a revertir la política de Obama con relación a la isla y continuar con el embargo.

Otra promesa que seguramente incumplirá. En Cuba hay mucho negocio, el mismo ha sido acusado de vulnerar el embargo para hacer sus negocios en el país caribeño. Una vez conseguido el voto de los cubanos exiliados y sus descendientes, seguramente, cambiará el rumbo y proseguirá el camino de su predecesor Obama con relación a relajación de las relaciones con Cuba, todo dependerá también de la actitud de los dirigentes sucesores de Fidel Castro.

China

Sus declaraciones respecto a China no han sido muy amistosas durante la campaña electoral. Ha prometido imponer unos aranceles del 45% a los productos chinos. Si esto sucede, China presionarás, hay que tener en cuenta que este gigante asiático tiene en su poder una gran parte de la deuda norteamericana, un arma económica definitiva para aplacar los ánimos del futuro presidente.

Desde el punto de vista de la seguridad, existe una gran tensión en el Mar de China, por la existencia de grandes bolsas de hidrocarburos en su subsuelo marino, y por la gran cantidad de buques que transportan el crudo hacia Japón y Corea del Sur (aproximadamente el 60% de los hidrocarburos que estos países necesitan). Los estrategas militares estarán muy atentos para aconsejar a Trump mantener, o incluso incrementar, la flota norteamericana en la zona para defender los intereses de tan importantes aliados, más aún si se tiene en cuenta el progresivo incremento de los gastos militares chinos preferentemente en su armada y aviación.

Oriente Medio

También su retórica ha sido agresiva con relación a esta región de Oriente Medio. No parece que haya llegado a comprender lo que significa el islam, al que ha tratado con arrogancia y desprecio. Uno de los puntos más oscuros de sus propuestas en política exterior y que, a corto plazo, pude agravar algunos conflictos.

No ha tenido recato alguno en manifestar su apoyo a dictadores en esa región siempre que den estabilidad y combatan el islamismo; lo que tampoco es una novedad en la política exterior norteamericana. Así mismo ha declarado su intención de colaborar con Rusia para  combatir al Daesh. En cuanto a la política antiterrorista, en general, se muestra partidario de usar todos los métodos y medios posibles; de sus declaraciones, se deduce que parece no importarle demasiado si vulneran las leyes internacionales. Una señal de alarma importante caso de perseverar en esa aptitud cuando esté al frente de Estados Unidos, la historia ha demostrado que ese tipo de actuaciones no hacen sino fomentar el odio y la recluta terrorista.

En cuanto al conflicto palestino-israelí, se muestra claramente a favor de las tesis israelíes. Inicialmente trató de mantenerse neutral, hasta que en algún  acto de campaña el importante lobby judío en estados Unidos le abucheó y amenazó de retirarle su apoyo. Desde entonces se muestra contrario al reconocimiento del Estado palestino. Se ha mostrado favorable a que la capital del estado de Israel sea Jerusalén, y a trasladar la embajada norteamericana a esa ciudad.

Solamente el hecho de trasladar la embajada a Jerusalén provocaría una grave crisis en Oriente Medio. Los musulmanes no iban aceptar tal afrenta de muy buen grado. Podrían resurgir los movimientos violentos e incrementarse los existentes, por lo que es probable que, si Trump se rodea de asesores de seguridad mínimamente sensatos, reduzca su verborrea anti musulmana y modere sus decisiones.

Con relación a Irán, está entre sus prioridades revisar el Tratado Nuclear recientemente firmado por el grupo denominado 5+1 (los miembros del Consejo de Seguridad más Alemania). Parece poco probable que pueda cumplir esta promesa. Hay demasiados intereses económicos en juego con la vuelta de Irán a la escena internacional tras la firma del Tratado, para que sus aliados y la propia Organización Internacional de la Energía Atómica lo consientan. Además, Irán es un importante contrapeso en las relaciones de poder en la región, intentar acabar con un tratado que proporciona estabilidad pude resultar poco aconsejable, sus asesores también lo tendrán en cuenta y probablemente le harán rectificar.

A la monarquía de Arabia Saudí no le tiene mucho respeto, le quiera hacer pagar por las bases que tiene en su territorio, alegando que les proporcionan seguridad. Otra opinión imprudente que los árabes considerarían una afrenta humillante, y una decisión errónea para los propios intereses de seguridad norteamericanos. Posiblemente tampoco tenga muchos apoyos es este asunto.

Siguiendo estrategia de proteger a los dictadores que le sean leales, una constante en la política exterior estadounidense de todos los tiempos, propone una mayor cooperación con el Egipto de Al Sisi. Aquí sin duda, sí que encontrará apoyos, incluso entre las filas demócratas.

OTAN

La Alianza Atlántica está financiada en un 73% por Estados Unidos. Trump está dispuesto a reducir esa participación. Otro punto sobre el que no encontrará un apoyo total, incluso entre sus correligionarios republicanos. La OTAN es muy importante para la seguridad y defensa europea y mundial, si se produce un descenso de su poderío militar, Rusia estará a la expectativa para ganar posiciones, lo mismo ocurrirá con China.

Rusia, con su líder Putin al frente, parece estar feliz con la elección de Trump, el aislacionismo que predica el norteamericano puede poner fin a la pérdida de influencia rusa en Europa y en Asia. Según se entiende de las declaraciones de ambos dirigentes, existe una admiración mutua, pero eso no significa que llegado el momento de los desacuerdos, que los hay y muy importantes, esa admiración se pueda transformar en enemistad dada la personalidad de los dos mandatarios. Rusia se opone a más ampliaciones de la OTAN, en eso puede haber acuerdo, pero qué ocurrirá con el Tratado de no Proliferación Nuclear, con el denominado “escudo antimisiles” o con el despliegue de tropas a ambos lados de las fronteras. Aquí tampoco está claro lo que pueda suceder, los poderes económico-militares norteamericanos no van a renunciar a su poder nuclear, ni a disminuir la industria que sostiene el proyecto del escudo anti misiles.images

Conclusión

Muchas incógnitas sin resolver. Un dirigente, no lo olvidemos elegido por una gran parte de los norteamericanos, con una personalidad poco adecuada para unos tiempos de crisis en los que se necesita mucha imaginación y diálogo, y menos vehemencia y agresividad. Un riesgo para todos los habitantes de este planeta, un personaje con un discurso más propio de tertulia de bar (puede llamarse populista). Puede que en eso estribe su éxito, en haber sabido captar el descontento y traducirlo a un lenguaje al que muchos votantes es receptivo, una forma de de simplificar los problemas y proponer soluciones fáciles poco sometidas a análisis riguroso. Algo que se está extendiendo también por la “civilizada” Europa.

Javier Jiménez Olmos

6 de diciembre de 2016

SEGURIDAD HUMANA Y CULTURA DE PAZ

En la historia de la humanidad la agenda militar ha sido predominante en las relaciones internacionales. Todos los grandes imperios se han forjado por la fuerza de las armas, y la mayor parte de los conflictos entre estados y facciones dentro de un estado se han dirimido mediante cruentas guerras. Parece que la historia continúa a pesar de que desde sectores sociales cada vez más influyentes se aboga por una transformación de esas relaciones basadas en el poder de las armas. La seguridad es una de las prioridades de todas las sociedades, una seguridad que ha sido considerada exclusivamente militar o policial. Sin embargo, la seguridad es multidimensional y la militar es tan solo una parte de ella. La seguridad tiene también dimensión política, económica, social y medioambiental.

  • Seguridad política, que libere de la inestabilidad represiva y proporcione un sistema legislativo respetuoso con los derechos humanos
  • Seguridad económica, que establezca un equitativo reparto de la riqueza de modo que el sistema sanitario y educativo, y las rentas familiares, permitan a las personas tener un proyecto de futuro ligado al bienestar y llevar una vida digna
  • Seguridad social, que logre desarrollar la diversidad sin limitaciones étnicas, religiosas, políticas, de género o de orientación sexual.
  • Seguridad medioambiental, para evitar que la degradación de la biosfera afecte al modo de vida y a la obtención de recursos naturales como el agua y los alimentos

La seguridad humana abarca todas las dimensiones anteriores y se define como aquella que es capaz de garantizar al individuo poder desarrollarse como persona, es decir de gozar de libertad y bienestar suficiente para poder tener cubiertas todas sus necesidades fundamentales y desarrollar todas sus capacidades.

La humanidad ha vivido en una permanente cultura de guerra. La guerra parece siempre inevitable, ¿pero tiene que ser siempre así? ¿no sería mejor educar para una cultura de paz?

Educar para la comprensión de los conflictos: sus causas y sus consecuencias como mejor manera para comenzar a resolverlos.

Educar para la seguridad humana y para la paz.

Cultura de paz es un conjunto de:

  • Valores
  • Actitudes
  • Tradiciones
  • Comportamientos
  • Estilos de vida

Basados en:

  • Respeto a la vida, fin de la violencia mediante la educación, diálogo y cooperación
  • Respeto y promoción de los derechos humanos y libertades fundamentales
  • Compromiso de arreglo pacífico de los conflictos

Pasar de una cultura de guerra a una cultura de paz exige un esfuerzo continuo, con resultados a largo plazo. Para ello, es necesaria voluntad política, social, de educadores, de medios y de familias. La educación es el motor de la evolución social, por tanto, hay que educar para la paz y fomentar proyectos de cultura de paz tanto a a los niveles local, autonómico, nacional e internacional.

El miércoles 9 de noviembre en la Fundación “Seminario de Investigación para la Paz” de Zaragoza se celebrará una jornada dedicada a educación para la paz con el título LAS FUERZAS ARMADAS EN UNA DEMOCRACIA: ¿CONTRIBUYEN A LA CULTURA DE PAZ?

Serán militares españoles los que nos respondan a la pregunta del título en el programa que se ofrece a continuación.hojillagc

(Hacer click sobre la foto para ampliar)

¡Por favor, no quiero propaganda electoral, quiero propuestas argumentadas!

Se aproximan las elecciones, comienza el festival de inauguraciones, pagas de extraordinarias atrasadas, promesas, críticas a los oponentes políticos, paseos por calles y mercados para saludar a los ciudadanos, apariciones continuas en los medios de comunicación, sonrisas, abrazos y besos a niños. Mítines y banderitas de colores al gusto con música identificativa. La locura electoral, la simulación del acercamiento al pueblo que asiste a la función como mero espectador.Viñeta-sobre-las-elecciones-de-Ferran

Y mientras tanto, ¿quién soluciona mis problemas? esos de la vida cotidiana, esos que me producen bienestar. ¿Quién atiende mis peticiones? ¿Quién tiene tan siquiera la atención –o educación- de responderlas cuando las hago por conducto formal? ¿Quién me recibe si solicito una audiencia para exponer mis quejas o aportar mis soluciones?

Esos que ahora tanto se prodigan, que parecen tan cercanos, y que te estrechan su mano por la calle, esos que te ofrecen el paraíso si les votas, esos luego se olvidan. Una vez elegidos se protegen en su búnker político burocrático, y te consideran sospechoso si alguna vez intentas reclamar, protestar o incluso aportar soluciones –creo que eso es lo que menos les gusta, no vaya a ser que les quites el puesto- Ahora comienza la función que acaba pronto, con la impotencia de mi voto.

De nuevo otra campaña electoral, ¿para qué? Nos descubrirán algo nuevo o se dedicarán a “tirarse los trastos” unos a otros como hacen habitualmente. Bastaría con que nos explicarían si hay alguna variación con respecto al programa anterior, el de tan sólo hace unos meses, lo que evidentemente no supondría más de media hora o, quizás cinco minutos, o tal vez nada si no hay variación alguna. Una pérdida de tiempo y de dinero, de dinero de todos. Otra vez la pesadez de las frases repetitivas de los discursos populistas, de las promesas inviables, de las mentiras premeditadas.

De nuevo los vídeos absurdos realizados para convencer ¿a quién? ¿de qué? Otra vez a considerarnos estúpidos sin criterio con sus propagandas engañosas en los televisores, en las radios y en los buzones. Más debates televisivos ¿De verdad sirven para algo esos debates o son sólo puro espectáculo televisivo?chistePena, me da mucha pena, porque según los expertos en marketing político toda esa parafernalia electoral influye en los votantes. ¡Qué pena! Si todos tenemos memoria para juzgar lo que han hecho, capacidad de razonar para analizar la viabilidad de las promesas y sabemos leer para estudiar los programas electorales, nos sobra todo este circo electoralista, caso contrario ¿para qué nos sirven nuestras facultades intelectuales?

¡Por favor no quiero propaganda electoral, quiero propuestas argumentadas!

Javier Jiménez Olmos

6 de junio de 2016

FÚTBOL , NACIONALISMO Y VIOLENCIA

La historia de la humanidad está llena de episodios de violencia y de guerras, casi siempre motivadas por intereses personales o de élites, la mayoría de las veces económicos, habitualmente justificadas por otras causas, aparentemente más nobles, que han servido para incitar a las masas a combatir, matar o morir si es preciso, para defender  esos  “ideales superiores”. El patriotismo nacionalista o las creencias religiosas son constantes de esas motivaciones para la movilización de personas dispuestas a combatir en defensa de esos  “sacralizados ideales”.

Los sentimientos nacionalistas o religiosos no son controlables porque pertenecen a la esfera de lo emotivo. Aquellos que los manipulan y pervierten interesadamente lo saben. Saben que una vez inculcados son difíciles de extirpar.  Son como las simpatías por un determinado equipo de fútbol. Generalmente se adquieren de niño, por tradición familiar, por vivencias personales (o por llevarle la contra a su propio padre), pero no hay nada racional que lo justifique.futtbol

La comparación futbolística no es en modo alguna recurrente. El cóctel nacionalismo, religión, fútbol tiene antecedentes muy peligrosos en la reciente historia de Europa. Para aquellos lectores más jóvenes les recomiendo que acudan a internet y comprueben lo que sucedió en un encuentro de fútbol entre el Estrella Roja de Belgrado y el Dínamo de Zagreb el 13 de mayo de 1990.zvonimir-bobanEn un espacio reducido, como el de un campo de fútbol, donde se dan emociones tan incontrolables, el riesgo de episodios violentos es muy alto. La escalada de la violencia posterior también lo puede ser (insisto en recordar lo que sucedió en el mencionado partido y después).

Responsables políticos y deportivos, jugadores y público, y  medios de comunicación debieran evitar las provocaciones que pudieran incitar a personas a alejarse de lo que significa un espectáculo deportivo.

El fútbol es un juego que practican y ven millones de personas en todo el mundo, como otros deportes populares. Como tal debiera exclusivamente contemplarse. Cualquier utilización política, nacionalista o de otro tipo diferente al propio deporte es siempre reprobable.

Agitar una bandera o silbar a un himno nacional en un partido de fútbol no son per se actos violentos (o ¿pueden serlo, según  las circunstancias?), no obstante:

¡Qué miedo me dan las gentes

cuando comienzan agitar banderas!

¡Qué pavor cuando invocan a dioses cualquiera!

¡Qué pánico cuando a defender patrias arengan!

¡Qué terror cuando por sus naciones asesinan!

Javier Jiménez Olmos

19 de mayo de 1990

ANIVERSARIO DE LA INVASIÓN DE IRAK. LA RESPONSABILIDAD DE LOS NEOCON

Comienza la primavera de este 2016, tiempo en el que se conmemora el comienzo de la Guerra de Irak.  Los norteamericanos y sus más fieles aliados decidieron invadir un país soberano con excusas ante la opinión pública que nunca se han demostrado: efectivamente, ni se encontraron armas de destrucción masiva, ni se probaron los lazos entre Al Qaeda y el régimen de Sadam  Husein. Había otra razón que también argumentaron los defensores de la invasión: la expansión de la democracia como garante del progreso y de la paz.

Habría que preguntarse qué se ha conseguido en Irak con bombardeos e invasiones, si verdaderamente, tanto ese país como toda la región, han conseguido mayores cuotas de estabilidad, seguridad, desarrollo y democracia que tenían antes del comienzo de la guerra en marzo de 2003. Habría que preguntarse por la eficacia de la denominada  “guerra el terror”.conflicto-de-irak-10-638

Después de los atentados de Nueva York y Washington en septiembre de 2001 (11-S), Estados Unidos decidió iniciar una nueva era de actuaciones militares contra los que se consideraron agresores, sin tener en cuenta de que se trataba de un atentado terrorista, pero no de combatir un enemigo tradicional desde el punto de vista militar. Primero Afganistán y luego Irak fueron el resultado del uso del poder fuerte después del 11-S.

De las invasiones de Afganistán e Irak, y de las posteriores gestiones de las mismas, hay muchas lecciones que aprender. Tampoco conviene olvidar las actuaciones de los Estados Unidos y sus aliados en Libia para derrocar a Gadafi y en Siria para intentar hacer lo mismo con Al  Asad. ¿Ha disminuido el terrorismo? ¿Hay más estabilidad en Oriente Medio, Norte de África y África Subsahariana?

Gran parte de la doctrina que ha conducido a las invasiones y guerras mencionadas se extrae de los ideólogos llamados neoconservadores,  neocon. Por eso, en este artículo se trata de recordar esa forma de entender la política y las relaciones internacionales. Son muy pocos los analistas y dirigentes políticos que aún defiende la invasión de Irak y la denominada guerra al terror, por eso conviene recordar en que se fundamentan ideológicamente. Por eso, y porque ¿se podría repetir la historia?neocon_gallery

LOS NEOCON[1]

A principios del año 2000, Condoleezza Rice, entonces consejera en asuntos de política exterior del candidato presidencial George W. Bush, escribía en Foreign Affairs que “los Estados Unidos y sus aliados estaban en el lado correcto de la historia”. Textualmente decía: “American values are universal” (los valores americanos son universales). El documento criticaba la política exterior del presidente Bill Clinton y dejaba a la vista algunos principios que serían fundamentales durante el mandato Bush. Proponía que el presidente elegido debería reformar las estructuras militares heredadas de la Guerra Fría para adaptarlas con las nuevas tecnologías y configurar unas fuerzas armadas más letales, móviles y flexibles, con una gran capacidad y precisión de destrucción desde largas distancias. En resumen, recurrir a las “armas inteligentes” mencionadas en la Revolución de los Asuntos Militares. También hacía un adelanto del “eje del mal”, al señalar como poderes militares hostiles emergentes a Irak, Irán y Corea del Norte.

En octubre de 2002, Condoleezza Rice, ya asesora del presidente Bush en asuntos de seguridad nacional, en una conferencia titulada “Un equilibrio que favorezca a la Libertad”, aprovechaba los acontecimientos del 11-S para reafirmarse en sus anteriores convicciones y anunciar la “guerra preventiva”. Además, volvía a hacer hincapié en la necesidad del rearme tanto de Estados Unidos como de sus aliados europeos y zanjaba la discusión entre realistas e idealistas, después, insistía en el argumento de la universalidad de los valores americanos.

En el verano de 2002, Robert Kagan defendía el unilateralismo americano a las puertas de la invasión de Irak, en un artículo titulado Power and Weaknes. Kagan afirmaba que EE.UU. seguía la política realista de Hobbes y Europa la idealista de Kant; Marte y Venus, respectivamente. Argumentaba que es la debilidad de Europa la que la lleva a no usar la fuerza, que es esa debilidad la que la hace flexible y multilateralista. Sostenía que, aunque los americanos son tan respetuosos con las libertades y con la ley como lo son los europeos, se ven obligados a actuar unilateralmente con la fuerza porque difieren en la evaluación de las amenazas, por ejemplo, los europeos consideran que es peor derrocar a Sadam Husseim que dejarlo, argumentaba también. Criticaba a los europeos porque habían adoptado estrategias de diálogo y tolerancia no muy acordes con su propia historia plena de conflictos.

La creencia en la universalidad de los valores americanos y de que su sistema democrático debe ser exportable constituye el fundamentalismo de esta ideología llamada neocon. Ideológicamente representan la continuación de las ideas de Fukuyama (plasmadas en su libro El fin de la historia y del último hombre), y las más lejanas de la Paz Perpetua de Kant, de que las naciones democráticas no luchan entre sí. Los neocon, con la excusa del bien supremo de la exportación de la democracia, aumentan los presupuestos militares para luchar contra los enemigos de los valores democráticos: la proliferación, el terrorismo y los Estados canallas (aquellos que no respetan la legalidad internacional). Los orígenes de los neocon se remontan a la época de Ronald Reagan que ya tuvo su particular lucha contra el “imperio del mal”. Durante la presidencia de Bush (padre) los neocon fueron críticos con la decisión de no invadir Irak tras la liberación de Kuwait, fueron especialmente duros contra la Administración Clinton.

En la ideología neocon confluyen dos fenómenos fundamentales: su anticomunismo radical y su liberalismo económico. Los dos se sustentan en su “arraigado sentido de estar en posesión de la verdad y su agresiva militancia”. La ideología conservadora que comparten con los realistas en muchos aspectos de la política internacional, sobre todo en las relaciones de poder, es mucho más militarista y moralista.

Los neocon lo componían un grupo de personas con altas responsabilidades dentro de la Administración de G. W. Bush, la mayoría de ellos importantes en medios de comunicación y centros de investigación con gran influencia política, ligados entre ellos por lazos familiares y con una confesionalidad religiosa activista. Aunque comparten muchos aspectos con los conservadores se distinguen de estos por tener un patriotismo más militante y un internacionalismo agresivo, además de un rechazo frontal del relativismo.

La ideología neocon, como cualquier fundamentalismo, utiliza la emotividad para llegar al corazón de los individuos para lo que se vale de las modernas técnicas de comunicación y de la industria del entretenimiento. La historia de la humanidad está llena de “grandes historias” que, sostenidas a través de los siglos sin ninguna base científica, se han convertido en motores de movimientos sociales capaces de transformar el comportamiento de los seres humanos.

El fundamentalismo también se vale de algo tan poco racional como es la arrogancia, el considerarse en posesión de la verdad y por lo tanto superior a “los otros”. El siguiente paso es la intolerancia y la falta de respeto a los que no pertenecen al “nosotros”. El enemigo principal del fundamentalismo es la educación racional, el aliado más importante el adoctrinamiento, que es la educación subjetivada, la enseñanza de lo que conviene y del modo que interesa.

Las ideologías fundamentalistas penetran en los individuos del mundo globalizado a través de las pequeñas pantallas de los ordenadores, los televisores o los teléfonos móviles. Una desinformación intencionada que provoca el alienamiento.

Los fundamentalistas democráticos neocon olvidan que la democracia se basa en el pensamiento racional que distingue a los individuos de otras especies vivientes y mediante el cual se es capaz de comprender, tolerar y respetar. El instrumento para convencer es el diálogo entre iguales y no la arenga de superior a inferior.

Para que una determinada creencia o ideología pueda extenderse es necesario encontrar otra a la que enfrentarse. Los ideólogos del pensamiento neocon, educados durante la Guerra Fría, en la que “el imperio del mal” era todo lo que representaba el comunismo ateo, perdieron su “antirreferencia” con la disolución del imperio soviético y la “humillación” de la doctrina comunista, así que sin olvidar sus orígenes ―el anticomunismo es siempre una constante― buscaron nuevos “peligros”.

En 1997, Kristol y Kagan fundaron el Project for a New American Century (PNAC) que era la “encarnación” del Committee on the Present Danger (Comité del Peligro Presente) fundado en 1959 para hacer campaña en la lucha contra el comunismo. Este documento reapareció en 1976 para apoyar el aumento de los gastos de defensa para contrarrestar la amenaza soviética. En 2004, vuelve a aparecer con la finalidad de “proteger y extender la democracia mediante la victoria en la guerra global contra el terrorismo y los movimientos e ideologías que los dirigen”.

En la década de los cincuenta, el Comité del Peligro Presente alertaba sobre la amenaza soviética, en los setenta, volvía a la carga con el mismo motivo y, a principios del siglo XXI, señalaba cómo “objetivo crucial la elaboración de un credo democrático que sirviera de apoyo a los disidentes de las tiranías, y a los nuevos creyentes en la libertad”.

La declaración de principios de PNAC se fundamentaba en la política de Reagan, que contenía dosis de fundamentalismo moral y militar. Los principios básicos eran: el aumento del gasto militar, el fortalecimiento de los lazos con las democracias, la lucha contra los regímenes hostiles, la promoción de la democracia y la libertad económica, y la responsabilidad de aceptar el liderazgo moral, económico y militar de los Estados Unidos.

 Los neocons son conservadores, pero en vez de seguir las líneas del conservadurismo aislacionista de emplear el poder militar únicamente en caso de agresión o amenaza directa, proponen el empleo del poder militar para configurar un orden mundial con el modelo de los valores americanos, mientras que los realistas adoptan una posición de defensa dependiendo de las circunstancias; los neocons utilizan la ideología para predicar la prevención y la “evangelización” mediante el empleo de la fuerza. Kagan lo reafirma y dice que los Estados Unidos no pueden permitirse adoptar una postura aislacionista o desentendida porque la Historia demuestra que esas posiciones causan mayor desastre que la intervención con el poder y los valores.

Los neoconservadores defienden el orden basado en la jerarquía, la tradición y la visión hobbesiana. Quieren imponer un bien absoluto universal basado una visión religiosa y en una concepción ultraliberal de las relaciones socioeconómicas.

[1] Resumen del contenido del capítulo 1 del libro de este autor titulado Del Choque a la Alianza de Civilizaciones (Icaria, 2010)

Javier Jiménez Olmos

21 de marzo de 2016

La parodia obscena puede herir sentimientos ¿es violencia cultural?

Con relación a un ¿poema?  ¿recitado? durante la entrega de los Premios Ciudad de Barcelona:

No voy a citar su nombre, no le voy a dar publicidad, aunque sí quiero mencionar a verdaderos poetas que en su día fueron críticos con el poder dominante, pero que supieron hacerlo con buen gusto y respeto. La zafiedad nunca puede ser arte ni buena literatura. Yo me quedo con Alberti, Benedetti, Neruda, Hernández o Machado.

La libertad de expresión es una de las columnas de las democracias, pero la responsabilidad también debe de serlo. Desde mi punto de vista ese seudo poema parodiando de una manera obscena la oración principal de los cristianos, pronunciado en un acto público, es un insulto a las creencias o tradiciones de millones de personas y una provocación innecesaria.

Los actos públicos institucionales, con presencia de autoridades en virtud del cargo que ostentan por decisión de los ciudadanos,  tienen unas formalidades, que no son otra cosa que respeto y buena educación.

Yo no considero arte o buena literatura lo expresado por una señora que dice ser poetisa, tampoco considero oportuno que la representación institucional aplauda expresiones que pueden ser ofensivas para una parte muy importante de las personas que representa.

Creo que están haciendo un flaco favor a la causa que dicen servir con actitudes irreverentes  y poco integradoras. Me pregunto si esa parodia obscena: ¿es violencia cultural?

Pedir respeto es lo único que se pide. Creo que  incluso algunos de los votantes, que respaldan a esas autoridades a las que me refiero, se lo demandan.

¡Buenas noches y mucha paz!

Nota.- Las interrogaciones del título expresan mi duda sobre si realmente “eso” se puede calificar de poema y recitado

Javier Jiménez Olmos

16 de febrero de 2016