Crisis y conflictos

La propaganda manipuladora enemiga de la cultura de paz

Qué miedo me dan las gentes

cuando comienzan

a agitar banderas.

 

Qué pavor

cuando invocan

a dioses cualquiera.

 

Qué pánico

cuando a defender patrias arengan.

 

El compromiso con la promoción de la cultura de paz se fundamenta en la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos. Por ello, es conveniente denunciar manipulaciones interesadas que no son acordes con los hechos objetivos. La propaganda manipuladora no contribuye a la pacificación de los conflictos. Más aún, es un elemento pernicioso que busca el enfrentamiento entre las partes para conseguir objetivos particulares, no siempre acordes con la legalidad democrática.

Las democracias desarrolladas se distinguen por la transparencia y la prevalencia del Estado de Derecho, basado en constituciones o leyes fundamentales, aprobadas por la amplia mayoría de los representantes de la ciudadanía en elecciones, o por esos mismos ciudadanos directamente en  referéndum celebrados de acuerdo con esas leyes democráticas. Sólo en los Estados con democracias débiles se permiten desmanes al margen de la legalidad vigente. De consentirlo, estos Estados corren el peligro de convertirse en Estados fallidos, con el consiguiente riesgo de no poder asegurar el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos.

La democracia española sufrió un duro ataque los días 6 y 7 de septiembre de este año (2017) cuando una parte del Parlamento de Cataluña, ignorando los cauces legales reglamentarios correspondientes, tanto  del Estado español como de la propia Autonomía catalana, aprobó unas leyes que han sido declaradas anticonstitucionales y por lo tanto, sin valor alguno.

La propaganda de los independentistas catalanes ha querido justificar esas acciones y las posteriores en la represión ejercida por el Estado español a través de sus legítimo Gobierno. Una manipulación informativa que alcanza proporciones grotescas en la difusión de videos y otros medios audiovisuales y escritos, cuya intención principal es conseguir los apoyos de opinión pública extranjera, ya que no han alcanzado apoyo alguno en gobiernos de otras naciones.

Es una obviedad, acreditada por todas las organizaciones internacionales, que España es una democracia plena y que es una de las naciones que más se distingue por su defensa y cumplimiento de los derechos humanos. Por ejemplo, España posee la leyes más avanzadas en igualdad de género, violencia de de género, interrupción del embarazo, matrimonio entre personas del mismo género, libertad de prensa, libertad de expresión o participación política. Por supuesto que todo es mejorable, pero afirmar que en España no hay democracia, denota un desconocimiento de nuestro sistema de convivencia o una intención perversa de manipular los hechos objetivos.

Los independentistas catalanes están basando toda su campaña en el victimismo y para ello recurren a artimañas como decir que en España existen presos políticos o que el Estado reprime la libertad de expresión. Toda esta campaña se ha exacerbado con motivo de la propuesta del Gobierno de aplicar el artículo 155 de la Constitución española, para recuperar la legalidad constitucional en Cataluña, vulnerada desde los mencionados días de septiembre.

Sin entrar en discusiones nacionalistas (ver La perversión del nacionalismo), España es proyecto común de convivencia y en Cataluña, hasta que se demuestre lo contrario, hay un gran porcentaje de ciudadanos que quieren seguir en ese proyecto español y europeo. Por tanto, los independentistas no tienen derecho alguno en hablar en nombre del pueblo catalán. Y los catalanes no independentistas y el resto de los españoles también tenemos derecho y deber de decidir sobre este proyecto de convivencia común (ver Todos somos el pueblo catalán).

Los independentistas no contribuyen a la convivencia y la paz en Cataluña porque han fomentado la discordia y el enfrentamiento entre los propios catalanes. Su actitud dista mucho de seguir los dictados de los movimientos por la paz que dicen defender. La violencia cultural y estructural que provocan también es violencia. Por mucho que digan que sus manifestaciones son pacíficas (aunque algunos hechos prueban que no es así) sus actitudes contrarias a las leyes demuestran lo contrario. En los Estados democráticos la paz comienza por respetar la ley.

Algunos líderes de nuevos partidos de ámbito estatal también se han sumado a la propaganda independentista y afirman con vehemencia que el Estado español es represor. Es posible que desconozcan la historia o que hagan esa afirmación motivados por otros intereses (Sus manifestaciones son una prueba más de la libertad de expresión en España). En cualquier caso es muy posible que el tiempo les haga reconsiderar esa posición o que definitivamente los ciudadanos les den en próximas elecciones la calificación que se están labrando.

Esos partidos entraron en la escena política con la bandera de la defensa de los más débiles, por lo que les convendría reflexionar si defender intereses independentistas de un nacionalismo insolidario está por encima de la defensa de los postulados de izquierda (ver Nacionalismo e izquierdismo). Las desigualdades y discriminaciones de las personas no son exclusivas de Cataluña, más aún son mucho más visibles en otros lugares de España. ¿No deberían centrar, los que dicen defender a los más débiles, todos sus esfuerzos en proponer ideas para acabar con esas deficiencias? ¿O es que piensan que los nacionalismos y las repúblicas independientes las van a resolver?

Tampoco tienen mucha credibilidad los que, o las que, en nombre del pacifismo fomentan y participan en actos declarados ilegales, como el celebrado en Cataluña el pasado uno de octubre. Los representantes institucionales, como alcaldes o alcaldesas, tienen que ser ejemplares en el respeto a la ley y la representación de todos, repito todos, los ciudadanos de sus respectivos municipios. Las palabras pronunciadas en nombre de la paz quedan anuladas por sus actos contrarios a la ley.

La paz, la convivencia pacífica es uno de los bienes más apreciados en el mundo. Los que tienen la suerte de vivir en países democráticos tienen el deber de conservar la paz por encima de cualquier otro objetivo. La paz comienza por el respeto a los valores democráticos y los derechos humanos. Los independentistas han vulnerado la democracia y el respeto a los derechos de los que  no piensan como ellos.

Nadie puede discutir los nobles sentimientos de las personas, cada cual puede sentirse de donde quiera y vivir su patriotismo como le salga de su corazón (espero que no de las vísceras) pero hay que pensar en el resto, en todos los que comparte esa aspiración de convivencia pacífica en común. En ningún caso, para defender esos principios o sentimientos se puede ni se debe recurrir a la propaganda manipuladora.

En España no se persigue por ser independentista, se piden responsabilidades y se sanciona a aquellos que  no respetan la Constitución y las leyes de ella emanadas. La historia juzgará a los que están causando tanto desasosiego y deterioro de la convivencia entre los españoles en general y los catalanes en particular.

Desde este blog, dedicado al análisis de conflictos desde la perspectiva de la cultura de paz, se insta a todos los implicados en este conflicto a buscar el acuerdo pacífico a través del diálogo dentro del marco constitucional de España.

Javier Jiménez Olmos

22 de octubre de 2017

Anuncios

TODOS SOMOS EL PUEBLO CATALÁN

La voz del pueblo de Cataluña, ¿qué voz? ¿quién se puede atribuir la voz del pueblo de Cataluña? Parece que esa voz se la auto atribuyen las fuerzas independentistas, que enardecidas por las movilizaciones populares y la respuesta del Estado español se autoproclaman únicos representantes de la voluntad de los catalanes.

A la hora de una posible negociación (todavía nadie sabe sobre qué y con quién) habrá que tener en cuenta los errores cometidos por todos y, por supuesto, las vulneraciones de la legalidad vigente. Si no se parte ese reconocimiento no se podrá hablar de nada.

Los acontecimientos de violencia que se produjeron como consecuencia de la convocatoria y ejecución de un referéndum ilegal, han marcado el debate y han inclinado la tesis de la desproporción de la fuerza de las instituciones estatales a favor de los independentistas. Estos grupos también se han apropiado de las palabras democracia, libertad y derecho a decidir. Y han traspasado todas las acepciones negativas como represión, violencia y vulneración de derechos humanos al Estado.

Para poder resolver un conflicto es necesario que las partes implicadas reconozcan las vulneraciones a la legalidad vigente, como primer paso para su resolución, para después rectificar esos comportamientos ilícitos. El reconocimiento de los errores, pasados y presentes, es fundamental  (principalmente para no volver a cometerlos) pero en resolución de conflictos, es de manual no comenzar demonizando a una parte y exculpando a la otra.

Conviene recordar que la historia de este conflicto no comienza con la foto de un policía con “la porra alzada”. Esa foto es la consecuencia de una escalada independentista perfectamente diseñada.

Han pasado del derecho a decidir a la defensa de la democracia contra la represión para buscar aliados y simpatizantes a su causa, que no es otra que la de la independencia. La izquierda también ha caído en la trampa, sin tener en cuenta que no hay nada más insolidario que  el nacionalismo excluyente.

Todo el mundo tiene derecho a decidir, incluidos los millares, tal vez millones de catalanes que no quieren decidir nada porque ya están felices con lo que tienen, y que se han visto involucrados en una problema que ellos no han creado. Y los millones de españoles, que temerosos vemos como unos pocos tratan de acabar con un sistema de convivencia en el que todos hemos participado, vivamos o no en Cataluña.

No se puede decir que España es un estado represivo, cuando es reconocido internacionalmente por ser un país donde se pueden disfrutar de las leyes sociales más avanzadas del mundo, un país comprometido con la defensa de los derechos humanos y las leyes internacionales. Una puntual actuación policial (muy discutible y que habrá que analizar sin prejuicios) un día determinado y bajo unas circunstancias muy especiales, no pueden anular una historia democrática, internacionalmente reconocida desde la aprobación de la Constitución de 1978

No se puede alegar que el Estado reprime porque se aplica la ley, se puede discutir la oportunidad de algunas actuaciones policiales, pero no por eso argumentar que el Estado tiene comportamientos autoritarios y represores. La policía en los Estados democráticos siempre actúa por mandamiento de las autoridades legítimas. En el caso de lo sucedido el día 1 de octubre en Barcelona, la policía del Estado actúo por mandamiento judicial, dada la dejación de funciones que habían hecho los responsables designados de la policía autonómica.

Cada uno es libre de analizar esta actuación desde el punto de vista que quiera, pero desde la óptica de la izquierda también se debería pensar en los trabajadores del orden público que no hicieron otra cosa que cumplir las órdenes emanadas de la legalidad vigente.

Las imágenes son siempre impactantes, pero atención que nos pueden desvirtuar toda la realidad. Los que han trabajado en conflictos internacionales y en su resolución saben que, sin restar importancia, las imágenes fotográficas o televisivas, pueden ser manipuladas o constituir solo una parte de la secuencia total.

Hay que comprobar provocaciones anteriores (de violencia verbal o física) contra las fuerzas de orden público, el constante hostigamiento, a veces humillante, por parte de algunos representantes del independentismo hacia las fuerzas de seguridad del Estado. También hay que analizar el lenguaje (¿se han apropiado los independentistas del uso de las palabras?) utilizado por los independentistas cuando una y otra vez repiten que las fuerzas de orden público estatales cargaron contra indefensos manifestantes. No consta tal carga en los colegios electorales, aunque sí  el uso de la fuerza (habrá que juzgar si proporcionada) para apartar a los que les impedían cumplir con el mandamiento que la autoridad judicial les había encomendado.

Sí que hubo cargas contra manifestantes que agredieron verbal y físicamente a los agentes de la autoridad o provocaron desordenes callejeros, como sucede en cualquier manifestación en España u otro país democrático de nuestro entorno (les invito a visionar actuaciones de policías franceses, alemanes o británicos, además de algunas de los propios Mossos de Escuadra). Por cierto, habría que criticar y denunciar también a aquellos padres que pusieron en riesgo la integridad de los menores o su utilización y manipulación irresponsable en defensa de una causa que había sido declarada ilegal.

Sí es represión, y esto se olvida constantemente, la que sufren miles de catalanes a diario, temerosos de manifestar en sus lugares de trabajo, en familia o con sus “amistades”, su repulsa a la deriva independentista.

Sí es represión amenazar a jueces y periodistas que no comparte la visión independentista, o descalificar a aquellos profesores que deciden no utilizar sus clases como plataforma para defender los intereses independentistas.

Sí es represión la imposición lingüística o el adoctrinamiento cultural.

Sí es represión obligar a los seguidores de un equipo de fútbol a decantarse sobre una determinada opción política.

Nadie puede coartar la libertad de expresión, axioma compartido por cualquier demócrata  y así se cumple generalmente en España. Durante el mismo día 1 de octubre se pudo comprobar que como pudieron hacerlo. Todos pudimos asistir a innumerables debates en los medios de comunicación, donde los representantes independentistas pudieron expresar sus ideas sin recato alguno (algunos de ellos incitando a la violencia contra las fuerzas de seguridad incluso). Hemos asistido a todo tipo de manifestaciones por parte de los dirigentes independentistas sin que nadie les haya puesto impedimento alguno, a pesar de que bastantes eran contrarias a la legalidad vigente.

El Estado que, no lo olvidemos, somos todos los españoles, ha sufrido un ataque sin precedentes (solo comparable con el 23F) con las aprobaciones de una parte del Parlamento catalán de unas leyes que hacen saltar por los aires la Constitución española, que es la ley fundamental que regula nuestra convivencia, para imponer unas normas de acuerdo con los intereses independentistas. ¿No ha sido una acto de magnanimidad democrática, y de libertad, de un Estado consentir esa sesión antidemocrática? (¿Sería imaginable esta anormalidad constitucional Francia, Alemania o Reino Unido?)

No es excusa tampoco para la defensa del independentismo el victimismo del que siempre hacen gala. La represión que dicen haber sufrido durante el franquismo la sufrieron todos los pueblos de España. En cuanto a la olvido e incomprensión, que se los cuenten a los de Teruel, Cuenca o Jaén, por poner algunos ejemplos. Pueden sentir lo que quieran, pero racionalmente no tienen derecho a quejarse más de lo que en otras partes de España lo pudieran hacer.

No son diferentes porque, entre otras razones, muchos de los que ahora son firmes defensores de la independencia forman parte o son herederos directos de los inmigrantes murcianos, aragoneses, extremeños o andaluces que dejaron sus tierras para buscar el pan donde lo había (por cierto favorecido por la dictadura franquista) Y fue la burguesía catalana la que se benefició (a veces explotó) a esos millares de trabajadores.

¿Es democrática una huelga política en la que solo perderán los trabajadores, producirán enfrentamientos dentro de las empresas y perjudicará a la economía de todos los españoles? ¿No es violencia impedir la asistencia a trabajar, a clase o cortar calles y carreteras?

Por estas razones y otras tantas no se puede entender la enconada defensa de la justificación del independentismo por parte de ciertos sectores de la izquierda. Esa parte de la izquierda que prefiere sacar rédito político de la situación, o que visceralmente se entrega a una causa por el sólo hecho de que el Gobierno es de signo contrario a su ideología. Sepan que es el Estado de Derecho, con millones de personas también de izquierdas, lo que está en juego.

Hay muchos motivos para criticar a al Gobierno desde la visión izquierdista, pues adelante, por ejemplo por la situación laboral, por los abusos de bancos, eléctricas, por la corrupción, por no acoger refugiados… construir hospitales y colegios públicos, residencias de ancianos acordes con su capacidad adquisitiva o revisar las pensiones para que esos ancianos puedan vivir con dignidad. Hay tantas razones para reprobar a este u otros gobiernos, pero no pierdan las energías, y seguramente seguidores, por apoyar o ser condescendientes con  causas tan insolidarias como las separatistas.

Es importante recordar que el nacionalismo catalán es eminentemente burgués y que históricamente lo ha usado para obtener más privilegios. Es necesario recordar que algunos de sus líderes han sido cómplices en la tremenda corrupción que asola a toda España. ¿Desde una posición de izquierda es compatible la defensa del nacionalismo con la búsqueda de la justicia social?

Esos líderes de la izquierda obsesionados con alcanzar el poder a corto plazo se olvidan de que la estrategia de la izquierda es la búsqueda de la igualdad a través de la solidaridad y la justa redistribución de la riqueza. ¿Es lo que buscan los independentistas? repito, ¿es el nacionalismo la solución a la explotación, la injusticia y la pobreza? Los independentistas también han conseguido que esa parte de la izquierda se olvide de los asuntos que preocupan a millones de personas en España y en el mundo.

Es imprescindible tener en cuenta todos los puntos de vista a la hora de resolver un conflicto y no dejarse llevar por las emociones momentáneas o por los mensajes propagandísticos. En el  desafío independentista España y Europa se juegan su futuro. Una locura irracional en la que todos perderemos si no predomina la racionalidad sensata y serena. Y en esa pérdida los que más perjudicados saldrán, como siempre sucede, serán las clases más desfavorecidas (otro asunto a reflexionar).

Es el momento del “Estado social y democrático de Derecho” (artículo 1 de la Constitución de 1978) Por encima de partidismos y sectarismos ideológicos. Es el tiempo de un diálogo para abordar el conflicto catalán pero teniendo en cuenta que

TODOS SOMOS EL PUEBLO CATALÁN

Javier Jiménez Olmos

3 de octubre de 2017

2ª PARTE DEL CONFLICTO

NEGOCIACIÓN PARA LA RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO

(Publicado en HOY ARAGÓN con el título de “La búsqueda del tono gris,

http://www.hoyaragon.es/2017/09/26/la-busqueda-del-tono-gris/)

 

El conflicto es una de las características de las relaciones humanas. Existen conflictos personales, sociales, intraestatales o interestatales. Para resolver los conflictos hay que abordarlos con humildad, haciendo un buen análisis de sus causas y sus consecuencias. Los conflictos son inevitables, aunque pueden prevenirse y mitigarse. La cultura de paz es fundamental para el fomento del diálogo y de la negociación como mejor modo de resolver  las disputas.

Los conflictos siempre tienen costes  que, entre otros, pueden ser económicos y sociales. Los conflictos pueden derivar en violencia física. Los conflictos, sobre todo los violentos, siempre marcan a las personas o sociedades que los sufren. El paso de un conflicto pacífico a uno violento es un proceso de escalada, que se va incrementando con el transcurso del tiempo. Se pasa de la discusión, a la violencia verbal y de ahí a la violencia física.

Los conflictos se perpetúan y se enquistan, y las partes enfrentadas se radicalizan cuando alguna de ellas, o todas, tratan de sacar ventaja de la divergencia para favorecer sus propios intereses. Es de suma importancia para afrontar un conflicto la intención de superarlo por medios pacíficos.

Lo peor que puede suceder ante los conflictos es negar su existencia, evadirlos, o acomodarse a ellos. Tampoco son buenas las actitudes arrogantes o agresivas para afrontarlos. Los conflictos hay que reconocerlos y transformarlos para poder solucionarlos. La negociación y la  mediación son instrumentos fundamentales de apoyo para tal fin.

Las partes enfrentadas siempre verán sus demandas plenamente justificadas; por ello, desautorizan, descalifican, e incluso agreden o combaten a quienes se atreven a dudar de la legitimidad de sus reivindicaciones. Como ya se ha dicho, todos los conflictos tienen unos costes, pero también tiene su coste las soluciones consensuadas. Los pactos, siempre implican la cesión de algunas de las reivindicaciones iniciales.

El acuerdo de las partes en discordia es sumamente difícil. Sin embargo, cuando los contendientes consideran que los costes del conflicto van a ser tan elevados que no compensa a sus intereses continuar el enfrentamiento, puede llegar el momento de la negociación. La solución negociada no tiene porque significar la desaparición del origen del conflicto, pero sí puede contribuir a eliminar la violencia y a limar algunas diferencias.

En la finalización de un conflicto podrían darse situaciones con medidas de fuerza. No obstante, en la mayoría de los casos la amenaza y la coerción van a contribuir a incrementar el nivel de confrontación y pueden derivar en desórdenes,  violencia física o, en el peor de los casos, confrontación armada. Por tanto, la mejor manera de buscar la finalización del conflicto es mediante el análisis sereno y racional de sus causas. La solución dialogada mediante una negociación positiva, apoyada si fuera necesario por una mediación neutral externa al conflicto.

En la negociación las partes enfrentadas debaten sus diferencias, a través de los representantes designados con capacidad para llegar a acuerdos. Todos ellos tienen que partir de una premisa inicial y fundamental: no se llegará a una solución pacífica si la negociación se plantea como un juego de suma cero; es decir, una parte resulta vencedora sobre la otra.

Las negociaciones donde una parte lo consigue todo y la otra nada, conducen a perpetuar los conflictos y a endurecerlos. La negociación debe ser un instrumento racional para resolver problemas. Es evidente que habrá factores ideológicos o de otro tipo que contribuirán a aumentar las discrepancias. Como también se comprobará que hay actores externos al conflicto interesados en enardecer a los contendientes. Habrá que considerarlos para tratar de excluirlos del proceso de negociación

Con el fin de evitar la confrontación directa se deben elegir a las personas adecuadas para llevar a cabo las negociaciones. Resultará tarea difícil, casi imposible si la negociación la llevan a cabo los líderes causantes del conflicto.

En resumen, en tiempos de crisis y de confrontación se requieren habilidades negociadoras. Líderes que no prioricen sus motivaciones ideológicas, nacionalistas, religiosas o de otro tipo y  sean más racionales. Que usen su cerebro para buscar soluciones consensuadas y su corazón para promoverlas con todo su entusiasmo. Pero, por favor, que se olviden de las “tripas”, que siempre son malas consejeras. Y busquen el  tono gris de cada conflicto.

Javier Jiménez Olmos

25 de septiembre de 2017

1ª Parte DEL CONFLICTO

LOS TRES TIEMPOS DEL CONFLICTO

Los conflictos son predecibles, casi nunca aparecen de una manera inmediata, son fruto del tiempo que los hace madurar si no se atajan a su debido momento, y se pueden desarrollar hasta provocar situaciones insoportables para la convivencia. En todo conflicto hay unos factores determinantes que son la causa primaria de la discordia, existen también unos factores que potencian el desarrollo del conflicto y, por último, unos detonantes que pueden transformarlo en violento.  No se pueden olvidar la gran importancia de los actores personales, los líderes políticos y sociales que son responsables directos de la discordia.

Los conflictos están marcados por tres tiempos fundamentales: la historia, el presente y el futuro.

La historia

El conflicto es el fruto de unos factores determinantes como los son los económicos y los políticos. Estos dos factores son casi siempre el resultado de la historia. Durante largos periodos de tiempo tanto la economía como la política, que casi siempre van íntimamente relacionadas, construyen la historia de las sociedades, los pueblos, las naciones y las relaciones internacionales.

La falta de acción, los errores y los abusos se van acumulando en el tiempo, hasta que sectores de la sociedad comienza a demandar cambios profundos, pensando que la única manera de solucionar sus problemas es mediante la sustitución del sistema que les rige, por considerar que no atiende a sus demandas transformadoras o reformistas.

Los líderes en el poder quieren perpetuar el sistema mientras que los que aspiran a conseguirlo tratan de cambiarlo. En este caso la contienda comienza desde arriba y se trasmite a toda la sociedad; poco a poco todos sus elementos se ven involucrados y comienzan a tomar partido, aunque a veces se les exige tomar partido.

Pero la discordia también puede comenzar desde abajo, acentuada por situaciones de extrema gravedad social, como pueden ser la falta de trabajo digno o la pobreza. En los caso de las sociedades democráticas con un gran desarrollo social el desempleo puede jugar un papel determinante pero también otros como la desigualdad, los agravios comparativos o la percepción de discriminación por razones geográficas, étnicas o religiosas. Cuando se produce la sinergia de actuaciones desde arriba abajo y al revés, la situación se puede transformar en sumamente peligrosa.

El presente

El presente entendido no como este mismo instante sino como las circunstancias más inmediatas. Durante este tiempo intervienen lo que se denominan factores potenciadores del conflicto. Aquí se incluyen los religiosos, étnico o nacionalistas, entre otros. Cualquiera de estos agentes multiplican los desacuerdos históricos. Son motivaciones ligadas a los sentimientos y, por lo tanto, fácilmente manipulables al servicio de una u otra causa.

Si a eso se le añaden decisiones políticas consideradas contrarias a esos sentimientos, y se interpretan como una ofensa hacia ellos se produce una percepción negativa a hacia los líderes causantes y los grupos sociales que representan.

En el presente más inmediato se producen detonantes que pueden hacer que el conflicto derive en situaciones de violencia extrema. Cuando las posiciones se polarizan ciertos sectores sociales, que defienden posturas maximalistas extremas, pueden provocar altercados e incluso víctimas. Así la escalada conflictiva se comienza a extender en el resto de la sociedad, que se posiciona de uno u otro bando. El extremismo consigue dividir a toda la sociedad entonces.

¿Qué hacer entonces si el conflicto ya se está produciendo? ¿Cómo actuar? En las sociedades democráticas, donde las leyes  son el reflejo de los deseos de las sociedades manifestados a través de sus representantes legítimos, no cabe otra opción que el imperio de la ley. La ley está para defender el Estado de derecho. Si un Estado no es capaz de imponer la ley a través de sus mecanismos constitucionales se puede llegar convertir en un Estado fallido. El Estado tiene la obligación de velar por el cumplimiento de la legalidad y de la seguridad de todos sus ciudadanos.

El futuro

El futuro comienza en el mismo instante en el que se desea resolver el conflicto. Para ello hay que analizar las causas que lo produjeron y hacer un análisis crítico de los errores cometidos para no volver a incurrir en ellos. Nadie que no esté dispuesto a hacer autocrítica de sus errores debería de participar en los proceso de construcción de un futuro en paz.

Un futuro en paz, que parte del acuerdo mediante el diálogo de las partes enfrentadas. Un futuro que en las democracias avanzadas se resuelve mediante la negociación política que conduce a acuerdos duraderos en el tiempo.

En resumen, los tres tiempos señalados constituyen el eje sobre el que basar una negociación para resolver el conflicto en las democracias avanzadas:

  • Aprender de los errores del pasado, para no volver a cometerlos
  • Aplicar la legalidad vigente en el momento actual, para preservar la democracia y el Estado de derecho
  • Comenzar a reformar esa legalidad mediante el acuerdo político para que el conflicto no vuelva a emerger en el futuro.

Javier Jiménez Olmos

25 de septiembre de 2017

COREA DEL NORTE: ¿ALARMA DE GUERRA NUCLEAR?

La guerra de Corea. Historia de un conflicto inacabado

Para que la Guerra Fría tuviera uno de los ingredientes que la caracterizaron faltaba un enfrentamiento indirecto entre los bloques que la protagonizaban, y la ocasión resulto ser Corea. Después de la Segunda Guerra Mundial, Corea quedo dividida en dos zonas controladas, respectivamente, por la Unión Soviética (URSS) y Estados Unidos (EE. UU.). El antiguo protectorado japonés tenía dos dictadores patrocinados, uno en cada zona, Kim il Sung en el norte comunista y Rhee en el sur capitalista. A pesar de algunos intentos de conciliación por parte de las potencias, la situación se volvió insostenible y los incidentes se sucedían de manera continua entre ambos bandos.

Los comunistas tenían muchos partidarios en el Sur, por lo que Rhee no quería que participaran en procesos electorales ya que podían restarle votos o hacerle perder las elecciones; por ello, decidió boicotear las de 1949. El norte tuvo así su excusa para invadir el sur el 25 de junio de 1950: defender a sus perseguidos correligionarios. Para resolver la situación se reunió el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que aprobó el envío de “cascos azules”. La URSS se había retirado meses antes de la organización cuando ésta impidió la incorporación de China comunista. La Resolución fue la 82 de 25 de Junio de 1950, aprobada por nueve votos a favor, ninguno en contra y una abstención, la de Yugoslavia.

Se trataba de una excelente ocasión para que los Estados Unidos hicieran una demostración de fuerza con todas las bendiciones legales. El general MacArthur, héroe de la Guerra Mundial y gobernador del derrotado Japón, fue nombrado comandante de la fuerza multinacional. La operación no resultó tan sencilla, los coreanos del norte contaron con la ayuda de sofisticado armamento soviético y un numerosísimo ejército de soldados chinos en el campo de batalla. MacArthur que veía en peligro la situación militar promovió el empleo del arma nuclear; Truman lo destituyó al considerarlo un riesgo que podía llevar a un enfrentamiento directo con China y la URSS.

Ninguna de las dos superpotencias estaba interesada en tal enfrentamiento directo. Por ello, optaron por la salida negociada y la formalización de división existente antes del conflicto, es decir, dos estados independientes gobernados por los mismos dictadores que antes empezar la guerra. La paz se vio favorecida por las circunstancias: la muerte de Stalin y la toma de posesión de Eisenhower como nuevo Presidente de los Estados Unidos. El armisticio se firmó pocos meses después de estos acontecimientos, el 27 de julio de 1953. Corea quedó dividida en dos Estados, separados por el paralelo 38.

La guerra de Corea, había resultado inútil desde el punto de vista político; sin embargo, ambos bandos sacaron sus conclusiones. La primera, la imposibilidad, por lo absurdo y lo costoso, de un enfrentamiento directo, porque ninguno estaba dispuesto a usar armas nucleares por miedo a que el otro las usara también. No obstante, percibieron que esta clase de actuaciones bélicas indirectas les proporcionaban otro tipo de beneficios, sobre todo para la industria militar convencional un poco paraliza desde el final de la Guerra Mundial. Finalmente, tanto un bando como el otro pudieron sacar al mercado sus nuevos tanques, piezas de artillería y aviones; fue como una feria donde los expositores enseñaron al mundo lo que debían hacer para defenderse de sus enemigos.

Esta guerra no fue una muestra de seguridad colectiva, si por este concepto entendemos el contenido en la Carta de Naciones Unidas resumido de la forma “todos contra el agresor”. El agresor o invasor, en este caso Corea del Norte fue armado y defendido por la Unión Soviética  y China, que también eran miembros del Consejo de Seguridad. Este órgano de Naciones Unidas fue durante toda la Guerra Fría una demostración de que en ese periodo la única legalidad internacional vigente era el “equilibrio del terror”, provocado por la mutua destrucción asegurada si se empleaban los arsenales atómicos que poseían chinos, soviéticos y norteamericanos.

La crisis de los misiles norcoreanos

La exhibición militarista del régimen norcoreano con sus ensayos de misiles de largo alcance y pruebas nucleares están provocando alarma en la comunidad internacional y principalmente en los países vecinos de Corea del Sur y Japón. Estados Unidos, principal aliado y protector militar de ambas naciones, ha mostrado su gran preocupación por esta escalada armamentística norcoreana. La respuesta a las provocaciones norcoreanas ha sido la de efectuar grandes maniobras militares conjuntas con las fuerzas surcoreanas, lo que ha añadido más incertidumbre a la escalada, y las sanciones económicas aprobadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Sobre esta crisis Estados Unidos-Corea del Norte se pueden hacer tres  consideraciones iniciales

  • Si siempre es difícil predecir que puede suceder en un cualquier conflicto, en este caso lo es más aún dada la personalidad de los líderes de las partes enfrentadas. Kin Jong-Um es un dictador acorralado y por tanto, peligroso. Donald Trump lidera una democracia pero su verborrea incontinente produce desasosiego y temor. El primero no tiene oposición, al menos que se conozca y, por consiguiente, dispone de plenos poderes. En cambio Trump no siempre puede traducir en hechos los dictados de sus impulsos, los instrumentos de la democracia norteamericana se lo impiden, incluso es tantas veces matizado y rectificado por sus inmediatos colaboradores.
  • Las informaciones sobre Corea del Norte hay que ponerlas en cuarentena, tanto las que se emiten desde ese mismo Estado, como las que proporcionan los llamados servicios secretos de terceros países y muy especialmente los norteamericanos. La experiencia reciente y pasada nos dice que se pueden difundir falsas realidades para servir a los intereses del momento. Recordemos las bravatas de Sadam Husein sobre sus grandes poderes militares y también las falsas o erróneas informaciones que proporcionaron servicios secretos occidentales sobre sus armas de destrucción masiva
  • Según el SIPRI, el poderío nuclear norteamericano es inmensamente superior al de Corea del Norte, 6500 cabezas nucleares frente a 10-20 de Corea del Norte. Además, no está comprobado que los misiles de largo alcance de los que dispone los norcoreanos posean la capacidad para transportarlas y menos aún que estén dotados de los sistemas de precisión convenientes para alcanzar objetivos muy localizados. Por otra parte, es probable que los sistemas de defensa antimisiles norteamericanos los derribaran a los pocos instantes de su lanzamiento.

En resumen, prudencia en los análisis prospectivos ante la personalidad de los líderes y la propaganda sobre la auténtica capacidad militar norcoreana.

Los análisis sobre las soluciones diplomáticas más probables pasan por Pekín. La economía norcoreana es casi totalmente dependiente de China, el 83% de sus exportaciones y el 85 % de sus importaciones. Es decir, sin el apoyo chino Corea del Norte se arruinaría. China, por esa razón y por ser la potencia mayor en la región Asia-Pacifico, es el actor de mayor relevancia para encontrar un arreglo pacífico en este conflicto. El líder chino Xi Jimping parece más dispuesto a promover  acuerdos sensatos a través de una diplomacia responsable. Bien es sabido que a China no le interesa la unificación de las dos coreas, porque eso significaría entregar a los Estados Unidos una gran ventaja en la región (es de suponer que esa posible unificación sería en favor del régimen surcoreano, pro norteamericano). Pero a los mandatarios chinos no les interesa una escalada de “bravatas” de los líderes norcoreano y norteamericano. Sencillamente China no quiere guerras imprevisibles, prefiere continuar con su política de soft power, que tan buenos resultados le está dando, y que le permite seguir aumentando su capacidad militar por si fuera el caso de sentirse amenazada en sus grandes intereses dentro de su área de influencia en la región Asia-Pacífico.

Otro gran actor es la propia Corea del Sur, que sería la más perjudicada en caso de un conflicto armado con sus vecinos. Conviene recordar que la capital del Norte, Pionyang está tan sólo a 195 kilómetros de la del sur, Seúl; y que esta solo se encuentra unos pocos kilómetros del paralelo 38, frontera de los dos países. El recién elegido presidente surcoreano, Moon Jae-in es un hombre que aboga por las relaciones pacíficas entre ambos países y ha solicitado al presidente norteamericano que disminuya la intensidad de sus declaraciones a favor de soluciones negociadas. Además los coreanos del sur no verían con buenos un ataque norteamericano que pudiera involucrarlos en una peligrosa guerra contra sus hermanos del norte (conviene recordar que en este país dividido existen fuertes lazos familiares separados por una frontera artificial).

Japón, el otro gran protagonista regional, también se vería involucrado en un batalla en la que tiene poco que ganar. Un conflicto que perjudicaría a su economía, no digamos si se produjera algún ataque nuclear, en cuyo caso la repercusión directa sobre su población sería catastrófica.

Tampoco le interesa la confrontación a los emergentes de la región Japón e India, ni a ninguno de los países del sureste asiático. Australia siempre ha seguido la política norteamericana pero, en este caso, no sería tampoco conveniente para sus intereses apoyar una guerra en la región. Europa se mantiene al margen, aunque la canciller Angela Merkel ya ha manifestado su contrariedad y aboga por las soluciones diplomáticas. La OTAN se vería comprometida si los Estados Unidos son atacados, por lo que sus miembros deberán ser muy prudentes para que la escalada no llegue a conflicto armado.

Sí es muy probable que la crisis sea de larga duración, sin soluciones definitivas, a la espera que el régimen de Pionyang se debilite y se transforme o desaparezca; las decisiones de China serán fundamentales para que suceda alguna de estas posibilidades.

A nadie le conviene una guerra, y menos una guerra nuclear; no obstante, como se ha dicho al principio, la personalidad de los líderes contendientes es imprevisible. Por tanto, habrá que confiar en la diplomacia y las sanciones para aplacar la agresividad de Kin Jong-Um, y en los poderes de la democracia norteamericana para contener los impulsos de su Presidente.

Javier Jiménez Olmos

4 de septiembre de 2017

Aniversario del 11-S. Homenaje a las víctimas: la reflexión sobre eficacia de la guerra al terror

Hace hoy quince años, el 11 de septiembre de 2001, dos aviones impactaron contra las torres gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono, y un tercero se estrelló (¿o fue derribado?) contra el suelo. Murieron todos los ocupantes de los aviones y cientos de personas que se encontraban en los edificios mencionados.

11s-5

Una fecha para recordar, principalmente para homenajear a las víctimas, siempre inocentes, de cualquier atentado terrorista;  para condenar sin paliativos a los autores que los ejecutan y a los inductores ideológicos que conducen a esa violencia tan dramática e injusta.

Hoy 11 de septiembre de 2016, no se puede olvidar que el fanatismo conduce a la violencia. Por eso, hay que trabajar sin descanso para educar en el respeto a la diversidad, para descalificar a los que pregonan la violencia como medio fundamental para resolver los conflictos.

A partir de esa fecha, desde el liderazgo de la nación más poderosa del planeta, los dirigentes de los Estados Unidos de Norteamérica, con el apoyo de algunos dirigentes de otros estados,  se comenzaron a tomar decisiones basadas en la agenda militar como solución prioritaria para acabar con el problema del terrorismo internacional.mapa-invasion-afganistan

Primero fue la invasión de Afganistán, prácticamente apoyada por toda la comunidad internacional y avalada por resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. A pesar de esos apoyos, sigue habiendo duda sobre algunos aspectos de la legalidad de esa intervención militar.

Dos años después, en  marzo de 2003, ya sin el apoyo de la comunidad internacional, más bien sucedió todo lo contrario, el entonces presidente norteamericano, George Bush, decidió invadir Iraq. No hubo resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que avalara tal decisión, que sólo contó con el apoyo de unos pocos líderes nacionales, entre los que se encontraba el presidente del gobierno español, José Mª Aznar.

b-b-a

A la vista de lo que actualmente sucede en Oriente Medio y el dramático incremento del terrorismo internacional se puede poner en duda la eficacia de la llamada guerra al terror. Se puede hacer la pregunta ¿qué se ha conseguido con la invasión de Irak? Oriente Medio sigue enmarañado, con una violencia perpetua, que generalmente pagan los más débiles como en Siria o en Yemen, sin olvidar a los palestinos y a los kurdos.

El terrorismo del 11S, como todas las acciones terroristas, es execrable. Pero hoy, aniversario de aquel fatídico día, propongo que el homenaje a las víctimas sea, además, una profunda reflexión acerca de:

  • si las medidas que se adoptaron desde entonces para combatir el terrorismo internacional han sido las adecuadas, si han sido eficaces,
  • y si en algunos casos se ha excedido el límite del respeto a los derechos humanos y la legalidad internacional.

Javier Jiménez Olmos

11 de septiembre de 2016

REFUGIADOS. REFLEXIONES PERSONALES

Amanece un nuevo día, con más vallas con cuchillas, con más fronteras cerradas, con más discusiones sobre el número de refugiados que cada país europeo quiere admitir…Concertina

Me contaba mi padre, cuando yo era un niño, que al acabar la Guerra Civil Española, como parte del ejército republicano derrotado, tuvo que pasar a Francia donde fue internado en un campo de refugiados. Es curioso, pero yo  no percibía rencor en sus palabras, más bien lo sentía como un cuento de aventuras para entretener a los niños en las cálidas noches de verano, intentando “tomar la fresca” en la puerta de nuestra casa del pueblo, a la luz de la Luna, contemplando las millares de estrellas cuando el satélite en su natural discurrir decidía esconderse.

No sé si lo hacía de ese modo tan amable para no contaminar las conciencias de unos niños o para olvidar su sufrimiento y humillación.

Tuvo suerte y pudo regresar a España al poco tiempo. La “misericordia” de los vencedores, que no encontraron otro “delito” que haber sido reclutado por el bando de los perdedores, le condenó a otros seis años de servicio militar, aunque esta vez sirviendo a otra patria.Refugiados en francia

Recuerdo que nos contaba que los guardianes de ese campo de refugiados en Francia, vecino a la frontera con Gerona, eran crueles y que les golpeaban al menor descuido de las severas normas impuestas por el gobierno francés.

Quiero imaginar la tristeza, la desesperación, la impotencia, el hambre, la sed, el frío que pasó en aquel “refugio” no deseado. Pero de niño nunca me lo contó. De mayor tampoco, excepto la crueldad de los guardianes, así que tuve que imaginar el resto por las historias, que otros sí contaron.

Qué difícil es imaginarse el sufrimiento si no se vive, qué difícil es sufrir el dolor si no se siente.

Desde los acomodados despachos de burócratas y políticos, no se puede imaginar el sufrimiento de estos seres humanos que huyen de la guerra, de la persecución, de la tortura, de la discriminación y de la miseria. Quizás, yo mismo tampoco puedo.

Desde la impotencia que siento al escribir estas líneas no puedo dejar de pensar en mi pobre padre y en su sufrimiento, ese que nunca me contó.

Por eso, sólo quiero escribir para expresar mi rabia por tanta injusticia, por tanta pasividad, por tanta retórica.refugiados en hungria

Al volver de vacaciones, en el trayecto hasta la estación donde debía tomar el tren de regreso, circulaba por una carretera del campo de Cartagena, eran la tres de la tarde y había casi cuarenta grados. Pero en el campo estaban trabajaban a pleno sol, doblados, seguramente sembrando, unos cuantos hombres y mujeres, todos magrebíes. Y pensé que afortunados somos algunos que hemos disfrutado vacaciones y volvemos con aire acondicionado.

Y pienso ahora, en esta tarde de final de verano que no hay que aceptar con fatalismo la injusticia y la desigualdad, que al menos, aunque sólo sea para acallar mi conciencia me debo rebelar contra aquellos que nos dicen que siempre ha sido así y así hay que aceptarlo.

¿Qué haría yo si viviera en un país en guerra?

http://www.entreparentesis.org/blog/591-que-haria-yo-si-viviera-en-un-pais-en-guerra

 Javier Jiménez Olmos

15 de septiembre 2015

LAS CAUSAS DEL TERRORISMO YIHADISTA

EL TERRORISMO EN EL MUNDO

Según el informe del Global Terrorism Index en el año 2013 se produjeron 17.958 ataques terroristas en el mundo, un aumento del 61% con respecto al 2012. Cuatro organizaciones terroristas fueron las responsables del 66% de los atentados: El Estado Islámico, Boko Haram, Al Qaeda y los talibanes.546af7b2d91c3

El 80% de todos esos atentados se produjeron en: Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria. Irak es el país donde más se produjeron: 2.492 ataques con 6.362 muertes, lo que significó un incremento del 164% con respecto al 2012.

Desde el año 2000 en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), en la que se encuentran los países más desarrollados, se contabilizaron 3.151 atentados, el 7% del total mundial, que causaron 4.861, con el 5% del total de víctimas mundiales (hay que tener en cuenta que sólo los atentados del 11S de 2001 causaron casi 3000 muertes).

La mayoría de los atentados se cometen contra musulmanes por parte de otros musulmanes. Por eso, hay que desestimar la idea de una guerra o choque de civilizaciones. La inmensa mayoría de los musulmanes condenan los actos terroristas como contrarios a las enseñanzas del Corán.

Las guerras están teniendo lugar en lugares como Siria, Irak, Libia o Afganistán, y precisamente todas ellas son guerras civiles en las que la “barbarie” aparece como lo ha hecho a lo largo de los siglos en todos los lugares del planeta. La barbarie siempre ha usado alguna excusa para su implacable crueldad, desde la ideológica o la nacionalista a la religiosa o la étnica. Y esa “barbarie” usa el terrorismo en los países mencionados,  sobre todo, y en el resto del mundo para provocar ansiedad, miedo e incertidumbre.

La tentación de denominar guerra a lo que son ataques terroristas es entrar en el juego de lo que los terroristas pretenden. No son combatientes, atacan objetivos no militares y causan víctimas inocentes. De nada sirve respuestas militares desproporcionadas. Los fracasos militares en Afganistán e Irak en la lucha contra el terrorismo así lo demuestran. La llamada “guerra al terror”, causante de las invasiones de esos dos países, no ha hecho sino incrementar la actividad terrorista.Global Terrorism Index deaths from terrorism timelineLos datos objetivos y los hechos son evidentes, el terrorismo no ha disminuido después las invasiones de Afganistán e Irak, más bien parece todo lo contrario. Por lo tanto, parece lógico poner en duda nuevas operaciones de guerra para combatir algo que no es una guerra.

El terrorismo es un fenómeno complejo cuyo análisis requiere de una tranquilidad emocional que se ve perturbada cuando tiene lugar un atentado. Es difícil liberarse de la indignación que la barbarie causa en los sentimientos humanos. Sin embargo, hay que mantener la serenidad para poder afrontar los desafíos con una reacción correcta, proporcionada, y de acuerdo a las leyes democráticas y los derechos humanos.

EL FENÓMENO TERRORISTA

Si el fanatismo religioso no es patrimonio exclusivo del Islam, tampoco lo es el terrorismo. El primer problema que aparece cuando queremos afrontar el fenómeno terrorista es el de su concepto y definición. Parece que cuando se pronuncia la palabra terrorismo todos creen estar hablando de una misma cosa. Se piensa que todo ser humano porta dicho concepto como si de algo natural e indiscutible se tratara. La realidad es bien distinta.

Organizaciones consideradas terroristas acusan a los organismos internacionales y a los Estados de ser a su vez los responsables de actos de terrorismo al amparo del poder que les garantiza la supremacía sobre los oprimidos. Para un palestino, Israel practica el terrorismo cada vez que mata a uno de sus compatriotas mediante un ataque selectivo. Para muchos musulmanes Estados Unidos es un Estado que ejerce su supremacía a base de procedimientos terroristas como bombardear poblaciones civiles.

La definición de terrorismo ha sido motivo de discusión tanto en el plano intelectual como en el político. No existe un acuerdo para definir esta actividad porque la definición siempre está sujeta a la lógica del que defiende determinados actos o a la del que los combate. No todo el mundo está de acuerdo con su definición, como tampoco lo está sobre la exclusividad de los que la utilizan.

 Se podría definir el terrorismo como:

 Acto de violencia desproporcionado, innecesario e indiscriminado que se comete contra objetivos materiales o personas, perpetrado por Estados, organizaciones o individuos con el objetivo de atemorizar y desestabilizar para conseguir fines políticos, sociales, económicos o militares[1].

Sí que se puede, sin embargo, establecer algunos conceptos que permiten servir de base para estudiar este fenómeno, haciendo abstracción de quiénes llevan a cabo las acciones terroristas y a qué objetivos finales pretenden. La primera premisa es considerar el terrorismo como un medio para conseguir algo y no como un fin. Ese medio es el empleo de violencia física o psíquica que produzca terror en la población. Para ello necesita no solo víctimas, también ha de encontrar un vehículo que haga llegar al resto de la población el efecto de sus acciones.

Ese conductor de la propaganda, de la que depende, son los medios de comunicación social de masas. Todo el mundo puede ver, escuchar y leer repetidamente las imágenes de la destrucción, el horror de la muerte y las consecuencias de no pertenecer al bando de sus autores. La última característica del terrorismo es su capacidad desestabilizadora. Los terroristas tienen bien presente que la violencia provoca reacciones irracionales que llevan a romper la estabilidad emocional de sociedades, gobiernos y Estados.

Nadie permanece impasible ante la irracionalidad de atentados como los de Nueva York, Madrid, Londres o París y, por ello, se modifica la manera de entender la convivencia como se tenía hasta entonces. Habría entonces que reflexionar acerca de estos tres factores: miedo, comunicación y desestabilización. Habría que trabajar en la línea de racionalizar el miedo, limitar el acceso a la propaganda y buscar consensos políticos contra la desestabilización.

Tradicionalmente se acepta que es utilizado por los más débiles, es decir, cuando no pueden reivindicar sus pretensiones de una manera simétrica, pero de acuerdo con la definición expuesta anteriormente, no solo los débiles pueden usar el terrorismo, también lo hacen los poderosos; con bombardeos indiscriminados, con armamento nuclear o usando fuerzas paramilitares que ejecutan un genocidio. Por tanto, es discutible la afirmación de que el terrorismo es el arma de los débiles.

El grupo de los fundamentalistas religiosos, no solo por ser el de mayor actualidad, sino también por ser el más numeroso y peligroso. El fundamentalismo religioso tiene unas causas más complejas porque en este concepto se engloban múltiples reivindicaciones, que tienen un factor integrador y poderosísimo para mover las conciencias humanas: la visión extremista de las religiones, su seguimiento fanático y literal, y su visión guerrera de Dios.

LAS CAUSAS DEL TERRORISMO

Estudiar las causas del terrorismo es otra tarea compleja, se requiere analizar los múltiples elementos que se conjugan en una sociedad y que son objeto de variadas disciplinas. Es necesario estudiar sociología, psicología, economía, geopolítica e historia, entre otras.

El fenómeno terrorista es multicausal: conflictos étnicos, religiosos, ideológicos, pobreza, desigualdad, ausencia de democracia, debilidad gubernamental y corrupción.

La revolución científico-tecnológica de la globalización ha permitido el acceso a los terroristas al transporte rápido y barato, y al uso de Internet, que les facilita la movilidad y la comunicación. La conciencia de desigualdad trasmitida en directo a través de los modernos medios de comunicación de los que sí disponen los más desfavorecidos permiten a los líderes políticos o religiosos arengar a las masas desheredadas para el combate terrorista; las posiciones moderadas encuentran una gran dificultad a la hora de frenar esos discursos.

CARACTERÍSTICAS DEL TERRORISMO

El terrorismo trata de extender el terror al mayor número posible de ciudadanos, elige víctimas inocentes y no acepta límites en su acción violenta. El terrorismo es antidemocrático porque no tiene en cuenta ni las urnas ni la opinión pública; es una herramienta, una arma psicológica para derribar; necesita de la propaganda para llegar al público su contenido ideológico, político, religioso o nacional.

Los rasgos definitorios del nuevo terrorismo internacional son: lo forman grupos sin estructuras rígidas con heterogeneidad nacional y clase social; persiguen cambios a escala regional o global; están dispuestos a sacrificar sus propias vidas; sus atentados son más indiscriminados, buscando el mayor número de víctimas posibles; están imbuidos de un fuerte sentimiento de nacionalismo y religión; y causan una mayor inseguridad en la comunidad internacional.

Desde el punto de vista psicológico, no se trata de una psicopatía pero presenta determinados rasgos comunes como: sentimiento de posesión de la verdad, proyección antisocial, cohesión del grupo de pertenencia y deshumanización con extrema crueldad. El que surja una personalidad psicótica y agresiva en determinadas circunstancias es algo inevitable, lo que sí se puede evitar es la marginación que conduce a una oposición al sistema.

Los terroristas deben cometer atentados para mantener su nivel de prestigio, no se tolera el disenso. La postura del terrorista es maximalista, la negociación la percibe como un deshonor. Es difícil disolver un grupo o desligarse de él, en los procesos de disolución, suelen aparecer ramas más violentas que las anteriores.

La componente cultural influye por el sentimiento de pertenencia a un grupo y la percepción del extranjero como amenaza. La religión, como mandato divino que conduce a la salvación puede convertir la violencia en extrema hasta el punto de la propia inmolación.      

El terrorista quiere que su enemigo gaste en seguridad al mismo tiempo que busca una reacción violenta de este para justificar la suya y para reclutar nuevos adeptos cuando esa reacción violenta produce víctimas inocentes entre sus seguidores o simpatizantes.

Los terroristas se enrolan porque sus experiencias personales ligadas a un determinado desarrollo educativo y familiar le han hecho crecer en un ambiente donde la violencia es la norma; el terrorista en esos ambientes se convierte en un héroe para los defensores y simpatizantes ideológicos. Según la lógica terrorista su único medio de combatir al poderoso es ese tipo de violencia indiscriminada.

ACABAR CON EL TERRORISMO

Para que el trabajo contra el terrorismo resulte eficaz hay que estudiar sus causas, no solo sus consecuencias. En el caso del terrorismo denominado yihadista hay que encontrarlas en un contexto provocado por:

  • Los conflictos de Oriente Medio (Afganistán, Irak, Siria, Palestina)
  • La inestabilidad en el Norte de África, Sahel, Golfo de Guinea, Cuerno de África
  • El fracaso islamista en la llamada “Primavera Árabe”
  • Factores estructurales como pobreza, la desigualdad, el desempleo y debilidad institucional
  • Falta de integración en las sociedades occidentales por algunos musulmanes que perciben exclusión, racismo y xenofobia

Este contexto favorece la radicalización, es decir el intento de cambiar la situación. El recurso al pasado glorioso del Islam, a la interpretación más rigorista y excluyente del Corán conduce al fundamentalismo religioso como siguiente paso. Y de ahí al extremismo violento que conduce a matar o morir en nombre del Islam.

Según el mencionado Global Terrorism Index el 80% de las actividades terroristas cesaron por acoso policial y procesos políticos. Solo el 7% finalizaron por operaciones militares. El resto lo fueron por otras causas, incluidas aquellas en las que los terroristas lograron sus objetivos (sobre un 10% de los casos).images (1)

La actividad policial incluye inteligencia, información, seguimiento, detención y entrega a la justicia. Para ello es necesaria la colaboración coordinada a nivel internacional y la vigilancia continua de los focos de propaganda y recluta, con especial atención a las redes sociales.

El proceso político no significa cesión alguna ante las demandas terroristas, ni debilidad de las instituciones democráticas a la hora de aplicarles la ley, significa:

  • modificar los factores estructurales y culturales que conducen a la violencia
  • actuar con arreglo a las leyes internacionales y los derechos humanos.
  • fomentar unas relaciones internacionales basadas en el multilateralismo y la seguridad humana por encima de los intereses económicos y del militarismo.
  • no dar pábulo a choques de civilizaciones que conduzcan guerras preventivas o invasiones de terceros países.
  • invertir en los proceso de integración a través de la educación para el respeto y la tolerancia.
  • incentivar iniciativas de paz como la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas.

Javier Jiménez Olmos

12 de enero de 2015

[1] Definición del autor en la que intencionadamente se propone incluir el terrorismo de  Estado. La discusión sobre la definición de terrorismo es un asunto que suscita emociones y casi siempre visiones muy interesadas, como consecuencia de esa emotividad, de las posiciones ideológicas y de los intereses creados.


 

¿SE INCREMENTA LA INSEGURIDAD CIUDADANA POR LA CRISPACIÓN POLÍTICA?

Aunque en algunos sistemas políticos tengan más cabida las actitudes despóticas e intolerantes de sus dirigentes, no es exclusivo de estos regímenes los comportamientos dictatoriales de ciertos líderes.images

En las democracias consolidadas, determinadas personas representantes de partidos democráticos, amparándose en los cargos que ocupan y los partidos que los respaldan, así como en sus seguidores incondicionales – el seguidor incondicional suele ser sectario, acrítico y servil- actúan a su antojo sin importarles ni la opinión pública, ni los informes de expertos independientes, ni tan siquiera las votaciones en determinadas instituciones.

Son autosuficientes, arrogantes, displicentes y soberbios. Su verdad es la única e indiscutible, de nada sirve intentar exponerles otros argumentos, no los escuchan o responde a ellos con descalificaciones o insultos.

Siguen en sus cargos, a pesar de su mala educación y a veces incompetencia, porque los llamados aparatos de su partido les dan cobertura, les amparan y les ensalzan. Realizan el trabajo sucio, el del enfrentamiento, el de bronca continua, el de la intolerancia.

Pero deben de ser muy útiles a sus organizaciones, y deben gozar de mucho poder porque, a pesar de su descrédito y de sus desaciertos, continúan ocupando puestos de responsabilidad, y porque, a pesar del desprecio a sus adversarios políticos, incluso, a veces, a sus propios electores permanecen inmutables.

Su concepción de la democracia es una simple reducción: me han votado, por lo tanto tengo derecho a todo. No entienden que la democracia es un juego de respeto diario, algo que se consigue día a día y no por echar una papeleta a una urna una fecha señalada.images (1)

La política en democracia es sobre todo consenso, no un juego de suma cero en el que uno gana todo y el otro nada. El político tiene que ser ante todo negociador y para eso se requiere talante, disposición a escuchar y a comprender, y respeto, mucho respeto a las ideas de los demás.

La imposición es una práctica poco democrática, menos aún si no es refrendada por la mayoría. El desprecio a las opiniones de la ciudadanía es signo de personalidades con escasa convicción democrática.

En las encuestas de valoración los políticos españoles no salen muy bien parados, puede que, entre otras razones, los perciban con deficiencias democráticas. Consideración en la que pagan justos por pecadores, porque la mayoría de las personas dedicadas al servicio público político son honestas y respetuosas.images (2)

Todos tenemos la responsabilidad de no dejar que lleguen a determinados cargos ciertas personas sin la suficiente calidad humana, pero mucho más quienes los conocen directamente en sus partidos u otras organizaciones democráticas, los que a trabajan a diario con ellas. Las personas intolerantes siempre se manifiestan principalmente en sus ambientes más cercanos.

Por eso, sería recomendable un cambio a la hora de presentar candidatos para cargos públicos y exigir, además de honestidad y preparación, respeto a todas las personas, aunque no compartan algunas de sus ideas o proyectos, y mucha capacidad asertiva.

Uno de los factores que influyen en la seguridad ciudadana de un Estado es la valoración de sus dirigentes. Por tanto, desde este punto de vista, hay que prestar mucha atención a la reducción de la crispación, a la que son tan proclives algunos de los líderes con perfiles dictatoriales por sus formas de comunicación y por sus acciones.

Javier Jiménez Olmos

28 de septiembre de 2014

Relacionado se puede leer en este blog LOS BUENOS LÍDERES

Disponible en: https://jjolmos.wordpress.com/2014/04/03/los-buenos-lideres/

¿SE PUEDE SOÑAR?

Frente al optimismo de los que piensan que la crisis económica se está superando y que se comienza a crear empleo y, por tanto, a incrementar el bienestar y nivel de vida de las personas, existe una obstinada realidad que se empeña en demostrar lo contrario.

No está mal difundir un poco de optimismo para no caer en la desesperanza –no se puede vivir sin soñar– pero ese optimismo no debe de basarse en la propaganda sectaria sino en la motivación que integré a toda la sociedad para conseguir un mundo mejor.aun-hay-vida-en-tus-suenos-_1_1651055

Los datos que se presentan desde los organismos oficiales sobre mejoras de la economía y el empleo pueden ser ciertos, pero también pueden serlos aquellos que se presentan desde organizaciones no gubernamentales u otras instituciones sociales que dicen todo lo contrario. Lo cierto es que la mejora no se percibe desde sectores mayoritarios de la sociedad a la vista de encuestas acreditadas y las opiniones que cada persona puede captar en sus entornos más cercanos.

Una percepción de descontento y desesperanza que se observa incluso en las clases medias y medias altas, algo que no había sucedido hasta ahora. Muchos de los pertenecientes a estos grupos sociales han perdido sus bien remunerados trabajos. Otros ven con inquietud el desempleo, subempleo o empleo precario de unos hijos que educaron con mucho esfuerzo y a los que no ven con futuro. Todos asisten impotentes a la pérdida de su estado de bienestar.Futuro-1

Las clases trabajadoras siempre han sufrido la crisis, en mayor o menor medida, pero ahora se agudiza porque no hay trabajo, porque el poco que hay es tan precario y mal pagado que impide no sólo llevar una vida digna sino tener proyecto de vida alguno.

Aumenta la pobreza y la desigualdad. Lo que se agrava con la percepción de una corrupción generalizada, a la vista de los casos que han aparecido y que afectan a los principales partidos políticos y a algunas instituciones estatales, autonómicas o locales. Y mientras, unas clases privilegiadas aumentan sus ingresos, aún a costa de incrementar el precio de algunos servicios fundamentales (como la electricidad, entre otros muchos).nuestros-suenos

Y algunos se asombran de que las personas quieran soñar. Se sorprende e incluso se enfadan porque los soñadores propongan otra realidad, otra forma de convivencia. Aparece el sueño y la reacción es la de pronosticar el caos por soñar, la de destruir personalmente a los soñadores, en lugar de analizar las causas que llevan a ese sueño.

Con los niveles de paro, desigualdad, pobreza y corrupción existentes se tiene mucha suerte de que la gente todavía quiera soñar. En otros momentos de la historia y en otros lugares del planeta no ha habido sueños sino pesadillas transformadas en episodios de violencia.

Somos afortunados de que existan soñadores que encaucen el descontento por caminos pacíficos.

¡Todavía se puede soñar¡

Javier Jiménez Olmos

21 de agosto de 2014