Crisis y conflictos

Aniversario del 11-S. Homenaje a las víctimas: la reflexión sobre eficacia de la guerra al terror

Hace hoy quince años, el 11 de septiembre de 2001, dos aviones impactaron contra las torres gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono, y un tercero se estrelló (¿o fue derribado?) contra el suelo. Murieron todos los ocupantes de los aviones y cientos de personas que se encontraban en los edificios mencionados.

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Una fecha para recordar, principalmente para homenajear a las víctimas, siempre inocentes, de cualquier atentado terrorista;  para condenar sin paliativos a los autores que los ejecutan y a los inductores ideológicos que conducen a esa violencia tan dramática e injusta.

Hoy 11 de septiembre de 2016, no se puede olvidar que el fanatismo conduce a la violencia. Por eso, hay que trabajar sin descanso para educar en el respeto a la diversidad, para descalificar a los que pregonan la violencia como medio fundamental para resolver los conflictos.

A partir de esa fecha, desde el liderazgo de la nación más poderosa del planeta, los dirigentes de los Estados Unidos de Norteamérica, con el apoyo de algunos dirigentes de otros estados,  se comenzaron a tomar decisiones basadas en la agenda militar como solución prioritaria para acabar con el problema del terrorismo internacional.mapa-invasion-afganistan

Primero fue la invasión de Afganistán, prácticamente apoyada por toda la comunidad internacional y avalada por resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. A pesar de esos apoyos, sigue habiendo duda sobre algunos aspectos de la legalidad de esa intervención militar.

Dos años después, en  marzo de 2003, ya sin el apoyo de la comunidad internacional, más bien sucedió todo lo contrario, el entonces presidente norteamericano, George Bush, decidió invadir Iraq. No hubo resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que avalara tal decisión, que sólo contó con el apoyo de unos pocos líderes nacionales, entre los que se encontraba el presidente del gobierno español, José Mª Aznar.

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A la vista de lo que actualmente sucede en Oriente Medio y el dramático incremento del terrorismo internacional se puede poner en duda la eficacia de la llamada guerra al terror. Se puede hacer la pregunta ¿qué se ha conseguido con la invasión de Irak? Oriente Medio sigue enmarañado, con una violencia perpetua, que generalmente pagan los más débiles como en Siria o en Yemen, sin olvidar a los palestinos y a los kurdos.

El terrorismo del 11S, como todas las acciones terroristas, es execrable. Pero hoy, aniversario de aquel fatídico día, propongo que el homenaje a las víctimas sea, además, una profunda reflexión acerca de:

  • si las medidas que se adoptaron desde entonces para combatir el terrorismo internacional han sido las adecuadas, si han sido eficaces,
  • y si en algunos casos se ha excedido el límite del respeto a los derechos humanos y la legalidad internacional.

Javier Jiménez Olmos

11 de septiembre de 2016

REFUGIADOS. REFLEXIONES PERSONALES

Amanece un nuevo día, con más vallas con cuchillas, con más fronteras cerradas, con más discusiones sobre el número de refugiados que cada país europeo quiere admitir…Concertina

Me contaba mi padre, cuando yo era un niño, que al acabar la Guerra Civil Española, como parte del ejército republicano derrotado, tuvo que pasar a Francia donde fue internado en un campo de refugiados. Es curioso, pero yo  no percibía rencor en sus palabras, más bien lo sentía como un cuento de aventuras para entretener a los niños en las cálidas noches de verano, intentando “tomar la fresca” en la puerta de nuestra casa del pueblo, a la luz de la Luna, contemplando las millares de estrellas cuando el satélite en su natural discurrir decidía esconderse.

No sé si lo hacía de ese modo tan amable para no contaminar las conciencias de unos niños o para olvidar su sufrimiento y humillación.

Tuvo suerte y pudo regresar a España al poco tiempo. La “misericordia” de los vencedores, que no encontraron otro “delito” que haber sido reclutado por el bando de los perdedores, le condenó a otros seis años de servicio militar, aunque esta vez sirviendo a otra patria.Refugiados en francia

Recuerdo que nos contaba que los guardianes de ese campo de refugiados en Francia, vecino a la frontera con Gerona, eran crueles y que les golpeaban al menor descuido de las severas normas impuestas por el gobierno francés.

Quiero imaginar la tristeza, la desesperación, la impotencia, el hambre, la sed, el frío que pasó en aquel “refugio” no deseado. Pero de niño nunca me lo contó. De mayor tampoco, excepto la crueldad de los guardianes, así que tuve que imaginar el resto por las historias, que otros sí contaron.

Qué difícil es imaginarse el sufrimiento si no se vive, qué difícil es sufrir el dolor si no se siente.

Desde los acomodados despachos de burócratas y políticos, no se puede imaginar el sufrimiento de estos seres humanos que huyen de la guerra, de la persecución, de la tortura, de la discriminación y de la miseria. Quizás, yo mismo tampoco puedo.

Desde la impotencia que siento al escribir estas líneas no puedo dejar de pensar en mi pobre padre y en su sufrimiento, ese que nunca me contó.

Por eso, sólo quiero escribir para expresar mi rabia por tanta injusticia, por tanta pasividad, por tanta retórica.refugiados en hungria

Al volver de vacaciones, en el trayecto hasta la estación donde debía tomar el tren de regreso, circulaba por una carretera del campo de Cartagena, eran la tres de la tarde y había casi cuarenta grados. Pero en el campo estaban trabajaban a pleno sol, doblados, seguramente sembrando, unos cuantos hombres y mujeres, todos magrebíes. Y pensé que afortunados somos algunos que hemos disfrutado vacaciones y volvemos con aire acondicionado.

Y pienso ahora, en esta tarde de final de verano que no hay que aceptar con fatalismo la injusticia y la desigualdad, que al menos, aunque sólo sea para acallar mi conciencia me debo rebelar contra aquellos que nos dicen que siempre ha sido así y así hay que aceptarlo.

¿Qué haría yo si viviera en un país en guerra?

http://www.entreparentesis.org/blog/591-que-haria-yo-si-viviera-en-un-pais-en-guerra

 Javier Jiménez Olmos

15 de septiembre 2015

LAS CAUSAS DEL TERRORISMO YIHADISTA

EL TERRORISMO EN EL MUNDO

Según el informe del Global Terrorism Index en el año 2013 se produjeron 17.958 ataques terroristas en el mundo, un aumento del 61% con respecto al 2012. Cuatro organizaciones terroristas fueron las responsables del 66% de los atentados: El Estado Islámico, Boko Haram, Al Qaeda y los talibanes.546af7b2d91c3

El 80% de todos esos atentados se produjeron en: Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria. Irak es el país donde más se produjeron: 2.492 ataques con 6.362 muertes, lo que significó un incremento del 164% con respecto al 2012.

Desde el año 2000 en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), en la que se encuentran los países más desarrollados, se contabilizaron 3.151 atentados, el 7% del total mundial, que causaron 4.861, con el 5% del total de víctimas mundiales (hay que tener en cuenta que sólo los atentados del 11S de 2001 causaron casi 3000 muertes).

La mayoría de los atentados se cometen contra musulmanes por parte de otros musulmanes. Por eso, hay que desestimar la idea de una guerra o choque de civilizaciones. La inmensa mayoría de los musulmanes condenan los actos terroristas como contrarios a las enseñanzas del Corán.

Las guerras están teniendo lugar en lugares como Siria, Irak, Libia o Afganistán, y precisamente todas ellas son guerras civiles en las que la “barbarie” aparece como lo ha hecho a lo largo de los siglos en todos los lugares del planeta. La barbarie siempre ha usado alguna excusa para su implacable crueldad, desde la ideológica o la nacionalista a la religiosa o la étnica. Y esa “barbarie” usa el terrorismo en los países mencionados,  sobre todo, y en el resto del mundo para provocar ansiedad, miedo e incertidumbre.

La tentación de denominar guerra a lo que son ataques terroristas es entrar en el juego de lo que los terroristas pretenden. No son combatientes, atacan objetivos no militares y causan víctimas inocentes. De nada sirve respuestas militares desproporcionadas. Los fracasos militares en Afganistán e Irak en la lucha contra el terrorismo así lo demuestran. La llamada “guerra al terror”, causante de las invasiones de esos dos países, no ha hecho sino incrementar la actividad terrorista.Global Terrorism Index deaths from terrorism timelineLos datos objetivos y los hechos son evidentes, el terrorismo no ha disminuido después las invasiones de Afganistán e Irak, más bien parece todo lo contrario. Por lo tanto, parece lógico poner en duda nuevas operaciones de guerra para combatir algo que no es una guerra.

El terrorismo es un fenómeno complejo cuyo análisis requiere de una tranquilidad emocional que se ve perturbada cuando tiene lugar un atentado. Es difícil liberarse de la indignación que la barbarie causa en los sentimientos humanos. Sin embargo, hay que mantener la serenidad para poder afrontar los desafíos con una reacción correcta, proporcionada, y de acuerdo a las leyes democráticas y los derechos humanos.

EL FENÓMENO TERRORISTA

Si el fanatismo religioso no es patrimonio exclusivo del Islam, tampoco lo es el terrorismo. El primer problema que aparece cuando queremos afrontar el fenómeno terrorista es el de su concepto y definición. Parece que cuando se pronuncia la palabra terrorismo todos creen estar hablando de una misma cosa. Se piensa que todo ser humano porta dicho concepto como si de algo natural e indiscutible se tratara. La realidad es bien distinta.

Organizaciones consideradas terroristas acusan a los organismos internacionales y a los Estados de ser a su vez los responsables de actos de terrorismo al amparo del poder que les garantiza la supremacía sobre los oprimidos. Para un palestino, Israel practica el terrorismo cada vez que mata a uno de sus compatriotas mediante un ataque selectivo. Para muchos musulmanes Estados Unidos es un Estado que ejerce su supremacía a base de procedimientos terroristas como bombardear poblaciones civiles.

La definición de terrorismo ha sido motivo de discusión tanto en el plano intelectual como en el político. No existe un acuerdo para definir esta actividad porque la definición siempre está sujeta a la lógica del que defiende determinados actos o a la del que los combate. No todo el mundo está de acuerdo con su definición, como tampoco lo está sobre la exclusividad de los que la utilizan.

 Se podría definir el terrorismo como:

 Acto de violencia desproporcionado, innecesario e indiscriminado que se comete contra objetivos materiales o personas, perpetrado por Estados, organizaciones o individuos con el objetivo de atemorizar y desestabilizar para conseguir fines políticos, sociales, económicos o militares[1].

Sí que se puede, sin embargo, establecer algunos conceptos que permiten servir de base para estudiar este fenómeno, haciendo abstracción de quiénes llevan a cabo las acciones terroristas y a qué objetivos finales pretenden. La primera premisa es considerar el terrorismo como un medio para conseguir algo y no como un fin. Ese medio es el empleo de violencia física o psíquica que produzca terror en la población. Para ello necesita no solo víctimas, también ha de encontrar un vehículo que haga llegar al resto de la población el efecto de sus acciones.

Ese conductor de la propaganda, de la que depende, son los medios de comunicación social de masas. Todo el mundo puede ver, escuchar y leer repetidamente las imágenes de la destrucción, el horror de la muerte y las consecuencias de no pertenecer al bando de sus autores. La última característica del terrorismo es su capacidad desestabilizadora. Los terroristas tienen bien presente que la violencia provoca reacciones irracionales que llevan a romper la estabilidad emocional de sociedades, gobiernos y Estados.

Nadie permanece impasible ante la irracionalidad de atentados como los de Nueva York, Madrid, Londres o París y, por ello, se modifica la manera de entender la convivencia como se tenía hasta entonces. Habría entonces que reflexionar acerca de estos tres factores: miedo, comunicación y desestabilización. Habría que trabajar en la línea de racionalizar el miedo, limitar el acceso a la propaganda y buscar consensos políticos contra la desestabilización.

Tradicionalmente se acepta que es utilizado por los más débiles, es decir, cuando no pueden reivindicar sus pretensiones de una manera simétrica, pero de acuerdo con la definición expuesta anteriormente, no solo los débiles pueden usar el terrorismo, también lo hacen los poderosos; con bombardeos indiscriminados, con armamento nuclear o usando fuerzas paramilitares que ejecutan un genocidio. Por tanto, es discutible la afirmación de que el terrorismo es el arma de los débiles.

El grupo de los fundamentalistas religiosos, no solo por ser el de mayor actualidad, sino también por ser el más numeroso y peligroso. El fundamentalismo religioso tiene unas causas más complejas porque en este concepto se engloban múltiples reivindicaciones, que tienen un factor integrador y poderosísimo para mover las conciencias humanas: la visión extremista de las religiones, su seguimiento fanático y literal, y su visión guerrera de Dios.

LAS CAUSAS DEL TERRORISMO

Estudiar las causas del terrorismo es otra tarea compleja, se requiere analizar los múltiples elementos que se conjugan en una sociedad y que son objeto de variadas disciplinas. Es necesario estudiar sociología, psicología, economía, geopolítica e historia, entre otras.

El fenómeno terrorista es multicausal: conflictos étnicos, religiosos, ideológicos, pobreza, desigualdad, ausencia de democracia, debilidad gubernamental y corrupción.

La revolución científico-tecnológica de la globalización ha permitido el acceso a los terroristas al transporte rápido y barato, y al uso de Internet, que les facilita la movilidad y la comunicación. La conciencia de desigualdad trasmitida en directo a través de los modernos medios de comunicación de los que sí disponen los más desfavorecidos permiten a los líderes políticos o religiosos arengar a las masas desheredadas para el combate terrorista; las posiciones moderadas encuentran una gran dificultad a la hora de frenar esos discursos.

CARACTERÍSTICAS DEL TERRORISMO

El terrorismo trata de extender el terror al mayor número posible de ciudadanos, elige víctimas inocentes y no acepta límites en su acción violenta. El terrorismo es antidemocrático porque no tiene en cuenta ni las urnas ni la opinión pública; es una herramienta, una arma psicológica para derribar; necesita de la propaganda para llegar al público su contenido ideológico, político, religioso o nacional.

Los rasgos definitorios del nuevo terrorismo internacional son: lo forman grupos sin estructuras rígidas con heterogeneidad nacional y clase social; persiguen cambios a escala regional o global; están dispuestos a sacrificar sus propias vidas; sus atentados son más indiscriminados, buscando el mayor número de víctimas posibles; están imbuidos de un fuerte sentimiento de nacionalismo y religión; y causan una mayor inseguridad en la comunidad internacional.

Desde el punto de vista psicológico, no se trata de una psicopatía pero presenta determinados rasgos comunes como: sentimiento de posesión de la verdad, proyección antisocial, cohesión del grupo de pertenencia y deshumanización con extrema crueldad. El que surja una personalidad psicótica y agresiva en determinadas circunstancias es algo inevitable, lo que sí se puede evitar es la marginación que conduce a una oposición al sistema.

Los terroristas deben cometer atentados para mantener su nivel de prestigio, no se tolera el disenso. La postura del terrorista es maximalista, la negociación la percibe como un deshonor. Es difícil disolver un grupo o desligarse de él, en los procesos de disolución, suelen aparecer ramas más violentas que las anteriores.

La componente cultural influye por el sentimiento de pertenencia a un grupo y la percepción del extranjero como amenaza. La religión, como mandato divino que conduce a la salvación puede convertir la violencia en extrema hasta el punto de la propia inmolación.      

El terrorista quiere que su enemigo gaste en seguridad al mismo tiempo que busca una reacción violenta de este para justificar la suya y para reclutar nuevos adeptos cuando esa reacción violenta produce víctimas inocentes entre sus seguidores o simpatizantes.

Los terroristas se enrolan porque sus experiencias personales ligadas a un determinado desarrollo educativo y familiar le han hecho crecer en un ambiente donde la violencia es la norma; el terrorista en esos ambientes se convierte en un héroe para los defensores y simpatizantes ideológicos. Según la lógica terrorista su único medio de combatir al poderoso es ese tipo de violencia indiscriminada.

ACABAR CON EL TERRORISMO

Para que el trabajo contra el terrorismo resulte eficaz hay que estudiar sus causas, no solo sus consecuencias. En el caso del terrorismo denominado yihadista hay que encontrarlas en un contexto provocado por:

  • Los conflictos de Oriente Medio (Afganistán, Irak, Siria, Palestina)
  • La inestabilidad en el Norte de África, Sahel, Golfo de Guinea, Cuerno de África
  • El fracaso islamista en la llamada “Primavera Árabe”
  • Factores estructurales como pobreza, la desigualdad, el desempleo y debilidad institucional
  • Falta de integración en las sociedades occidentales por algunos musulmanes que perciben exclusión, racismo y xenofobia

Este contexto favorece la radicalización, es decir el intento de cambiar la situación. El recurso al pasado glorioso del Islam, a la interpretación más rigorista y excluyente del Corán conduce al fundamentalismo religioso como siguiente paso. Y de ahí al extremismo violento que conduce a matar o morir en nombre del Islam.

Según el mencionado Global Terrorism Index el 80% de las actividades terroristas cesaron por acoso policial y procesos políticos. Solo el 7% finalizaron por operaciones militares. El resto lo fueron por otras causas, incluidas aquellas en las que los terroristas lograron sus objetivos (sobre un 10% de los casos).images (1)

La actividad policial incluye inteligencia, información, seguimiento, detención y entrega a la justicia. Para ello es necesaria la colaboración coordinada a nivel internacional y la vigilancia continua de los focos de propaganda y recluta, con especial atención a las redes sociales.

El proceso político no significa cesión alguna ante las demandas terroristas, ni debilidad de las instituciones democráticas a la hora de aplicarles la ley, significa:

  • modificar los factores estructurales y culturales que conducen a la violencia
  • actuar con arreglo a las leyes internacionales y los derechos humanos.
  • fomentar unas relaciones internacionales basadas en el multilateralismo y la seguridad humana por encima de los intereses económicos y del militarismo.
  • no dar pábulo a choques de civilizaciones que conduzcan guerras preventivas o invasiones de terceros países.
  • invertir en los proceso de integración a través de la educación para el respeto y la tolerancia.
  • incentivar iniciativas de paz como la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas.

Javier Jiménez Olmos

12 de enero de 2015

[1] Definición del autor en la que intencionadamente se propone incluir el terrorismo de  Estado. La discusión sobre la definición de terrorismo es un asunto que suscita emociones y casi siempre visiones muy interesadas, como consecuencia de esa emotividad, de las posiciones ideológicas y de los intereses creados.


 

¿SE INCREMENTA LA INSEGURIDAD CIUDADANA POR LA CRISPACIÓN POLÍTICA?

Aunque en algunos sistemas políticos tengan más cabida las actitudes despóticas e intolerantes de sus dirigentes, no es exclusivo de estos regímenes los comportamientos dictatoriales de ciertos líderes.images

En las democracias consolidadas, determinadas personas representantes de partidos democráticos, amparándose en los cargos que ocupan y los partidos que los respaldan, así como en sus seguidores incondicionales – el seguidor incondicional suele ser sectario, acrítico y servil- actúan a su antojo sin importarles ni la opinión pública, ni los informes de expertos independientes, ni tan siquiera las votaciones en determinadas instituciones.

Son autosuficientes, arrogantes, displicentes y soberbios. Su verdad es la única e indiscutible, de nada sirve intentar exponerles otros argumentos, no los escuchan o responde a ellos con descalificaciones o insultos.

Siguen en sus cargos, a pesar de su mala educación y a veces incompetencia, porque los llamados aparatos de su partido les dan cobertura, les amparan y les ensalzan. Realizan el trabajo sucio, el del enfrentamiento, el de bronca continua, el de la intolerancia.

Pero deben de ser muy útiles a sus organizaciones, y deben gozar de mucho poder porque, a pesar de su descrédito y de sus desaciertos, continúan ocupando puestos de responsabilidad, y porque, a pesar del desprecio a sus adversarios políticos, incluso, a veces, a sus propios electores permanecen inmutables.

Su concepción de la democracia es una simple reducción: me han votado, por lo tanto tengo derecho a todo. No entienden que la democracia es un juego de respeto diario, algo que se consigue día a día y no por echar una papeleta a una urna una fecha señalada.images (1)

La política en democracia es sobre todo consenso, no un juego de suma cero en el que uno gana todo y el otro nada. El político tiene que ser ante todo negociador y para eso se requiere talante, disposición a escuchar y a comprender, y respeto, mucho respeto a las ideas de los demás.

La imposición es una práctica poco democrática, menos aún si no es refrendada por la mayoría. El desprecio a las opiniones de la ciudadanía es signo de personalidades con escasa convicción democrática.

En las encuestas de valoración los políticos españoles no salen muy bien parados, puede que, entre otras razones, los perciban con deficiencias democráticas. Consideración en la que pagan justos por pecadores, porque la mayoría de las personas dedicadas al servicio público político son honestas y respetuosas.images (2)

Todos tenemos la responsabilidad de no dejar que lleguen a determinados cargos ciertas personas sin la suficiente calidad humana, pero mucho más quienes los conocen directamente en sus partidos u otras organizaciones democráticas, los que a trabajan a diario con ellas. Las personas intolerantes siempre se manifiestan principalmente en sus ambientes más cercanos.

Por eso, sería recomendable un cambio a la hora de presentar candidatos para cargos públicos y exigir, además de honestidad y preparación, respeto a todas las personas, aunque no compartan algunas de sus ideas o proyectos, y mucha capacidad asertiva.

Uno de los factores que influyen en la seguridad ciudadana de un Estado es la valoración de sus dirigentes. Por tanto, desde este punto de vista, hay que prestar mucha atención a la reducción de la crispación, a la que son tan proclives algunos de los líderes con perfiles dictatoriales por sus formas de comunicación y por sus acciones.

Javier Jiménez Olmos

28 de septiembre de 2014

Relacionado se puede leer en este blog LOS BUENOS LÍDERES

Disponible en: https://jjolmos.wordpress.com/2014/04/03/los-buenos-lideres/

¿SE PUEDE SOÑAR?

Frente al optimismo de los que piensan que la crisis económica se está superando y que se comienza a crear empleo y, por tanto, a incrementar el bienestar y nivel de vida de las personas, existe una obstinada realidad que se empeña en demostrar lo contrario.

No está mal difundir un poco de optimismo para no caer en la desesperanza –no se puede vivir sin soñar– pero ese optimismo no debe de basarse en la propaganda sectaria sino en la motivación que integré a toda la sociedad para conseguir un mundo mejor.aun-hay-vida-en-tus-suenos-_1_1651055

Los datos que se presentan desde los organismos oficiales sobre mejoras de la economía y el empleo pueden ser ciertos, pero también pueden serlos aquellos que se presentan desde organizaciones no gubernamentales u otras instituciones sociales que dicen todo lo contrario. Lo cierto es que la mejora no se percibe desde sectores mayoritarios de la sociedad a la vista de encuestas acreditadas y las opiniones que cada persona puede captar en sus entornos más cercanos.

Una percepción de descontento y desesperanza que se observa incluso en las clases medias y medias altas, algo que no había sucedido hasta ahora. Muchos de los pertenecientes a estos grupos sociales han perdido sus bien remunerados trabajos. Otros ven con inquietud el desempleo, subempleo o empleo precario de unos hijos que educaron con mucho esfuerzo y a los que no ven con futuro. Todos asisten impotentes a la pérdida de su estado de bienestar.Futuro-1

Las clases trabajadoras siempre han sufrido la crisis, en mayor o menor medida, pero ahora se agudiza porque no hay trabajo, porque el poco que hay es tan precario y mal pagado que impide no sólo llevar una vida digna sino tener proyecto de vida alguno.

Aumenta la pobreza y la desigualdad. Lo que se agrava con la percepción de una corrupción generalizada, a la vista de los casos que han aparecido y que afectan a los principales partidos políticos y a algunas instituciones estatales, autonómicas o locales. Y mientras, unas clases privilegiadas aumentan sus ingresos, aún a costa de incrementar el precio de algunos servicios fundamentales (como la electricidad, entre otros muchos).nuestros-suenos

Y algunos se asombran de que las personas quieran soñar. Se sorprende e incluso se enfadan porque los soñadores propongan otra realidad, otra forma de convivencia. Aparece el sueño y la reacción es la de pronosticar el caos por soñar, la de destruir personalmente a los soñadores, en lugar de analizar las causas que llevan a ese sueño.

Con los niveles de paro, desigualdad, pobreza y corrupción existentes se tiene mucha suerte de que la gente todavía quiera soñar. En otros momentos de la historia y en otros lugares del planeta no ha habido sueños sino pesadillas transformadas en episodios de violencia.

Somos afortunados de que existan soñadores que encaucen el descontento por caminos pacíficos.

¡Todavía se puede soñar¡

Javier Jiménez Olmos

21 de agosto de 2014

¿HABRÁ VACACIONES PARA LA GUERRA?

playaLlegan las vacaciones para millones de personas en el mundo occidental. A pesar de la crisis y de las graves consecuencias para el empleo y la sociedad del bienestar, gran parte de los europeos y otras sociedades occidentales se pueden considerar afortunados en comparación con lo que se vive en otros lugares del mundo.

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No obstante, en las sociedades occidentales, tradicionalmente dominadas por el sistema capitalista, la crisis económica –que no es sino la crisis del propio sistema- ha agudizado las diferencias sociales. Hay un crecimiento de la pobreza y la desigualdad de rentas como se constata de los datos ofrecidos por ONG,s, de las que no se pone en duda su servicio a la sociedad, como Caritas o Cruz Roja, entre otras. Estos factores, desigualdad y pobreza, unidos a la percepción de corrupción y las cifras de desempleo –especialmente el de los jóvenes-, que llevan a concebir un futuro sin esperanza, conducen a un clima de frustración que puede ocasionar episodios violentos.images

Los conflictos violentos y las guerras son producidos por múltiples y complejos factores. Pero los mencionados anteriormente tienen mucho que ver. Aunque en las sociedades occidentales modernas la pertenencia a determinada raza, religión o etnia parecía superada, los discursos excluyentes, xenófobos y racistas están de nuevo comenzando a renacer. Posiblemente, también, otra de las consecuencias de la crisis: echar la culpa del desastre a los demás en lugar de al propio sistema.

Así, se comienza a vislumbrar un futuro que parece una vuelta al pasado, a la vista de resultados electorales recientes con la aparición de movimientos políticos y sociales de corte totalitario.

Hay señales de alerta, a pesar de que la propaganda quiera seguir exhibiendo las bondades de un sistema que quieren perpetuar a consta del sacrifico de millones de personas, como si de una guerra se tratara en la que los generales calculan el número de bajas para conseguir la victoria.

Pero los sacrificios tienen un límite y las personas son imprevisibles cuando pierden la esperanza y la dignidad. Por ello desde los líderes occidentales deberían de tener en cuenta las prioridades para atajar esos desafíos a la seguridad.

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En el mundo actual no hay guerras de la intensidad que hubo en el pasado siglo pero las hay y con mucho sufrimiento. Guerras (algunos les llaman conflictos de baja intensidad) que aparecen en los medios durante semanas o días pero que siguen ahí: Mali, República Centroafricana, Sudán del Sur, Siria, Ucrania, Gaza. Otras, que parecían acabadas, vuelven con más virulencia, como sucede en Libia, Irak y Afganistán.

Occidente tiene suerte, todavía puede gozar de vacaciones, aunque muchos de sus habitantes ya no puedan. Sin embargo, en esas partes del mundo mencionadas continúa la destrucción y la muerte. No habrá vacaciones para la guerra. Con víctimas inocentes, de todos los bandos, de todas las razas, de todas las religiones. El fanatismo de la violencia no descansa ni distingue entre sus víctimas.

Javier Jiménez Olmos

31 de julio de 2014

Comisiones bancarias

una-persona-contando-billetes_180082Los lectores habituales de este blog han podido comprobar que los artículos publicados tratan de fomentar ante todo la cultura de paz. Para este objetivo es necesario conseguir un mundo más justo, en el que las personas puedan tener una vida digna en libertad. En este blog trato de colaborar, desde mi área de conocimientos, para averiguar las causas de los conflictos y de la violencia, para de este modo poder evitarla.

En este mundo, las injusticias se suceden, unas muy grandes, enormes, y otras no tanto, pero que también afectan a la vida diaria y causan desasosiego, malestar, indignación e impotencia.

Hoy por una casualidad personal (que no viene al caso describir) me he encontrado con una de esas injusticias “legales” que aceptamos con resignación hasta que ya no se pueden soportar más. Paso a describirla.

Todos los bancos y cajas de ahorro que he consultado me han informado que cobran gastos de mantenimiento por tener una domiciliación de nomina inferior a una cuantía. La cantidad mínima requerida para evitar esos gastos de mantenimiento se establece siempre por encima de los 600 euros.

CAPITALISMOTodos los bancos y cajas consultadas se amparan en la Orden Ministerial 2899/2011, desarrollada en la circular 5/2012 del Banco de España que, al parecer, permite que las entidades bancarias como entes privados puedan establecer sus propias comisiones.

Son miles las personas que en España perciben un salario inferior a esos 600 euros, principalmente personas que trabajan a tiempo parcial, lo que sucede en la gran mayoría de contratos de jóvenes.

También es un hecho evidente que para percibir una nómina se obliga a tener una domiciliación bancaria. O sea, no queda otro remedio que cobrar a través una entidad bancaria.

Es decir, la política bancaria española penaliza a los miles de perceptores de nominas por debajo de 600 euros que, además de obtener remuneraciones inferiores a esa cantidad, deben abonar gastos y comisiones según estipule cada entidad bancaria.images

No dudamos de la legalidad de la actuación bancaria en estos casos, por eso, hay que cambiar esa legalidad lo antes posible, de modo que los perceptores de pequeñas nóminas no vean mermados sus escasos emolumentos por disposiciones legales que van en contra de los más desfavorecidos.

Javier Jiménez Olmos
30 de junio de 2014

Como siempre, estoy abierto a cualquier sugerencia, comentario o debate sereno y razonado sobre este asunto y otros.

Los buenos líderes

images (1)Los líderes son aquellas personas capaces de influir en otros individuos, de motivarlos, de convencerlos para alcanzar unos objetivos comunes. Los líderes son los artífices del cambio, de la transformación de los sentimientos individuales en colectivos, de hacer que los sueños sean posibles.

Cuando los líderes se empeñan en presentar una realidad que solo ellos perciben, los seguidores, perplejos por la disonancia entre lo transmitido y las vivencias personales, pueden dejar de aceptar ese liderazgo. Es cierto que siempre habrá incondicionales, a los que poco les importarán los datos objetivos ni las experiencias propias o cercanas. Siempre podrán justificar las decisiones y actuaciones de sus líderes mediante el traspaso de responsabilidades. Esta actitud de liberar a su líder de culpa sobre errores o fracasos vendrá, seguramente, orquestada desde el propio líder o sus círculos cercanos con el fin de hacer creer a sus incondicionales que todo es culpa de circunstancias que no se pueden controlar o de intromisiones consecuencia de normativas que se deberán modificar.

gandhiSin embargo, los líderes verdaderos no se escudan en terceros para disimular o justificar sus actos y decisiones. Los líderes auténticos actúan y se hacen responsables de cada una de sus decisiones. Cuando asumen el liderazgo deben ser consecuentes y coherentes. Consecuentes con la asunción de responsabilidades inherentes a su función, lo que quiere decir, entre otras muchas cosas, que deben ser conscientes de que si asumen el liderazgo es porque piensan que pueden mejorar actuaciones anteriores y no para lamentarse continuamente de lo mal que lo hicieron sus predecesores. Y coherentes con todo lo que prometieron a sus seguidores con el fin de solucionar los problemas de la comunidad.

Estos líderes asumen el pasado para transformarlo según su visión, comunicada y aprobada por sus seguidores. Lo hacen con entusiasmo motivador, con racionalidad apasionada. Los líderes aprenden las lecciones de la historia pero no se recrean en ella, ni la utilizan como excusa fatalista para justificar su fracaso a la hora de resolver los problemas presentes.

Los líderes deben ser sensibles, pensar que sus decisiones pueden causar tremendos sacrificios a sus seguidores. Cuando deciden, lo explican con el respeto que merecen las personas a quienes pueden perjudicar sus resoluciones, y, además, cuidan sus gestos para no ofenderlas, principalmente los más débiles.

teresaLos líderes no reprimen, convencen. Comunican continuamente con aquellos a los que dirigen. Lo hacen con sinceridad, con honestidad. Reciben las protestas como parte implícita al ejercicio del liderazgo. Huyen del aplauso incondicional y de las adulaciones interesadas. Consideran la crítica y la autocrítica como parte fundamental del progreso en todos los órdenes de la vida.

Los líderes que pasan a la historia son aquellos capaces de integrar, de trabajar sin descanso para lograr acuerdos, para realizar cambios en los que todos aporten y participen. Huyen de conductas unilaterales, de negociaciones de suma cero en las que una parte gana todo y la otra nada. Sus discursos y sus actuaciones se realizan pensando en que todos, incluidas las minorías, merecen respeto a sus valores y creencias, a su cultura y forma de vida.

Los auténticos líderes están en permanente contacto con la realidad que viven sus seguidores. Aunque, dependiendo del nivel de liderazgo, el contacto directo puede ser una tarea difícil, sí pueden recibir esa información más próxima a los seguidores a través de informes de organismos, entidades u otras organizaciones no ligadas jerárquicamente a los líderes. Los estudian, los analizan y en su caso los valoran. El líder acepta con humildad las críticas y las protestas, pide perdón por sus errores y, llegado el caso, deja su puesto a otro si comprueba que sus decisiones no conducen a los objetivos esperados.

imagesLos líderes transformadores motivan para lograr los cambios que mejoren la sociedad y el bienestar de las personas que la componen. Motivan con su ejemplo, su coherencia, su honestidad y su habilidad para resolver los problemas actuales y planificar de modo que no se den en el futuro.

Los buenos líderes no se corrompen, ni dejan que nadie lo haga; son transparentes, abren las puertas de sus despachos y de su corazón.

Para esos buenos líderes la ética es su bandera.

Javier Jiménez Olmos

4 de abril de 2014

El aplauso entusiasta y la sensibilidad

No voy a entrar a discutir sobre la legitimidad de las decisiones que toma un parlamento soberano elegido democráticamente, ni sobre el contenido de determinadas leyes. La soberanía popular se supone representada por los parlamentarios elegidos libremente por todos los ciudadanos y las leyes elaboradas por expertos en la materia sobre la que tratan. Pero no hay que olvidar que las leyes o las decisiones políticas afectan a las personas, a sus trabajos, a sus derechos o a su seguridad, entre otras muchas cosas. Por ello, los que deciden en nombre de los ciudadanos deberían actuar con exquisita sensibilidad.

Hace ya algunos años el parlamento español aprobó por mayoría absoluta apoyar la invasión norteamericana de Irak. La aprobación fue seguida de un estruendoso aplauso de los parlamentarios que apoyaban al partido del gobierno. No hace tanto, el parlamento aprobó unas duras medidas de “ajuste”, que significaban un tremendo sacrificio para la gran mayoría de españoles, de nuevo el aplauso generalizado y ruidoso, incluso acompañado de algún insulto, sonaron en el lugar donde se representa la soberanía de todas las personas de este país.

Ayer 11 de febrero de 2014, en el Congreso de los Diputados, otra vez el aplauso entusiasta  para apoyar el trámite de una ley, que según todas las encuestas no obedece a los deseos de una gran mayoría de las españolas y españoles (pongo el femenino en primer lugar, porque esta ley afecta sobre todo a los derechos de las mujeres).

Insisto que no discuto la legitimidad, ni el contenido, ni las razones para la toma de determinadas posiciones (aunque obviamente, como cualquier persona, tengo mi criterio al respecto). Mi crítica es a la falta de sensibilidad que puede traer consecuencias para la seguridad. No se pueden, ni se deben añadir elemento potenciadores a la crispación social existente.

Ayer, como cuando la aprobación de los ajustes o el apoyo a la guerra de Irak, los diputados deberían de haber permanecido en un respetuoso silencio porque estaban actuando en contra de un gran número de españolas y españoles. Esos aplausos entusiastas pueden ser interpretados como alegría por unas imposiciones, como un “te jodes” (perdonen la expresión) y eso además de frustración y rechazo genera indignación.

Existen demasiados factores de descontento en la España actual como para crear más crispación y polarización. Serán inevitables nuevas manifestaciones y protestas, a las que también tienen derecho las personas en un Estado democrático, y seguramente también será inevitable que entre los miles de manifestantes pacíficos se introduzcan elementos violentos.

Cuando se está apoyando una guerra (la peor de las violencias), cuando se están efectuando recortes salariales o económicos, o cuando, según la opinión de muchas personas, se están eliminado derechos de las mujeres, como es el caso de la propuesta para reformar la actual ley del aborto, parecen innecesarias las manifestaciones de euforia porque afectan a la sensibilidad de muchas personas y porque a la postre no se sabe si esos aplausos se convertirán en rotundos silencios cuando se comprueben los resultados de esas decisiones que con tanta alegría se celebran ahora.

¿Aplaudirían con tanto entusiasmo ahora los resultados de la guerra de Irak o el sufrimiento causado a tantas personas y empresarios (sobre todo los pequeños o los autónomos) con las medidas de “ajuste”?

Los aplausos incondicionales y entusiastas en circunstancias como las que atraviesa España, u otros países de nuestro entorno, a medidas sociales o económicas restrictivas pueden ser interpretadas como un desprecio, una provocación innecesaria. Lo mejor es no tomar ciertas medidas, pero si se toman sería conveniente hacerlo sin arrogancia para no generar más violencia estructural y cultural.

Hay que escuchar a la opinión pública, a la oposición que representa también a millones españoles. En política, como en otras facetas de la vida, las negociaciones de suma cero, es decir uno gana y otro pierde, solo conducen a polarizaciones que se radicalizan y que son generadoras de violencia. Los líderes deberían recordar que la historia nos proporciona innumerables ejemplos de conflictos provocados por decisiones sectarias. Nadie puede patrimonializar ni la moral, ni la verdad, menos aún  cuando se trata de iniciar una guerra, disminuir la calidad de vida de las personas o eliminar sus derechos.

Javier Jiménez Olmos

12 de febrero de 2014

El Gamonal: El dilema sobre la eficacia de la protesta pacífica

Gamonal1Ya han pasado algunos días para poder hacer un análisis más reflexivo de lo que ha representado en España el efecto de las movilizaciones sociales llevadas a cabo por vecinos del barrio burgalés de “El Gamonal”. Por lo general, en los países desarrollados, la mayoría de ciudadanos acatan sin grandes contestaciones las decisiones que se toman desde el poder. Esto parece ser una constante por dos razones fundamentales: primera, en las sociedades con un alto grado de bienestar las personas se acomodan y creen que nada podrá rebajar su estatus de vida; segunda, desde el poder se mentaliza contra la protesta, el argumento de que no va a servir de nada manifestarse cala de tal forma que paraliza a la mayoría de los ciudadanos.

Pero cuando las condiciones de vida comienzan a cambiar y la percepción de los ciudadanos es que se están rebajando los niveles de vida adquiridos, que las instituciones no funcionan o que lo hacen indebidamente, cuando el sentimiento es que algunos cargos públicos no respetan las leyes y actúan en beneficio de sus intereses particulares, la sociedad puede liberarse de su comodidad y de su miedo, y comenzar a reivindicar sus derechos de un modo más activo.

No es una sorpresa, excepto para los desconocedores de la historia o los cegados por la propaganda de optimismos partidistas, que las personas tiene un límite de aguante sobre la vulneración de sus derechos y su dignidad. No es una novedad, las revueltas sociales estallan cuando se dan ciertas condiciones objetivas y una percepción de las mismas. Los informes de organizaciones nacionales e internacionales alertan sobre los riesgos de la creciente desigualdad y la pobreza, como consecuencia de la crisis de un sistema económico que cuando menos habría que poner en revisión.

Los datos objetivos del desempleo, el empleo precario, la pobreza y la desigualdad son incontestables, excepto para los cegados por la pasión partidista o los obcecados por la avaricia. La percepción de este desastre social está extendida. Hay una gran mayoría de personas que sufren directamente, o en su entorno cercano o familiar las consecuencias del mal funcionamiento de un capitalismo “perverso” que desde el poder dominante se ha intentado sacralizar. Es otra de las formas de hacer desistir a los críticos: “no hay alternativa”.

Los vecinos de “El Gamonal” han demostrado que con la unidad y la determinación se pueden poner freno a las decisiones o abusos del poder. Está rebelión ciudadana no ha estado exenta de episodios de violencia directa provocada por algunos manifestantes y por la consiguiente represión de las fuerzas de orden público. La justicia está tratando de averiguar la legalidad de actuación en cada caso, pero desde el punto de vista de la eficacia de las protestas surge la pregunta: ¿se hubiera conseguido paralizar la obra prevista por el Ayuntamiento de Burgos si las manifestaciones no hubieran tenido el protagonismo mediático causado por los episodios de violencia?

El dilema entre la protesta pacífica y la más agresiva o, incluso violenta, es una constante histórica en el pensamiento de los movimientos sociales. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, se debatía entre la revolución comunista o el reformismo socialdemócrata. Las dos concepciones han tenido su oportunidad real. El comunismo soviético se implantó mediante una sangrienta revolución que causó millones de muertos y que finalizó con un fracaso social y económico que causó su colapso.

Sin embargo, con la socialdemocracia se han logrado los mayores niveles de bienestar conseguidos en la historia de la humanidad en aquellos países donde se implantó. Como cualquier sistema tiene sus imperfecciones que conviene criticar y corregir, pero los datos objetivos alcanzados en países como Suecia, Alemania, Reino Unido, entre otros, han quedado como prueba evidente de bienestar social generalizado (países en los que los gobiernos conservadores no modificado sustancialmente todavía los logros del estado de bienestar).

No obstante, no fueron los socialdemócratas los primeros en hacer las reformas que condujeron al estado de bienestar. Los primeros en llevar a cabo las reformas propuestas por estos revolucionarios “descafeinados” fueron los propios conservadores, no se sabe si convencidos por las bondades de las concesiones sociales o por el miedo a la revolución violenta del amenazador comunismo. Bismarck, en Alemania, fue el primero en adoptar medidas sociales, temeroso de que los socialdemócratas optaran por la vía revolucionaria, estableciendo el seguro obligatorio en 1873, el seguro de accidentes al año siguiente, el seguro de invalidez en 1889, y el seguro de vejez en 1891, a pesar de que los sectores más conservadores del empresariado alemán se oponían a las mismas (con argumentos tales como que los gastos de la seguridad social limitaban la competitividad y que los seguros sociales inducían al fraude de los trabajadores, algo que suena muy actual).

También en el Reino Unido fue otro conservador, William Henry Beveridge, el que teorizó las bases del estado de bienestar implantado tras la Segunda Guerra Mundial, y lo hizo convenciendo a los empresarios y al partido conservador de la importancia de las reformas a cambio de seguridad. Sirvan como muestra estos dos ejemplos para comprobar que el miedo a los procesos revolucionarios provocó reformas importantes a favor de las clases más desfavorecidas por parte de las fuerzas conservadoras.

Lo sucedido en el barrio de “El Gamonal” no es una anécdota, ni una confabulación de elementos revolucionarios, es una revuelta espontánea fruto de un descontento social que desarrolla en un momento determinado por un hecho puntual. Es una señal de alarma importante, que no debe de ser minusvalorada por los dirigentes políticos.

Gamonal2Las bondades de un sistema que llaman neoliberal son bien percibidas por aquellos que disponen de los fondos monetarios suficiente como para comprase unas “gafas especiales”, el resto se las imaginan. El descontento social es una evidencia diaria, a pesar de los esfuerzos propagandísticos para anularlo. El descontento puede dar paso a las revueltas. Y es aquí donde los líderes sociales, empresariales y políticos tienen la mayor responsabilidad. Deberían de aprender las lecciones de la historia, de convencerse de que las reformas del sistema son necesarias, aunque solo sea por su propia seguridad.

Si no se cambia o reforma el actual modelo socioeconómico se corre el riesgo de protestas incontroladas de consecuencias imprevisibles. Es obligatorio adelantarse a la historia antes de que esta acabe por atropellarnos a todos.

 Javier Jiménez Olmos

 Uno de febrero de 2014