Autor: Javier Jiménez Olmos

Javier Jiménez Olmos, doctor en "Paz y Seguridad Internacional", Miembro de la Fundación "Seminario de Investigación para la Paz" de Zaragoza. Profesor de la Universidad de la Experiencia de la Universidad de Zaragoza Miembro del Grupo de Expertos del Observatorio PSyD de la Cátedra de Paz, Seguridad y Defensa de la Universidad de Zaragoza. Autor de los libros: - Del choque a la alianza de civilizaciones (Icaria, 2012) - Seguridad Internacional: del poder militar a la seguridad humana (Mira Editores, 2013) - Guerra en África y Oriente Medio. Causas y consecuencias (Mira Editores, 2017)

La propaganda manipuladora enemiga de la cultura de paz

Qué miedo me dan las gentes

cuando comienzan

a agitar banderas.

 

Qué pavor

cuando invocan

a dioses cualquiera.

 

Qué pánico

cuando a defender patrias arengan.

 

El compromiso con la promoción de la cultura de paz se fundamenta en la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos. Por ello, es conveniente denunciar manipulaciones interesadas que no son acordes con los hechos objetivos. La propaganda manipuladora no contribuye a la pacificación de los conflictos. Más aún, es un elemento pernicioso que busca el enfrentamiento entre las partes para conseguir objetivos particulares, no siempre acordes con la legalidad democrática.

Las democracias desarrolladas se distinguen por la transparencia y la prevalencia del Estado de Derecho, basado en constituciones o leyes fundamentales, aprobadas por la amplia mayoría de los representantes de la ciudadanía en elecciones, o por esos mismos ciudadanos directamente en  referéndum celebrados de acuerdo con esas leyes democráticas. Sólo en los Estados con democracias débiles se permiten desmanes al margen de la legalidad vigente. De consentirlo, estos Estados corren el peligro de convertirse en Estados fallidos, con el consiguiente riesgo de no poder asegurar el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos.

La democracia española sufrió un duro ataque los días 6 y 7 de septiembre de este año (2017) cuando una parte del Parlamento de Cataluña, ignorando los cauces legales reglamentarios correspondientes, tanto  del Estado español como de la propia Autonomía catalana, aprobó unas leyes que han sido declaradas anticonstitucionales y por lo tanto, sin valor alguno.

La propaganda de los independentistas catalanes ha querido justificar esas acciones y las posteriores en la represión ejercida por el Estado español a través de sus legítimo Gobierno. Una manipulación informativa que alcanza proporciones grotescas en la difusión de videos y otros medios audiovisuales y escritos, cuya intención principal es conseguir los apoyos de opinión pública extranjera, ya que no han alcanzado apoyo alguno en gobiernos de otras naciones.

Es una obviedad, acreditada por todas las organizaciones internacionales, que España es una democracia plena y que es una de las naciones que más se distingue por su defensa y cumplimiento de los derechos humanos. Por ejemplo, España posee la leyes más avanzadas en igualdad de género, violencia de de género, interrupción del embarazo, matrimonio entre personas del mismo género, libertad de prensa, libertad de expresión o participación política. Por supuesto que todo es mejorable, pero afirmar que en España no hay democracia, denota un desconocimiento de nuestro sistema de convivencia o una intención perversa de manipular los hechos objetivos.

Los independentistas catalanes están basando toda su campaña en el victimismo y para ello recurren a artimañas como decir que en España existen presos políticos o que el Estado reprime la libertad de expresión. Toda esta campaña se ha exacerbado con motivo de la propuesta del Gobierno de aplicar el artículo 155 de la Constitución española, para recuperar la legalidad constitucional en Cataluña, vulnerada desde los mencionados días de septiembre.

Sin entrar en discusiones nacionalistas (ver La perversión del nacionalismo), España es proyecto común de convivencia y en Cataluña, hasta que se demuestre lo contrario, hay un gran porcentaje de ciudadanos que quieren seguir en ese proyecto español y europeo. Por tanto, los independentistas no tienen derecho alguno en hablar en nombre del pueblo catalán. Y los catalanes no independentistas y el resto de los españoles también tenemos derecho y deber de decidir sobre este proyecto de convivencia común (ver Todos somos el pueblo catalán).

Los independentistas no contribuyen a la convivencia y la paz en Cataluña porque han fomentado la discordia y el enfrentamiento entre los propios catalanes. Su actitud dista mucho de seguir los dictados de los movimientos por la paz que dicen defender. La violencia cultural y estructural que provocan también es violencia. Por mucho que digan que sus manifestaciones son pacíficas (aunque algunos hechos prueban que no es así) sus actitudes contrarias a las leyes demuestran lo contrario. En los Estados democráticos la paz comienza por respetar la ley.

Algunos líderes de nuevos partidos de ámbito estatal también se han sumado a la propaganda independentista y afirman con vehemencia que el Estado español es represor. Es posible que desconozcan la historia o que hagan esa afirmación motivados por otros intereses (Sus manifestaciones son una prueba más de la libertad de expresión en España). En cualquier caso es muy posible que el tiempo les haga reconsiderar esa posición o que definitivamente los ciudadanos les den en próximas elecciones la calificación que se están labrando.

Esos partidos entraron en la escena política con la bandera de la defensa de los más débiles, por lo que les convendría reflexionar si defender intereses independentistas de un nacionalismo insolidario está por encima de la defensa de los postulados de izquierda (ver Nacionalismo e izquierdismo). Las desigualdades y discriminaciones de las personas no son exclusivas de Cataluña, más aún son mucho más visibles en otros lugares de España. ¿No deberían centrar, los que dicen defender a los más débiles, todos sus esfuerzos en proponer ideas para acabar con esas deficiencias? ¿O es que piensan que los nacionalismos y las repúblicas independientes las van a resolver?

Tampoco tienen mucha credibilidad los que, o las que, en nombre del pacifismo fomentan y participan en actos declarados ilegales, como el celebrado en Cataluña el pasado uno de octubre. Los representantes institucionales, como alcaldes o alcaldesas, tienen que ser ejemplares en el respeto a la ley y la representación de todos, repito todos, los ciudadanos de sus respectivos municipios. Las palabras pronunciadas en nombre de la paz quedan anuladas por sus actos contrarios a la ley.

La paz, la convivencia pacífica es uno de los bienes más apreciados en el mundo. Los que tienen la suerte de vivir en países democráticos tienen el deber de conservar la paz por encima de cualquier otro objetivo. La paz comienza por el respeto a los valores democráticos y los derechos humanos. Los independentistas han vulnerado la democracia y el respeto a los derechos de los que  no piensan como ellos.

Nadie puede discutir los nobles sentimientos de las personas, cada cual puede sentirse de donde quiera y vivir su patriotismo como le salga de su corazón (espero que no de las vísceras) pero hay que pensar en el resto, en todos los que comparte esa aspiración de convivencia pacífica en común. En ningún caso, para defender esos principios o sentimientos se puede ni se debe recurrir a la propaganda manipuladora.

En España no se persigue por ser independentista, se piden responsabilidades y se sanciona a aquellos que  no respetan la Constitución y las leyes de ella emanadas. La historia juzgará a los que están causando tanto desasosiego y deterioro de la convivencia entre los españoles en general y los catalanes en particular.

Desde este blog, dedicado al análisis de conflictos desde la perspectiva de la cultura de paz, se insta a todos los implicados en este conflicto a buscar el acuerdo pacífico a través del diálogo dentro del marco constitucional de España.

Javier Jiménez Olmos

22 de octubre de 2017

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Diálogo para la paz en Cataluña desde la Constitución del 78

El nacionalismo, para sus reivindicaciones secesionistas, se vale de dos herramientas (no les llamo  argumentos porque a mi juicio no pertenecen a la lógica): la significación del llamado “hecho diferencial” y la “revisión histórica” según su particular punto de vista. El hecho diferencial  lo encuentran en factores religiosos, étnicos o culturales (como puede ser el de tener una lengua propia); mientras que la revisión histórica se realiza mediante el recurso al victimismo, un lamento de batallas perdidas y de opresión por la imposición de los Estados de los que se pretende liberar.

El hecho diferencial es muy difícil de argüir en sociedades modernas y cosmopolitas, donde la mezcla de culturas, producida por siglos de integración, hace imposible distinguir cualquier signo de identidad propia exclusiva. También resulta falaz apelar al victimismo de la opresión en los Estados de Derecho, donde Constituciones democráticas regulan la vida de los ciudadanos.

El nacionalismo no nace de la razón, es un sentimiento comunitario manipulable que puede llegar convertirse en perverso. La perversión del nacionalismo lo convierte en excluyente e insolidario. Es, por tanto, complicado contraponer razonamientos a sentimientos, es muy difícil entablar diálogos con aquellos que anteponen su sentimiento nacionalista por encima, incluso, de su bienestar personal.

En Cataluña nos encontramos con ese problema de diferentes planos de debate, se enfrentan los sentimientos a la razón. Un debate que se ha extendido al resto de España, donde también los sentimientos comienzan a aflorar como reacción a aquellos de los independentistas. El problema se agrava entonces porque cada vez menos personas utilizan argumentos (que siempre son racionales), y las emociones no controladas pueden tener consecuencias imprevisibles.

A pesar de lo dicho, no hay que desistir en la búsqueda de razonamientos que conduzcan a la resolución del conflicto de una forma dialogada, en la que todas las partes se encuentren representadas. Habrá que tener en cuenta que las negociaciones serán complicadas y que la solución no satisfará completamente a todas las facciones.

La “negociación de suma cero”, es decir aquella donde uno lo gana todo y el otro lo pierde todo, nunca resuelven el conflicto de una manera definitiva. La imposición de una de las partes sobre la otra sólo consigue aplacar momentáneamente la confrontación, que volverá a resurgir al cabo de poco tiempo.

Independientemente de lo que cada uno pueda sentir, sería conveniente un ejercicio de racionalidad, que siempre implica moderación y prudencia. En este envite nacionalista independentista catalán, todos nos jugamos lo suficiente como para dejar que las “vísceras” nos lleven a una confrontación de consecuencias dramáticas para Cataluña, para España y para Europa.

Así, la racionalidad ha comenzado y gran parte de la sociedad española  (catalanes  incluidos) abogan por una solución dialogada. A esa solución insta la Europa civilizada y democrática, cuyo papel  como facilitadora (no mediadora) del diálogo puede resultar fundamental.

Y esa racionalidad se propone decisivamente desde la economía, sin la cual es imposible conseguir los niveles de bienestar alcanzados en Cataluña, en España y en Europa. Una economía que afecta a los bolsillos de todos los ciudadanos, sean o no independentistas. Ante la inseguridad jurídica y social,  es racional que las empresas salgan de Cataluña y que los ahorradores busquen lugares seguros para sus euros.

Pero la emoción también juega un papel importante. La emoción que sale del corazón, la que transmite mensajes positivos para fomentar el acercamiento. Por eso es muy importante que la Cataluña no independentista manifieste su deseo de continuar juntos en ese proyecto común, dentro de Europa, que hemos llamado España. Y es decisivo que el resto de los españoles demuestren su cariño hacia Cataluña, como siempre lo han hecho.

Por eso es primordial que no se emprendan acciones que puedan ser usadas por el victimismo nacionalista como elemento de propaganda para sus seguidores y para distribuir a la opinión pública internacional. La combinación de racionalidad y emoción positiva puede ser la base para conseguir aplacar los ánimos independentistas.

No conviene olvidar que España es un país democrático internacionalmente reconocido y que la comunidad internacional defiende sin fisuras la unidad de España. Esa  comunidad internacional no consentirá que España se convierta en un Estado fallido incapaz de defender un sistema constitucional democrático que vela por la seguridad de todos sus ciudadanos.

La prueba más evidente de que España es un país democrático es que el nacionalismo independentista ha gozado y goza de libertad para expresar sus idearios; ha dispuesto de medios de comunicación públicos y privados para promocionar y propagar su ideario independentista; organizaciones civiles han servido sin restricción alguna a los fines independentistas; y hasta en universidades y colegios se ha educado en el ideario independentista sin obstáculo alguno. Que se sepa nadie ha sido encarcelado a pesar de las vulneraciones constitucionales perfectamente identificadas.

Durante los últimos años, el independentismo se ha adueñado del discurso en Cataluña y se han atribuido la representación del pueblo catalán. Sin embargo, conviene recordar que la democracia se gana en las urnas y se desarrolla en las instituciones democráticas. Los independentistas no han respetado a la mitad de los representantes legítimos del pueblo catalán, que resultaron elegidos en unas elecciones libres y limpias, como se pudo comprobar los días 6 y 7 de septiembre en el Parlamento de Cataluña, cuando se vulneró la Constitución, el Estatuto de Autonomía y el Reglamento de ese Parlamento.

Los independentistas han secuestrado la tranquilidad de millones de catalanes y españoles, incluso Europa comienza a sentirse intranquila; han provocado la división de un pueblo pacífico y dialogante;  pueden llevar a la ruina a una de las regiones más prosperas de Europa; y pueden causar una confrontación de proporciones inimaginables dentro y fuera de su territorio.

Desde el Estado, desde el Gobierno y desde otras instituciones hay que asumir la parte de responsabilidad por no haber sabido atajar este conflicto a tiempo (hay quienes piensan, cada vez más personas, que no se ha actuado a tiempo con suficiente firmeza ante el desafío independentista) pero la culpabilidad directa de este caos en el que están sumiendo a la sociedad catalana sólo recae sobre los independentistas. La firmeza del Estado de Derecho no puede consentir la vulneración de los derechos y deberes fundamentales que contempla la Constitución. Es algo que los independentistas también tienen que saber y tener en cuenta.

No se puede jugar con el bienestar de millones de personas por las motivaciones sentimentales o por los intereses particulares  de una minoría. No es justo que toda una nación como la española esté pendiente de la decisión de un dirigente atrapado por su discurso radical y por los extremistas seguidores que lo secundan. Es una tortura psicológica a la que están sometiendo a millones de personas, que ven como se está llegando al enfrentamiento irreversible

En una democracia como la española nadie puede ser perseguido por sus ideas políticas, y menos reprimirlas. Pero hay que atenerse a las reglas de juego establecidas. Para aquellos que defienden un referéndum en Cataluña alegando el derecho a decidir, tendrán que conseguir los apoyos necesarios en las urnas para abordar las reformas constitucionales convenientes para alcanzar ese objetivo. No olvidemos que Cataluña no es un ente particular,  es parte de un proyecto común en el que todos los españoles estamos implicados.

A pesar de todo, todavía es tiempo de diálogo, un diálogo que conduzca a una paz justa, pero para alcanzarla hay que partir de alguna base. En la España democrática ese punto de partida es la Constitución del 78. La paz debería de empezar por ese reconocimiento. Un punto de partida para alcanzar la reformas necesarias que satisfagan las necesidades de la sociedad actual.

A modo de recordatorio:

RESULTADOS DEL REFERÉNDUM DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978

COMUNIDADES  NO BLANCO NULO ABSTENCIÓN
ANDALUCÍA 91’85% 5’48% 2’07% 0’58% 30’49%
ARAGÓN 88’09% 6’72% 4’65% 0’52% 26’45%
ASTURIAS 88’58% 8’39% 2’13% 0’88% 38’21%
BALEARES 89’46% 4’82% 4’87% 0’83% 29’81%
CANARIAS 91’89% 4’36% 3’17% 0’55% 37’09%
CANTABRIA 83’50% 12’46% 3’43% 0’59% 28’84%
CASTILLA Y LEÓN 85’06% 9’16% 4’97% 0’80% 28’62%
CASTILLA-LA MANCHA 84’32% 11’78% 3’11% 0’77% 26’18%
CATALUÑA 90’46% 4’61% 4’23% 0’68% 32’09%
CEUTA Y MELILLA 88’30% 8’45% 2’74% 0’50% 30’40%
COMUNIDAD VALENCIANA 88’84% 6,97% 3’44% 0’73% 25’86%
EUSKADI 69’11% 23’53% 5’74% 1’60% 55’34%
EXTREMADURA 89’29% 7’34% 2’74% 0’61% 29’49%
GALICIA 89’04% 5’80% 3’97% 1’13% 49’79%
LA RIOJA 86’59% 7’83% 4’70% 0’86% 27’53%
MADRID 86’14% 10’11% 3’02% 0’71% 27’76%
MURCIA 90’77% 6’21% 2’43% 0’57% 28’56%
NAVARRA 75’70% 16’95% 6’40% 0’94% 33’37%

De la misma manera que se elaboró está Constitución, se pueden transformar en otra acorde con la voluntad actual de los españoles. El camino fue y es diálogo, acuerdos y urnas.

Javier Jiménez Olmos

14 de octubre de 2017

Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares

Premio Nobel de la Paz

Los recientes ensayos nucleares de Corea del Norte y las respuestas amenazantes del presidente norteamericano Donad Trump han causado gran preocupación en la opinión pública mundial por el peligro de una guerra nuclear. Trump llegó a decir durante su discurso ante la Asamblea General de la Naciones Unidas, el pasado mes de septiembre de este año (2107), que no dudaría en destruir totalmente Corea del Norte si los Estados Unidos se sintieran amenazados por ese país.  Un alarma que se ha incrementado con la propuesta del presidente estadounidense de revocar el tratado nuclear con Irán.

La llamada “guerra fría”, que duró desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la desaparición de la Unión Soviética a principios de los noventa, se fundamento en el “equilibrio del terror” a causa de la “destrucción mutua asegurada” de los contendientes si se hubiera llegado a la utilización de todas las armas nucleares de las que disponían.

Estados Unidos y La Unión Soviética, junto con sus respectivas potencias aliadas encuadradas en la OTAN y el Pacto de Varsovia,  además de China, disponían de un arsenal atómico a principios de los años ochenta de casi 70.000 ojivas nucleares, cantidad más que suficiente para haber producido la desaparición de la civilización humana tal y como ahora la conocemos de haber sido empleadas en una guerra entre ambos bandos.

Ese equilibrio del miedo, basado en la sinrazón atómica provocó que las potencias nucleares iniciaran conversaciones para comenzar a disminuir parte de sus arsenales atómicos. Así, en los setenta las potencias nucleares miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, Unión Soviética, China, Francia y Reino Unido) firmaron el tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). No obstante los avances aún quedan unas 15000 armas nucleares activas.

Según el SIPRI este es el balance actual de las fuerzas nucleares en el mundo

La evolución de las operativas, es decir, listas para ser empleadas es la siguiente

La historia del arma nuclear comienza con los bombardeos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque ya no ha habido ningún bombardeo sobre poblaciones civiles u otros objetivos, las potencias atómicas si han efectuado ensayos nucleares de diversas intensidades.

El 7 de julio de este año (2017) se aprobó en las Naciones Unidas el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares con los votos a favor de 122 naciones y el voto en contra de Holanda. Sin embargo, todos los países restantes se abstuvieron, aproximadamente la tercera parte de los países miembros de la ONU, entre ellos todas las potencias nucleares y los países de la OTAN.

A pesar de obstáculos y presiones, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (International Campaign to Abolish Nuclear Weapons, ICAN) no ha cejado en su empeño para conseguir que se eliminen todas las armas nucleares existentes. ICAN es una organización no gubernamental (ONG), fundada en 2007, con sede en Viena y compuesta por 468 asociaciones, que representan a millones de personas en el mundo decididas a acabar con las armas nucleares. Por ese esfuerzo y dedicación este año le ha sido otorgado el Premio Nobel de la Paz.

 

Javier Jiménez Olmos

8 de octubre de 2017

 

 

TODOS SOMOS EL PUEBLO CATALÁN

La voz del pueblo de Cataluña, ¿qué voz? ¿quién se puede atribuir la voz del pueblo de Cataluña? Parece que esa voz se la auto atribuyen las fuerzas independentistas, que enardecidas por las movilizaciones populares y la respuesta del Estado español se autoproclaman únicos representantes de la voluntad de los catalanes.

A la hora de una posible negociación (todavía nadie sabe sobre qué y con quién) habrá que tener en cuenta los errores cometidos por todos y, por supuesto, las vulneraciones de la legalidad vigente. Si no se parte ese reconocimiento no se podrá hablar de nada.

Los acontecimientos de violencia que se produjeron como consecuencia de la convocatoria y ejecución de un referéndum ilegal, han marcado el debate y han inclinado la tesis de la desproporción de la fuerza de las instituciones estatales a favor de los independentistas. Estos grupos también se han apropiado de las palabras democracia, libertad y derecho a decidir. Y han traspasado todas las acepciones negativas como represión, violencia y vulneración de derechos humanos al Estado.

Para poder resolver un conflicto es necesario que las partes implicadas reconozcan las vulneraciones a la legalidad vigente, como primer paso para su resolución, para después rectificar esos comportamientos ilícitos. El reconocimiento de los errores, pasados y presentes, es fundamental  (principalmente para no volver a cometerlos) pero en resolución de conflictos, es de manual no comenzar demonizando a una parte y exculpando a la otra.

Conviene recordar que la historia de este conflicto no comienza con la foto de un policía con “la porra alzada”. Esa foto es la consecuencia de una escalada independentista perfectamente diseñada.

Han pasado del derecho a decidir a la defensa de la democracia contra la represión para buscar aliados y simpatizantes a su causa, que no es otra que la de la independencia. La izquierda también ha caído en la trampa, sin tener en cuenta que no hay nada más insolidario que  el nacionalismo excluyente.

Todo el mundo tiene derecho a decidir, incluidos los millares, tal vez millones de catalanes que no quieren decidir nada porque ya están felices con lo que tienen, y que se han visto involucrados en una problema que ellos no han creado. Y los millones de españoles, que temerosos vemos como unos pocos tratan de acabar con un sistema de convivencia en el que todos hemos participado, vivamos o no en Cataluña.

No se puede decir que España es un estado represivo, cuando es reconocido internacionalmente por ser un país donde se pueden disfrutar de las leyes sociales más avanzadas del mundo, un país comprometido con la defensa de los derechos humanos y las leyes internacionales. Una puntual actuación policial (muy discutible y que habrá que analizar sin prejuicios) un día determinado y bajo unas circunstancias muy especiales, no pueden anular una historia democrática, internacionalmente reconocida desde la aprobación de la Constitución de 1978

No se puede alegar que el Estado reprime porque se aplica la ley, se puede discutir la oportunidad de algunas actuaciones policiales, pero no por eso argumentar que el Estado tiene comportamientos autoritarios y represores. La policía en los Estados democráticos siempre actúa por mandamiento de las autoridades legítimas. En el caso de lo sucedido el día 1 de octubre en Barcelona, la policía del Estado actúo por mandamiento judicial, dada la dejación de funciones que habían hecho los responsables designados de la policía autonómica.

Cada uno es libre de analizar esta actuación desde el punto de vista que quiera, pero desde la óptica de la izquierda también se debería pensar en los trabajadores del orden público que no hicieron otra cosa que cumplir las órdenes emanadas de la legalidad vigente.

Las imágenes son siempre impactantes, pero atención que nos pueden desvirtuar toda la realidad. Los que han trabajado en conflictos internacionales y en su resolución saben que, sin restar importancia, las imágenes fotográficas o televisivas, pueden ser manipuladas o constituir solo una parte de la secuencia total.

Hay que comprobar provocaciones anteriores (de violencia verbal o física) contra las fuerzas de orden público, el constante hostigamiento, a veces humillante, por parte de algunos representantes del independentismo hacia las fuerzas de seguridad del Estado. También hay que analizar el lenguaje (¿se han apropiado los independentistas del uso de las palabras?) utilizado por los independentistas cuando una y otra vez repiten que las fuerzas de orden público estatales cargaron contra indefensos manifestantes. No consta tal carga en los colegios electorales, aunque sí  el uso de la fuerza (habrá que juzgar si proporcionada) para apartar a los que les impedían cumplir con el mandamiento que la autoridad judicial les había encomendado.

Sí que hubo cargas contra manifestantes que agredieron verbal y físicamente a los agentes de la autoridad o provocaron desordenes callejeros, como sucede en cualquier manifestación en España u otro país democrático de nuestro entorno (les invito a visionar actuaciones de policías franceses, alemanes o británicos, además de algunas de los propios Mossos de Escuadra). Por cierto, habría que criticar y denunciar también a aquellos padres que pusieron en riesgo la integridad de los menores o su utilización y manipulación irresponsable en defensa de una causa que había sido declarada ilegal.

Sí es represión, y esto se olvida constantemente, la que sufren miles de catalanes a diario, temerosos de manifestar en sus lugares de trabajo, en familia o con sus “amistades”, su repulsa a la deriva independentista.

Sí es represión amenazar a jueces y periodistas que no comparte la visión independentista, o descalificar a aquellos profesores que deciden no utilizar sus clases como plataforma para defender los intereses independentistas.

Sí es represión la imposición lingüística o el adoctrinamiento cultural.

Sí es represión obligar a los seguidores de un equipo de fútbol a decantarse sobre una determinada opción política.

Nadie puede coartar la libertad de expresión, axioma compartido por cualquier demócrata  y así se cumple generalmente en España. Durante el mismo día 1 de octubre se pudo comprobar que como pudieron hacerlo. Todos pudimos asistir a innumerables debates en los medios de comunicación, donde los representantes independentistas pudieron expresar sus ideas sin recato alguno (algunos de ellos incitando a la violencia contra las fuerzas de seguridad incluso). Hemos asistido a todo tipo de manifestaciones por parte de los dirigentes independentistas sin que nadie les haya puesto impedimento alguno, a pesar de que bastantes eran contrarias a la legalidad vigente.

El Estado que, no lo olvidemos, somos todos los españoles, ha sufrido un ataque sin precedentes (solo comparable con el 23F) con las aprobaciones de una parte del Parlamento catalán de unas leyes que hacen saltar por los aires la Constitución española, que es la ley fundamental que regula nuestra convivencia, para imponer unas normas de acuerdo con los intereses independentistas. ¿No ha sido una acto de magnanimidad democrática, y de libertad, de un Estado consentir esa sesión antidemocrática? (¿Sería imaginable esta anormalidad constitucional Francia, Alemania o Reino Unido?)

No es excusa tampoco para la defensa del independentismo el victimismo del que siempre hacen gala. La represión que dicen haber sufrido durante el franquismo la sufrieron todos los pueblos de España. En cuanto a la olvido e incomprensión, que se los cuenten a los de Teruel, Cuenca o Jaén, por poner algunos ejemplos. Pueden sentir lo que quieran, pero racionalmente no tienen derecho a quejarse más de lo que en otras partes de España lo pudieran hacer.

No son diferentes porque, entre otras razones, muchos de los que ahora son firmes defensores de la independencia forman parte o son herederos directos de los inmigrantes murcianos, aragoneses, extremeños o andaluces que dejaron sus tierras para buscar el pan donde lo había (por cierto favorecido por la dictadura franquista) Y fue la burguesía catalana la que se benefició (a veces explotó) a esos millares de trabajadores.

¿Es democrática una huelga política en la que solo perderán los trabajadores, producirán enfrentamientos dentro de las empresas y perjudicará a la economía de todos los españoles? ¿No es violencia impedir la asistencia a trabajar, a clase o cortar calles y carreteras?

Por estas razones y otras tantas no se puede entender la enconada defensa de la justificación del independentismo por parte de ciertos sectores de la izquierda. Esa parte de la izquierda que prefiere sacar rédito político de la situación, o que visceralmente se entrega a una causa por el sólo hecho de que el Gobierno es de signo contrario a su ideología. Sepan que es el Estado de Derecho, con millones de personas también de izquierdas, lo que está en juego.

Hay muchos motivos para criticar a al Gobierno desde la visión izquierdista, pues adelante, por ejemplo por la situación laboral, por los abusos de bancos, eléctricas, por la corrupción, por no acoger refugiados… construir hospitales y colegios públicos, residencias de ancianos acordes con su capacidad adquisitiva o revisar las pensiones para que esos ancianos puedan vivir con dignidad. Hay tantas razones para reprobar a este u otros gobiernos, pero no pierdan las energías, y seguramente seguidores, por apoyar o ser condescendientes con  causas tan insolidarias como las separatistas.

Es importante recordar que el nacionalismo catalán es eminentemente burgués y que históricamente lo ha usado para obtener más privilegios. Es necesario recordar que algunos de sus líderes han sido cómplices en la tremenda corrupción que asola a toda España. ¿Desde una posición de izquierda es compatible la defensa del nacionalismo con la búsqueda de la justicia social?

Esos líderes de la izquierda obsesionados con alcanzar el poder a corto plazo se olvidan de que la estrategia de la izquierda es la búsqueda de la igualdad a través de la solidaridad y la justa redistribución de la riqueza. ¿Es lo que buscan los independentistas? repito, ¿es el nacionalismo la solución a la explotación, la injusticia y la pobreza? Los independentistas también han conseguido que esa parte de la izquierda se olvide de los asuntos que preocupan a millones de personas en España y en el mundo.

Es imprescindible tener en cuenta todos los puntos de vista a la hora de resolver un conflicto y no dejarse llevar por las emociones momentáneas o por los mensajes propagandísticos. En el  desafío independentista España y Europa se juegan su futuro. Una locura irracional en la que todos perderemos si no predomina la racionalidad sensata y serena. Y en esa pérdida los que más perjudicados saldrán, como siempre sucede, serán las clases más desfavorecidas (otro asunto a reflexionar).

Es el momento del “Estado social y democrático de Derecho” (artículo 1 de la Constitución de 1978) Por encima de partidismos y sectarismos ideológicos. Es el tiempo de un diálogo para abordar el conflicto catalán pero teniendo en cuenta que

TODOS SOMOS EL PUEBLO CATALÁN

Javier Jiménez Olmos

3 de octubre de 2017

2ª PARTE DEL CONFLICTO

NEGOCIACIÓN PARA LA RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO

(Publicado en HOY ARAGÓN con el título de “La búsqueda del tono gris,

http://www.hoyaragon.es/2017/09/26/la-busqueda-del-tono-gris/)

 

El conflicto es una de las características de las relaciones humanas. Existen conflictos personales, sociales, intraestatales o interestatales. Para resolver los conflictos hay que abordarlos con humildad, haciendo un buen análisis de sus causas y sus consecuencias. Los conflictos son inevitables, aunque pueden prevenirse y mitigarse. La cultura de paz es fundamental para el fomento del diálogo y de la negociación como mejor modo de resolver  las disputas.

Los conflictos siempre tienen costes  que, entre otros, pueden ser económicos y sociales. Los conflictos pueden derivar en violencia física. Los conflictos, sobre todo los violentos, siempre marcan a las personas o sociedades que los sufren. El paso de un conflicto pacífico a uno violento es un proceso de escalada, que se va incrementando con el transcurso del tiempo. Se pasa de la discusión, a la violencia verbal y de ahí a la violencia física.

Los conflictos se perpetúan y se enquistan, y las partes enfrentadas se radicalizan cuando alguna de ellas, o todas, tratan de sacar ventaja de la divergencia para favorecer sus propios intereses. Es de suma importancia para afrontar un conflicto la intención de superarlo por medios pacíficos.

Lo peor que puede suceder ante los conflictos es negar su existencia, evadirlos, o acomodarse a ellos. Tampoco son buenas las actitudes arrogantes o agresivas para afrontarlos. Los conflictos hay que reconocerlos y transformarlos para poder solucionarlos. La negociación y la  mediación son instrumentos fundamentales de apoyo para tal fin.

Las partes enfrentadas siempre verán sus demandas plenamente justificadas; por ello, desautorizan, descalifican, e incluso agreden o combaten a quienes se atreven a dudar de la legitimidad de sus reivindicaciones. Como ya se ha dicho, todos los conflictos tienen unos costes, pero también tiene su coste las soluciones consensuadas. Los pactos, siempre implican la cesión de algunas de las reivindicaciones iniciales.

El acuerdo de las partes en discordia es sumamente difícil. Sin embargo, cuando los contendientes consideran que los costes del conflicto van a ser tan elevados que no compensa a sus intereses continuar el enfrentamiento, puede llegar el momento de la negociación. La solución negociada no tiene porque significar la desaparición del origen del conflicto, pero sí puede contribuir a eliminar la violencia y a limar algunas diferencias.

En la finalización de un conflicto podrían darse situaciones con medidas de fuerza. No obstante, en la mayoría de los casos la amenaza y la coerción van a contribuir a incrementar el nivel de confrontación y pueden derivar en desórdenes,  violencia física o, en el peor de los casos, confrontación armada. Por tanto, la mejor manera de buscar la finalización del conflicto es mediante el análisis sereno y racional de sus causas. La solución dialogada mediante una negociación positiva, apoyada si fuera necesario por una mediación neutral externa al conflicto.

En la negociación las partes enfrentadas debaten sus diferencias, a través de los representantes designados con capacidad para llegar a acuerdos. Todos ellos tienen que partir de una premisa inicial y fundamental: no se llegará a una solución pacífica si la negociación se plantea como un juego de suma cero; es decir, una parte resulta vencedora sobre la otra.

Las negociaciones donde una parte lo consigue todo y la otra nada, conducen a perpetuar los conflictos y a endurecerlos. La negociación debe ser un instrumento racional para resolver problemas. Es evidente que habrá factores ideológicos o de otro tipo que contribuirán a aumentar las discrepancias. Como también se comprobará que hay actores externos al conflicto interesados en enardecer a los contendientes. Habrá que considerarlos para tratar de excluirlos del proceso de negociación

Con el fin de evitar la confrontación directa se deben elegir a las personas adecuadas para llevar a cabo las negociaciones. Resultará tarea difícil, casi imposible si la negociación la llevan a cabo los líderes causantes del conflicto.

En resumen, en tiempos de crisis y de confrontación se requieren habilidades negociadoras. Líderes que no prioricen sus motivaciones ideológicas, nacionalistas, religiosas o de otro tipo y  sean más racionales. Que usen su cerebro para buscar soluciones consensuadas y su corazón para promoverlas con todo su entusiasmo. Pero, por favor, que se olviden de las “tripas”, que siempre son malas consejeras. Y busquen el  tono gris de cada conflicto.

Javier Jiménez Olmos

25 de septiembre de 2017

1ª Parte DEL CONFLICTO

LOS TRES TIEMPOS DEL CONFLICTO

Los conflictos son predecibles, casi nunca aparecen de una manera inmediata, son fruto del tiempo que los hace madurar si no se atajan a su debido momento, y se pueden desarrollar hasta provocar situaciones insoportables para la convivencia. En todo conflicto hay unos factores determinantes que son la causa primaria de la discordia, existen también unos factores que potencian el desarrollo del conflicto y, por último, unos detonantes que pueden transformarlo en violento.  No se pueden olvidar la gran importancia de los actores personales, los líderes políticos y sociales que son responsables directos de la discordia.

Los conflictos están marcados por tres tiempos fundamentales: la historia, el presente y el futuro.

La historia

El conflicto es el fruto de unos factores determinantes como los son los económicos y los políticos. Estos dos factores son casi siempre el resultado de la historia. Durante largos periodos de tiempo tanto la economía como la política, que casi siempre van íntimamente relacionadas, construyen la historia de las sociedades, los pueblos, las naciones y las relaciones internacionales.

La falta de acción, los errores y los abusos se van acumulando en el tiempo, hasta que sectores de la sociedad comienza a demandar cambios profundos, pensando que la única manera de solucionar sus problemas es mediante la sustitución del sistema que les rige, por considerar que no atiende a sus demandas transformadoras o reformistas.

Los líderes en el poder quieren perpetuar el sistema mientras que los que aspiran a conseguirlo tratan de cambiarlo. En este caso la contienda comienza desde arriba y se trasmite a toda la sociedad; poco a poco todos sus elementos se ven involucrados y comienzan a tomar partido, aunque a veces se les exige tomar partido.

Pero la discordia también puede comenzar desde abajo, acentuada por situaciones de extrema gravedad social, como pueden ser la falta de trabajo digno o la pobreza. En los caso de las sociedades democráticas con un gran desarrollo social el desempleo puede jugar un papel determinante pero también otros como la desigualdad, los agravios comparativos o la percepción de discriminación por razones geográficas, étnicas o religiosas. Cuando se produce la sinergia de actuaciones desde arriba abajo y al revés, la situación se puede transformar en sumamente peligrosa.

El presente

El presente entendido no como este mismo instante sino como las circunstancias más inmediatas. Durante este tiempo intervienen lo que se denominan factores potenciadores del conflicto. Aquí se incluyen los religiosos, étnico o nacionalistas, entre otros. Cualquiera de estos agentes multiplican los desacuerdos históricos. Son motivaciones ligadas a los sentimientos y, por lo tanto, fácilmente manipulables al servicio de una u otra causa.

Si a eso se le añaden decisiones políticas consideradas contrarias a esos sentimientos, y se interpretan como una ofensa hacia ellos se produce una percepción negativa a hacia los líderes causantes y los grupos sociales que representan.

En el presente más inmediato se producen detonantes que pueden hacer que el conflicto derive en situaciones de violencia extrema. Cuando las posiciones se polarizan ciertos sectores sociales, que defienden posturas maximalistas extremas, pueden provocar altercados e incluso víctimas. Así la escalada conflictiva se comienza a extender en el resto de la sociedad, que se posiciona de uno u otro bando. El extremismo consigue dividir a toda la sociedad entonces.

¿Qué hacer entonces si el conflicto ya se está produciendo? ¿Cómo actuar? En las sociedades democráticas, donde las leyes  son el reflejo de los deseos de las sociedades manifestados a través de sus representantes legítimos, no cabe otra opción que el imperio de la ley. La ley está para defender el Estado de derecho. Si un Estado no es capaz de imponer la ley a través de sus mecanismos constitucionales se puede llegar convertir en un Estado fallido. El Estado tiene la obligación de velar por el cumplimiento de la legalidad y de la seguridad de todos sus ciudadanos.

El futuro

El futuro comienza en el mismo instante en el que se desea resolver el conflicto. Para ello hay que analizar las causas que lo produjeron y hacer un análisis crítico de los errores cometidos para no volver a incurrir en ellos. Nadie que no esté dispuesto a hacer autocrítica de sus errores debería de participar en los proceso de construcción de un futuro en paz.

Un futuro en paz, que parte del acuerdo mediante el diálogo de las partes enfrentadas. Un futuro que en las democracias avanzadas se resuelve mediante la negociación política que conduce a acuerdos duraderos en el tiempo.

En resumen, los tres tiempos señalados constituyen el eje sobre el que basar una negociación para resolver el conflicto en las democracias avanzadas:

  • Aprender de los errores del pasado, para no volver a cometerlos
  • Aplicar la legalidad vigente en el momento actual, para preservar la democracia y el Estado de derecho
  • Comenzar a reformar esa legalidad mediante el acuerdo político para que el conflicto no vuelva a emerger en el futuro.

Javier Jiménez Olmos

25 de septiembre de 2017

COREA DEL NORTE: ¿ALARMA DE GUERRA NUCLEAR?

La guerra de Corea. Historia de un conflicto inacabado

Para que la Guerra Fría tuviera uno de los ingredientes que la caracterizaron faltaba un enfrentamiento indirecto entre los bloques que la protagonizaban, y la ocasión resulto ser Corea. Después de la Segunda Guerra Mundial, Corea quedo dividida en dos zonas controladas, respectivamente, por la Unión Soviética (URSS) y Estados Unidos (EE. UU.). El antiguo protectorado japonés tenía dos dictadores patrocinados, uno en cada zona, Kim il Sung en el norte comunista y Rhee en el sur capitalista. A pesar de algunos intentos de conciliación por parte de las potencias, la situación se volvió insostenible y los incidentes se sucedían de manera continua entre ambos bandos.

Los comunistas tenían muchos partidarios en el Sur, por lo que Rhee no quería que participaran en procesos electorales ya que podían restarle votos o hacerle perder las elecciones; por ello, decidió boicotear las de 1949. El norte tuvo así su excusa para invadir el sur el 25 de junio de 1950: defender a sus perseguidos correligionarios. Para resolver la situación se reunió el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que aprobó el envío de “cascos azules”. La URSS se había retirado meses antes de la organización cuando ésta impidió la incorporación de China comunista. La Resolución fue la 82 de 25 de Junio de 1950, aprobada por nueve votos a favor, ninguno en contra y una abstención, la de Yugoslavia.

Se trataba de una excelente ocasión para que los Estados Unidos hicieran una demostración de fuerza con todas las bendiciones legales. El general MacArthur, héroe de la Guerra Mundial y gobernador del derrotado Japón, fue nombrado comandante de la fuerza multinacional. La operación no resultó tan sencilla, los coreanos del norte contaron con la ayuda de sofisticado armamento soviético y un numerosísimo ejército de soldados chinos en el campo de batalla. MacArthur que veía en peligro la situación militar promovió el empleo del arma nuclear; Truman lo destituyó al considerarlo un riesgo que podía llevar a un enfrentamiento directo con China y la URSS.

Ninguna de las dos superpotencias estaba interesada en tal enfrentamiento directo. Por ello, optaron por la salida negociada y la formalización de división existente antes del conflicto, es decir, dos estados independientes gobernados por los mismos dictadores que antes empezar la guerra. La paz se vio favorecida por las circunstancias: la muerte de Stalin y la toma de posesión de Eisenhower como nuevo Presidente de los Estados Unidos. El armisticio se firmó pocos meses después de estos acontecimientos, el 27 de julio de 1953. Corea quedó dividida en dos Estados, separados por el paralelo 38.

La guerra de Corea, había resultado inútil desde el punto de vista político; sin embargo, ambos bandos sacaron sus conclusiones. La primera, la imposibilidad, por lo absurdo y lo costoso, de un enfrentamiento directo, porque ninguno estaba dispuesto a usar armas nucleares por miedo a que el otro las usara también. No obstante, percibieron que esta clase de actuaciones bélicas indirectas les proporcionaban otro tipo de beneficios, sobre todo para la industria militar convencional un poco paraliza desde el final de la Guerra Mundial. Finalmente, tanto un bando como el otro pudieron sacar al mercado sus nuevos tanques, piezas de artillería y aviones; fue como una feria donde los expositores enseñaron al mundo lo que debían hacer para defenderse de sus enemigos.

Esta guerra no fue una muestra de seguridad colectiva, si por este concepto entendemos el contenido en la Carta de Naciones Unidas resumido de la forma “todos contra el agresor”. El agresor o invasor, en este caso Corea del Norte fue armado y defendido por la Unión Soviética  y China, que también eran miembros del Consejo de Seguridad. Este órgano de Naciones Unidas fue durante toda la Guerra Fría una demostración de que en ese periodo la única legalidad internacional vigente era el “equilibrio del terror”, provocado por la mutua destrucción asegurada si se empleaban los arsenales atómicos que poseían chinos, soviéticos y norteamericanos.

La crisis de los misiles norcoreanos

La exhibición militarista del régimen norcoreano con sus ensayos de misiles de largo alcance y pruebas nucleares están provocando alarma en la comunidad internacional y principalmente en los países vecinos de Corea del Sur y Japón. Estados Unidos, principal aliado y protector militar de ambas naciones, ha mostrado su gran preocupación por esta escalada armamentística norcoreana. La respuesta a las provocaciones norcoreanas ha sido la de efectuar grandes maniobras militares conjuntas con las fuerzas surcoreanas, lo que ha añadido más incertidumbre a la escalada, y las sanciones económicas aprobadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Sobre esta crisis Estados Unidos-Corea del Norte se pueden hacer tres  consideraciones iniciales

  • Si siempre es difícil predecir que puede suceder en un cualquier conflicto, en este caso lo es más aún dada la personalidad de los líderes de las partes enfrentadas. Kin Jong-Um es un dictador acorralado y por tanto, peligroso. Donald Trump lidera una democracia pero su verborrea incontinente produce desasosiego y temor. El primero no tiene oposición, al menos que se conozca y, por consiguiente, dispone de plenos poderes. En cambio Trump no siempre puede traducir en hechos los dictados de sus impulsos, los instrumentos de la democracia norteamericana se lo impiden, incluso es tantas veces matizado y rectificado por sus inmediatos colaboradores.
  • Las informaciones sobre Corea del Norte hay que ponerlas en cuarentena, tanto las que se emiten desde ese mismo Estado, como las que proporcionan los llamados servicios secretos de terceros países y muy especialmente los norteamericanos. La experiencia reciente y pasada nos dice que se pueden difundir falsas realidades para servir a los intereses del momento. Recordemos las bravatas de Sadam Husein sobre sus grandes poderes militares y también las falsas o erróneas informaciones que proporcionaron servicios secretos occidentales sobre sus armas de destrucción masiva
  • Según el SIPRI, el poderío nuclear norteamericano es inmensamente superior al de Corea del Norte, 6500 cabezas nucleares frente a 10-20 de Corea del Norte. Además, no está comprobado que los misiles de largo alcance de los que dispone los norcoreanos posean la capacidad para transportarlas y menos aún que estén dotados de los sistemas de precisión convenientes para alcanzar objetivos muy localizados. Por otra parte, es probable que los sistemas de defensa antimisiles norteamericanos los derribaran a los pocos instantes de su lanzamiento.

En resumen, prudencia en los análisis prospectivos ante la personalidad de los líderes y la propaganda sobre la auténtica capacidad militar norcoreana.

Los análisis sobre las soluciones diplomáticas más probables pasan por Pekín. La economía norcoreana es casi totalmente dependiente de China, el 83% de sus exportaciones y el 85 % de sus importaciones. Es decir, sin el apoyo chino Corea del Norte se arruinaría. China, por esa razón y por ser la potencia mayor en la región Asia-Pacifico, es el actor de mayor relevancia para encontrar un arreglo pacífico en este conflicto. El líder chino Xi Jimping parece más dispuesto a promover  acuerdos sensatos a través de una diplomacia responsable. Bien es sabido que a China no le interesa la unificación de las dos coreas, porque eso significaría entregar a los Estados Unidos una gran ventaja en la región (es de suponer que esa posible unificación sería en favor del régimen surcoreano, pro norteamericano). Pero a los mandatarios chinos no les interesa una escalada de “bravatas” de los líderes norcoreano y norteamericano. Sencillamente China no quiere guerras imprevisibles, prefiere continuar con su política de soft power, que tan buenos resultados le está dando, y que le permite seguir aumentando su capacidad militar por si fuera el caso de sentirse amenazada en sus grandes intereses dentro de su área de influencia en la región Asia-Pacífico.

Otro gran actor es la propia Corea del Sur, que sería la más perjudicada en caso de un conflicto armado con sus vecinos. Conviene recordar que la capital del Norte, Pionyang está tan sólo a 195 kilómetros de la del sur, Seúl; y que esta solo se encuentra unos pocos kilómetros del paralelo 38, frontera de los dos países. El recién elegido presidente surcoreano, Moon Jae-in es un hombre que aboga por las relaciones pacíficas entre ambos países y ha solicitado al presidente norteamericano que disminuya la intensidad de sus declaraciones a favor de soluciones negociadas. Además los coreanos del sur no verían con buenos un ataque norteamericano que pudiera involucrarlos en una peligrosa guerra contra sus hermanos del norte (conviene recordar que en este país dividido existen fuertes lazos familiares separados por una frontera artificial).

Japón, el otro gran protagonista regional, también se vería involucrado en un batalla en la que tiene poco que ganar. Un conflicto que perjudicaría a su economía, no digamos si se produjera algún ataque nuclear, en cuyo caso la repercusión directa sobre su población sería catastrófica.

Tampoco le interesa la confrontación a los emergentes de la región Japón e India, ni a ninguno de los países del sureste asiático. Australia siempre ha seguido la política norteamericana pero, en este caso, no sería tampoco conveniente para sus intereses apoyar una guerra en la región. Europa se mantiene al margen, aunque la canciller Angela Merkel ya ha manifestado su contrariedad y aboga por las soluciones diplomáticas. La OTAN se vería comprometida si los Estados Unidos son atacados, por lo que sus miembros deberán ser muy prudentes para que la escalada no llegue a conflicto armado.

Sí es muy probable que la crisis sea de larga duración, sin soluciones definitivas, a la espera que el régimen de Pionyang se debilite y se transforme o desaparezca; las decisiones de China serán fundamentales para que suceda alguna de estas posibilidades.

A nadie le conviene una guerra, y menos una guerra nuclear; no obstante, como se ha dicho al principio, la personalidad de los líderes contendientes es imprevisible. Por tanto, habrá que confiar en la diplomacia y las sanciones para aplacar la agresividad de Kin Jong-Um, y en los poderes de la democracia norteamericana para contener los impulsos de su Presidente.

Javier Jiménez Olmos

4 de septiembre de 2017

EDUCACIÓN PARA LA PAZ

Comienza el nuevo curso escolar, muchas ilusiones y esperanzas, preocupación por la educación de las nuevas generaciones. Y, como siempre, el debate sobre el sistema educativo. Todavía no hay consenso en España sobre el modelo a seguir, esperemos que alguna vez se logre.

No cabe duda que la complejidad de elaborar un modelo educativo que satisfaga a toda la sociedad es difícil pero, al menos, se trata de intentarlo y para ello hace falta mucho diálogo abierto y respetuoso.

En ese debate sobre los programas educativos sería muy importante tener en cuenta la educación para la paz. En estos tiempos que reaparecen movimientos intolerantes, agresivos y violentos, convendría educar para la convivencia pacífica entre los seres humanos.

Los conflictos son una constante entre los seres humanos. Siempre han existido y existirán contradicciones por la no coincidencia de los objetivos a alcanzar entre las personas, organizaciones o estados. El conflicto es algo natural. Educar para resolverlos de un modo pacífico debería de ser una asignatura fundamental.

En la educación influyen la cultura adquirida y las pautas de comportamiento. Por tanto, sería primordial revisar la cultura que distingue entre el “nosotros y ellos”, tantas veces en transformada en “dios y satanás”. Y además educar para adquirir pautas de comportamiento respetuosas y dialogantes para quienes entran en conflicto con nuestros objetivos.

Se trata de educar para la cultura de paz en lugar fomentar la cultura de confrontación, que puede llegar a la violencia, el terrorismo o la guerra. Nos hemos educado en una historia de batallas y guerras ganadas, de conquistas militares, de héroes guerreros. Las ciudades del mundo, incluidas las más civilizadas y democráticas, están llenas de monumentos dedicados a victorias militares. Y se sigue odiando y matando en nombre del dios en el que se cree.

Es la cultura de guerra, el choque de civilizaciones para perpetuar la guerra tal y como George Orwell escribió en su obra de ficción 1984 (tan actual, y de tan recomendable lectura) “la guerra no está para ganarla sino para perpetuarla”, así se asegura el poder y el beneficio que genera.

Para resolver el conflicto mediante el diálogo es necesario el conocimiento que se adquiere a través de la educación, la buena educación. La ignorancia es uno de los factores claves para perpetuar los conflictos. El antídoto contra la ignorancia es el conocimiento que proporciona la educación.

El conocimiento conduce al respeto que lleva al diálogo y al acuerdo. La educación para la diversidad, la multiculturalidad, la tolerancia y la comprensión:

  • Educar en valores y derechos humanos: ninguna ley, ninguna ideología, ninguna cultura o religión pueden vulnerar los derechos humanos contemplados en la Declaración Universal de los Derechos de las Naciones Unidas
  • Educar para debatir, para crear un espíritu crítico capaz de revisar cualquier criterio por inmutable que parezca, para discutir las imposiciones ideológicas, religiosas o de cualquier otro tipo.
  • Educar para la comprensión de los conflictos: sus causas y sus consecuencias como mejor manera para comenzar a resolverlos.
  • Educar para afrontar las crisis sin rechazos xenófobos, racistas o sexista.
  • Educar en suma para la seguridad humana y para la paz.

Cultura de paz es un conjunto de:

  • Valores
  • Actitudes
  • Tradiciones
  • Comportamientos
  • Estilos de vida

Basados en:

  • Respeto a la vida, fin de la violencia mediante la educación, diálogo y cooperación
  • Respeto y promoción de los derechos humanos y libertades fundamentales
  • Compromiso de arreglo pacífico de los conflictos
  • Respeto e igualdad entre hombre y mujeres

Es necesaria voluntad política, social, de educadores, de medios y de familias

La educación es el motor de la evolución social, por tanto hay que educar para la paz

Hay que fomentar proyectos de cultura de paz tanto a nivel, local, autonómico, nacional e internacional

SI QUIERES LA PAZ EDÚCATE Y EDUCA PARA LA PAZ

Javier Jiménez Olmos

3 de septiembre de 2017

SIETE REFLEXIONES SOBRE EL TERRORISMO

Estos días de tanto desasosiego, como consecuencia de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils, quisiera compartir algunas reflexiones personales.

Los atentados terroristas, como cualquier otro tipo de violencia, alteran siempre nuestra vida y nuestras emociones. Nadie con un mínimo de sensibilidad humana permanece impasible ante la injusticia de la violencia de unos seres humanos contra otros.

Lo primero y principal es pensar en las víctimas directas, los fallecidos y los heridos, en sus familias y amigos. Pero la barbarie no acaba en ellos, los ideólogos del terrorismo lo saben muy bien, sus planes no terminan con los muertos y heridos, saben que van a producir miedo y desestabilización, y lo hacen a través de una propaganda de  la que inocentemente muchos participan.

Los ideólogos del terrorismo saben que la emotividad producirá reacciones irreflexivas que contribuirán a la espiral del odio. Todos comenzamos  ser víctimas, no de la violencia directa sino de nuestra violencia interna, de  nuestros deseos de venganza, de nuestro rechazo al diferente, al que, injustamente, identificamos con el mal.  También son víctimas las personas de la misma comunidad a la que pertenecen los asesinos, se siente culpabilizados y estigmatizados.

Las redes sociales se han convertido en transmisoras de mensajes xenófobos, racistas e islamófobos. Es posible que algunas personas que los difunden lo hagan de una manera irreflexiva,  llevados  por la emotividad del momento que desata pensamientos que no se tendrían en circunstancias normales o quizás se dejen influenciar por los manipuladores que sí saben muy bien lo que pretenden. Para ello conviene analizar la procedencia e intención de los mensajes que recibimos.

Ante tanta barbaridad que he escuchado y leído estos días me “rebelo democráticamente” y expongo estas mis ideas:

  • No utilizar a las víctimas para intereses partidistas políticos o de otro tipo, es injusto y perverso. Es vergonzoso aprovecharse de las víctimas para manifestar reivindicaciones sectarias o insultar a los que no apoyan esas reivindicaciones.
  • Confiar en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (aquí incluyo a las policías autonómicas y locales). Criticar sus actuaciones en estos momentos es dar ventaja a los terroristas.
  • La seguridad, y menos la ligada al terrorismo, no se puede discutir en público (radio, TV u otros medios). Es un asunto del que dependen vidas humanas y debe ser tratado por expertos profesionales. No es asunto para espectáculos o primicias informativas.
  • Finalizadas todas las investigaciones, por los cauces democráticos establecidos por la legalidad vigente, sí se deberán hacer públicos las conclusiones y las enseñanzas aprendidas (siempre que esta no vayan a servir para que los terroristas también puedan aprender).
  • Una vez se dispongan las conclusiones definitivas, sí será el momento de exigir responsabilidades, si fuera el caso, por las negligencias o fallos procedimentales.
  • La libertad que nos proporciona nuestra democracia es sobre todo un acto de responsabilidad, y la responsabilidad de los demócratas es no hacer el juego al terrorismo con prejuicios o valoraciones sectarias.
  • En resumen, prudencia y paciencia. Los fenómenos complejos, como el terrorista, requieren de un análisis sereno para resolverlos. No hay soluciones fáciles y menos inmediatas.

Javier Jiménez Olmos

29 de agosto 2017

 

Atentados terroristas en Barcelona y Cambrils

Estimados lectores: les adjunto la entrevista, con el autor de este blog, publicada en el el digital HOY Aragón, en la que se aborda el fenómeno terrorista como consecuencia de los atentados de Barcelona y Cambrils el pasado 17 de agosto de 2016

http://www.hoyaragon.es/2017/08/17/considero-a-muchos-yihadistas-unos-pobres-desgraciados-unas-pobres-victimas-manipuladas/