Día: marzo 8, 2014

11 de marzo de 2004. España objetivo del terror

tren-11-mEl jueves 11 de marzo de 2004 residía en Italia por motivos profesionales. Trabajaba en una organización multinacional. Recuerdo perfectamente que sobre las nueve de la mañana un compañero italiano vino a mi despacho a comunicarme que la CNN estaba informando que en Madrid habían tenido lugar varios atentados dentro de trenes repletos de personas que acudían a sus trabajos a primera hora de la mañana. Mi reacción instantánea fue la de indignación y la de proferir insultos contra ETA. Mi compañero me preguntó “¿estás seguro de que ha sido ETA?” Aquella pregunta me sorprendió, aunque con total seguridad le respondí “¿y quién si no va a ser?”

Me dirigí al lugar donde se encontraba la televisión para ver y escuchar lo que decía la CNN al tiempo que hacía unas llamadas a España para interesarme por lo que estaba sucediendo. Conforme pasaba la mañana, compañeros de otras nacionalidades en mi trabajo acudían a mi despacho para interesarse por las víctimas y a expresarme su solidaridad. Todos me hablaban de un atentado de terroristas ligados a Al Qaeda

Después de la comida teníamos una reunión diaria donde se trataban asuntos relacionados con nuestro trabajo, y en la que los expertos y responsable de cada área explicaban los planes diarios, las operaciones en curso y los detalles más importantes de la actualidad internacional que pudiera tener consecuencias para nuestro trabajo.

Por supuesto, el tema estrella del día fueron los terribles atentados de Madrid. Un compañero alemán fue el encargado de tratar en profundidad los ataques terroristas en España. Fue tajante y rotundo, en ningún momento mencionó a ETA como responsable de los atentados, cuya autoría atribuyó sin dudarlo a grupos relacionados con Al Qaeda. Ya durante toda la mañana otros compañeros me habían insistido en la misma idea, sin llegar a convencerme.

Muy avanzada la tarde, cuando llegué a mi casa comencé a ver y escuchar noticias de distintos canales internacionales, BBC, CNN, RAI, TV5 y otros, todos sin excepción daban la autoría de la masacre a terroristas relacionados con Al Qaeda. Acusación sostenida en días posteriores, cada vez con más fuerza.

11-MMientras tanto, a través de los medios de difusión españoles y de mis contactos telefónicos con España sentía la sensación de una norme confusión y un inmenso debate politizado, sobre todo, porque las elecciones generales se celebraban tres días después de los atentados. Muchos ciudadanos pudieron votar influenciados emocionalmente por estos terribles acontecimientos, como afirmaron repetidamente algunos miembros del gobierno y el propio presidente D. José María Aznar. No fue mi caso, como residente en el extranjero, voté once días antes de los atentados, concretamente el 28 de febrero del 2004.

He querido hacer esta expresión de vivencias personales de ese fatídico 11 de marzo de 2004 porque pueden servir de testimonio y de introducción para explicar unos de hechos han podido tener más influencia en la historia de de España más reciente. Los atentados de 11-M no fueron una casualidad, ni una improvisación, fueron el fruto de unas circunstancias nacionales e internacionales que provocaron que España se encontrará en el punto de mira del terrorismo internacional.

Las fuerzas de seguridad y la justicia española actuaron con diligencia deteniendo, juzgando y condenando a los culpables de la masacre. Ninguno de los acusados fue detenido más del tiempo necesario, tampoco fueron recluidos en cárceles especiales ni se les aplicó ningún tipo de tortura. No obstante las teorías conspiratorias, que sembraban dudas sobre los responsables de los atentados, nadie ha podido demostrar que los autores no fueran otros que los condenados con pruebas contundentes en juicio con todas las garantías de un Estado democrático de derecho.

Caben ciertas dudas de si el atentado se hubiera producido de no haber tenido España una participación tan significativa en el apoyo a la invasión de Irak. Eso entra dentro de la especulación y no es justo responsabilizar a nadie de lo que hacen unos terrorista por tomar decisiones políticas, por muy desacertadas o inoportunas que fueran. Pero lo cierto es que  el 10 de diciembre de 2003, el Jeque Yousef al-Ayiri (ya fallecido, entonces jefe de Al Qaeda en Arabia Saudí) manifestó:

“[…] por ello decimos que, para forzar al gobierno español a retirarse de Irak, la resistencia debe proporcionar potentes golpes a sus fuerzas. Esto debe estar acompañado con una campaña de información declarando la verdad de los asuntos de Irak. Es necesario hacer el mayor uso de las próximas elecciones generales en España en marzo de 2004. Creemos que el gobierno español no toleraría más de dos golpes, máximo tres, después de los cuales tendría que retirarse debido a la presión popular. Si sus tropas aún permanecen en Irak después de estos atentados, entonces la victoria del partido Socialista es casi segura, y la retirada de las fuerzas españolas estará en su programa electoral[1].”

Y que el 13 de marzo de 2004, Abu Dujan al-Afghani, portavoz de Al Qaeda en Europa, asumía la autoría de los atentados del 11 de marzo en Madrid en un comunicado que decía:

“Declaramos nuestra responsabilidad por lo ocurrido en Madrid hace exactamente dos años y medio después de los ataques sobre Nueva York y Washington. Es una respuesta por su colaboración con el criminal Bush y sus aliados[2].”

El gobierno del señor Aznar tomó la decisión de apoyar al presidente de los Estados Unidos, George Bush, para invadir Irak, a pesar de que la opinión pública española no era favorable, incluso entre los electores del partido del Gobierno, aunque sí obtuvo la aprobación del Parlamento, donde disponía de mayoría absoluta.

Apoyo a la intervención en Irak (%)

Sin resolución de la ONU

Con resolución de la ONU

En contra

89,8

77,5

A favor

3,6

14,8

Ns/Nc

6,6

7,7

Fuente: Encuesta GALLUP: «Intervención en Irak» (febrero de 2003).

En cambio, la opinión pública española aplaudió mayoritariamente la retirada de las tropas españolas de Irak.

 Retirada de las tropas de Irak (%)

Muy de acuerdo

48

De acuerdo

30

En desacuerdo

14

Muy en desacuerdo

5

NS/NC

3

Fuente: Barómetro Elcano. Mayo de 2004.

En las elecciones celebradas tres días después de la matanza, el 14 de marzo de 2004, el Partido Popular perdió las elecciones. El debate sobre las causas de esta derrota todavía perdura. Varías son las teorías al respecto. La primera y más simple, es el desgaste sufrido por ocho años de gobierno; la segunda, el castigo al Gobierno por su apoyo a la guerra de Irak; la tercera, el miedo a sufrir nuevos atentados a causa del alineamiento con Estados Unidos; y la última, la gestión de la crisis sobre los atentados en la que muchos españoles tuvieron la sensación de una manipulación informativa para ocultar la verdadera autoría de la masacre. Posiblemente, hubo un poco de cada una.

Han pasado diez años y ninguna de las excusas que se argumentaron para invadir Irak se han demostrado ciertas: no se encontraron armas de destrucción masiva, ni ligazón del terrorismo de Al Qaeda con el régimen de Sadam Hussein, ni se ha conseguido implantar un régimen democrático estable en Irak. Hay quienes sostienen que la legalidad internacional fue tan vulnerada con la invasión de Irak que los responsables de tal decisión deberían de ser juzgados por los tribunales internacionales competentes.

¿Han sido eficaces las intervenciones militares en Afganistán e Irak? A pesar de algunas voces triunfalistas, las invasiones militares de esos países no han conseguido el propósito que perseguían, los hechos son tan evidentes que pueden constatarse en cualquier medio de comunicación: la inestabilidad, el terrorismo, la falta de respeto a los derechos humanos y la pobreza siguen siendo una constante diaria. Las personas de esos países viven casi a diario su 11-M.

Los atentados del 11-M tienen lugar en un contexto mundial en el que estaban presentes las guerras de Afganistán e de Irak,  continuaba sin solución el conflicto árabe-israelí y estaba muy presente los atentados del 11-S en Nueva York y Washington. Las relaciones entre musulmanes y occidentales parecían encaminarse hacia el “choque de civilizaciones”.

España se alineó con las tesis norteamericanas  de invadir Irak y, seguramente por eso, paso a ser objetivo prioritario del terrorismo yihadista.  Después de las elecciones del 14 de marzo de 2014, el nuevo gobierno se desmarcó del unilateralismo norteamericano, retiró las tropas de Irak y con su presidente José Luis Rodríguez Zapatero al frente propuso en las Naciones Unidas una forma de recuperar el entendimiento con el mundo musulmán a través de la Alianza de Civilizaciones.images

Nota.- Sobre el uso del poder militar después del 11-S, las guerras de Afganistán e Irak, la eficacia de la “guerra al terror” y la Alianza de Civilizaciones, pueden encontrar información en otros trabajos publicados a continuación en este blog.

Todos estos artículos están más argumentados y documentados en mis libros: Del choque a la alianza de civilizaciones (Icaria, 2012) y Seguridad internacional. Del poder militar a la seguridad humana (Mira Editores, 2013)

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segur inter

Javier Jiménez Olmos

11 de marzo de 2014


[1] Citado por Berner, B. (2006), El mundo según Al Qaeda, Madrid, Popular, p. 10. 

[2] Ibíd., p. 64.

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EL USO DEL PODER FUERTE DESPUÉS DEL 11-S

images (6)Si cuantificamos la devastación producida con un atentado terrorista, incluso los de mayor número de víctimas, como el del 11-S, nada es comparable con el desastre de una guerra. Combatir el terrorismo con acciones militares clásicas tiene sus riesgos. En primer lugar las víctimas “colaterales”. Se debe tener especial cuidado con la planificación y ejecución de acciones antiterroristas con fuerzas militares, porque a pesar de todos los cuidados casi siempre se producen víctimas inocentes. El empleo de los ejércitos convencionales en la lucha contra terrorista debe tener bien definido el límite de la legalidad para no convertirse en terrorismo de Estado. En segundo lugar estas acciones, con víctimas inocentes, son utilizadas por los terroristas para fomentar el odio y reclutar más adeptos a su causa.

Bajo la óptica social, la utilización de una fuerza desproporcionada crea mártires; no sólo los presuntos terroristas, sino las victimas colaterales inocentes. Los afectados, sus afines y la opinión pública general se ponen de parte de las víctimas inocentes. El resultado es más odio y, como consecuencia, más violencia.

También se debe discutir la eficacia del empleo de las fuerzas armadas en la lucha directa contra el terrorismo. Desde el punto de vista económico se emplean costosísimos y sofisticadísimos armamentos que resultan no ser tan eficaces. ¿Cómo se pueden detener los ataques suicidas indiscriminados? La alternativa de la cooperación  al desarrollo, por una parte, y  la información e inteligencia, por otra,  podrían lograr mejores resultados en la lucha contra el terrorismo.

¿Qué arma se puede utilizar contra el fanatismo ideológico o religioso? A las ideas se les combate con mejores ideas que deben ir acompañadas de los hechos. Para capturar terroristas o averiguar los centros ideológicos son necesarios, sobre todo, información e inteligencia. Si la amenaza terrorista no es de carácter militar, ¿por qué emplear los ejércitos convencionales para combatirlo? ¿Cómo se combate el ciberterrorismo, a un terrorista suicida, o al secuestrador de un avión?

Las experiencias recientes no demuestran que el terrorismo se debilite con invasiones militares, ataques preventivos o bombardeos selectivos. Más bien todo lo contrario, como se puede deducir del cuadro, que refleja la situación mundial en cuanto a atentados y víctimas del terrorismo y una comparación con lo que sucedió en Irak en fechas posteriores a la invasión.

Atentados

Mundo

Irak

Año

Atentados

Muertes

Atentados

% sobre atentados en el mundo

Muertes

1998

1.286

2.172

2001

1.732

4.571

2003

1.899

2.349

147

8%

539

2006

6.659

12.070

3.968

60%

9.497

Fuente: MIPT Terrorism Knowlegde Base

En todo caso el empleo de los ejércitos en la lucha antiterrorista puede conseguir efectos momentáneos de paralización del fenómeno, pero también sirve de excusa para que se extienda el fanatismo y pueda seguir actuando con mayor virulencia. Ha sido el caso del Ejército británico ocupando Irlanda del Norte, los israelíes con sus ataques “selectivos” contra objetivos considerados terroristas, y el de los EE. UU. y sus aliados con las invasiones de Irak y Afganistán

images (5)Desde el atentado del 11-S se han producido reacciones importantes en la lucha contra el terrorismo por parte de la comunidad internacional y muy especialmente por parte de los EE. UU. La discusión al respecto trata de averiguar si esas reacciones han sido las adecuadas para combatir el terrorismo internacional. Los Estados y las organizaciones internacionales deberán reflexionar sobre sus decisiones de emplear indiscriminadamente fuerzas armadas convencionales para combatir el terrorismo. El camino no es la precipitación, la “hoja de ruta” debe ser muy meditada y estudiada, con la elaboración y puesta en acción de una estrategia mundial consensuada, adecuada a la moralidad, la ética, el derecho internacional y el respeto a los derechos humanos.

Previamente al 11-S, la brecha entre EE. UU. y Occidente con el mundo musulmán se agrandaba a causa de la parcialidad norteamericana a favor del Estado de  Israel. El deterioro de las relaciones se agravó con el apoyo a Ariel Sharon, primer ministro israelí; por tanto, no es casualidad que Al Qaeda aprovechara la oportunidad para reavivar el antioccidentalismo en las filas musulmanas con la “Declaración de guerra contra los cruzados y judíos”. En agosto de 2001 el diario londinense Al Quds recibió un comunicado de Bin Laden en el que anunciaba próximos ataques contra EE. UU.

Los atentados del 11-S en Nueva York y Washington lo cometieron personas cultas, de clase media, buenos trabajadores y estudiantes, con familias o novias, que acumulaban la suficiente cantidad de odio como para cometer semejante atrocidad que también acabó con sus propias vidas. El atentado no hubiera sido posible sin una base de adiestramiento, financiación, comunicación y un altísimo grado de motivación.

Con el 11-S, Norteamérica se dio cuenta de su vulnerabilidad, de que el problema no era tanto la defensa de Occidente como la de su propio territorio; al mismo tiempo le proporcionó argumento para reafirmar su presencia militar en el mundo, principalmente en el Golfo Pérsico y Asia Central.

El atentado del 11-S fue el más mediático de todos los tiempos, realizado con el fin de atemorizar a Occidente y movilizar adeptos; con él reanimaron la conciencia de los grupos extremistas tal como ya lo habían hecho en el pasado otros grupos terroristas como las Brigadas Rojas italianas. Los atentados del 11-S se llevaron a cabo dentro de un contexto antiamericano motivado por el embargo y los bombardeos a Irak -que ya realizaban sistemáticamente antes de la invasión del marzo de 2003-, el desarrollo del conflicto palestino, y el apoyo incondicional a Israel por parte del gobierno Bush. Los atentados cumplían el propósito de provocar represión que causaría “daños colaterales”, y por lo tanto catalizar el odio a Occidente.

images (7)El 11-S desencadenó la emotividad en el lado occidental; George W. Bush hablaba de “la lucha del Bien contra el Mal” interpretada como cruzada contra el fanatismo y respuesta al choque de civilizaciones. La operación “Libertad duradera” para la invasión de Afganistán contó con el respaldo internacional y el apoyo de la OTAN por la invocación al Art. V[1], los miembros de la Asociación para la Paz también se sumaron a la iniciativa. En el discurso de 29 de enero de 2002 sobre el Estado de la Nación, el presidente Bush declara la guerra contra el terror y nomina el “eje del mal” conformado por Irán, Irak y Corea del Norte.

En el discurso pronunciado por George W. Bush el 7 de octubre de 2001 anuncia la operación “Libertad Duradera” para la lucha contra el terrorismo, liberar al pueblo de Afganistán y luchar por la libertad. El discurso finaliza con un deseo: “Quiera Dios seguir bendiciendo a América”. Ese mismo día Bin Laden también mencionaba a Dios en una de sus proclamas: “Juro por Dios que América no vivirá en paz hasta que la paz reine en Palestina y hasta que todos los ejércitos de los infieles no salgan de la tierra de Mahoma, la paz será con él. Dios es el más grande y gloria del Islam”.

El Presidente del Gobierno de España, José M. Aznar, en un discurso también pronunciado el 7 de octubre se adhería a la posición norteamericana, con los mismos argumentos, aunque sin mencionar ni una sola vez el nombre de Dios. John Le Carre le pedía a Bush: “dejen a Dios al margen de esto” y significaba que si Dios existiera preferiría que se enviaran alimentos y equipos médicos, se fomentara el desarrollo y se tuviera menos codicia y arrogancia.

La invasión de Afganistán tuvo no sólo el apoyo de la comunidad internacional sino también un soporte legal en el que ampararse. El 12 de septiembre de 2001 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1368 en la que se declaraba la disposición para adoptar todas las medidas necesarias para responder a los ataques terroristas.

Sin embargo, la respuesta militar es discutible si se considera que no hubo ataque armado por parte del régimen talibán, o también si se considera que la respuesta militar de invadir Afganistán fue proporcionada. Por tanto, se hizo una rigurosa interpretación al considerar que los atentados terroristas fueran un ataque armado. En cuanto a si la respuesta fue necesaria cabe preguntarse si no se podrían haber usado otros medios para conseguir los objetivos de combatir a Al Qaeda distintos del uso de los ejércitos y la consiguiente invasión militar.

Respecto de la proporcionalidad se puede argumentar que la amplitud de la actuación militar fue muy superior a lo necesario, es posible que se hubieran podido desarrollar las operaciones militares sin haber materializado la invasión, y también es criticable la desproporción de ciertas operaciones puntuales que provocaron víctimas inocentes.

Sí que cumplieron con el deber de informar ya que los representantes americanos y británicos lo hicieron el 7 de octubre de 2001 con una carta al presidente del Consejo de Seguridad explicando las razones por las cuales ejercitaban el derecho de legítima defensa; el Consejo avaló la iniciativa. En resumen la legalidad de la invasión de Afganistán, aunque discutible, fue respaldada por el Consejo de Seguridad y la Fuerza Internacional de Asistencia fue autorizada también por el Consejo de Seguridad amparándose en el Capítulo VII de la Carta. No obstante cabría preguntarse si todas estas decisiones de amparo legal, además de discutibles hubieran sido tan consensuadas de no ser por la emotividad que produjeron los atentados del 11-S.

El 11-S alteró la ayuda al desarrollo al priorizar la seguridad por encima de cualquier otro objetivo; está ayuda se comenzó a prestar en función del interés geoestratégico en la lucha contra el terrorismo, fueron los casos de Afganistán, Pakistán y Turquía.

Los atentados del 11-S desataron una “guerra global contra el terrorismo” que comenzó con el ataque a Afganistán, con el apoyo casi unánime de la comunidad internacional y el respaldo de las Naciones Unidas, y continuó con la guerra de Irak que ya no contó con el respaldo internacional ni con el consentimiento de la ONU.

Tras los atentados el gobierno de Bush optó por seguir una política unilateralista al considerarse potencia agredida.  El presidente Bush se opuso al Tribunal penal Internacional y prefirió confiar en los tribunales militares que vulneraban el Derecho Internacional, se negó a firmar la convención contra armas biológicas, anuló el Tratado ABM,  y se negó a cancelar el proyecto de “escudo antimisiles”. El 11-S provocó la incertidumbre de la imposibilidad de identificar al enemigo y por lo tanto el nivel de amenaza. Esta incertidumbre condujo a la militarización de la seguridad con la proyección del poder militar al exterior, y también a la colaboración con otros estados en materia de información y control de finanzas sospechosas de apoyar las actividades terroristas.


[1] “Las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudar a la Parte o Partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte. Cualquier ataque armado de esta naturaleza y todas las medidas adoptadas en consecuencia serán inmediatamente puestas en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las disposiciones necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales”.

Javier Jiménez Olmos

11 de marzo de 2014

LA GUERRA DE AFGANISTÁN

Antecedentes

A finales de los setenta, el gobierno de la Unión Soviética estaba  preocupado por la revolución iraní y su influencia en las repúblicas soviéticas de mayoría musulmana de Asia Central. Temía que el contagio islamista se extendiera primero a Afganistán y de allí a sus repúblicas. Afganistán estaba dentro de la órbita soviética desde 1973 y se practicaba una política contra los islamistas. Pero los resultados de la influencia soviética no se veían reflejados en la economía, lo que provocaba el descontento entre la población y la oposición de los islamistas. En 1978 la oposición armada era generalizada en todo el territorio afgano y estaba principalmente liderada por grupos ligados al islamismo radical. En septiembre de 1979 el primer ministro Amín asesinó al presidente Taraki, que era, además el líder del partido Popular Marxista. La KGB temía que Amín abandonara la órbita de Moscú y estableciera un régimen islamista parecido al del vecino Irán. Ante tales perspectivas, los soviéticos decidieron intervenir militarmente.

images (5)El 24 de diciembre de 1979 las tropas soviéticas comenzaban la invasión de Afganistán; el presidente Amín fue asesinado –presuntamente por un comando de la KGB- y colocaron en el poder al miembro de la etnia parcham, Babrak Karmal. A partir de entonces una gran parte del ejército afgano se unió a las guerrillas muyahidines para combatir a las fuerzas invasoras. Los EE.UU. y algunos países musulmanes proporcionaron ayuda militar a esas guerrillas. Por las características del terreno y la complejidad de la operación el ejército soviético no pudo vencer a la resistencia. El 15 de abril de 1988 comenzaron la retirada de Afganistán ante las continuas bajas que les infligían las cada vez más preparadas y abastecidas guerrillas. La retirada se completa el 5 de febrero de 1989 y dejan al frente del gobierno al pro soviético  Najibullah.

imagesEn septiembre de 1991 los Estados Unidos y la Unión Soviética pactan suspender su apoyo respectivo a guerrilla y Gobierno, aunque Arabia Saudí e Irán continúan apoyando a la guerrilla islamista. En 1992 cae Najibullah y los rebeldes avanzan hacia Kabul; comienza la guerra civil. La Paz de Islamabad en marzo de 1993 no fue suficiente para detener esa guerra civil. El  movimiento talibán aparece el verano de 1994 en la región de Kandahar; se trata de un movimiento islamista suní de estudiantes de teología pertenecientes a la tribu pashtún que se formaron en las escuelas coránicas –madrazas- para transformarse posteriormente en un movimiento político-militar. Apoyados por Pakistán, iniciaron una ofensiva que culminó con la toma de Kandahar el 13 de noviembre de 1994 y de Ghazni el 24 de enero de 1995. La entrada en Kabul se realizó finalmente en septiembre de 1996. Después el movimiento talibán se extiende hacia el oeste y el norte en lucha contra los muyahidines que se agrupaban en la llamada Alianza del Norte.

A finales de 1998 los talibanes controlaban más del noventa por ciento del país, mientras que la parte restante estaba bajo control de la Alianza del Norte liderada por Rabbani cuyo gobierno era reconocido por la ONU, en tanto que Arabia Saudí, Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos reconocían el régimen talibán. Allí donde tuvieron el control los talibanes impusieron las más estrictas leyes en nombre del Corán: lapidación de la mujer en caso de adulterio, amputación de las manos en caso de robo, exclusión de las mujeres de toda actividad pública, e imposición a las mujeres de vestir con el burka. Además destruyeron obras de arte como los Budas de Bamyam y otras obras del periodo preislámico.

images (8)Afganistán fue el refugio de Al Qaeda desde que los talibanes tomaron el poder. El 15 de octubre de 1999, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció en su Resolución 1267 un ultimátum al régimen talibán para entregar a Bin Laden, bajo amenaza de embargo aéreo y sanciones financieras. El 14 de noviembre de ese mismo año finalizó el plazo para la entrega; como no se realizó comenzaron las sanciones. Otra resolución posterior del Consejo de Seguridad, la 1333 de 19 de diciembre de 2000 imponía más sanciones al régimen talibán como el embargo de armas, la incautación de cuentas y la denegación de permisos de viaje. Pakistán, sin embargo, infringía esa resolución, por lo que el 30 de julio de 2001el Consejo de Seguridad de la ONU dictó una nueva resolución 1363 por la que enviaba observadores a la frontera afgano-paquistaní para velar por el cumplimiento del embargo. Los talibanes y los partidos islámicos pakistaníes reaccionaron con dureza y amenazaron con matar a dichos observadores. Ante tales circunstancias la comunidad internacional se mostró partidaria de no continuar con el envío de ayuda a Afganistán, lo que contribuyó a agudizar la crisis económica de ese país. Antes del 11-S, Afganistán era un problema mundial: allí había una guerra civil, la pobreza era lo común, el cultivo de drogas su modo de vida…, y el exilio el precio de los disidentes. A partir de ese día, el conflicto adquirió una dimensión internacional.

images (1)La ya mencionada resolución 1368 legitimó (aunque esta legitimación es discutida) el ataque norteamericano y la posterior invasión de Afganistán. En la Resolución 1373 de 28 de septiembre se reconocía el derecho la  “legítima defensa individual o colectiva”. Sin embargo, el Consejo de Seguridad debería de haber establecido un mandato para señalar los objetivos de la operación y marcar las reglas de enfrentamiento de las acciones militares, lo que claramente no se realizó porque el Consejo dejó este asunto en manos de los Estados Unidos y la coalición ejecutora de las operaciones militares. El Consejo de Seguridad por Resolución 1378 de mismo año apoyó a la coalición para derrocar al régimen existente en ese momento, lo que también sería discutible por tratarse de una estricta interpretación del derecho de injerencia. La Resolución del Consejo de Seguridad 1386 de 2001 autorizó la creación de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) y en la Resolución 1413 de 2002 la autorizaba para adoptar todas las medidas necesarias para cumplir el mandato para el cual fue creada.

Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU para Afganistán

 (solo hasta 2003)

1267

15 octubre 1999

Hace alusión a las resoluciones 1189 de 13 agosto 1998, 1193 de 28 agosto 1998 y 1214 de 8 diciembre 1998.

Reitera vulneración derechos humanos, en particular contra las mujeres. Condena que zonas controladas por talibanes sean refugio de terroristas. Exige entregar a Bin Laden o se aplicarán sanciones a partir 14 noviembre de 1999

1333

19 diciembre 2000

Exige cumplimiento de resol. 1267. decide que todos los estados colaboren en el bloqueo al régimen talibán

1363

30 julio 2001

Establece mecanismo vigilancia por miembros ONU para controlar embargo en zonas limítrofes con Afganistán

1368

12 septiembre 2001

Condena 11-S

Tomar medidas responder ataques terroristas

1373

28 septiembre 2001

Reafirmar derecho legítima defensa

7 octubre 2001 comienza operación Libertad Duradera (Invasión de Afganistán)

1378

14 Noviembre 2001

Apoyo garantizar seguridad

Establecer nueva Administración

1383

6 diciembre 2001

Instar afganos a sumarse proceso resolución 1378

1386

20 diciembre 2001

Creación ISAF para apoyar autoridad provisional Kabul y zonas circundantes

1401

28 marzo 2002

Creación Misión Asistencia ONU (UNAMA)

1413

23 mayo 2002

Autoriza uso fuerza para apoyar resolución 1386

1419

26 junio 2002

Insta a la comunidad internacional a proseguir apoyo a misión en Afganistán

1453

24 diciembre 2002

Reconoce Administración de Transición como único Gobierno legítimo

1510

13 octubre 2003

Autoriza seguridad fuera de Kabul y alrededores

Balance de la intervención

Hay quienes consideran que estamos hoy más seguros que hace diez años y que la democracia y la prosperidad se han expandido por el mundo y a ello ha contribuido la sociedad internacional al implicarse en Afganistán. Los que lo creen así argumentan que en estos años se ha conseguido un país con una constitución democrática, con libertad de expresión e incremento de los derechos de la mujer; se han celebrado dos elecciones libres al parlamento, han regresado cinco millones de refugiados; el PIB se ha incrementado de 4.085 millones de dólares en el 2002 a 9.658 millones en el 2007; se han construido clínicas, escuelas y carreteras; se han desmovilizado más de sesenta mil combatientes; y se han realizado importantes reformas judiciales para luchar contra el tráfico de drogas. Sin embargo, algunos datos evidencian que no todo ha funcionado tan correctamente como era de esperar.

El primer asunto a tratar a la hora de efectuar un balance de la intervención de la comunidad internacional en Afganistán es el de la legalidad. No parece claro que la resolución 1368 autorizara la operación “Libertad Duradera” como ya se ha mencionado anteriormente. La ISAF se autoriza expresamente en la resolución 1386 para apoyar a la Autoridad  Provisional afgana a mantener la seguridad en la zona de Kabul, y más allá de Kabul en la resolución 1510 de 13 de octubre de 2003. Sin embargo, en estas resoluciones no se contemplaba expresamente que las tropas pudieran hacer labores de contrainsurgencia. También es discutible la invocación al del artículo V de la OTAN ya que amplían el radio de acción más allá de las responsabilidades establecidas para “restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte”.

En segundo lugar, conviene recordar que la intervención en Afganistán no sólo se ha justificado como una operación para acabar con el terrorismo internacional promovido por Al Qaeda, también se ha justificado como una defensa de los derechos humanos en general y del mujer muy en particular. A este respecto cabe recordar que los derechos humanos se han vulnerado desde el momento en el que presuntos terroristas fueron detenidos (unos ochocientos según datos del informe de Amnistía Internacional de 2007, “Guantánamo en cifras”) y trasladados a Guantánamo sin cargos, sin defensa y sin juicio. La situación de los derechos de la mujer no parece haber sufrido demasiados cambios. Los líderes de la Alianza del Norte son tan poco respetuosos con las mujeres como los talibanes, según se deduce de los informes de Amnistía Internacional.

En tercer lugar, la ayuda humanitaria no parece haber sido la prioridad de los gobiernos de las naciones que interviene en Afganistán. Tan sólo el 37 por ciento de las ayudas prometidas a Afganistán entre 2002 y 2011 han sido materializadas. La contribución militar ha sido muy superior a aquella que se destina a desarrollo y ayuda humanitaria: 92 de cada 100 dólares de la contribución del mundo a Afganistán se destinan a actividades militares. Tampoco está claro que se haya contribuido a un mayor bienestar de la población afgana. Según el informe de UNAMA, “Humanitarian Factsheet” de 29 de junio de 2008: 6,6 millones de afganos y afganas (30 por ciento de la población) no ingieren suficiente alimento; el 61 por ciento de los hogares se encuentra por debajo del umbral de la seguridad alimentaria; el 47 por ciento de niños y niñas entre 6 y 13 años no van a la escuela y, en algunas provincias, como Zabul o Uruzgan, son el 99 por ciento; y la ratio de asistencia de las niñas a la educación primaria, secundaria y terciaria son, aproximadamente, la mitad que la de los niños.

En cuarto lugar, el coste económico de las operaciones militares. El premio Nobel de economía Joseph Stiglitz calcula que la guerra de Afganistán ha costado, hasta el año 2007, entre 580 y 841 billones (miles de millones) de dólares.  Para España, también hasta el 2008, la cifra ascendía a 1.191.505.919 euros.

El total acumulado de los costes presupuestarios de los Estados Unidos para la guerra de Afganistán

Coste en miles de millones de dólares

Mejor caso

Realista-moderado

Total de operaciones hasta la fecha

(gastado has la fecha: 2001-2007)

173

173

Operaciones futuras

(sólo operaciones futuras)

139

244

Costes futuros de los veteranos

(costes sanitarios de veteranos + discapacidad de veteranos + Seguridad Social de veteranos)

51

87

Otros costes militares/ajustes

(costes ocultos en Defensa + futura puesta a punto de las Fuerzas Armadas + desmovilización)

66

137

Total (sin intereses)

429

641

Mas intereses

Coste de los intereses

(interés pagado hasta la fecha + interés futuro sobre deuda actual + interés futuro sobre la deuda futura)

151

200

TOTAL (con intereses)

580

841

Fuente: (Stiglizt, y Bilmes)

Coste total de la participación española en Afganistán

Año

Coste en euros

2003

20.816.426

2004

102.570.869

2005

223.629.915

2006

272.351.709

2007

266.755.000

11/2008

305.382.000

Total

2002-11/2008

1.191.505.919

Y en quinto, y último lugar las víctimas. Sobre el número de víctimas en esta guerra de Afganistán existen datos que no siempre están bien contrastados. Por lo que se deben tomar con cautela las informaciones al respecto debido a los intereses a los que obedecen. No obstante sí se pueden admitir algunas cifras de algunas agencias u organismos estudiosos de la materia. Se puede observar en los cuadros siguientes la evolución de las muertes de soldados de la coalición militar y las de civiles afganos.  Según un informe del Secretario General de la ONU enviado al Consejo de Seguridad en septiembre de 2011, entre junio y agosto de 2011 se registraron un total de 1.841 civiles muertos y heridos, de los cuales un 12 por ciento se atribuyeron a las fuerzas militares extranjeras o afganas. Los ataques aéreos fueron la principal causa de muertes causadas por las fuerzas de la coalición, matando a 38 civiles en julio, el número más elevado registrado desde febrero de 2010.images (7)

Muertes de la coalición militar de Afganistán

Año

Estados Unidos

Reino Unido

otros

Total

2001

12

0

0

12

2002

49

3

18

70

2003

48

0

10

58

2004

52

1

7

60

2005

99

1

31

131

2006

98

39

54

191

2007

117

42

73

232

2008

155

51

89

295

2009

317

108

96

521

2010

499

103

109

711

2011

418

46

102

566

Total

1864

394

589

2847

Fuente: http://icasualties.org/OEF/index.aspx,

Las muertes de civiles afganos

Año

Por fuerzas

anti gubernamentales

Por fuerzas gubernamentales

Otros

Total

2006

699

230

929

2007

700

629

194

1523

2008

1160

828

130

2118

2009

1630

596

186

2412

2010

2080

440

257

2777

Fuente: UNAMA

Javier Jiménez Olmos

11 de marzo de 2014

L A GUERRA DE IRAK

Razones para la invasión

imagesEl 20 de marzo de 2003 se inició la invasión de Irak, la entrada en Bagdad se produjo el 9 de abril y la captura de Sadam Hussein, el 12 de diciembre de ese mismo año. La detención de Saddam no significaba un Irak estable, en paz y resignado a la invasión. Era un dictador promocionado y apoyado desde Occidente; desde Francia a Estados Unidos le prestaron ayuda militar en su momento para contrarrestar el auge de la revolución iraní. Entre los aliados de la coalición para la invasión se encontraban países de dudosa reputación democrática como Uzbekistán; por lo tanto, la excusa de la democratización era poco creíble.

 Las razones esgrimidas para la invasión de Irak eran la posesión de armas de destrucción masiva, su apoyo al terrorismo internacional y la expansión de la democracia que provocaría un efecto dominó en la zona. Los opositores a la guerra argumentaron que ninguna de esas razones estaba demostrada y que se estaba vulnerando la legalidad internacional al no contar con el consentimiento de las Naciones Unidas para tal invasión. El 14 de febrero de 2003 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no votó una resolución favorable a la invasión, a pesar de las presiones que hicieron sobre algunos miembros no permanentes del Consejo, soplo Bulgaria, España y Reino Unido votaron favorablemente, Estados Unidos sólo pudo sumar 4 votos de los 15 del Consejo de Seguridad y unos 30 países de 192, no obstante, decidieron actuar unilateralmente.

images (8)Para la invasión de Irak fueron erróneamente usados los términos pre-emtion y prevention. El primero significa la toma de acciones militares contra un Estado que está decidido a lanzar un ataque inminente. Las leyes internacionales permiten, en este caso, la respuesta militar como medio para atajar ese ataque. En cambio,  prevention se refiere a comenzar un ataque contra un Estado que “puede” ser una amenaza futura. Después del 11-S el gobierno americano confundió los dos términos para poder atacar a Sadam Hussein.

Desde el prisma de la legalidad internacional tampoco parece que la decisión de invadir Irak se ajustara al Derecho Internacional. La Carta de las Naciones Unidas reconoce el derecho al uso de la fuerza en legítima defensa o ante una amenaza inminente del mismo. La Carta no autoriza al uso de acciones unilaterales contra amenazas no probadas, ya que solo el Consejo de Seguridad, dentro de lo permitido en el Capítulo VII de la Carta, puede autorizar el uso preventivo de la fuerza cuando se considere que existe grave amenaza para la paz.

¿Tuvo la invasión de Irak el mismo soporte legal que la de Afganistán? Sería suficiente con contestar que el 7 de marzo de 2003, EE.UU. y Reino Unido, con el apoyo de España que era entonces miembro no permanente del Consejo de Seguridad, presentaron un proyecto de Resolución en el que se constataba que Irak no había aprovechado la última oportunidad que le ofrecía la Resolución 1441. Esta resolución advertía a Irak de las “graves consecuencias” de cumplir sus obligaciones, que eran las contenidas en la resolución 687 de 1991 por la que se establecían obligaciones de desarme e inspección sistemática para vigilar su cumplimiento. No obstante la coalición invasora argumentó que el incumplimiento de la Resolución 687 y la autorización de actuar con “graves consecuencias” caso de incumplirla eran suficientes para la invasión de Irak mediante el uso de la fuerza. Por si todo eso fuera insuficiente añadieron el argumento de la defensa preventiva. Otro de los argumentos utilizados fue posterior con la Resolución 1483 del Consejo de Seguridad, el 22 de mayo de 2003, mediante la cual se reconocían los derechos y obligaciones de la fuerza ocupante lo que se interpretó como una autorización a posteriori del uso de la fuerza.

La discusión sobre la legalidad no cesa y hay expertos que defienden la legalidad mientras que otros lo niegan, incluso hay quienes reclaman que los responsables de la invasión sean llevados a los tribunales competentes para dilucidar su grado de responsabilidad penal. Sin embargo, es conveniente constatar que no se encontraron pruebas de vinculación del régimen de Sadam Hussein con Al Qaeda, ni tampoco la existencia de armas de destrucción masiva. Por lo que se puede argumentar que la invasión de Irak vulneró las leyes internacionales.

La Resolución 1511 del Consejo de Seguridad, de 16 de octubre de 2003 autorizó el uso de la fuerza a la coalición multinacional desplazada a Irak, con el fin de poder ayudar a que las fuerzas en el lugar cumplieran las obligaciones de las potencias invasoras, lo que no significa la legalización de la invasión.

No obstante, la Resolución 1511 del Consejo de Seguridad de 16 de octubre de 2003, autorizó el uso de la fuerza  a la coalición internacional desplazada a Irak, con el fin de poder ayudar a que las fuerzas en el lugar cumplieran las obligaciones de las potencias invasoras, pero esto no suponía ni la convalidación, ni la legalización de la invasión

Ello  no dejó de causar perplejidad y más bien parece un acuerdo de refrendar o consentir los hechos consumados y no provocar más división en las deterioradas relaciones transatlánticas.

La Resolución 678 de 1990 del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas declaraba “legal” la I Guerra del Golfo para la liberación de Kuwait de las fuerzas invasoras Irakuíes. Las resoluciones 1368 y 1373 de 2001 facilitaron la acción unilateral de EE. UU. contra Afganistán alegando el derecho de legítima defensa, y la 1368 de 2001 autorizó el establecimiento de la ISAF en Afganistán en lo que se ha llamado “unilateralismo consentido”. En cuanto a Irak, con las resoluciones 1483 y 1511 de 2003, la 1546 de 2004, y la 1637 de 2005 se acepta el hecho consumado de la invasión de ese país por la coalición liderada por EE.UU.

Resoluciones del Consejo de Seguridad para Irak

Resolución

Fecha

Contenido

1441

8 noviembre 2002 Graves consecuencias de no cumplir la resolución 687 de 1991 sobre embargo

14 de febrero 2003 Consejo Seguridad rechaza resolución favorable a invasión

1483

22  mayo 2003 Derechos obligaciones fuerza ocupante

1511

16 octubre 2003

Acogen favorablemente el proceso de transición provocado por la invasión

1546

8 junio 2004

1637

8 noviembre 2005

Fuente: ONU

Kofi Annan, Secretario General de la ONU, expresaba su discrepancia sobre el uso de la fuerza por parte de los Estados Unidos en el documento titulado “Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos”, en el que afirma que sólo existe el derecho o deber de proteger en caso de genocidio o crímenes similares. En el Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, desafíos y el cambio climático titulado “Un mundo más seguro: la responsabilidad que compartimos”, se rechaza la guerra preventiva unilateral ya que debe ser el Consejo de Seguridad el único organismo que pueda autorizarla según se contempla en los párrafos 190 y 191. Sí se considera legítima la respuesta ante una amenaza inminente siempre y cuando no exista otro medio y se lleve a cabo de una manera proporcional.

Los Estados Unidos y Europa habían compartido históricamente una serie de valores comunes que se vieron reforzados durante la II Guerra Mundial y la Guerra Fría. Tras los atentados del 11-S, estos valores se vieron ratificados. Sin embargo, poco después de la invasión de Afganistán las comenzaron las divergencias. Los europeos no aprobaron algunas de las acciones realizadas por la Administración Bush; no compartieron la Patriot Act, ni las cárceles de Guantánamo, ni las torturas de Abu Graib, ni la invasión de Irak.

Atentados más importantes tras la invasión de Irak

Fecha

Lugar

Víctimas

Autores

15 mayo 2003

Riad

35 muertos

(9 americanos)

Al Qaeda

(12 suicidas)

16 mayo 2003

Casablanca

(Casa de España)

45 muertos

100 heridos

Desconocidos

5 agosto 2003

Yakarta

(Hotel Marrito)

12 muertos

150 heridos

Rama Al Qaeda

Yemaa Islamiyya

(suicidas)

8 noviembre 2003

Riad

17 muertos

80 heridos

Desconocidos

15-20 noviembre 2003

Estambul

43 muertos

(4 atentados)

Rama Al Qaeda

Frente Islámico de Combatientes (suicidas)

1 febrero 2004

Erbil (Irak)

117 muertos

220 heridos

Desconocidos

(suicidas)

6 febrero 2004

Metros de Moscú

41 muertos

120 heridos

Independentistas chechenos

27 febrero 2004

Manila

118 muertos

Abu Sayaf

2 marzo 2004

Kerbala

106 muertos

230 heridos

Tawhid wal Yihad

11 marzo 2004

Madrid

191 muertos

Más de 1000 heridos

Red Al Qaeda en España

Fuente: Diversos medios de comunicación

El año 2006 se verifica que la política seguida por el presidente Bush no estaba consiguiendo los resultados por él esperados. Casi al final de su segundo mandato se estaba quedando sin su ímpetu inicial  y sin los apoyos de sus aliados. Incluso los más acérrimos seguidores del neoconservadurismo se dieron cuenta de que actuar unilateralmente no era lo más adecuado.

images (9)Se acentuaron las diferencias entre chiítas y sunitas hasta el punto de parecer una guerra civil. El Gobierno Iraquí, elegido en unas elecciones consideradas como democráticas a pesar de la violencia y la intimidación, estaba dividido, débil y corrupto. El presidente Bush decidió aumentar la presencia militar y envió mas fuerzas, mientras los británicos se retiraban incapaces de controlar el área de Basora bajo su responsabilidad. La estrategia de George W. Bush parecía sufrir una severa derrota, ni se había logrado la expansión de la democracia, ni la contención del terrorismo. Los Estados Unidos eran incapaces de imponerse en Irak, de resolver los problemas de Oriente Medio -en julio de 2006 estalló una nueva guerra en el Líbano en la que Hezbolá, considerada organización terrorista, inflingió un duro coste militar a Israel.

images (6)El 11-S provocó la operación militar “Libertad Duradera” que comenzó el 13 de octubre de 2001 con el objetivo de destruir las bases de Al Qaeda y derrocar al régimen talibán en Afganistán. Objetivo que compartió la comunidad internacional en ese momento donde la emotividad dominaba la escena social y política, la reacción fue inmediata sin tiempo para la reflexión pausada que pudiera conducir a otro tipo de medidas más eficaces a largo plazo. Afganistán fue un enemigo improvisado, Irak ya había sido designado como enemigo antes del 11-S. Por eso, en vez de realizar una política de respuesta al terrorismo por el análisis de sus causas, por el empleo de la información e inteligencia y la aplicación de la legalidad vigente, el gobierno Bush  optó por la fuerza militar. Poco les importó que no se pudiera demostrar que Sadam Hussein poseía armas de destrucción masiva y tenía conexiones con el terrorismo internacional, como el presidente norteamericano Bush afirmó repetidamente.

Tampoco acertaron los que pronosticaron una campaña corta. Efectivamente las operaciones puramente militares para consumar la invasión no resultaron costosas en tiempo y vidas humanas para los invasores, sin embargo la posguerra ha sido más problemática. El país está lejos de la estabilidad y mucho más lejos de la pacificación.

La guerra es siempre la peor de las opciones, las víctimas son siempre civiles, los soldados reclutados antes también eran civiles, la guerra es el fracaso colectivo de la capacidad negociadora por muy “limpia” que se quiera presentar. La guerra de Irak ha perjudicado los principios democráticos. La prisión de Guantánamo, las torturas, las detenciones ilegales, las cárceles secretas; leyes como la Patriot´s Act; el aumento de la intolerancia, la xenofobia y el racismo; la exacerbación del patriotismo y la manipulación de la opinión pública son los ejemplos que argumentan tal afirmación.

Javier Jíménez Olmos

11 de marzo de 2014

EFICACIA DE LA GUERRA AL TERROR

images (2)La declaración de la “guerra al terror” significó el tratamiento de la acción antiterrorista como puramente militar y confería a los propios terroristas la categoría moral de combatientes. La consideración de guerra requería la definición de un adversario, el terreno donde plantear la batalla y adaptar los medios empleados a la consecución de los objetivos. Ninguna de esas premisas se daban en esta ocasión; el enemigo estaba identificado por unas siglas, Al Qaeda, pero carecía de una ubicación, de un territorio visible, su definición era especulativa sobre la base de las acciones que había cometido, pero no en cuanto su localización y organización. Se trataba de combatir con unos medios diseñados para una guerra convencional, a quienes huían del combate directo. Los resultados han sido a veces no deseados, con víctimas por efectos colaterales que a menudo son usadas como excusa para cometer nuevos atentados y reclutar más terroristas.

images (4)Tanto la guerra de Afganistán como la de Irak son la prueba de la “eficacia” del empleo del “poder duro”  en la lucha contra el terrorismo. Las redes de Al Qaeda parecen  no haber disminuido, más bien lo contrario, el islamismo ha experimentado un considerable crecimiento y la política en Oriente medio sigue. Con Irak se ha culminado una “lógica militar” con la que según todos los indicios no se ha respetado el derecho internacional, se ha experimentado un retroceso en el respeto a los derechos humanos, y se han aumentado los gastos militares sin que por ello se haya progresado en la resolución del conflicto. Cabe pensar que la intervención en Irak, decidida con anterioridad al 11-S, estuvo planificada con el objeto de obtener control de los recursos naturales y garantizar la presencia militar en la zona. Los principales beneficiados las industrias del petróleo y el armamento.

images (3)¿Ha sido efectiva la respuesta militar contra el terrorismo? Desde el 11-S los americanos no han sufrido más atentados dentro de su territorio, pero en general los atentados han continuado, sobre todo, en algunos países como Irak, Afganistán o Pakistán. Es posible que se haya mejorado la coordinación entre los servicios de inteligencia e información, tanto a niveles nacionales como internacionales. Es significativo el deterioro de la imagen de los EE. UU. en el mundo por la percepción de sus reiterados incumplimientos de las leyes internacionales y el respeto a los derechos humanos en la gestión de la “guerra al terror”. De lo que se deduce que utilizar los mismos métodos que los terroristas -desprecio a ley y a los derechos humanos- para combatirlo producen al efecto contrario. Por tanto, no parece adecuado utilizar el término guerra para combatir un fenómeno que tiene más de actividad criminal que de combate militar. En el caso de la guerra de Irak no ha hecho sino fomentar el terrorismo.

Fallecidos en atentados de gran número de víctimas (mayor de 15)

País

01.01.1994

a

11-S  2001

11-S 2001

a

31.12.2001

2002

01.01.2003

Invasión Irak

20.03.2003

20.03.2003

a

31.12.2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

hasta

15.09.2009

Afganistán

 

55

18

17

52

21

115

325

281

138

Irak

 

 

 

192

1143

2065

2521

3902

1547

1145

Pakistán

179

15

17

70

159

100

127

565

592

335

Fuente: Sistemyc Peace (15 septiembre 2009)

La pretendida promoción o expansión de la democracia a través de la intervención militar resulta paradójico. La democracia no se puede imponer, la democracia se construye, y para ello se necesita algo más que elecciones. Elecciones no significa democracia y menos cuando éstas se realizan en un contexto marcado por una invasión militar.

Javier Jiménez Olmos

11 de marzo de 2014

LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES

imagesA pesar de la personalidad, el discurso y la acción de George W. Bush, el pueblo americano le renovó el mandato presidencial el 2 de noviembre de 2004. Parecía el triunfo del mesianismo democrático neocon, el triunfo de la América de la paranoia religiosa y moral, el éxito del desprecio a la legalidad internacional en su lucha contra el terrorismo. Sin embargo, una gran parte de la población mundial, también en EE. UU. y en Europa, no consideraba adecuada la política del presidente Bush.

Después de las elecciones del 14 de marzo de 2004, con Rodríguez Zapatero como nuevo presidente del Gobierno, la Política Exterior española, tomó un nuevo rumbo distinto en algunos aspectos del llevado por José M.ª Aznar[1]. El argumento principal del señor Aznar a favor de la guerra era la defensa de la paz, por tanto, era fundamental acabar con el régimen de Sadam Hussein ya que poseía armas de destrucción masiva y patrocinaba movimientos terroristas. Rodríguez Zapatero, entonces jefe de la oposición, argumentaba que no había pruebas suficientes sobre la posesión de armas de destrucción masiva y la vinculación al terrorismo, coincidía en que Hussein era un peligro para la estabilidad mundial, pero que se debían cumplir las resoluciones de la ONU por lo que se refería a un ataque preventivo e invasión. El señor Zapatero fue respaldado por el resto de los grupos parlamentarios distintos del Partido Popular que, por entonces, tenía mayoría absoluta.

El Gobierno Aznar prestó su apoyo a la invasión y el Gobierno Zapatero la retiró. En la siguiente legislatura ―2004―, ya con José Luis Rodríguez Zapatero en la Presidencia del Gobierno, la Política Exterior se basó en un equilibrio de compromiso con Europa, la OTAN, los Estados Unidos y un acercamiento al mundo del Islam a través del impulso de iniciativas como la Alianza de Civilizaciones.

descargaSi el unilateralismo y el poder militar como fundamentos del orden internacional no han sido capaces de conducir a la resolución de conflictos, sería necesario encontrar otras vías para la prevención y resolución de los conflictos. La paz negativa alcanzada mediante el uso de la fuerza es un logro momentáneo. Son las formas dialogadas de transformación, sin imposiciones, basadas en el desarrollo y la justicia social las que perduran a través de los tiempos. Los datos ofrecidos en los capítulos anteriores presentan serias dudas sobre la eficacia del uso de los ejércitos para combatir el terrorismo. Asimismo, la unilateralidad, fruto no solo de la arrogancia, sino del deseo de actuar aún sin el consentimiento de la Comunidad Internacional, y sin ningún sostén legal, como fue el caso de la invasión de Irak, dejan a la vista que las actuaciones militares de ese tipo provocan más daño del que pretenden evitar.

Las soluciones a los conflictos y la búsqueda de la paz positiva tienen el camino del entendimiento global y para ello es necesario el respaldo de la Comunidad Internacional representada por las Naciones Unidas. Primero, patrocinando iniciativas de paz a nivel mundial como la Alianza de Civilizaciones; después, fomentando el entendimiento regional basándose en las directrices emanadas de las anteriores iniciativas, en el caso español incidir en El Proceso de Barcelona, ahora Unión por el Mediterráneo; y, por último, alentando las relaciones bilaterales, en el entorno más cercano ―en el caso español es de vital importancia el área del Magreb.

Conceptualmente se trata de acabar con la teoría del “choque de civilizaciones”, no de confirmarlo. Se puede pensar que la “alianza” se crea contra el “choque”, y que de alguna manera con la iniciativa se confirma ese temido choque. Pero la Alianza de Civilizaciones es la prevención de un conflicto más percibido que real; lo que trata es de abordar un conflicto de naturaleza distinta a la cultural y religiosa a través de mecanismos de comprensión de la diversidad. No pretende confirmar un resurgimiento de las guerras de religión ya que no existe un conflicto de naturaleza religiosa, porque existen otras brechas más profundas a tener en cuenta como son la económica y la tecnológica; por eso se puede considerar como un «choque de percepciones» cuyo origen no tiene exclusivamente razones teológicas. Es modificar una línea de pensamiento provocada para creer que la violencia la engendran las creencias, es analizar las causas de un conflicto disimulado como una guerra de civilizaciones cuando en realidad es de naturaleza política.

El objetivo es sustituir la “ideología del miedo” y la “guerra al terror”, propugnada por los fundamentalistas, por el discurso de la comprensión a través de la educación y el diálogo; de eliminar los simplismos intencionados de “ellos” o “nosotros”, por un análisis más sosegado y objetivo de las realidades complejas donde nada es absoluto.

El 21 de septiembre de 2004, el presidente del Gobierno de España, don José Luis Rodríguez Zapatero, pronunció un discurso en las Naciones Unidas durante el Debate del LIX periodo de sesiones de la Asamblea General. Con un discurso de alto contenido político, el presidente Rodríguez Zapatero expuso las líneas fundamentales de su Política Exterior y como consecuencia lanzó la iniciativa de la Alianza. Con sus palabras ante la Asamblea General rompía la foto de las Azores[2]. En esta alocución abogaba por el multilateralismo, el diálogo y la legalidad internacional como principios fundamentales de las relaciones internacionales.

El presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, era consciente de la brecha que se estaba abriendo entre Occidente y el Islam causada por el desconocimiento, la incomprensión y la falta de diálogo. Los fundamentalismos políticos y religiosos de una y otra parte conducían al terrorismo y las agresiones militares. Parte de Occidente, preso de la emotividad de acciones terroristas como las del 11-S y 11-M, sucumbía ante la propaganda que trataba de identificar Islam con terrorismo. Desde el Islam se empezaba a percibir a Occidente como agresor insensible e ilegal.

foroLas relaciones internacionales se deterioraban, no solo entre los musulmanes y los occidentales, sino dentro de la sociedad occidental. El vínculo transatlántico se resentía. La guerra de Irak era una carga insoportable para los gobiernos involucrados en la invasión y apoyo posterior a la misma. Primero, por la responsabilidad de haber apoyado una invasión cuya legalidad ha sido discutida por los especialistas en derecho internacional; segundo, por la carga de pérdidas de vidas humanas que soportaban; tercero, por el enorme coste económico que significaba; cuarto, por la desestabilización provocada en la región; quinto, por la presión de las opiniones públicas contrarias a la invasión; sexto, por las prácticas poco democráticas demostradas en las prisiones de la coalición invasora; séptimo, por la vulneración sistemática de los derechos humanos en el país invadido y en el trato a los detenidos; octavo, por los efectos colaterales que incesantemente producían víctimas inocentes.

Por el otro lado, la violencia no cesaba, la guerra al terror demostraba ser ineficaz, incluso contraproducente, aunque la propaganda se empeñara en demostrar lo contrario. Los datos objetivos sobre el incremento de la violencia terrorista, expuestos en el capítulo anterior, así lo atestiguan. El sentimiento de rechazo a Occidente se multiplicaba. Y la solución del problema palestino entraba en vía muerta.

Por todo ello, después de las elecciones generales españolas del 14 de marzo de 2004, en las que su partido resultó ganador, Rodríguez Zapatero decidió optar por una política conciliadora. Estaba muy reciente el atentado del 11-M. Con este panorama, el nuevo presidente del Gobierno de España se dirigió a las Naciones Unidas en el discurso ya mencionado en el primer párrafo de este apartado. El objetivo primordial era evitar el choque de civilizaciones y tomar medidas culturales y políticas para fomentar el acercamiento entre Occidente y el Islam.

En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2004, el presidente del Gobierno español afirmó que el terrorismo no tiene justificación y que para su erradicación se deben conocer sus raíces, y agregó que cuanta más gente viviera en condiciones dignas en el mundo, más seguros estaríamos. En este discurso, Rodríguez Zapatero reclamó el derecho del pueblo palestino a disponer de un Estado democrático en paz con sus vecinos, y recordó que para España el desarrollo económico y la estabilidad política son fundamentales para la seguridad regional. Se comprometió con el multilateralismo y el diálogo como medios prioritarios para la consecución de un mundo más seguro. Consideró, en sus palabras, que la lucha contra la pobreza y el respeto a la legalidad son necesarios para lograr un mundo más justo. También aludió a la reforma de las Naciones Unidas para fortalecer su funcionamiento.

Siguiendo el procedimiento establecido en las Naciones Unidas, el secretario general, Koffi Annan, presentó la iniciativa. Según el secretario general, la finalidad de la iniciativa era superar los prejuicios y errores de apreciación, y crear un clima de entendimiento frente a la división para luchar contra el fundamentalismo que conducía al terrorismo. Con el copatrocinio de Turquía y España, Koffi Annan presentó la iniciativa, para aprobación, en Asamblea General que tuvo lugar con ocasión de la Cumbre de 2005. El 14 de julio de 2005, Koffi Annan anunció la Alianza de Civilizaciones, cuyo objetivo era promover el compromiso de la comunidad internacional de cerrar la brecha que dividía a las sociedades islámicas y las occidentales, por lo que explícitamente se consideraba un proyecto de seguridad ya que se trataba de involucrar a las sociedades para superar los prejuicios, las percepciones erróneas y la polarización que podrían amenazar la paz mundial. Acabó su presentación manifestando la creación de un grupo de expertos para liderar el proyecto y redactar un informe con recomendaciones que diera lugar a un plan de acción. La iniciativa se aprobó en el Documento Final de la Cumbre Mundial de 2005 por Resolución 60/1.

La Alianza de Civilizaciones tiene unos objetivos muy definidos: comprensión y respeto a la diversidad; no exclusión ni discriminación por ninguna razón y respeto a los derechos humanos; no al extremismo ideológico y religioso; incidir en los valores comunes; y considerar como fundamental que la seguridad es indivisible. Desde ese punto de partida, el Grupo de Alto Nivel elaboró un informe que presentó el 13 de marzo de 2006.

Campos de acción

imagesSi el análisis de las causas de los conflictos y las recomendaciones son importantes, la gran novedad de la AdC la constituyen los campos de actuación en los que incidir para evitar confrontaciones. Hasta la presentación de esta iniciativa, las propuestas de seguridad seguían principalmente la agenda militar. Aunque la investigación para la resolución de conflictos mediante medios pacíficos se ha desarrollado grandemente desde el final de la II Guerra Mundial, no había habido ninguna propuesta a nivel global que contemplara la prevención de conflictos a través de actuaciones que no incluyeran la vía militar.

Una vez analizadas las causas de los conflictos la AdC trata de prevenir que esas causas puedan derivar en confrontaciones violentas, todo ello mediante actuaciones que pueden incidir de una manera decisiva en las mentes de los ciudadanos del mundo. Es una tarea de largo recorrido, los resultados no serán mesurables inmediatamente porque el objetivo es crear mentalidades abiertas a la comprensión y al diálogo, a la tolerancia y al respeto a la diversidad, lo que sin duda es una labor que implica acciones durante largos periodos de tiempo.

Para ese objetivo de transformación de la mentalidad, la AdC contempla cuatro campos de acción principales, a saber:

 1º) La educación.

2º) La juventud.

3º) Los medios de comunicación.

4º) Las políticas de inmigración.

La seguridad había sido entendida históricamente como un asunto relacionado con la agenda militar; sin embargo, hacia finales del siglo pasado, y como consecuencia del final de la Guerra Fría, la seguridad comenzó a considerarse como una materia multidisciplinar en la que el individuo comenzaba a ser actor principal. Del mismo modo, la seguridad no se podía considerar como un problema a resolver unilateralmente por los estados. La seguridad adquiere también carácter global por la interdependencia de un mundo cada vez más interrelacionado.

 Si la seguridad es multidisciplinar y global, ¿por qué seguir pensando en actuaciones exclusivamente militares y unilaterales? ¿Por qué no abordar la prevención de conflictos por otros medios distintos de la coerción y la fuerza de las armas? ¿Por qué no fomentar unas aptitudes que favorezcan la convivencia pacífica? ¿Por qué no buscar alternativas globales de paz?

Los campos de acción contenidos en el Informe del Grupo de Alto Nivel para la AdC pretenden actuar para que las incomprensiones que conducen al odio y la violencia puedan ser prevenidas desde sus inicios. La AdC no considera que las causas de los conflictos se deban a razones culturales o religiosas; sin embargo, esas diferencias culturales o religiosas sí que pueden ser aglutinantes y detonante final de la violencia. Por eso conviene educar, especialmente a los jóvenes, buscar la colaboración de los medios de comunicación y fomentar las políticas de integración de los inmigrantes. Educación para el entendimiento en un mundo interdependiente, educación global y transcultural. Una educación capaz de hacer que el individuo evalúe de un modo crítico la información que proviene de los medios de comunicación. Una educación, finalmente, que haga posible el derecho a elegir libremente la fe religiosa.

No obstante, la educación va estrechamente ligada al desarrollo, y este no es posible sin educación. Como se ha dicho los conflictos se dan con mayor intensidad en las zonas donde la pobreza es mayor. Por ello, es importante incidir en el aspecto del desarrollo y la educación como elementos principales para la prevención de conflictos.

La juventud es, según la AdC, el principal destinatario de las políticas educativas, pero para ello es necesario que los jóvenes de diferentes culturas puedan compartir experiencias a través de programas de intercambio y que los jóvenes puedan participar en el proceso de toma de decisiones.

El paro juvenil es otro de los grandes obstáculos para lograr zonas de convivencia pacífica: para los jóvenes de ciertos países con mayoría musulmana el problema es especialmente grave. Oriente Medio y el Norte de África presentan la tasa más baja de participación juvenil laboral, superior al 50% (aunque algunos países occidentales, como España tiene índices similares de desempleo).

La inmigración es concebida como amenaza por una parte de la sociedad  y no como fuente de dinamismo. Desde determinadas posiciones políticas extremistas se incita a la xenofobia y al racismo. Estas formas intolerantes de contemplar el fenómeno migratorio se acentuado con la gran crisis económica actual. El inmigrante ha pasado de ser visto como mano de obra barata a ser un gasto público y un peligro social.

Los medios de comunicación pueden contribuir al entendimiento entre culturas y sociedades, aunque en ocasiones por los modernos medios de comunicación favorecen el sentimiento reivindicativo musulmán. Tampoco desde Occidente se contribuye a proporcionar una información equilibrada de los acontecimientos relacionados con el Islam, lo que conduce al incremento del sentimiento antimusulmán, principalmente desde el 11-S. Sin cuestionar la libertad de prensa, el Informe del Grupo de Alto Nivel sobre la Alianza de Civilizaciones se plantea el ejercicio responsable de esa libertad.

Para lograr los objetivos contenidos en los principales campos de acción, el mencionado informe hace unas recomendaciones. Con relación a la educación se trata de «difundir una educación global, intercultural y de promoción de los derechos humanos» para lo que se deben adoptar medidas que incluyan en la enseñanza primaria y secundaria programas que incidan en la diversidad y una explicación no agresiva de la Historia de la Humanidad. También se incide en la formación para fomentar una actitud lúcida y crítica y para combatir las falsas percepciones, los prejuicios y el lenguaje de incitación al odio.

Con relación a la enseñanza de la religión se insta a los líderes religiosos a la elaboración de directrices consensuadas para la enseñanza de la religión. En cuanto a los estados y Organizaciones Internacionales ―como la Conferencia Islámica y la Unión Europea― se recomiendan adoptar medidas que refuercen la tolerancia y el respeto intercultural. Las recomendaciones relacionadas con los jóvenes giran en torno al sentido de fomentar espacios de diálogo intercultural e interreligioso. Uno de los puntos más controvertidos es el de apoyar la participación femenina para mejorar el estatus de la mujer.

La inmigración es uno de los problemas de percepción más importantes por parte de las sociedades desarrolladas, por eso el Informe del Grupo de Alto Nivel recomienda que los gobiernos nacionales, regionales o municipales, las entidades públicas y privadas deben de intensificar la integración de los inmigrantes a través de la educación, el empleo, los servicios sanitarios y sociales. Del mismo modo se insta a los líderes de las comunidades de inmigrantes y las autoridades de los países de acogida a promover el respeto por la diversidad y las buenas relaciones intercomunitarias.

Los medios de comunicación poseen una tremenda capacidad de información e influencia en las percepciones y conductas de la sociedad globalizada. El Informe del Grupo de Alto Nivel es muy cauto en el tratamiento de los medios de comunicación a los que recomienda elaborar, articular y aplicar códigos de conducta de carácter voluntario. Por tanto, deja en manos de los medios la responsabilidad del equilibrio entre información y libertad de expresión. Un aspecto importante a tratar es el contenido de la industria del entretenimiento ―cine, televisión― de modo que se establezca una hoja de ruta que proporcione mensajes que favorezcan la tolerancia y el respeto, y no inciten al odio y a la violencia intercultural e interreligiosa. Asimismo se propone aprovechar los grandes eventos mediáticos y deportivos para promover los objetivos de la Alianza de Civilizaciones.

Javier Jíménez Olmos

11 de marzo de 2014


[1] El 16 de marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero explicó las líneas maestras de su política exterior en el discurso de investidura, dos días después, el 18 de marzo, anuncia la retirada de las tropas españolas destacadas en Irak, el 27 del mismo mes informa al Congreso de la retirada definitiva de todas las tropas, será el 27 de mayo de ese mismo año.

[2] Expresado de este modo por el autor de este trabajo para remarcar la diferencia de pensamiento entre los presidentes Aznar y Rodríguez Zapatero.