El Gamonal: El dilema sobre la eficacia de la protesta pacífica

Gamonal1Ya han pasado algunos días para poder hacer un análisis más reflexivo de lo que ha representado en España el efecto de las movilizaciones sociales llevadas a cabo por vecinos del barrio burgalés de “El Gamonal”. Por lo general, en los países desarrollados, la mayoría de ciudadanos acatan sin grandes contestaciones las decisiones que se toman desde el poder. Esto parece ser una constante por dos razones fundamentales: primera, en las sociedades con un alto grado de bienestar las personas se acomodan y creen que nada podrá rebajar su estatus de vida; segunda, desde el poder se mentaliza contra la protesta, el argumento de que no va a servir de nada manifestarse cala de tal forma que paraliza a la mayoría de los ciudadanos.

Pero cuando las condiciones de vida comienzan a cambiar y la percepción de los ciudadanos es que se están rebajando los niveles de vida adquiridos, que las instituciones no funcionan o que lo hacen indebidamente, cuando el sentimiento es que algunos cargos públicos no respetan las leyes y actúan en beneficio de sus intereses particulares, la sociedad puede liberarse de su comodidad y de su miedo, y comenzar a reivindicar sus derechos de un modo más activo.

No es una sorpresa, excepto para los desconocedores de la historia o los cegados por la propaganda de optimismos partidistas, que las personas tiene un límite de aguante sobre la vulneración de sus derechos y su dignidad. No es una novedad, las revueltas sociales estallan cuando se dan ciertas condiciones objetivas y una percepción de las mismas. Los informes de organizaciones nacionales e internacionales alertan sobre los riesgos de la creciente desigualdad y la pobreza, como consecuencia de la crisis de un sistema económico que cuando menos habría que poner en revisión.

Los datos objetivos del desempleo, el empleo precario, la pobreza y la desigualdad son incontestables, excepto para los cegados por la pasión partidista o los obcecados por la avaricia. La percepción de este desastre social está extendida. Hay una gran mayoría de personas que sufren directamente, o en su entorno cercano o familiar las consecuencias del mal funcionamiento de un capitalismo “perverso” que desde el poder dominante se ha intentado sacralizar. Es otra de las formas de hacer desistir a los críticos: “no hay alternativa”.

Los vecinos de “El Gamonal” han demostrado que con la unidad y la determinación se pueden poner freno a las decisiones o abusos del poder. Está rebelión ciudadana no ha estado exenta de episodios de violencia directa provocada por algunos manifestantes y por la consiguiente represión de las fuerzas de orden público. La justicia está tratando de averiguar la legalidad de actuación en cada caso, pero desde el punto de vista de la eficacia de las protestas surge la pregunta: ¿se hubiera conseguido paralizar la obra prevista por el Ayuntamiento de Burgos si las manifestaciones no hubieran tenido el protagonismo mediático causado por los episodios de violencia?

El dilema entre la protesta pacífica y la más agresiva o, incluso violenta, es una constante histórica en el pensamiento de los movimientos sociales. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, se debatía entre la revolución comunista o el reformismo socialdemócrata. Las dos concepciones han tenido su oportunidad real. El comunismo soviético se implantó mediante una sangrienta revolución que causó millones de muertos y que finalizó con un fracaso social y económico que causó su colapso.

Sin embargo, con la socialdemocracia se han logrado los mayores niveles de bienestar conseguidos en la historia de la humanidad en aquellos países donde se implantó. Como cualquier sistema tiene sus imperfecciones que conviene criticar y corregir, pero los datos objetivos alcanzados en países como Suecia, Alemania, Reino Unido, entre otros, han quedado como prueba evidente de bienestar social generalizado (países en los que los gobiernos conservadores no modificado sustancialmente todavía los logros del estado de bienestar).

No obstante, no fueron los socialdemócratas los primeros en hacer las reformas que condujeron al estado de bienestar. Los primeros en llevar a cabo las reformas propuestas por estos revolucionarios “descafeinados” fueron los propios conservadores, no se sabe si convencidos por las bondades de las concesiones sociales o por el miedo a la revolución violenta del amenazador comunismo. Bismarck, en Alemania, fue el primero en adoptar medidas sociales, temeroso de que los socialdemócratas optaran por la vía revolucionaria, estableciendo el seguro obligatorio en 1873, el seguro de accidentes al año siguiente, el seguro de invalidez en 1889, y el seguro de vejez en 1891, a pesar de que los sectores más conservadores del empresariado alemán se oponían a las mismas (con argumentos tales como que los gastos de la seguridad social limitaban la competitividad y que los seguros sociales inducían al fraude de los trabajadores, algo que suena muy actual).

También en el Reino Unido fue otro conservador, William Henry Beveridge, el que teorizó las bases del estado de bienestar implantado tras la Segunda Guerra Mundial, y lo hizo convenciendo a los empresarios y al partido conservador de la importancia de las reformas a cambio de seguridad. Sirvan como muestra estos dos ejemplos para comprobar que el miedo a los procesos revolucionarios provocó reformas importantes a favor de las clases más desfavorecidas por parte de las fuerzas conservadoras.

Lo sucedido en el barrio de “El Gamonal” no es una anécdota, ni una confabulación de elementos revolucionarios, es una revuelta espontánea fruto de un descontento social que desarrolla en un momento determinado por un hecho puntual. Es una señal de alarma importante, que no debe de ser minusvalorada por los dirigentes políticos.

Gamonal2Las bondades de un sistema que llaman neoliberal son bien percibidas por aquellos que disponen de los fondos monetarios suficiente como para comprase unas “gafas especiales”, el resto se las imaginan. El descontento social es una evidencia diaria, a pesar de los esfuerzos propagandísticos para anularlo. El descontento puede dar paso a las revueltas. Y es aquí donde los líderes sociales, empresariales y políticos tienen la mayor responsabilidad. Deberían de aprender las lecciones de la historia, de convencerse de que las reformas del sistema son necesarias, aunque solo sea por su propia seguridad.

Si no se cambia o reforma el actual modelo socioeconómico se corre el riesgo de protestas incontroladas de consecuencias imprevisibles. Es obligatorio adelantarse a la historia antes de que esta acabe por atropellarnos a todos.

 Javier Jiménez Olmos

 Uno de febrero de 2014

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3 comments

  1. Hola, Javier.

    El Gamonal, en mi opinión, trasciende en importancia las cantadas de la élite extractiva de Mas-Pujol o las posiciones del “batasunismo” de Guipúzcoa.

    ¿Por qué?
    Porque en un microcosmos, en una pequeña ciudad, se ha visto operar en paralelo buena parte del ciclo sistémico. Y resulta tan cutre que las cosas revientan.

    Desde los pelotazos inmobiliarios que en su día dieron origen al barrio, a la connivencia de medios de comunicación propiedad de los beneficiados por el nuevo contrato urbanístico y la banalidad de políticas neo keynesianas que sólo sirven para agravar la situación trasladando deuda y miseria a hijos y nietos.

    Sumémosle los datos que circulan en la red de grietas en los pisos simplemente con el inicio del trabajo de las piquetas de percusión, las sospechas de que las fotos de coches quemados que recibió Euronews eran de hace unos años en Intxaurrondo (San Sebastián) y no en Burgos y la evidencia de que, donde antes aparcaban gratis los 16,000 parados industriales que allí residen, ahora tendrían que comprar al contratista (dueño a su vez del periódico) nuevas plazas a 22,000 “leurillos”.

    Seguro que se me escapa algo además de lo anterior, pero eso, que podría suceder en cualquier gran ciudad, sucede en Burgos porque allí se hizo sin disimulo y la gente explotó. Pero pasar, pasa lo mismo en toda España.

    El sistema lo ha debido de ver con la gravedad que tiene porque ha reaccionado con inusitada velocidad.

    Un saludo y ánimo.

    PD. Este artículo me ha gustado. Algún otro no tanto y, si no te importa, en otro momento me explicaré por qué.

    1. Muchas gracias, por el excelente comentario. Ramón estoy abierto a cualquier sugerencia o disenso.Espero que me hagas saber aquellos artículos o parte de ellos en los que no estés de acuerdo. El debate respetuoso siempre enriquece el conocimiento

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