Mes: febrero 2014

ÁFRICA SUBSAHARIANA: EXPLOTADA Y EXPOLIADA

_ceuta_68694197Han pasado dos semanas desde que quince personas murieron ahogadas cuando intentaban alcanzar a nado las playas de Ceuta para salvar el muro que conforma la frontera con Marruecos. El ruido mediático y la consiguiente discusión política han dado paso, una vez más, al silencio. No se sabe si de una manera premeditada los que proponen la agenda diaria de atención y pensamiento actúan siguiendo el principio de renovación de Goebels: “emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público ya esté interesado en otra cosa”.

Así, se consigue que acontecimientos tan graves como el ocurrido con la muerte de estas personas en Ceuta se vayan poco a poco olvidando, enterrados por montañas de otras informaciones, sean o no de la importancia de la anterior. Todo seguirá igual, como si nada hubiera ocurrido. La discusión partidista provocada conducirá a un cruce de acusaciones para crear confusión y alineamientos sectarios entre la población.

De este modo se camufla lo sustancial y se pasa a lo anecdótico. Desde luego,  hay que investigar para comprobar si las fuerzas de seguridad han obrado de una manera correcta, hay que averiguar si se han dado las órdenes adecuadas o alguien se ha extralimitado en el uso de material antidisturbios en una situación como la de unos seres indefensos que nadan hacia la orilla. Desde luego, hay que denunciar si existen unos procedimientos que priorizan la seguridad de unas fronteras sobre el auxilio a personas a punto de ahogarse. Pero con todo, con toda la gravedad de este hecho, no hay que dejar pasar lo sustancial.

No obstante, ya se ha dicho, la agenda viene marcada, de modo que no se tendrá tiempo para abordar los problemas de fondo. Quizás no interese a los que de verdad señalan la agenda diaria. De tal manera que cuando finalice la comisión de investigación –si es que finalmente se lleva a cabo-, los resultados, o no aparecerán o lo harán en “páginas interiores”. Si hay responsabilidades, posiblemente algún mando intermedio o bajo sufrirá las consecuencias.

África, especialmente la subsahariana, es el paradigma del sistema socioeconómico imperante. Algo visto como lejano, como si no afectara a esta pequeña parte del mundo llamada Europa. Sin embargo, algunos países de la vieja y rica Europa están empezando a tener síntomas de las enfermedades africanas. De algunos países de la Europa mediterránea y oriental sus habitantes necesitan emigrar hacia el norte para poder sobrevivir, y ya se les empiezan a cerrar las puertas, como en Suiza, con la reciente aprobación de una ley restrictiva de acogida de emigrantes (¿será el primer paso para construir nuevos muros con cuchillas?).

Africa’s Growing Strategic RelevanceLas grandes multinacionales sí que pueden emigrar hacia lugares donde los salarios sean más bajos, donde las personas trabajen más y ganen menos, así hasta la esclavitud si es posible, ni tan siquiera importa que los esclavos sean niños. Para ellas no hay concertinas ni murallas. Y también pueden hacer el camino de vuelta, cuando las condiciones lo permitan, cuando hayan conseguido que “el mercado” haya bajado tanto los costes de producción, es decir los salarios, que ya no les interese estar en el lugar al que se trasladaron.

El paradigma africano se empieza a vislumbrar en el horizonte de algunas naciones europeas: desigualdad, pobreza, explotación. ¿Exagerado? Desde luego que sí en términos comparativos actuales, pero no en cuanto a la tendencia, en cuanto a los primeros síntomas. Por eso hay que analizar si el sistema socioeconómico imperante es el adecuado, pero ¿es eso posible?

En África subsahariana se explota y se expolia, porque el sistema internacional lo consiente. Nadie pone freno a tanta injusticia y miseria porque los países que más se benefician de la explotación y el expolio son los que deciden lo que se puede y no se puede hacer, a través de instituciones “democráticas” como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o los G,s (G5, G20 y otros) que, a su vez, se ven influenciadas por las no menos “democráticas” empresas transnacionales, algunos de cuyos máximos dirigentes usan la llamada “puerta giratoria” para pasar del poder político al económico (del “servicio público al enriquecimiento personal”).  ¿Quiénes las eligen? ¿Quiénes eligen a sus dirigentes?

Para tratar problemas complejos se buscan soluciones simples, que son las más cómodas y baratas. Se usa el tratamiento paliativo, en vez de atajar el problema de fondo: para evitar la emigración, leyes restrictivas y muros con cuchillas; cuando se da una crisis humanitaria, recurrir al derecho de injerencia. Del primer modo se evita que vengan y del segundo se va con el pretexto de la ayuda o la pacificación a salvaguardar intereses propios.

No es casualidad que en Mali y la República Centroafricana sea Francia la que lleve la iniciativa humanitaria en las guerras civiles de ambos países. Hay muchos intereses económicos en juego. Las grandes potencias europeas como Alemania, Reino Unido o Italia han apoyado la intervención humanitaria, la misión de paz, pero no han aportado ni un solo soldado, no tienen intereses directos en la zona.

Para la democrática Francia poco importa que los habitantes de Níger sean unos de los más pobres del mundo mientras que el uranio que producen sus tierras proporcione, a través de una de sus multinacionales,  a sus centrales nucleares y a su poder militar las materias primas producir electricidad y, por tanto, bienestar a los franceses, y fabricar armamento nuclear que proporcione el poder militar suficiente para garantizar su “defensa nacional”. Poco importa que eso nigerianos vean deteriorarse su hábitat por el escaso cuidado y respeto al el medio ambiente en la extracción de ese mineral, o que sufran enfermedades derivadas de esa inadecuada manera de extracción. (Francia, es solo un ejemplo, aunque muy adecuado al área subsahariana)

Imagen conflictosNo es casualidad que esas zonas africanas sean las que más conflictos desarrollen y las más propensas a desarrollarlos.  Sus riquezas naturales han provocado históricamente la codicia y la consiguiente explotación y expoliación. Cualquier pretexto ha sido bueno para justificarlas. El más extendido, el más usado, “ellos son los culpables” (refiriéndose a los africanos): “no saben organizarse, son unos vagos”. ¿No se parece a otro tan usado hoy en día en nuestro entorno para culpar de la crisis a los más débiles?: “no quieren trabajar, prefieren la subvención”, “han vivido por encima de sus posibilidades”.

¡Habría tanto que cambiar para crear un mundo más justo!  El primer cambio es escapar de la prisión del pensamiento dominante, el que nos acota la visión y no nos deja salir del camino marcado. Se trata de rechazar el argumento de que “no hay alternativa”, de que “siempre ha sido así”, de que “no se puede hacer nada”. Se pueden hacer cosas simples como eliminar los muros con cuchillas, como ayudar a los que se encuentran en peligro de muerte, y se deben intentar las más complicadas como reformar o cambiar un sistema injusto de distribución de la riqueza.  

Javier Jiménez Olmos

24 de febrero de 2014

Hacer “click” sobre los mapas para ampliar

Las causas de la huida. Subsaharianos en busca de un mundo mejor*

mapfortresseuropeeng1-1Durante los últimos días se está viviendo con gran preocupación y sentimiento las muertes en la frontera de  Marruecos con España, en Ceuta, de personas subsaharianas que intentan llegar a Europa. Los acontecimientos han generado una gran polémica social y política en la que no se va a entrar en este artículo. Sí trataremos de analizar las causas, el por qué  miles de subsaharianos huyen de sus países de origen con el sueño de conseguir una vida mejor.

Consideramos que la muerte de estas personas merece un análisis de las causas primarias de estos éxodos masivos, porque es ahí donde se gestan todos los acontecimientos que siguen. África, especialmente la subsahariana, es ignorada por la mayor parte de la opinión pública. Las personas africanas solo merecen la atención de los medios, las primeras planas, cuando suceden acontecimientos como las muertes en el mar de Ceuta.

Pero África existe, con millones de seres humanos que viven en la pobreza, que sufren explotación, humillación desde hace siglos y a diario. Un continente donde la guerra es habitual, donde las violaciones de los derechos humanos son perennes. Una zona del mundo en la que la corrupción es la norma. Sin embargo, África es rica en recursos naturales y tierras fétiles, si se consiguiera una más justa distribución de la riqueza, si el desarrollo humano se extendiera, toda esta conflictividad que conduce a tanta enfermedad y muerte se podría eliminar.

happiness-rankingsHay que buscar responsabilidades de todo este desastre humanitario generalizado, no solo en unos hechos puntuales muy graves, pero mínimos comparados con la gravedad total del problema. Hay que buscar responsables en todos aquellos que contribuyen a perpetuar un sistema internacional que hace que la riqueza no se distribuya de un modo más equitativo.

África ha sido históricamente explotada por los grandes imperios coloniales. Sus recursos naturales proporcionaron los recursos naturales que necesitaban para su mantenimiento y enriquecimiento. Después de la segundad Guerra Mundial fueron los británicos y los franceses los que se repartieron el botín de guerra como vencedores. Los procesos de independencia de los sesenta dieron paso a otra forma de colonialismo. Ya no eran necesarios grandes fuerzas militares para controlar las antiguas colonias, ahora se hacía de un modo más sublime: empresas transnacionales ligadas a las antiguas metrópolis.

mapa-africa-subsahariana[1]En el subsuelo africano se encuentran las terceras partes de las reservas mundiales de minerales, la mayoría en el sur del Sahara, y también en el área desértica del Sahel y en África occidental.  El suelo de África tiene la suficiente capacidad agrícola para alimentar a sus habitantes. Sin embargo, una gran parte de los africanos viven en la pobreza, porque no son ellos los receptores de los beneficios de las explotaciones de su riqueza natural. Los beneficios van a las transnacionales y a los corruptos gobernantes, dictadores en su mayoría, apoyados, impuestos o consentidos por las grandes potencias mientras sirvan a sus intereses económicos o geoestratégicos.

De África se extraen recursos naturales, pero se les exportan armas para que se peleen entre ellos, para que dictadores y señores de la guerra puedan mantener sus privilegios. Las armas se las venden países de dudosa reputación democrática como Bielorrusia, China o Rusia, pero también democracias occidentales como Estados Unidos, Canadá, Italia y España.

En estos momentos hay varios conflictos armados, en varios países: Mali, República Centroafricana, Sudán del Sur y Nigeria. Pero la inestabilidad es permanente y el desencadenamiento de guerras civiles es siempre una amenaza.

slavery-per-capita-map-wo-arrowsDesde la visión occidental, África es un asunto que solo preocupa cuando se percibe amenaza de que esas personas desesperadas puedan alterar su placentera convivencia. Poco preocupa que las empresas transnacionales vulneren sistemáticamente las leyes para respetar la naturaleza a la hora de obtener los minerales y las materias primas energéticas. O que se trafique ilegalmente con armas que se usan para rebeliones, golpes de estado, insurgencia, actividades criminales y terrorismo. Desde 1945 a 2011 la guerra ha causado más de diez millones de muertos en África Subsahariana, la mayor parte civiles.

En África Subsahariana hay un gran número de estados fallidos, incapaces de asegurar un mínimo de seguridad y bienestar a sus ciudadanos; la mayoría de los estados africanos están entre los que tienen mayor índice de percepción de la corrupción, y se encuentran en los últimos lugares del índice de desarrollo humano que evalúa aspectos que van desde la esperanza de vida a la economía y la educación.

¿Qué se puede esperar de tal situación? ¿Qué pueden hacer esas personas que habitan lugares donde la vida no vale nada, donde los derechos humanos no existen y donde se está condenado a la miseria desde que se nace? ¿Por ejemplo, qué pueden hacer personas cómo los habitantes de Níger, de cuyo subsuelo se extrae el uranio, que sirve para el bienestar de la democrática Francia, a través de empresas multinacionales despreocupadas de la protección ambiental que tanto daño causa a la naturaleza y a la salud de los nativos, y cuyos beneficios económicos no repercuten en ellos?

Es cierto que las Naciones Unidas y Europa particularmente reaccionan ante las catástrofes humanitarias con misiones de pacificación como las que llevan a cabo en Mali, La República Centroafricana, o Somalia, y en las que España participa. Pero no es menos cierto que siempre sean los que más tropas proporcionan,  los que más intereses económicos o geoestratégicos tienen en las zonas de conflicto, como sucede con Francia en Mali o la República Centroafricana.

Si a todos los factores desestabilizadores mencionados se le añade las rivalidades tribales, étnicas y religiosa que contribuyen a fomentar la inseguridad humana, no podemos sino esperar la huida con la esperanza de encontrar un mundo mejor. La huida de estas personas que mueren en el mar es responsabilidad de todos los que de alguna manera contribuyen a perpetuar un sistema que es incapaz de acabar con la pobreza y acabar con las desigualdades.

 * Para completar este artículo con mayor argumentación y datos, revisar lo publicado en este mismo blog en el apartado África Subsahariana

 Javier Jiménez Olmos

Zaragoza 16 de febrero de 2014.

Lo inaceptable. Sobre la muerte en el mar de personas desvalidas

158444-944-716La muerte de personas que huyendo de la miseria intentan alcanzar unas mejores condiciones de vida provoca diversas reacciones y sentimientos. Muchas son las opiniones al respecto, pero desde este blog quiero significar las reflexiones de Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger. Que cada lector saque sus propias conclusiones, que cada uno de nosotros las compare con las que desde otros estamentos se hacen.

 El autor de este blog se solidariza con todo lo escrito en el documento que sigue y que es una reproducción íntegra de lo escrito por este religioso. Santiago Agrelo habla con sentimientos humanos, con solidaridad y con indignación ante tanta injusticia con estas personas desvalidas. No están excluidos de este mensaje los no creyentes porque cuando él habla de Jesús, se puede interpretar como la idea de igualdad de todos los seres humanos,  y cuando al final dice  “no me dejéis sin vuestra oración”, se puede entender como un acto de pensamiento solidario, de reflexión humana, de amor a la vida y a las personas.

ceuta-ahogados-ph--600x450El arzobispo nos habla de lo inaceptable con relación a los derechos humanos, yo añado que es inaceptable que mientras unos intenten salvar su vida otros solo piensen en “salvar la situación”.

Javier Jiménez Olmos

14 de febrero de 2014

 

A los fieles laicos, a las personas consagradas y a los presbíteros de la Iglesia de Tánger: Paz y Bien.

No te cierres a tu propia carne:

 «No hace falta que nadie lo interprete, pues está dicho para que lo entiendan incluso los niños: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo”.Y después del mandato al alcance de todos, por si hiciese falta, se añade la razón que lo sostiene: “No te cierres a tu propia carne”. ¡El hambriento, el pobre sin techo, el desnudo, son “nuestra propia carne”!

No te cierres a tu propia carne”: Este único conocimiento bastaría para que fuese otra la política de las fronteras, otra la lógica de nuestros razonamientos, otra el motivo de nuestras manifestaciones, otra la matriz de nuestras preocupaciones, de nuestras aspiraciones, de nuestras quejas, de nuestras opciones.

No te cierres a tu propia carne”: Si entras por el camino de esta sabiduría, “romperá tu luz como la aurora”, delante de ti irá la justicia, detrás irá la gloria del Señor, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

No te cierres a tu propia carne”, y el pan que compartes con el hambriento, te hará luz para el indigente, como es luz para ti el que, con su vida en las manos como un pan, dijo: “Esto es  mi cuerpo, que se entrega por vosotros”.

No te cierres a tu propia carne”: Sienta a los pobres a la mesa de tu vida, y tú serás para ellos la luz con que Dios los ilumina.

Y a cuantos una y otra vez me recuerdan que la Iglesia no es una ONG, una y otra vez recordaré que los pobres son “nuestra propia carne”, y que mi pan es su propio pan, y que la Iglesia es su propia casa.»

Ése era, queridos, el mensaje que había preparado para acercarme con vosotros al misterio de la palabra que oiremos proclamada en la liturgia del V domingo del tiempo ordinario; pero los acontecimientos reclaman transformar la suavidad de la exhortación en denuncia de lo que es inaceptable.

 Lo inaceptable:

 Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado.

Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.

Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país.

Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para que se multiplique en los caminos de los emigrantes el poder de las mafias que los explotan.

Es inaceptable que se reclamen fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y se toleren permeables para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas.

Es inaceptable que una política inhumana de fronteras obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.

Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna.

Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre, antes en nuestra indiferencia que en nuestras fronteras.

Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los mismos intereses y al mismo poder opresor.

 Desde la impotencia a la esperanza:

 Queridos: ante el drama de sufrimientos y muerte en que el poder ha convertido los caminos de los emigrantes, es difícil que apartemos de nuestro corazón sentimientos de frustración, de impotencia, de tristeza, de indignación. Pero nuestro compromiso con la vida de los pobres no nace de esos sentimientos, sino de un amor incondicional, un amor fiel, que a todos se nos ha manifestado, y que a todos nos ha reunido para siempre en el único cuerpo de Cristo.

No te cierres a tu propia carne”: no te cierres al sufrimiento de Cristo.

En este camino el poder no puede seguirnos. A él sólo le pedimos que sea justo. A nosotros el amor nos pide dar incluso la vida por el bien de los demás.

Y son muchas las cosas que, hasta dar la vida, podemos hacer: Tenemos la fuerza del amor y de la oración, una fuerza que es capaz de mover el mundo. Podemos hacer que los emigrantes no estén solos en su camino, y podemos dejar solos a quienes, gobiernos o mafias, les están robando la vida. Podemos compartir con el emigrante nuestro poco de leña, nuestro poco de agua, la última harina de nuestra vasija, el último aceite de nuestra alcuza. Podemos darles voz para que se escuche su grito, podemos llamar a las puertas de cada conciencia para que la sociedad reclame una nueva política de fronteras, y, con terquedad de discípulos de Jesús, podemos recordar a cada hombre que es su propia carne, también la de Cristo, la que, día a día, es condenada a muerte en las fronteras del sur de Europa.

 Queridos: no me dejéis sin vuestra oración.

 + Fr. Santiago Agrelo

Arzobispo de Tánger

7 de febrero de 2014

El aplauso entusiasta y la sensibilidad

No voy a entrar a discutir sobre la legitimidad de las decisiones que toma un parlamento soberano elegido democráticamente, ni sobre el contenido de determinadas leyes. La soberanía popular se supone representada por los parlamentarios elegidos libremente por todos los ciudadanos y las leyes elaboradas por expertos en la materia sobre la que tratan. Pero no hay que olvidar que las leyes o las decisiones políticas afectan a las personas, a sus trabajos, a sus derechos o a su seguridad, entre otras muchas cosas. Por ello, los que deciden en nombre de los ciudadanos deberían actuar con exquisita sensibilidad.

Hace ya algunos años el parlamento español aprobó por mayoría absoluta apoyar la invasión norteamericana de Irak. La aprobación fue seguida de un estruendoso aplauso de los parlamentarios que apoyaban al partido del gobierno. No hace tanto, el parlamento aprobó unas duras medidas de “ajuste”, que significaban un tremendo sacrificio para la gran mayoría de españoles, de nuevo el aplauso generalizado y ruidoso, incluso acompañado de algún insulto, sonaron en el lugar donde se representa la soberanía de todas las personas de este país.

Ayer 11 de febrero de 2014, en el Congreso de los Diputados, otra vez el aplauso entusiasta  para apoyar el trámite de una ley, que según todas las encuestas no obedece a los deseos de una gran mayoría de las españolas y españoles (pongo el femenino en primer lugar, porque esta ley afecta sobre todo a los derechos de las mujeres).

Insisto que no discuto la legitimidad, ni el contenido, ni las razones para la toma de determinadas posiciones (aunque obviamente, como cualquier persona, tengo mi criterio al respecto). Mi crítica es a la falta de sensibilidad que puede traer consecuencias para la seguridad. No se pueden, ni se deben añadir elemento potenciadores a la crispación social existente.

Ayer, como cuando la aprobación de los ajustes o el apoyo a la guerra de Irak, los diputados deberían de haber permanecido en un respetuoso silencio porque estaban actuando en contra de un gran número de españolas y españoles. Esos aplausos entusiastas pueden ser interpretados como alegría por unas imposiciones, como un “te jodes” (perdonen la expresión) y eso además de frustración y rechazo genera indignación.

Existen demasiados factores de descontento en la España actual como para crear más crispación y polarización. Serán inevitables nuevas manifestaciones y protestas, a las que también tienen derecho las personas en un Estado democrático, y seguramente también será inevitable que entre los miles de manifestantes pacíficos se introduzcan elementos violentos.

Cuando se está apoyando una guerra (la peor de las violencias), cuando se están efectuando recortes salariales o económicos, o cuando, según la opinión de muchas personas, se están eliminado derechos de las mujeres, como es el caso de la propuesta para reformar la actual ley del aborto, parecen innecesarias las manifestaciones de euforia porque afectan a la sensibilidad de muchas personas y porque a la postre no se sabe si esos aplausos se convertirán en rotundos silencios cuando se comprueben los resultados de esas decisiones que con tanta alegría se celebran ahora.

¿Aplaudirían con tanto entusiasmo ahora los resultados de la guerra de Irak o el sufrimiento causado a tantas personas y empresarios (sobre todo los pequeños o los autónomos) con las medidas de “ajuste”?

Los aplausos incondicionales y entusiastas en circunstancias como las que atraviesa España, u otros países de nuestro entorno, a medidas sociales o económicas restrictivas pueden ser interpretadas como un desprecio, una provocación innecesaria. Lo mejor es no tomar ciertas medidas, pero si se toman sería conveniente hacerlo sin arrogancia para no generar más violencia estructural y cultural.

Hay que escuchar a la opinión pública, a la oposición que representa también a millones españoles. En política, como en otras facetas de la vida, las negociaciones de suma cero, es decir uno gana y otro pierde, solo conducen a polarizaciones que se radicalizan y que son generadoras de violencia. Los líderes deberían recordar que la historia nos proporciona innumerables ejemplos de conflictos provocados por decisiones sectarias. Nadie puede patrimonializar ni la moral, ni la verdad, menos aún  cuando se trata de iniciar una guerra, disminuir la calidad de vida de las personas o eliminar sus derechos.

Javier Jiménez Olmos

12 de febrero de 2014

Los muros de la vergüenza

valla-marruecos-560_560x280Los miserables solo son noticia cuando mueren o cuando matan. Esta vez, como casi siempre, han muerto. Han muerto camino de la esperanza, de un sueño. Soñar, lo único que pueden hacer mientras que les queden fuerzas para vivir. Mueren en el mar, huyendo del hambre, ahogados por un modelo de convivencia que les repudia y les condena a morir o a matar.

Desde el mundo acomodado y egoísta solo se piensa en el bienestar propio e inmediato. No hay otra opción, la educación o adoctrinamiento recibido van en ese sentido. Una formación encaminada cada vez más a conseguir individuos útiles para un sistema que solo conoce de la economía del beneficio ilimitado. Un ultra capitalismo, llamado de un modo edulcorado neoliberalismo, que no contempla otra opción que la del mercado sin reglas a nivel mundial.

Un mundo obsesionado con la seguridad, pero que se olvida que no hay mayor inseguridad que la que proporciona el hambre. Una seguridad que nos transmiten a diario de un modo interesado para convencernos de que los “malos” nos acechan y están dispuestos a acabar con nosotros. Para defendernos de ellos tenemos que buscar soluciones, una de ellas construir muros con alambradas, cuanto más altos sean y cuanto más corten la cuchillas mejor.

Los muros del mundo

map_4.5_murs_typologie_v3_OK

Fuente: “Atlas des migrants en Europe. Géographie critique des politiques migratoires européenne,” Armand Colin. (Nicolas Lambert / MigrEurop

Recordemos el muro de Berlín, construido por los enemigos del pasado, durante el periodo de la guerra fría entre capitalistas y comunistas. El llamado “mundo libre” criticaba esa opción comunista de impedir que las personas se pudieran mover con libertad. Ese muro era el símbolo de la represión contra la libertad individual. Nadie disculpaba, ni justificaba, ni toleraba que se pudiera coartar la dignidad de las personas con cemento y alambres de espino, y con ametralladoras, que también las empleaban.

Hoy en territorio español tenemos también esos muros. Se justifican para impedir la entrada de inmigrantes ilegales. Se les pone un muro con alambres cortantes, y se trata de justificar con argumentos que comparados con la herida o la vida de un ser humano no son nada. ¿Qué puede justificar que una vida humana sufra o se pierda por defender unas fronteras? ¿Qué puede disculpar que los que menos tienen puedan sufrir tanto por tratar de evitar la miseria y la indignidad?

Las leyes lo podrán autorizar los muros de la vergüenza, pero el sentimiento humano se tiene que rebelar contra ese modo tan cruel de impedir que personas tengan esperanza. Deberíamos de sentirnos orgullosos de que quieran, venir con nosotros, a pesar de lo difícil que se lo ponemos. ¿Cómo serán sus vidas como para querer compartirlas con nosotros en estos momentos de crisis?

Personas que mueren tratando de emigrar hacia Europa

mapfortresseuropeeng1-1

Fuente: UNITED For Intercultural Action (Olivier Clochard/Migrinter)

No debería de extrañarnos cuando también los miserables matan. No es casualidad que las zonas donde más violencia, guerra y terrorismo hay, son aquellas donde la pobreza está más extendida. Un repaso por África Subsahariana para comprender por qué en determinadas zonas se está extendiendo el extremismo religioso y el terrorismo asociado. Mientras que unas minorías, generalmente al servicio de poderes externos, viven en la opulencia a costa de la explotación de unos recursos naturales, cuyos principales beneficios van a manos de las transnacionales del petróleo, el gas, el uranio u otros minerales valiosos. Este modelo económico capitalista desregulado consiente la especulación financiera que arruina a millones de personas, y a muchas naciones; un sistema que proporciona incalculables beneficios incluso con los que especulan con los precios de alimentos básicos como el trigo y el arroz por medio de los llamados “futuros”.

Por eso dije al principio que mueren o matan. No nos puede sorprender ninguna de las dos cosas. Ni los que mueren en el mar o en los muros de la vergüenza, ni los que matan con violencia o cometen sangrientos atentados terroristas en el mundo entero.  La desesperación conduce a caminos  de consecuencias imprevisibles y tantas veces a la tragedia.

Javier Jiménez Olmos

7 de febrero de 2014

Egipto con un futuro inquietante

Egipto1Introducción

Los Hermanos Musulmanes en Egipto han pasado de la clandestinidad al gobierno y de nuevo a la ilegalización en un corto periodo de tiempo. Sin embargo, para los miembros de la Hermandad, lejos de amedrentarles, el estado de emergencia les activa. En sus más de ochenta años de existencia se han habituado a trabajar en la sombra. Su modo de operar les hace difícil de controlar y detectar. Las decisiones las toman las máximos dirigentes pero la ejecución está descentralizada, lo que les permite actuar, incluso, en la ausencia de los líderes.

Los Hermanos se reúnen en pequeñas células, llamadas usra, al menos tres horas una vez a la semana donde reciben directrices de un líder que actúa como guía espiritual y político. Las células, se pueden reducir hasta un mínimo de tres personas, con lo que no hace falta infraestructura para las reuniones, pueden recibir instrucciones paseando por la calle sin despertar sospecha alguna. Las esposas también forman parte activa de las redes de comunicación.

Los Hermanos Musulmanes mantienen su unidad porque para ellos el islam les integra en un sistema que abarca todos los órdenes de la vida. Desde los años setenta apostaron por una línea de no violencia, aunque, la nueva ilegalización les puede llevar a una reunificación que adopte una posición más dura. No obstante, puede suceder que parte de ellos opten por posiciones más prácticas y cedan en algunos de sus planteamientos más radicales.

En un caso o en otro existe la posibilidad de que los elementos más extremistas, especialmente los formados por los más jóvenes, formen grupos que realicen acciones violentas o cometan atentados terroristas. La frustración por el fracaso de trabajar con métodos democráticos, el desencanto por la poca eficacia de posiciones de sus líderes, que ellos consideran blandas e ineficaces, y la venganza por la represión actual serán los detonantes de estas formas de actuación violentas.

No hay que olvidar que durante la represión en la década de los setenta Shukri Mustafa, antiguo miembro de los Hermanos Musulmanes, creó el grupo Takfir wal-Hijra, uno de los precursores de Al Qaeda; y que Muhammad Abd-al-Salam Faraj dirigió el grupo al-Jihad que organizó el asesinato del presidente Anwar el-Sadat, además de proporcionar algunos de los líderes de Al Qaeda como Aymán al-Zawahiri.

¿Golpe de Estado?

Ni tan siquiera el presidente norteamericano Barack Obama se ha atrevido a pronunciar las palabras “golpe de estado” para calificar el ascenso al poder del general Sisi, pero es difícil emplear otra expresión que defina mejor lo que sucedió a principios de verano de 2013 en Egipto. El partido que salió victorioso de las elecciones democráticas, a las que nadie de la comunidad internacional puso reparo de irregularidad, fue el que respaldaba a los Hermanos Musulmanes y Mohamed Morsi, quien legítimamente obtuvo el cargo de Presidente. Los militares, con el general Abdul Fatah al-Sisi al frente, lo derrocaron por la fuerza, y eso no tiene otra denominación que la de “golpe de estado”.

Egipto3Pero el golpe no era algo improvisado. Los militares y los hermanos musulmanes nunca han tenido buenas relaciones en Egipto. Sin remontarse a los tiempos de la represión de Nasser, Sadat o Mubarak, los militares actuales tenían poca confianza en la actuación de los Hermanos Musulmanes actuales. Desde enero de 2011, cuando Mubarak fue depuesto, han muerto más de doscientos policías y miembros de los cuerpos de seguridad del Estado en atentados atribuidos por los militares a los Hermanos Musulmanes.

Los militares no le perdonaban a Morsi su complicidad con elementos radicales del islamismo egipcio, puesto de manifiesto al liberar casi una veintena de esos elementos condenados desde los años noventa por ataques contra policías y militares. El sentimiento contra los Hermanos Musulmanes por parte de los militares se exacerbó cuando Morsi comenzó a acaparar más poder dentro del Estado.

En enero de 2013 destituyó a parte de la cúpula militar, entre la que se encontraba el general Ahmed Gamal, máximo responsable de las seguridad del Estado y Ministro del Interior, que fue reemplazado por otro general, Mohamed Ibrahim, quien estaba muy cercano a todos los mandos militares que habían estado a las órdenes de Mubarak, entre ellos al-Sisi, que había ocupado la jefatura de la inteligencia militar con el antiguo mandatario.

A principios de 2013 en todos los círculos militares, tanto en los cuarteles como en las residencias o instalaciones recreativas, eran frecuentes entre los oficiales de las fuerzas armadas las discusiones sobre el futuro de Egipto con los Hermanos Musulmanes al frente. El rumor extendido era que el gobierno de Morsi no podía durar mucho más tiempo.

El 15 de junio de 2013, el  Ministro del Interior mantuvo una reunión con cerca de tres mil oficiales que al grito de “fuera Morsi” le acusaron de ser el instigador de los actos terroristas que causaron la muerte de varios policías en la península del Sinaí.  Para julio de 2013 los líderes militares fomentaban el golpe, no obstante, permanecían a la expectativa y dejaban el protagonismo contrarrevolucionario a los oficiales jóvenes, cuyos principales activistas formaban el grupo llamado tamarud (revolución). El 4 de julio de 2013 el general Sisi anunció que los militares se harían cargo del poder. Y comenzó una represión que ha conducido a la ilegalización de la Hermandad.

Sin embargo, la ilegalización no les ha provocado su desaparición. Parece, incluso, que el reclutamiento ha aumentado y que la radicalización comienza a ser un hecho como se demuestra con la creciente ola de manifestaciones, actos violentos y atentados.

Al-sisi-Egipto-EFELa Constitución de los militares

Sisi y los militares han tratado de legitimar su ascenso al poder mediante la convocatoria de un referéndum con una nueva constitución. En un referéndum celebrado los días 14 y 15 de enero de 2013, los egipcios votaron un texto que seguía otorgando privilegios a los militares y les aseguraba un gran poder dentro del Estado a través de Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

El general Sisi está satisfecho con el resultado de este referéndum que para él significaba, no solo la aprobación de la constitución, sino el respaldo hacia su figura y su manera de actuar. Votaron 20 millones de electores de los 53 millones del censo. Es decir, una participación del 36,6%, aunque los que votaron lo hicieron afirmativamente en un 98,1%. Lo que de algún modo pone en duda ese respaldo mayoritario proclamado por Sisi y sus seguidores. No obstante el respaldo a esta constitución fue superior al obtenido por la redactada por los islamistas de Morsi en 2012. Entonces, votaron el 32,9%, con un voto afirmativo del 62%.

Sisi, siguiendo una estrategia preconcebida, ha decido celebrar elecciones presidenciales en las que se presentará como candidato y después elecciones parlamentarias. No puede decirse que Egipto disfrute de libertades que permitan considerarlo un Estado democrático. El referéndum constitucional se ha celebrado en un estado de represión generalizada contra una parte importante de la población. Algunos periodistas no tiene facilidad para realizar su trabajo informativo, otros han sido encarcelados. Los partidos políticos laicos, que en principio no se opusieron al golpe de Sisi, están también ahora siendo reprimidos. Los militares temen que Egipto se convierta en una nueva Siria y toman todas las medidas represivas que estiman convenientes para acallar a los disidentes.

La comunidad internacional

Y mientras tanto la comunidad internacional permanece a la expectativa temerosa de que la polarización social desemboque en un conflicto armado que a nadie interesa. Los militares egipcios lo saben y actúan en consecuencia. Utilizando el principio goebeliano de simplificación, es decir, identificar al adversario en un único enemigo, declaran terrorista a todo aquel que no sigue sus reglas. Así entran en el mismo calificativo Al Qaeda, los Hermanos Musulmanes y otros grupos opositores.

Norteamericanos, rusos y chinos no simpatizan con los islamistas y, por lo tanto, Sisi les hace un buen trabajo. Para los israelíes, Sisi es más de fiar que Morsi, y eso hace que los estadounidenses no muevan un dedo contra los intereses de sus más fieles aliados en la zona. Los egipcios son los principales perceptores de ayuda norteamericana, detrás de los israelíes y, junto con ellos, son los únicos en recibirla por el sistema de no tener que pagar por anticipado. La seguridad en la zona especialmente en el Sinaí, contribuye a extrañas alianzas entre israelíes, egipcios y norteamericanos.

No obstante, la administración Obama ha realizado gestos simbólicos, más de cara a la opinión pública que efectivos, suprimiendo algunas ayudas financieras y militares, aunque las fundamentales en materia de seguridad han continuado. Los rusos han intentado sacar provecho de la situación ofreciendo al gobierno de Sisi material militar como aviones, helicópteros de combate y sistemas de defensa, sin  que por el momento se conozcan acuerdos definitivos.

Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han bendecido el golpe militar y lo han apoyado con ayuda financiera directa, préstamos de bajo interés y proporcionándoles petróleo. Qatar fue el único país del golfo en prestar cierta ayuda al gobierno de Morsi, lo que puede que ahora sea una de las causas por la que periodistas de la cadena catarí Al Jazeera sean encarcelados, con la consiguiente protesta de todos los medios de comunicación internacionales.

El futuro de Egipto

El futuro de Egipto es cuando menos inquietante: una economía que se deteriora por una inestabilidad que causa estragos en el turismo, su principal fuente de ingresos; unas inversiones extranjeras dubitativas, a la expectativa de acontecimientos; una pobreza endémica, casi la mitad de los egipcios vive con menos de dos dólares diarios; una polarización social cada vez más acentuada; un gobierno militar que ha optado por la represión; y un aumento de la inseguridad provocada por la delincuencia común y por los atentados terroristas.

Con todo ello, no cabe esperar otra cosa que los militares prosigan la represión e incluso la acentúen hasta la celebración de las presidenciales, que ganará Sisi con toda probabilidad, aunque con alto porcentaje de abstención, significativo del nivel de oposición, tal y como  ha sucedido con el referéndum constitucional. Si se llegan a celebrar las parlamentarias, con posterioridad a las presidenciales, Sisi habrá tenido tiempo de organizarlas de tal modo que sea el partido que le apoye el vencedor de las mismas. Dispondrá de todo el aparato del Estado para ello y contará con unas fuerzas de seguridad e inteligencia capaces de anular cualquier vestigio de oposición.

Seguramente, la comunidad internacional permanecerá en silencio, como conviene a los intereses de seguridad militar, en Oriente Medio todo se supedita a la seguridad militar. Mientras, como sucede en Siria y en otros lugares del planeta, la mayoría de los egipcios no sabrán qué hacer ni a quién apoyar, porque sus vidas no van a cambiar como ya han podido comprobar después de tres años del comienzo de una ilusionante revolución.

Para ampliar información consultar el artículo del 14 de octubre de 2013 titulado El dilema de Egipto: dictadores o islamistas, disponible en: https://jjolmos.wordpress.com/2013/10/14/el-dilema-de-egipto-dictadores-o-islamistas/

Javier Jiménez Olmos

5 de febrero de 2014

Este artículo ha sido publicado en el Observatorio de Paz, Seguridad y Defensa de la Universidad de Zaragoza, disponible en:  http://catedrapsyd.unizar.es/observatorio-psyd/opina/egipto-con-un-futuro-inquietante.html

El Gamonal: El dilema sobre la eficacia de la protesta pacífica

Gamonal1Ya han pasado algunos días para poder hacer un análisis más reflexivo de lo que ha representado en España el efecto de las movilizaciones sociales llevadas a cabo por vecinos del barrio burgalés de “El Gamonal”. Por lo general, en los países desarrollados, la mayoría de ciudadanos acatan sin grandes contestaciones las decisiones que se toman desde el poder. Esto parece ser una constante por dos razones fundamentales: primera, en las sociedades con un alto grado de bienestar las personas se acomodan y creen que nada podrá rebajar su estatus de vida; segunda, desde el poder se mentaliza contra la protesta, el argumento de que no va a servir de nada manifestarse cala de tal forma que paraliza a la mayoría de los ciudadanos.

Pero cuando las condiciones de vida comienzan a cambiar y la percepción de los ciudadanos es que se están rebajando los niveles de vida adquiridos, que las instituciones no funcionan o que lo hacen indebidamente, cuando el sentimiento es que algunos cargos públicos no respetan las leyes y actúan en beneficio de sus intereses particulares, la sociedad puede liberarse de su comodidad y de su miedo, y comenzar a reivindicar sus derechos de un modo más activo.

No es una sorpresa, excepto para los desconocedores de la historia o los cegados por la propaganda de optimismos partidistas, que las personas tiene un límite de aguante sobre la vulneración de sus derechos y su dignidad. No es una novedad, las revueltas sociales estallan cuando se dan ciertas condiciones objetivas y una percepción de las mismas. Los informes de organizaciones nacionales e internacionales alertan sobre los riesgos de la creciente desigualdad y la pobreza, como consecuencia de la crisis de un sistema económico que cuando menos habría que poner en revisión.

Los datos objetivos del desempleo, el empleo precario, la pobreza y la desigualdad son incontestables, excepto para los cegados por la pasión partidista o los obcecados por la avaricia. La percepción de este desastre social está extendida. Hay una gran mayoría de personas que sufren directamente, o en su entorno cercano o familiar las consecuencias del mal funcionamiento de un capitalismo “perverso” que desde el poder dominante se ha intentado sacralizar. Es otra de las formas de hacer desistir a los críticos: “no hay alternativa”.

Los vecinos de “El Gamonal” han demostrado que con la unidad y la determinación se pueden poner freno a las decisiones o abusos del poder. Está rebelión ciudadana no ha estado exenta de episodios de violencia directa provocada por algunos manifestantes y por la consiguiente represión de las fuerzas de orden público. La justicia está tratando de averiguar la legalidad de actuación en cada caso, pero desde el punto de vista de la eficacia de las protestas surge la pregunta: ¿se hubiera conseguido paralizar la obra prevista por el Ayuntamiento de Burgos si las manifestaciones no hubieran tenido el protagonismo mediático causado por los episodios de violencia?

El dilema entre la protesta pacífica y la más agresiva o, incluso violenta, es una constante histórica en el pensamiento de los movimientos sociales. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, se debatía entre la revolución comunista o el reformismo socialdemócrata. Las dos concepciones han tenido su oportunidad real. El comunismo soviético se implantó mediante una sangrienta revolución que causó millones de muertos y que finalizó con un fracaso social y económico que causó su colapso.

Sin embargo, con la socialdemocracia se han logrado los mayores niveles de bienestar conseguidos en la historia de la humanidad en aquellos países donde se implantó. Como cualquier sistema tiene sus imperfecciones que conviene criticar y corregir, pero los datos objetivos alcanzados en países como Suecia, Alemania, Reino Unido, entre otros, han quedado como prueba evidente de bienestar social generalizado (países en los que los gobiernos conservadores no modificado sustancialmente todavía los logros del estado de bienestar).

No obstante, no fueron los socialdemócratas los primeros en hacer las reformas que condujeron al estado de bienestar. Los primeros en llevar a cabo las reformas propuestas por estos revolucionarios “descafeinados” fueron los propios conservadores, no se sabe si convencidos por las bondades de las concesiones sociales o por el miedo a la revolución violenta del amenazador comunismo. Bismarck, en Alemania, fue el primero en adoptar medidas sociales, temeroso de que los socialdemócratas optaran por la vía revolucionaria, estableciendo el seguro obligatorio en 1873, el seguro de accidentes al año siguiente, el seguro de invalidez en 1889, y el seguro de vejez en 1891, a pesar de que los sectores más conservadores del empresariado alemán se oponían a las mismas (con argumentos tales como que los gastos de la seguridad social limitaban la competitividad y que los seguros sociales inducían al fraude de los trabajadores, algo que suena muy actual).

También en el Reino Unido fue otro conservador, William Henry Beveridge, el que teorizó las bases del estado de bienestar implantado tras la Segunda Guerra Mundial, y lo hizo convenciendo a los empresarios y al partido conservador de la importancia de las reformas a cambio de seguridad. Sirvan como muestra estos dos ejemplos para comprobar que el miedo a los procesos revolucionarios provocó reformas importantes a favor de las clases más desfavorecidas por parte de las fuerzas conservadoras.

Lo sucedido en el barrio de “El Gamonal” no es una anécdota, ni una confabulación de elementos revolucionarios, es una revuelta espontánea fruto de un descontento social que desarrolla en un momento determinado por un hecho puntual. Es una señal de alarma importante, que no debe de ser minusvalorada por los dirigentes políticos.

Gamonal2Las bondades de un sistema que llaman neoliberal son bien percibidas por aquellos que disponen de los fondos monetarios suficiente como para comprase unas “gafas especiales”, el resto se las imaginan. El descontento social es una evidencia diaria, a pesar de los esfuerzos propagandísticos para anularlo. El descontento puede dar paso a las revueltas. Y es aquí donde los líderes sociales, empresariales y políticos tienen la mayor responsabilidad. Deberían de aprender las lecciones de la historia, de convencerse de que las reformas del sistema son necesarias, aunque solo sea por su propia seguridad.

Si no se cambia o reforma el actual modelo socioeconómico se corre el riesgo de protestas incontroladas de consecuencias imprevisibles. Es obligatorio adelantarse a la historia antes de que esta acabe por atropellarnos a todos.

 Javier Jiménez Olmos

 Uno de febrero de 2014