LA ACTUAL CRISIS SOCIAL, SEÑAL DE ALERTA PARA LA SEGURIDAD HUMANA E INTERNACIONAL

Comenzaré con unos versos de Mario Benedetti: Seré curioso

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible
vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles
tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse
los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usted conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países
ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple
cómo traicionan
usted y los otros
los adulones
y los seniles
por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde
y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve
después de todo
usted es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

Introducción

La crisis, como la enfermedad se siente cuando uno la padece en carne propia. Las sociedades del bienestar de la Europa Occidental, los individuos de las sociedades más avanzadas la hemos empezado a sentir y, por ello, no dejamos de hablar de ella. La crisis invade las vidas de los, hasta ahora, confiados ciudadanos de las sociedades occidentales. Y no se trata de contemplarla como una simple estadística que aparece en estudios sociales y económicos, se percibe, se toca; nadie en sí mismo o en su entorno más cercano se libra de sus efectos. Desempleados, desahuciados, empleo precario, despidos inmediatos, ERE,s, cierre de comercios, fábricas, estudiantes sin becas, inmigrantes sin seguridad social, estudios universitarios cada vez más costosos, rebaja de salarios, congelación de pensiones, supresión de ayudas a dependientes…Interminable lista de “ajustes” y limitaciones del Estado de Bienestar.

Pero la crisis no es nueva. Si contemplamos el mapa del mundo y nos fijamos en los lugares donde se podía disfrutar el Estado de bienestar su extensión es minoritaria con relación al de aquellas partes donde no saben, ni nunca han sabido, lo que es eso del Estado del bienestar. La crisis es permanente para una gran parte de la humanidad que vive en la miseria, o en la pobreza, o en la opresión, o en la guerra, o todas a la vez como suele a menudo suceder. Existe una correlación entre niveles de pobreza y aparición de conflictos. Los datos objetivos son comprobables.

Banda de ingresos y conflictos armados

Categoría de ingresos del Banco Mundial basadas en el Ingreso Bruto Nacional per cápita en dólares USA

Tipo de conflicto

Baja

Menos de  875

Media baja

Entre 876 y 3.465

Media alta

Entre 3.466 y 10.725

Alta

Más de 10.725

Nacional

19

21

7

6

No nacional

17

8

4

0

Porcentaje de estados en cada banda de ingresos con conflicto armado

Fuente: Human Security Report 2005

Sin embargo, no hay apenas conflictos en aquellos países y regiones de la Tierra donde se han alcanzado niveles de desarrollo e igualdad con los que se han conseguido la libertad individual, el respeto a los derechos humanos y la instauración de sistemas democráticos representativos. Aunque, hay que recordar que algunas de estas democracias, tan celosas guardianes de sus valores en su territorios nacionales, se olvidan de ellos cuando intervienen en terceros países en defensa de sus intereses, con operaciones militares o guerras.

Países involucrados en la mayor cantidad de conflictos internacionales 1946-2008

 Human Security Report, 2009/2010

País Núm. conflictos involucrados
Francia

25

Reino Unido

22

Rusia/URSS

19

Estados Unidos

17.

La crisis es una crisis global, que no tiene su comienzo hace unos pocos años, es la crisis de un sistema socioeconómico que perpetua las diferencias entre las personas, pero en el “ombligo occidental” se percibe ahora. Los que saltan vallas con alambres de espino; los que navegan en el oscuro Mediterráneo en “pateras”; los que se quedan en sus lugares de nacimiento a morir de malaria, de hambre, o de SIDA; los que mueren en guerras provocadas por intereses económicos, por el fanatismo religioso o por la barbarie nacionalista; todos ellos viven en crisis perpetua.

Podría parecer esta argumentación un pretexto para aceptar con resignación lo que ahora está sucediendo en el Occidente del bienestar. Nada más lejos del propósito de estas reflexiones. Ahora que se sufre la enfermedad de la crisis, hay que darse cuenta de lo que significa, del sufrimiento que han soportado, y soportan más de la mitad de los seres humanos, para muchos de los cuales alimentarse y alimentar a sus hijos es su única preocupación diaria. Ahora es el momento de, además de sobrevivir, analizar las verdaderas causas que producen lo que llamamos crisis.

No pretende ser esta conferencia un estudio económico o social de la crisis. Ya existe abundante literatura al respecto de prestigiosos tratadistas de la materia. Desde la perspectiva de un analista de la seguridad internacional preocupa las repercusiones en las relaciones internacionales y nacionales, de los efectos que produce un  sistema socioeconómico que si bien genera riqueza no la distribuye con justicia.

Cuando el investigador se adentra en el análisis y el origen de los conflictos y de las guerras puede verse influenciado por su perspectiva ideológica, por su forma de concebir las relaciones internacionales y nacionales, y por sus experiencias personales. Es un riesgo del que nadie se libera, como tampoco se libera de ser tachado de poco objetivo y parcial por quienes profesan otras creencias o ideologías distintas, o simplemente por aquellos que tienen otra visión diferente.

Así que asumiendo todos esos riesgos se intentará exponer la visión personal del título de la conferencia, y se hará sobre todo desde una perspectiva humana, poniendo al individuo como centro supremo de cualquier otra forma de seguridad. “La seguridad humana” por encima de la de los Estados y la de las “patrias”. La persona como referencia, el respeto a su dignidad, a su libertad y a sus derechos como base fundamental de cualquier convivencia. Una convivencia que se deteriora y puede conducir al conflicto y la guerra cuando las vulneraciones de esos derechos se hacen insoportables.

La seguridad humana

El concepto de seguridad ha sido tradicionalmente relacionado con la defensa del territorio; ambos conceptos seguridad y defensa estaban ligados de tal modo que  llegaban a confundirse. La protección de territorios y el mantenimiento del orden interior se fundamentaban en la existencia de unas fuerzas armadas y policiales potentes, capaces de disuadir o destruir a enemigos exteriores e interiores. El concepto westfaliano[1] de las relaciones internacionales provocaba que los Estados se dotaran de potentes organizaciones defensivas para preservar su soberanía. Se partía de la premisa que la seguridad de los Estados era prioritaria, por encima de la de los individuos que lo componían. La seguridad construida por la fuerza de las armas ha predominado a lo largo de la historia de la humanidad.

Conscientes de que la mayor parte de los conflictos son provocados por la injusticia, la miseria, la falta de derechos, la explotación y la marginación, una parte de la humanidad prefiere empezar a revisar el concepto de seguridad para que sea el individuo el principal receptor. De nada sirve tener muy protegido un país, o el mundo, si sus habitantes no son libres, no tienen derechos y carecen de los más elementales recursos para subsistir, o todo a la vez como sucede en la mayoría de los casos.

La ONU, a través de un informe del Secretario General, Kofi Annan, titulado “La función de las Naciones Unidas en el siglo XXI”, presentado durante la Cumbre del Milenio que tuvo lugar en Nueva York en septiembre de 2006, recalcó la importancia del individuo como principal sujeto de la seguridad.

Para destacar al individuo como objeto prioritario de la seguridad se emplea el término “seguridad humana”, concepto que surgió por primera vez en el Informe sobre el Desarrollo Humano de 1994 del programa de las Naciones Unidas. Este concepto tiene una gran amplitud porque abarca todas las amenazas a la dignidad humana, desde la pobreza a la marginación, desde la tortura hasta la violación. En resumen, cualquier aspecto de las relaciones humanas que atente contra la dignidad, libertad y derechos de las personas.

La seguridad humana afecta principalmente al mundo subdesarrollado pero también al mundo desarrollado; las personas del mundo desarrollado comienzan a sufrir un deterioro de su seguridad como consecuencia de la crisis económica iniciada en el 2008, y que se ceba especialmente en algunos países europeos, España incluida.

La seguridad humana tiene un alcance universal y está centrada en la prevención, su centro es la persona humana y no el Estado. La seguridad humana se preocupa de los aspectos siguientes: jurídico, los derechos humanos por encima de los Estados; humanitario, atención a las víctimas de los conflictos; y económico, con el objetivo del desarrollo sostenible. La seguridad humana aborda el problema del derecho de injerencia y se posiciona por el deber de la intervención humanitaria cuando los Estados no sean capaces de respetar los derechos humanos y proteger a sus ciudadanos.

El impulso de la seguridad humana viene provocado por la preocupación surgida con el final de la era bipolar que bloqueaba cualquier intento de ampliar el concepto de seguridad a otros campos fuera del puramente militar. La seguridad humana intenta la resolución de conflictos mediante el análisis de sus causas y la utilización de métodos pacíficos, promueve para ello el desarrollo y la cooperación internacional,  e impulsa el fomento de los derechos humanos y la democracia.

En la seguridad clásica el objeto a proteger es el territorio o los intereses del Estado mediante la disuasión por el poder militar frente a la amenaza militar. En la nueva concepción es el bienestar del individuo, mediante la cooperación, el que prevalece frente a las amenazas multidimensionales. No es sólo prevenir la amenaza física provocada por actos violentos, es garantizar la seguridad frente a todos los actos que puedan afectar a la dignidad, libertad y derechos de los individuos

Enfoque de la seguridad

Clásico

Nuevo

Objeto

Estado

Individuo

Valores

Interdependencia

Integridad

Bienestar

Amenaza

Militar

Multidimensional

Medios

Disuasión

Cooperación

Globalización

La globalización ha significado la supresión de las distancias y del tiempo entre las diversas partes del mundo debido a la facilidad y reducción de costes en el transporte y las comunicaciones, lo que ha provocado un enorme flujo de bienes, servicios, capitales y conocimiento a escala planetaria.

Pero esta globalización no significa que todos los países obtengan los mismos beneficios. La globalización puede tener un efecto devastador sobre países en desarrollo, y muy especialmente sobre la población pobre de esos países. Para que la globalización sea beneficiosa para todos es preciso que se replantee el modo de gestionarla.

El control de la economía por unos pocos poderes ha conducido al aumento de las desigualdades que pueden provocar conflictos, amenazas globales como el terrorismo y la vulneración de los derechos humanos. En cuanto al unilateralismo y la “guerra preventiva” de la potencia hegemónica (EE UU), sobre todo tras el 11-S, no han contribuido precisamente a fomentar la seguridad a nivel mundial. Si los riesgos son globales, también han de serlo las soluciones, por ello, se considera más eficaz la vía del multilateralismo, la cooperación, la renovación de las instituciones internacionales y, muy especialmente, una mayor implicación para acabar con las desigualdades, la injusticia y la pobreza.

¿No es el actual sistema económico imperante un riesgo para la seguridad global? ¿No es una amenaza para la seguridad internacional un sistema que pone como prioridad el beneficio, que propone como valor prioritario el dinero? Y ¿por qué no discutir el sistema? ¿Por qué no pensar que es el propio sistema actual el que engendra los principales riesgos?

Según la FAO el hambre en el mundo ha alcanzado el techo histórico de más de mil millones de personas que pasan hambre a diario. El reciente incremento del hambre no es consecuencia de las malas cosechas, está causado por la crisis económica mundial, que ha provocado a su vez una disminución de los ingresos y un incremento del desempleo. De este modo se ha reducido el acceso de los pobres a los alimentos. Al tiempo que se lograron importantes progresos para reducir el hambre crónica en la década de 1980 y la primera mitad de la de 1990, el hambre aumentó lenta pero inexorablemente durante la última década, según la FAO.

Casi toda la población desnutrida del planeta vive en países en desarrollo. En Asia y el Pacífico se calcula que unos 642 millones de personas sufren hambre crónica, 265 millones en África subsahariana, 53 millones en Latinoamérica y el Caribe, 42 millones en África del norte y Oriente medio y 15 millones en los países desarrollados.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe del 2013 sobre “El Mundo del Trabajo”, advierte el potencial incremento de los disturbios sociales en países de la Unión Europea (EU) mayor que en ninguna otra parte del mundo, y que las diferencias entre ricos y pobres se hacen cada vez más grandes. Según este informe las protesta, huelgas y paros se han incrementado en la mayor parte de los países de la UE desde que comenzara la crisis en el año 2008. El informe de la OIT señala que, entre otros, Grecia, Italia, Portugal y España se encuentran entre los más vulnerables al crecimiento de los desordenes sociales.

Protesta y violencia

La tesis del “fin de la historia” de Fukuyama, en la que se proclamaba que el liberalismo había vencido a las ideologías rivales y lo consideraba “el punto final de la evolución ideológica de la humanidad”, ha quedado superada por los acontecimientos en tan solo veinte años. En este periodo se ha llegado al final del sueño capitalista y ha comenzado una nueva pesadilla que conduce a la desigualdad y puede que a la violencia. En 1989 cayó el “muro de Berlín”, el colapso del sistema soviético se produjo  por la incompetencia de los gestores de la utopía comunista y por su perversión de la idea igualitaria. ¿No se estará ahora derrumbando otro muro? No se puede predecir las consecuencias que para la seguridad internacional puede suponer este nuevo derrumbe.

El sistema capitalista actual da síntomas de agotamiento, cada vez es mayor la cantidad de personas que se acercan a una vida miserable; en un mundo donde se sacraliza la propiedad frente  a la solidaridad, donde el beneficio prima sobre la dignidad, y donde el poder decide sobre la vida de las personas. Ante tanta injusticia, o violencia estructural, no son sorprendentes las “revueltas” contra el poder dominante.

Son cada vez más los ciudadanos descontentos, los que con su “ración diaria contra el desaliento” tratan de no aceptar con fatalismo sagrado el destino que les toca; intentan cambiar un sistema socioeconómico que provoca desigualdad y pobreza; piensan que existen otras alternativas a las que dictan los oligarcas del sistema.

Las protestas nunca han sido del agrado del poder, se descalifica a los disidentes mediante la violencia cultural o se les reprime sin contemplaciones con violencia directa. Es el doble rasero, los poderosos continúan con sus privilegios, con sus abusos, con sus corrupciones. Para ellos los ciudadanos tienen derecho a votar, y con eso justifican la democracia. Sin embargo, la gran mayoría de las personas no cuentan para nada, sólo unas élites poderosas organizan y deciden por las masas, hasta que estos individuos anónimos no pueden aguantar más y se levantan para mejorar, modificar o cambiar el sistema.

La violencia no es un hecho casual, ni está producida por la incitación interesada de unos contra otros. La violencia tiene causas profundas, que son las que los líderes sociales tienen la obligación de atajar.  ¿Cuál es el límite de la resistencia humana ante la injusticia? ¿Qué factores influyen para desencadenar la violencia? ¿Cuál es el detonante para que la protesta pacífica se transforme en violenta?

La violencia es incomprensible desde la acomodación y desde la resignación. Pero cuando los seres humanos se ven acorralados, cuando pierden su dignidad, cuando no hay esperanza de futuro, cuando se les priva de sus bienes, es cuando la violencia puede surgir. Ignorarlo es una irresponsabilidad.

Cuando desde organizaciones, tan poco sospechosas de revolucionarias como Cáritas, se informa del alarmante crecimiento de la pobreza y la desigualdad, no se puede perder el tiempo en discursos para descalificar a los que legítima y pacíficamente manifiestan su descontento. La obligación de la sociedad, muy especialmente de sus líderes, es analizar si el funcionamiento del sistema es el adecuado, para reformarlo o cambiarlo, para evitar que el descontento de paso a la violencia directa generalizada.

Conclusiones

Conviene aprender las lecciones, es preciso estudiar si la crisis actual y el sistema económico dominante no pudieran ser los causantes de un nuevo proceso conflictivo que degenerara en una guerra mundial de proporciones inimaginables. La insistencia en resolver algunos problemas económicos con medidas que afectan sobremanera a las clases más desfavorecidas puede tener consecuencias no deseables para la seguridad nacional e internacional.

Las medidas económicas urgentes para solucionar la crisis de un sistema al borde del colapso no deben olvidar que afectan a las personas, y cuando estas pierden sus empleos, o no consiguen un trabajo, ven embargados sus bienes y reducidos o eliminados los servicios básicos gratuitos que asegura el Estado de bienestar, puede que su comportamiento ya no sea tan ecuánime, equilibrado, racional y pacífico.

No se trata de crear alarmismos innecesarios, se pretende prevenir lo que pudiera suceder cuando ya sea inevitable. La alerta está en marcha, todavía se puede prevenir, pero la alarma está a punto de sonar, se dan demasiados síntomas de riesgo.

Un toque de atención sobre los riesgos del juego financiero que permite el actual sistema económico, sobre el peligro de la perpetuación de ese sistema económico imperante. Un aviso sobre la ceguera de dirigentes nacionales e internacionales ante las reacciones humanas cuando se ven amenazadas sus atenciones primarias, su dignidad, y sus derechos, cuando el futuro es tan incierto que no merece la pena.

La crisis, que no es otra cosa que la constatación de que algo está fallando en el sistema económico actual, puede causar, quizás ya esté en marcha, un proceso mundial irreversible de conflictos de proporciones dramáticas. La “primavera árabe” ha sido el preludio inacabado de este proceso.

La crisis, además de la tan argumentada deuda pública, ha causado desigualdad, más pobreza, empobrecimiento de las clases medias, pérdida del Estado de bienestar y mucho paro, sobre todo paro juvenil insoportable. En España, según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), el desempleo juvenil alcanzaba el 52,1% a mediados del 2012.

Las arengas para soportar el sacrificio de los ajustes presupuestarios no causarán efecto alguno si la pobreza se extiende y cunde el desánimo por el futuro. Será entonces muy difícil atajar las reacciones violentas.

La polarización de la sociedad, la radicalización, conducirá a una situación explosiva cuyo detonante casual o provocado puede generar procesos revolucionarios. Está sucediendo, incluso en las sociedades más avanzadas europeas donde se da un incremento de los grupos y partidos extremistas. La historia confirma que no es algo nuevo, las revoluciones comunistas, el fascismo y el nazismo fueron la constatación de la polarización social en tiempos de crisis. Ante la angustia no es difícil propagar doctrinas salvadoras.

Según esta tesis sobre las consecuencias para la seguridad nacional e internacional, la crisis conduce a la polarización, y esta a la violencia. La violencia cuando se desata es siempre imprevisible. Aunque parte de la población intente canalizar sus protestas o reivindicaciones a través de manifestaciones pacíficas, siempre pueden existir elementos incontrolados y/o actuaciones de cuerpos de seguridad desproporcionadas que provoquen situaciones límite de violencia.

Esta polarización se multiplicará con ocasión de la provocación y la represión. Los ciudadanos tomarán partido y radicalizarán sus posiciones según sus particulares visiones de los incidentes. Así, el proceso puede desembocar en conflicto generalizado. Una vez que se desata la violencia –desordenes, saqueos, heridos, muertos- el proceso de pacificación es complicado y la recuperación de la armonía muy larga; la violencia deja un poso de odio difícil de eliminar.

Por eso, los responsables de promulgar medidas económicas drásticas deberían de evaluar también las consecuencias para la seguridad. Nunca se debería olvidar que la escalada sigue estos pasos: crisis, polarización, conflicto y violencia; y la violencia puede llevar a la peor de las crisis: la guerra. Y no se debería olvidar de que los jóvenes son reivindicativos por naturaleza, y que canalizar sus justas demandas deber ser prioridad de los gobiernos.

Los jóvenes han sido los artífices de todos los procesos transformadores de la sociedad, han sido la fuente regeneradora del pensamiento y la evolución de las sociedades. Los jóvenes deben ser la prioridad de los gobiernos: su educación, su formación, su empleo. De poco servirán las medidas económicas y laborales si no se genera empleo, de nada servirá liquidar la deuda o reducir el gasto público, si las tasas de empleo juvenil no superan el cincuenta por ciento, si los que disponen de trabajo es tan precario, a veces tan indigno, que no pueden elaborar un proyecto de futuro. Es muy urgente crear empleo, empleo digno y duradero.

El mundo globalizado se enfrenta a la mayor crisis socioeconómica de la era moderna, España en particular la sufre con consecuencias dramáticas para el empleo, muy especialmente el que afecta a los jóvenes. La mayoría de los expertos y analistas centran sus estudios exclusivamente en las consecuencias económicas. Sin embargo, no se debería olvidar que las grandes crisis han sido generadoras de violencia, conflictos, revoluciones y guerras. La historia lo testifica en el pasado inmediato, la crisis económica de 1929 ocasionó el ascenso al poder de los totalitarismos que desencadenaron la II Guerra Mundial, la mayor catástrofe de la historia de la humanidad.

Los líderes nacionales y mundiales deberían tener en cuenta que el paro, sobre todo el de los jóvenes, no es solo un asunto económico, es además un problema de seguridad nacional e internacional.

Por eso, seré curioso…
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

Muchas gracias por su atención

Javier Jiménez Olmos

15 de enero de 2014


[1] El concepto de Estado wesfaliano proviene del Tratado de Westfalia rubricado en 1648 para poner fin a las Guerra de los Treinta Años en Europa. El tratado significó el inicio de una nueva era en las relaciones internacionales basado en la soberanía nacional de los estados según los principios de autonomía y territorialidad.

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