Armas químicas en Siria ¿quién dice la verdad?

Siria quimica2INTRODUCCIÓN

A pocos días del comienzo de un posible ataque contra las fuerzas e instalaciones militares del régimen sirio del presidente Al Asad, la comunidad internacional parece dividida a la hora de aprobar este castigo. Las dudas surgen por la eficacia de este ataque para detener las atrocidades que se están cometiendo desde las partes enfrentadas, y por la legalidad para intervenir militarmente.

Es un hecho confirmado que Siria posee un arsenal químico, entre otras razones porque el régimen de Al Asad lo ha reconocido públicamente; pero no está suficientemente comprobado que la masacre del 21 de agosto de 2013 haya sido llevada a cabo por fuerzas gubernamentales. Los inspectores de las Naciones Unidas están con la investigación en marcha y aún no han hecho público los resultados. Es más que probable que, aunque encuentren pruebas suficientes del tipo de arma química usada, no sean capaces de averiguar la procedencia del ataque. No obstante desde Estados Unidos y Francia aseguran disponer de las pruebas contundentes que culpan al gobierno del Al Asad de la utilización de armas químicas contra la oposición y la población civil.

El solo hecho de la posesión de armas químicas es condenable; sin embargo, la comunidad internacional consiente que determinados países posean armas nucleares, tan devastadoras o más que las armas químicas. Las armas químicas, más baratas que las nucleares, son las armas de destrucción masiva de algunos países que, según su particular estrategia, dicen poseerlas para defenderse de enemigos más poderosos.

ARMAS QUÍMICAS

Estas armas se fabrican a través de componentes químicos que pueden ser dispersados en el aire o en el agua con el fin de herir o matar a las víctimas. Pueden clasificarse en cuatro grupos:

– Agentes sofocantes, como el cloro para impedir la inhalación de aire
– Vesicantes, como el gas mostaza que ahoga a las víctimas
– Venenos, como el arsénico que destruye la capacidad de la sangra para transportar oxígeno
– Agentes neuróticos, como el gas tabun, el gas sarín y el VX que paralizan el sistema nervioso y cortan la respiración)

Estos productos se pueden dispersar en el aire mediante armamento ligero o sencillos explosivos, aunque en grandes cantidades se dispersan con bombas, artillería, cohetes o misiles.

En 1925 se firmó un Protocolo en el que se prohibían el uso de armas químicas y bacteriológicas, al que se han agregado dos Convenciones, la de 1972 para las armas bacteriológicas y la de 1993 para armas químicas, por el que se prohibían su desarrollo, producción y almacenamiento. Desde 1997 la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenaje y Uso de Armas Químicas ha establecido procedimientos rigurosos para que los Estados cumplan la normativa internacional respecto a estas armas.

Según los acuerdos contenidos en la Convención el arsenal de armas químicas mundial debería de haberse destruido al finalizar el 2007. Sin embargo, no se tiene constancia de que así haya sido; se estima, aunque no se tienen pruebas, que Rusia y Estados Unidos todavía disponen de cantidades considerables de este armamento. Siria no ha ratificado la Convención de 1997, suscrito por 189 países, entre los que no se encuentran, además de Siria, Corea del Norte, Egipto, Sudán del Sur y Angola.

Siria quimica 3ARMAS QUÍMICAS EN SIRIA[1]

El 23 de julio de 2012 el Ministro Asuntos Exteriores sirio declaró que poseían armas químicas, almacenadas en lugares seguros bajo la supervisión de las fuerzas armadas, y que serían usadas solamente para la defensa contra una agresión exterior. Ante tales declaraciones, La Dirección General para la Prohibición de Armas Químicas respondió que el uso de esas armas está siempre prohibido por las leyes internacionales, por lo que la declaración del Ministro sirio constituía una grave preocupación para la comunidad internacional. Del mismo modo el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, manifestó que era condenable la amenaza del uso de armas químicas. También el Ministro de Asuntos exteriores de Rusia consideró inadmisible el uso de ese armamento.

Un desertor del ejército sirio, el general Adnam Silou, afirmó que mientras estuvo con el régimen de Al Asad participó en la elaboración de planes de contingencia para asegurar la custodia de las armas químicas almacenadas en las ciudades de Damasco y Homs, donde, según este militar, se encuentran los depósitos más importantes. Así mismo ha declarado que los rebeldes han preparado planes para asegurar el control de los almacenes químicos. El general ha asegurado que el gobierno ya había utilizado pesticidas contra los rebeldes en las ciudades de Rastán y Homs el 20 de agosto de 2012. En cambio fuentes oficiales iraníes y rusas afirman que son los rebeldes los que las usan y que el Estado de Israel también las posee.

En el “Informe sobre el uso de armas químicas en Siria” del gobierno de los Estados Unidos[2] se asegura que fuentes de alta fiabilidad de inteligencia humana, de señales, de satélites, y también de fuentes abiertas confirman que el gobierno sirio ha usado esas armas contra la oposición.

En el informe se dice que:

– El régimen sirio almacena y mantiene agentes químicos.
– Los ha utilizado a pequeña escala contra la oposición en múltiples ocasiones (aunque no dice dónde, ni cuándo).
– No se tienen pruebas de que los rebeldes hayan empleado armas químicas.
– Han sido usadas por el régimen para contrarrestar su debilidad para controlar algunas posiciones en Damasco.
– El ataque del 21 de agosto de 2013 se ha realizado con cohetes y artillería (bombardeos de este tipo dejan rastros que pueden ser comprobados, pero no se ha mostrado prueba alguna).
– La oposición no tiene capacidad para fabricar vídeos que puedan simular las condiciones posteriores a un ataque químico.
– Los síntomas de las víctimas de ese ataque han sido comprobados por médicos y ONG,s en la zona.
– Interceptaciones de comunicaciones entre altos cargos militares del régimen han confirmado el ataque (aunque tampoco han mostrado estas pruebas).

No obstante, el informe no muestra pruebas concluyentes, alegando que no puede desclasificar todo el documento para no mostrar los métodos de trabajo ni poner en peligro a las fuentes.

A su vez el gobierno francés ha desclasificado otro documento, elaborado por la Dirección General de Seguridad Exterior y la Dirección de Información Militar, sobre el ataque con armas químicas del 21 de agosto de 2013 en las afueras de Damasco . Este informe se ha elaborado con las aportaciones de fuentes propias francesas, la cooperación de socios y el análisis de técnicos especialistas. En él se establece que:

– Siria es uno de los principales almacenes de armas químicas en el mundo, como se deduce de largos años de investigaciones francesas.
– Las armas químicas son una amenaza que se contempla en el Libro Blanco sobre la defensa y seguridad nacional francesa.
– El gobierno sirio ya ha empleado estas armas en ataques limitados, en abril de 2013.
– En el ataque del 21 de agosto de 2013 se han lanzado usando medios convencionales en los barrios de Damasco[3].

Según el informe francés, los sirios han desarrollado programas de armas químicas desde 1970, para lo que necesitaron importar materias primas del exterior y la ayuda de la extinta Unión Soviética. Sin embargo, en 1990 comenzaron a construirlas de manera autóctona. El gobierno de Damasco no se ha adherido a la Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas.

El arsenal, siempre según el informe francés, contiene iperita, agente VX y sarín, que pueden ser lanzados por los siguientes medios:

– Misiles SCUD C, para transportar iperita, sarín o VX a 500 kilómetros
– Misiles CUSD B, para el transporte de sarín o VX a 300 kilómetros
– Misiles M600, que pueden transportar indistintamente iperita, sarín o VX a 250-300 kilómetros
– Misiles SS21, para transportar uno de los tres agentes anteriores a 70 kilómetros
– Bombas desde aviones para el gas sarín
– Cohetes y artillería con cualquiera de los tres agentes a 50 kilímetros

El informe asegura que todo el entramado del programa de armas químicas se ha efectuado dentro del Centro de Estudios de Investigaciones Científicas. Los responsables de estos programas son militares aluitas, con lo que Al Asdad se habría asegurado total fidelidad; sólo esa cadena de mando está autorizada a usar las armas químicas. Pero tampoco en este informe se aporta prueba alguna de que las fuerzas leales a Al Asad hayan efectuado ataques químicos.

Sobre el empleo de armas químicas en Siria otras fuentes contradicen los informes de la inteligencia francesa y norteamericana. Según Associated Press, en un informe publicado por la periodista Dale Gaulak, los insurgentes han confesado ser autores de la masacre del 21 de agosto en un error al manipular las sustancias químicas. A su vez, Carla Ponte, miembro de la Comisión de Investigación de la ONU, ha informado que el 6 de mayo de 2013 se usó gas sarín por parte de los rebeldes. En diciembre de 2012 varios rebeldes fueron detenidos en Turquía por estar en posesión de 2 kilos de sarín.

Siria quimica 1INTERVENCIONES HUMANITARIAS

Los términos “intervención humanitaria” o “injerencia humanitaria” se emplean para expresar la posibilidad de actuar dentro de un país soberano con el objetivo de proteger a sus ciudadanos de las vulneraciones de sus derechos humanos por parte de sus propios dirigentes. Se trataría de una actuación desinteresada por parte de terceros países o coaliciones internacionales. En principio es un asunto muy complicado porque esas intervenciones suponen una vulneración de la soberanía nacional contra un Estado que no ha amenazado o atacado a los estados intervencionistas.

La soberanía del Estado es un elemento fundamental en las relaciones internacionales y en el Derecho Internacional. Así, en el artículo 7 de la Carta se dice que “ninguna disposición autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción de los Estados”; no obstante, añade el mismo artículo que “este principio no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el Capítulo VII”, lo que ya supone una contradicción sujeta a interpretaciones.

El artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe a los Estados “recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”; sin embargo, contempla dos excepciones: la primera, la legítima defensa en caso de ataque armado; y la segunda, las acciones armadas autorizadas por el Consejo de Seguridad según lo establecido en los Capítulos VII y VIII de la Carta, que tratan respectivamente las acciones que se pueden tomar en caso de amenazas o quebrantamiento de la paz o actos de agresión, y los acuerdos regionales.

La injerencia humanitaria es uno de los aspectos más controvertidos de la Carta de la Naciones Unidas. Si ya son discutibles las intervenciones que se pueden realizar al amparo del artículo 42, en el que se expresa la posibilidad de ejercer acciones militares, como ha sucedido en Irak y Afganistán, con el pretexto de amenazas o ataques armados, mucho más lo es el uso de las fuerzas militares con el pretexto de razones humanitarias.

El doble rasero de esas intervenciones en derecho de unas poblaciones sometidas a crímenes o vulneración de sus derechos humanos es objeto de críticas. La duda de las intervenciones humanitarias se plantea en un doble sentido: primero, ¿quién tiene la capacidad moral y legal de decidir que se están cometiendo crímenes contra la humanidad en un determinado Estado?; segundo, ¿por qué se actúa en unos Estados y no en otros cuando se dan las mismas condiciones de acciones criminales por parte de sus gobernantes? Parece que la injerencia se puede convertir en un asunto “a la carta”.

En la actualidad ya no se admite que violaciones graves de los derechos humanos en el interior de un Estado sea un asunto exclusivamente interno. ¿Cómo se debe responder cuando se producen crímenes contra la humanidad? Los expertos en derecho internacional se inclinan por la “responsabilidad de proteger”. Es decir, ante situaciones límite de violaciones de derechos humanos debe prevalecer esa responsabilidad de salvaguardar vidas sobre el principio de no intervención, aunque siempre queda bien entendido que el uso de la fuerza será el último recurso.

En la Declaración de la Cumbre de las Naciones Unidas de 2005 se dio un respaldo definitivo a la responsabilidad de proteger a las personas del genocidio, los crímenes de guerra, las depuraciones étnicas y los crímenes de lesa humanidad. En esta declaración se establece la obligatoriedad del uso de medios pacíficos para tales fines aunque, cuando no surtan efecto, se podrá utilizar el uso de la fuerza siempre que lo autorice el Consejo de Seguridad.

LEGITIMIDAD PARA LA COERCIÓN E INTERVENCIÓN MILITAR

Entre las medidas coercitivas se incluyen los embargos económicos, financieros y de adquisición de armamentos, y las diplomáticas, como restricciones a desplazamientos de dirigentes y diplomáticos, o la suspensión cautelar en organizaciones internacionales. Estas sanciones deben ser tomadas siempre de un modo que no resulten devastadoras para la población civil.

Las intervenciones militares deben emplearse en casos de extrema necesidad dentro de la responsabilidad de proteger a las personas, como ya se ha mencionado con anterioridad. Estas intervenciones deben cumplir una serie de condiciones:

– Primera, que se ajuste a las decisiones de una autoridad apropiada, (la ONU es la organización que debe tener la autoridad, aunque en ocasiones la OTAN se ha considerado como autoridad competente para decidir intervenciones militares).
– Segunda, obedecer a una causa justa tal como evitar una limpieza étnica, crímenes de guerra o la violación sistemática de los derechos humanos que estén ocasionando un gran número de víctimas civiles (muertos, heridos, desplazados, refugiados).
– Tercera, debe ser planificada, dirigida y ejecutada por una coalición internacional, para evitar que obedezca a intereses particulares.
– Cuarta, haber agotado todos los medios diplomáticos para alcanzar una solución.
– Quinta, emplear los medios militares proporcionales para no empeorar la situación y no producir daños y víctimas colaterales.

¿QUIÉN DICE LA VERDAD? 

La historia reciente nos hace dudar de la veracidad de algunos informes elaborados por algunos servicios de inteligencia y de las declaraciones de algunos líderes políticos. A recordar:

– El presidente norteamericano Bush y algunos de sus aliados aseguraron que Saddan Husein estaba implicado en los atentados del 11S y de estar en posesión de armas de destrucción masiva; con esta excusa principal se invadió Irak. Nada se pudo demostrar.
– El atentado del 31 de agosto de 1995 contra civiles que se encontraban en un mercado en Sarajevo fue atribuido a los serbios sin que se aportaran las pruebas suficientes; con este pretexto la OTAN atacó posiciones serbias, lo que a su vez provocó más matanzas y represión por las partes en conflicto. Con el paso del tiempo algunos informes han proporcionado datos que culpaban a los bosnios como autores de la matanza.
– En 1999, el presidente serbio Milosevic había aceptado casi todas las condiciones impuestas por la OTAN, se ordenó un ataque que duró más de dos meses y provocó centenares de muertes y millares de refugiados. Si se hubiera continuado por la vía diplomática, con toda probabilidad el dirigente serbio hubiera retirado sus fuerzas de Kosovo y se hubieran evitado los bombardeos.

En todas estas ocasiones la legalidad internacional fue puesta en entredicho porque no se contó con el beneplácito de las Naciones Unidas y se actuó con gran parte de la opinión pública mundial en contra, incluso dentro de los propios países de la Alianza. En estos momentos la opinión pública también es contraria a los ataques norteamericanos anunciados[4] .

Si realmente se poseen unas pruebas concluyentes del uso de armas químicas por alguna de las partes en conflicto se deben mostrar a la ONU y a los ciudadanos, que tienen el derecho a conocer quienes actúan al margen de las leyes internacionales, muy especialmente los de aquellos países que pueden verse involucrados directamente en el ataque o de los que lo apoyan políticamente.

Algunos países del G-20 y de la Unión Europea han realizado una declaración conjunta sobre Siria en la que se clama por una fuerte respuesta internacional contra los crímenes cometidos por el gobierno sirio, al que consideran autor de la masacre provocada con armas químicas. Pero el documento firmado por Arabia Saudí, Australia, Canadá, Corea del Sur, Francia, España, Estados Unidos, Italia, Japón, Reino Unido, Turquía y posteriormente Alemania, también dice claramente que la solución del conflicto no es militar.

Javier Jiménez Olmos

Zaragoza a 9 de septiembre de 2013


[4] El 76 por ciento de los españoles, el 72 por ciento de los europeos y el 62 por ciento de los estadounidenses se oponen a una intervención militar en Siria, según el sondeo de Transatlantic Trends llevado a cabo por el German Marshall Fund de Estados Unidos en colaboración con la Fundación BBVA y otras fundaciones europeas
Texto íntegro de la declaración en: http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2013/09/06/joint-statement-syria

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