Día: noviembre 8, 2012

PERVERSIÓN DEL NACIONALISMO

¿Se puede razonar contra el sentimiento? ¿Se le pueden poner límites a un sentimiento? tarea difícil, el sentimiento no obedece ni a la lógica ni a la norma. El nacionalismo es un sentimiento y como tal es tarea complicada la reflexión sosegada sobre este concepto.

El nacionalismo entendido como sentido de pertenencia a una comunidad que comparte valores, lengua, religión, costumbres y tradiciones es un valor positivo para los individuos miembros de esa comunidad en particular, y de toda la sociedad en general. La cultura es siempre un valor universal.

Pero el nacionalismo puede tener su perversión, como también la tienen los sentimientos religiosos. De hecho, la combinación de ambos ha sido detonante de guerras tan terribles como la que tuvo lugar en los noventa en los Balcanes con motivo de la secesión yugoslava. Conviene no perder de vista esta referencia tan reciente de la perversión del nacionalismo.

Cuando el nacionalismo se transforma en excluyente, se convierte en arma arrojadiza contra los que tienen ese sentimiento o no quieren pertenecer a una determinada comunidad; cuando el nacionalismo se sacraliza, se justifica la violencia contra el que no lo comparte; cuando el nacionalismo defiende la pertenencia  en base a la genética, a la herencia, se convierte en xenófobo y racista; cuando el nacionalismo es autoritario no respeta la dignidad humana.

El sentimiento nacionalista puede llevar a un pueblo a reclamar el derecho democrático a su libre autodeterminación. Sin embargo, se pueden hacer dos consideraciones al respecto: La primera, al referirse a un pueblo se presupone una homogeneidad nacionalista de los individuos que habitan un territorio; sin embargo, es prácticamente imposible que se de la homogeneidad cultural en sociedades avanzadas (por ejemplo, vivían seiscientos mil serbios en Croacia cuando esta se independizó, lo que no se tuvo en cuenta, con las consecuencias dramáticas posteriores). La segunda, autodeterminación o independencia significa liberarse de una opresión impuesta por la fuerza; este argumento es difícil de sostener cuando se utiliza para referirse a sociedades  democráticas reconocidas por su respeto a las leyes internacionales y los derechos humanos (como es el caso de todos los Estados de la Unión Europea).

No cabe duda que los tiempos de crisis económicas exacerban los sentimientos nacionalistas. El sentido de pertenencia es un mecanismo de autodefensa para paliar los miedos ante la incertidumbre. Aparece el victimismo, otro de los síntomas de la perversión del nacionalismo, se escarba en el pasado para buscar puntos de desencuentro y se buscan en el presente agravios comparativos.

El antídoto contra la perversión del nacionalismo, es la prudencia, la comprensión, el diálogo, la opción de compartir sentimientos antes que combatirlos. Nada peor para hacer el juego a la perversión del nacionalismo que oponer otro nacionalismo perverso. El nacionalismo es un sentimiento y de nada sirven las leyes, ni la fuerza para eliminarlo, la historia es implacable, ningún sentimiento nacionalista ha sido eliminado ni con leyes ni con fuerza

El camino es la prudencia, que es siempre reflexiva; la integración, que es siempre comprensiva; y el encuentro a través del diálogo. Compartir debe ser un objetivo: compartir un bienestar social, una cultura, una historia, un proyecto común. El otro gran objetivo es educar para una convivencia solidaria en una sociedad cosmopolita. Educar para la integración, para respetar y compartir los sentimientos.

 Javier Jiménez Olmos

8 de noviembre de 2012