LOS CONVENIOS DE COOPERACIÓN DE ESPAÑA CON ESTADOS UNIDOS DURANTE LA GUERRA FRÍA

Fran y EsinhowerLa dictadura franquista se sostenía en tres pilares fundamentales: el ejército y las fuerzas de seguridad, la iglesia y el partido único. Esos pilares tenían sus cimientos asentados en unos poderes económicos representados por la gran banca y los grandes terratenientes, además de los pocos grandes empresarios del momento. Cuando finaliza la II Guerra Mundial, Franco se encuentra en una difícil situación. Para su rebelión y triunfo había recibido el apoyo de los perdedores nazis y fascistas, por lo que la posición era muy incomoda para su régimen pseudofascista.

 El dictador español tuvo su gran oportunidad con la guerra fría entre el bloque occidental y el soviético. Franco era un anticomunista radical y eso era fundamental para obtener el apoyo de los norteamericanos, que inmediatamente finalizada la guerra mundial lanzaron su ofensiva anticomunista para frenar el avance soviético en Europa y en el mundo. España gozaba de una situación estratégica envidiable para los intereses norteamericanos y estos estaban dispuestos a aprovecharse de la debilidad del régimen franquista para instalar bases militares en territorio español.

A medida que aparecía el apoyo norteamericano, la parafernalia fascista comenzó a desaparecer de la escena oficial. El saludo a la romana fascista, desapareció poco a poco de los actos oficiales, sobre todo de aquellos que podían tener alguna proyección internacional. Por ende, el partido único, cuyo máximo exponente era la falange empezó a perder influencia, aunque algunos de sus máximos dirigentes siempre tuvieran la camaleónica capacidad de seguir en la brecha, aún sin vestir la tradicional camisa azul representativa del partido.

El tercer pilar, la falange, era sustituido por los norteamericanos que sin hacer demasiado ruido efectuaron esta obra de ingeniería política. La nación norteamericana, que representaba los valores de la democracia, no dudaba en sostener un sistema dictatorial porque con ello obtenían ventajas geoestratégicas muy importantes. Franco tampoco dudó de revisar sus convicciones políticas y obedecer los dictados de una democracia liberal como Estados Unidos; una ideología liberal a la que el dictador español había denostado tantas veces antes de su rebelión contra la República de España y durante su cruzada de liberación nacional. Estados Unidos prefirió mantener la dictadura como fortaleza anticomunista hasta la muerte del dictador.

El pilar norteamericano se fundo sobre unos acuerdos para la utilización de bases militares que comenzaron en el año 1953. Estados Unidos instaló tres bases aéreas principales en Morón, Torrejón y Zaragoza, una naval en Rota y algunas otras instalaciones de comunicaciones y logística.

Franco y NixonPara los presidente norteamericanos no era prioritaria la expansión de la democracia, a pesar de que en sus discursos oficiales dijeran lo contrario. Para Estados Unidos la contención del comunismo era su verdadera prioridad. Franco era un colaborador inestimable, un implacable represor de todo lo que no fuera de acuerdo con sus ideales ultra conservadores. La política exterior norteamericana no tenía fisuras partidistas en esa lucha anticomunista, tanto republicanos como demócratas eran mucho más conservadores que los democristianos y socialdemócratas europeos. Por tanto era fácil apoyar a dictadores que lucharan contra las ideas izquierdistas o marxistas.

Para Estados Unidos la relación con España era poco importante en lo que afectaba a la economía, su verdadera prioridad era la posición geoestratégica española, las bases militares. La importancia de las bases creció con acontecimientos tan importantes como la llegada al poder en Libia, mediante golpe de estado, del coronel Gadafi en 1969. El dictador Libio expulsó a los norteamericanos de sus bases en territorio Libio, lo que supuso un duro revés para el despliegue estratégico militar norteamericano en el Mediterráneo. La guerra árabe-israelí de 1973 recalcó la importancia de disponer de bases navales y aéreas en la zona.

Por todo ello, lo norteamericanos movieron todos los hilos de su política exterior para obtener concesiones en España. Además en 1974, la revolución de los claveles portuguesa, que acabo con la dictadura de Salazar, tenía unos peligrosos tintes izquierdistas que podían poner en peligro sus intereses geoestratégicos en ese país. Tampoco estaban muy confiados en los aliados del flanco sur oriental. Grecia, recién salida de la dictadura de los coroneles, que habían sido apoyados por la OTAN, ofrecía dudas sobre su apoyo anticomunista porque el gobierno posterior a la caída de los coroneles no era muy simpatizante de las tesis norteamericanas. Los turcos, también miembros de la OTAN pero tampoco gozaban de la confianza norteamericana.

Así que, España que había sido incondicional aliada norteamericana desde 1953, pasó a ser principal foco de atención de la política exterior norteamericana a principios de los 70. La decadencia física del dictador español era evidente dada su avanzada edad y el destino del régimen incierto a su muerte. Los norteamericanos tenían que apuntalar un despliegue estratégico que había resultado eficaz para sus intereses desde 1953.

El año 1953 fue decisivo para el apuntalamiento del régimen de Franco. El 27 de agosto se firma el Concordato entre España y la Santa Sede, y el 26 de septiembre la firma de los acuerdos militares para la instalación de bases norteamericanas en territorio español. La culminación del reconocimiento del régimen del dictador español viene con la admisión como miembro de pleno derecho en las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1955. Franco recibe un nuevo espaldarazo con la visita del Presidente Eisenhower el 21 de diciembre de 1959. Franco no lo saluda con el brazo en alto sino con un abrazo, así ocultaba su cara fascista y lavaba la cara del régimen.

Así, el 25 de febrero de 1957 Franco nombra un nuevo gobierno compuesto por tecnócratas y miembros del Opus Dei. Esta designación va a resultar fundamental para que España emprenda un camino de reformas económicas, aunque no políticas ni sociales, que le conducirán a una mejora significante de su deteriorada economía. Hay que tener en cuenta que España, a pesar de su inquebrantable fe anticomunista y su amistad con Estados Unidos, no fue incluida en el Plan Marshsall que de una manera tan decisiva contribuyó a desarrollar Europa después de la guerra mundial.

Los tecnócratas no resultaron ser tan dóciles como los norteamericanos pensaban, a la hora de renegociar los acuerdos sobre las bases. En 1968, siendo Nixon Presidente de Estados Unidos y Kissinger su Secretario de Estado, España rompe la negociación para la renovar el convenio de 1963 y exige la retirada de las bases. Lo que en realidad se quería era presionar para aumentar el precio del alquiler. Se pretendía elevar la ayuda militar de 140 a 600 millones de dólares e incrementar la defensa nacional bajo la protección de la OTAN. Aunque no se consiguió todo lo pretendido económicamente, ni el paraguas protector de la OTAN, si se obtuvieron importantes créditos para la economía general y para ayuda militar. España firmó una prorroga del convenio hasta 1970.

 Base MorónEn agosto de 1970 se firmó el Convenio de Amistad y Cooperación con una duración de cinco años. En el se reflejaron algunos avances respecto a la débil posición inicial española. Las instalaciones pasaron a llamarse de ayuda y a ser de propiedad española; se canceló la cláusula secreta de 1953 por la que las bases se activarían, sin consulta ni acuerdo con el gobierno español, en caso de conflicto en el que estuviera implicado Estados Unidos.

El realista conservador Richard Nixon mantuvo unas excelentes relaciones con el caudillo español, recibió en la Casa Blanca su ministro de Asuntos Exteriores  y prohibió cualquier contacto con la oposición española. Cuando Nixon dimitió, por el escándalo Watergate, le sustituyó como Presidente Gerald Ford quien continuó contando con el secretario de estado Kissinger.

Para la renovación del convenio en 1975 el gobierno español exigió la salida de los aviones cisterna (dedicados al reabastecimiento en vuelo) de la base de Torrejón, la retirada de las armas y submarinos nucleares de Rota, y la de las tropas estadounidenses adscritas a OTAN con base en España. Ante esta inesperada posición dura española, Kissinger aboga por la entrada de España en la OTAN. Los dirigentes aliados alemán e italiano, el socialdemócrata Helmut Smidt y el cristiano demócrata Aldo Moro, no acceden a este ingreso español porque el régimen franquista restaría credibilidad democrática a la Alianza. Los dos dirigentes europeos aconsejan entablar relaciones con la oposición franquista.

Cuando el presidente Ford visita Madrid el 31 de mayo de 1975, Franco está a las puertas de la muerte. Por entonces el embajador norteamericano en España Wells Stabler, que había sido nombrado por Kissinger, ya había iniciado contactos con la oposición española para favorecer una transición democrática pero sin arriesgar su presencia militar en España.

La oposición franquista criticó duramente la visita de Ford, que coincidió con el estado de excepción declarado en las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya, por considerarlo un apoyo al régimen del dictador. Sin embargo, de puertas adentro el embajador Stabler proseguía sus contactos con los opositores españoles Ruiz Jiménez, Gil Robles y Felipe González. El PSOE se comprometió a apoyar al príncipe en un periodo de transición hacia la democracia.

En septiembre de 1975 los residuos del régimen franquista se atrincheran y ejecutan a cinco terroristas de ETA y el FRAP, aunque ni Washington, ni las democracias occidentales condenan al régimen por ello. El 4 de octubre de 1975 se firma un nuevo convenio, los Estados Unidos aprovechan la situación de debilidad para obtener claras ventajas. La carencia de liderazgo de la dictadura y el conflicto con Marruecos por los territorios de Sahara español influyeran en la firma de este convenio de 1975.

Efectivamente, el sucesor natural de Franco, el Almirante Carrero Blanco, había sido asesinado a finales de 1973 por la banda terrorista ETA y su sucesor Arias Navarro no tenía ni el carisma, ni el poder de su antecesor. Incluso dentro de las inquebrantables fuerzas armadas se comenzaban a oír voces disidentes como la de la Unión Militar Democrática que reclamaba una España en libertad.

 Pero fue en el asunto del Sahara Occidental  donde los norteamericanos supieron sacar mayor provecho. El 16 de octubre de 1975 la Corte Internacional de Justicia falló a favor de la autodeterminación del pueblo saharaui y en contra de la anexión del territorio por arte de Marruecos y Mauritania. Hassan II, entonces rey de Marruecos, anunció la Marcha Verde compuesta por casi medio millón de personas para invadir de forma pacífica la que era provincia española.

Kissinger jugó su baza y apoyó las tesis del monarca aluita, para sacar partido de la situación española en un momento de debilidad y desconcierto porque el dictador se encontraba a las puertas de la muerte. Para los norteamericanos Marruecos también era importante para sus despliegues estratégicos y máxime cuando la situación de España podía cambiar a la muerte de Franco.

Al final se impuso la diplomacia. España se retiró del Sahara mediante la operación militar “Golondrina”, que aunque no fue una humillación para el ejército español si causo profundo malestar. Un conflicto con Marruecos hubiera sido una guerra de desgaste, seguramente agravada por ataques a las ciudades de Ceuta y Melilla, lo que España no habría podido soportar. Un ejército mal equipado, mal preparado y con una escasa moral, hay que tener en cuenta que el grueso de las fuerzas lo componían soldados de reemplazo que no tenían motivación alguna por defender ese territorio al que habían sido destinados forzosos.

La resolución 380 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas deplora la Marcha Verde pero no consigue frenarla. Finalmente se firma un acuerdo tripartito, España, Marruecos, Mauritania por el que se reparte el territorio entre las dos últimas naciones mencionadas. En la práctica Marruecos ocupa el territorio.

Kissinger no está seguro de que la transición española traiga buenas consecuencias para los intereses norteamericanos, prefiere una España conservadora y anticomunista y, por ello, sólo autoriza a sus diplomáticos contactos con la oposición moderada, algo que una parte importante de la opinión pública española tendrá muy en cuenta en el futuro para las relaciones con los gobiernos norteamericanos y para sus instalaciones militares.

En al renovación del convenio Kissinger juega la carta de complacencia con el nuevo gobierno y concede al flamante Ministro de Asuntos Exteriores, José Mª de Areilza elevar los acuerdos con los norteamericanos al rango de tratado, retirar los aviones cisternas de Torrejón, los submarinos nucleares de Rota y no almacenar armas nucleares en territorio español. Además concede un préstamo de 600 de dólares para adquirir material militar.

A la vista de la evolución de los acontecimientos y de acuerdo con las reformas emprendidas por el Rey Juan Carlos nada más estrenar el trono, Kissinger decide apoyar al monarca español, quien era partidario de una democracia integradora, sin exclusión de ningún grupo político. Los sucesores del presidente Ford y de su Secretario de Estado Kisinger, Jimy Carter y Cyrus Vance respectivamente, se muestran flexibles con la decisión de legalizar el Partido Comunista de España. Lo que sucede en abril de 1977 con Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. Los militares rechinan y se comienza a sentir rumores de sables, el bunker franquista no se resigna al cambio político que va a traer la democracia a España.

Como conclusión se puede decir que España es el paradigma de la realpolitik durante el periodo de la Guerra Fría, una dictadura primero consentida y luego decisívamente apoyada por los Estados Unidos con el fin de obtener beneficios geoestratégicos. La contribución a la transición democrática española por parte de los norteamericanos fue escasa, en los primeros tiempos se sintieron muy cómodos con un dictador servil, después al sentir el deseo democrático del pueblo español no tuvieron más remedio que consentir una transformación. Esta actitud fue percibida por los españoles que se mostraron, cuando menos, recelosos con la política norteamericana y con sus bases en España.

El proceso de transición estuvo a punto de finalizar con el intento de golpe de estado propiciado por unos militares nostálgicos del pasado franquista el 23 de febrero de 1981. Este fracaso golpista desencadenó la mayor reacción democrática de la historia de España. Al año siguiente el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó las elecciones con una mayoría aplastante de votos. En 1986 bajo la presidencia de un socialdemócrata, bajo las siglas del PSOE, Felipe González, España ingresa en la OTAN previa consulta popular afirmativa mediante un referéndum. La Guerra Fría estaba próxima a su fin cuando España entra en una organización que, paradójicamente, tenía como principal objetivo impedir la expansión del comunismo en Europa.

 Javier Jiménez Olmos

15 de mayo de 2012

 

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